Está Cristina. Una crónica en el Instituto Patria

-¿Está la jefa?

Damián es el fotógrafo de la revista Marfil. Ni bien llegó a la puerta del edificio de la calle Rodríguez Peña 80 donde funciona el Instituto Patria, a media cuadra de la Plaza del Congreso, se anunció.

-Soy el fotógrafo de una revista, vamos a entrevistar a Claudio Morresi y quedamos en encontrarnos acá.

El custodio de la puerta le dice que todavía no llegó, pero que tiene que estar por aparecer en cualquier momento. Entonces Damián tira su pregunta, la que abre esta crónica, esa que venía pensando desde que supo de la entrevista.

-Sí, ahora tiene que estar por bajar.

Cuando llegan dos de los redactores de la revista, Damián los recibe con la noticia.

-Compañeros, está Cristina y va a bajar ahora.

El Instituto Patria es un edificio de tres pisos que el kirchnerismo transformó en una especie de bunker. En el instituto se dan cursos y se organizan charlas o eventos, entre otras cosas. Pero sin lugar a dudas, es el espacio desde el cual la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner hace política. Es común que la vereda de Rodríguez Peña esté colmada de movileros haciendo guardia. Pero este jueves ocho de noviembre nada parece indicar que en pocos minutos va a salir a la calle la primera mujer que gobernó la Argentina elegida por el voto popular.

Pero todavía falta para ese momento. Ahora, mientras los tres jóvenes esperan, se abre la puerta y sale el diputado nacional y referente del radicalismo no alineado con el gobierno de Macri, Leopoldo Moreau. ¿Habría que hacer el contacto para poder entrevistarlo en algún momento? Mientras los integrantes de la revista Marfil se hacen esa pregunta, Moreau se aleja. Juan José se decide y lo corre hasta llegar a cortarle el paso. Consigue sacarle el número de teléfono para una próxima entrevista.

-¿Van a ser ustedes tres solos? -pregunta el hombre que cuida el ingreso al instituto. No tiene aspecto de guardaespalda. No es musculoso, no usa traje sino una camisa gris y unos pantalones de jean, tiene una estatura media y se maneja con cierta amabilidad. Sin embargo, impone una cuota de rigor.

-Falta uno. Vamos a ser cuatro.

-No los quiero acá en la puerta. Decile a tu amigo que corra. ¿Cómo se llama?

Mientras ingresan al instituto y los acomodan detrás de una soga que va desde la puerta hasta una larga escalera de madera que lleva al primer piso y por la que bajará ella, Sebastián le manda un mensaje a Patricio, que salió del trabajo y se metió rápido en el subte para llegar cuanto antes a la entrevista. El audio de Whatsapp dice: “Metele pata que está Cristina. Le dimos tu nombre al tipo de la puerta para que puedas entrar”.

Patricio no toma muy en serio el mensaje. No cree que puedan ver a Cristina. En consecuencia, baja del subte y no corre.

Antes que Patricio, llega Claudio Morresi, ex jugador de futbol, director técnico y Secretario de Deportes entre el año 2004 y el 2014, con quien habían coordinado una entrevista.

Claudio Morresi jugaba en River cuando ya iba a dar clases de futbol al club Arturo Jauretche, cercano a la villa miseria 21-24, de Parque Patricios. Damián, el fotógrafo de la revista, se crió en el barrio de monoblock Comandante Tomás Espora, cercano al club. Era solo un chico cuando Claudio lo entrenaba en el humilde club en honor al dirigente fundador de FORJA.

Los dos, Damián y Claudio, buscan un lugar con la luz adecuada para hacer las fotos. Llega Patricio, sorprendido porque cae en la cuenta de que efectivamente Cristina está en el Instituto Patria y hay gente que espera verla.

Hechas las fotos, nos sentamos en una de las oficinas del lugar, dispuestos a hacer la entrevista. Las paredes están cubiertas de cuadros con fotos o pinturas: Nestor y Cristina, Perón y Evita, Lula y algunos otros personajes políticos latinoamericanos. En el centro del salón, un busto de Nestor Carlos Kirchner tallado en madera.

La entrevista comienza muy trabada, interrumpida. Morresi nos avisa que “está ella” y que en cualquier momento va a bajar, por si quieren ir a verla.

Primero entra el periodista Javier “El Profe” Romero. Saluda a Morresi. Busca su mochila. Cuenta que en la semana le tocó oficiar de presentador en una conferencia del filósofo José Pablo Feinmann. Durante la charla, cuenta Romero, alguien vació su mochila, puso todo lo que había dentro en una mochila más barata y vieja, y se llevó vacía la suya, más nueva y cara. Al parecer, explica, hay gente que le gusta ir a conferencias a cometer este tipo de hechos delictivos.

La entrevista vuelve a empezar, pero ni bien se formula la primera pregunta lo llaman por teléfono. Morresi atiende. Hasta la oficina llega un murmullo desde la puerta del instituto.

-Vayan, vayan -dice el ex futbolista.

En todo el edificio se escucha el golpeteo de los tacos de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner contra los escalones de madera de la escalera. Una señora atropella a todos queriendo llegar primera a tomar la mano de Cristina, decirle unas palabras y sacarse una foto. Camina, saluda a todos y cada uno de los que la esperaban, se toma algunas fotos y sale de edificio casi sin custodia, con un saco blanco y marrón, una cartera y el pelo suelto.

La entrevista sale mejor de lo que esperaban. Morresi es un tipo cálido, de hablar calmado, claro y pausado.

Salen del instituto y van a festejar con unas cervezas de por medio en el bar de la esquina.

Cerca de las nueve de la noche se despiden.

Podrá preguntarse el lector qué motivó a los integrantes de la revista a abandonar la entrevista que estaban haciendo e ir en búsqueda de conocer y sacarse una foto con una ex presidenta.

En tiempos de una nueva oleada de despolitización de la política, un grupo de pibes que ronda los treinta años, que terminó el colegio secundario durante la crisis de principio del siglo, cuando parecía que no había futuro para nadie, cuando parecía que todo estaba definitivamente destruido, perdido, todavía busca una respuesta en la política.

Muchos de los que se hicieron adultos durante el periodo kirchnerista todavía creen que es posible algo mejor.

Sebastian Pujol

Noviembre 2018

Un legado innombrable

Murió Carlos Saúl Menem, el ex presidente por una década, la del 90. El hombre que nunca perdió una elección aunque luego se popularizara el “yo no lo voté”. Como el general Paz en el siglo XIX, nunca perdió una batalla, en este caso electoral. Muchos, la mitad del país más de una vez lo votó. Una cosa es en el 89 y otra en el 95. Porque en su candidatura inaugural a la Presidencia, aparecía con patillas a lo Facundo Quiroga, encarnando el interior profundo retratado en la figura del Tigre de los Llanos. No pasamos el primer párrafo y ya nombramos al general Paz y a Facundo Quiroga, dos enemigos en épocas de la primigenia organización nacional hecha a los tumbos, entre victorias y derrotas de federales y unitarios. Este riojano pretendió que ya no había razones para los enfrentamientos entre modelos antagónicos de país, lo que significaba por lo menos dos cosas: la dilución completa de la ideología política y la administración de la economía real al arbitrio de los monetaristas de la escuela de Chicago.
¿Por qué el menemismo no trascendió a la persona de Carlos Saúl Menem? Probablemente porque no postuló banderas dignas de levantarse, ideas de comunidad política organizada tras algún ideal trascendente, de alguna forma perdurable. Su figura encarnó el sometimiento alevoso de la política a los poderes económicos, llevando a Economía a los representantes de Bunge y Born. Ya no sería una negociación, un tira y afloje entre el poder político y los grupos económicos, tanto fue así que hasta Martínez de Hoz se sorprendería gratamente al constatar que este líder demócrata pudo avanzar todavía más que la nefasta dictadura militar en la reforma del Estado. La derrota y sumisión de la política conllevó a la existencia de una democracia con desigualdad social creciente y cristalizada. Usted me votó, jódase, tituló la inolvidable revista Humor. Encarnó el liderazgo de un PJ que aplicó el programa de la UCEDE, incorporando a su gobierno a los Alsogaray y a Adelina Dalesio de Viola. Más o menos, es como si hoy el Presidente Alberto Fernández hubiera aplicado el programa y sumado a su gobierno a Espert y Milei. Dejó de lado todo maridaje con la memoria del peronismo originario, el del Estado de bienestar, la intervención económica y la justicia social.
Una sociedad muy sufrida, que había vivido la incertidumbre de la hiperinflación alfonsinista lo votó y el hombre le dio una década de estabilidad económica. Pulverizó la inflación, hay que decirlo. De hecho, durante su gobierno no hubo paritarias porque se volvieron casi un sin sentido en ese acuerdo social congelado entre precios y salarios. Los salarios no subían, los precios tampoco. La estabilidad. Un peso, un dólar. Viajar a Miami y comprar la aspiradora importada en cuotas. La sombra terrible de la hiperinflación hacía que se barriera bajo la alfombra la situación de los nuevos excluidos de un modelo sostenido por el endeudamiento externo, con un tipo de cambio alto y apertura económica que conllevó a la caída industrial y el crecimiento del desempleo.
Un gobierno que vendió las joyas de la abuela, y mientras duró fue las tapas del ostentoso consumo y la frivolidad en las revistas Gente, Caras, la Ferrari tripulada por el jefe llegando en dos horas y media a Pinamar. Ley de Reforma del Estado que fue en realidad su enajenación casi completa. Entel, Somisa, YPF, Aerolíneas, SEGBA todo lo que se pudiera vender se vendió. Con un diputado trucho brindando quórum y todo, de cualquier forma. Los trabajadores despedidos, por lo general, se pusieron con la indemnización, kiosquitos u otros pequeños emprendimientos que se hicieron hasta competencia entre ellos y duraron poco en un mercado interno contraído y sin ningún estímulo a la demanda de productos nacionales.
Si hablabas contra la convertibilidad, no te votaba nadie ni en 1995 ni en 1999. La estabilidad no se toca, era el nombre del acuerdo social pendiendo de un hilo en su base material, una vez agotadas las reservas monetarias que habían dejado la enajenación de los bienes del Estado. Menem logró que sus partidarios y detractores no impugnaran el modelo económico. Las críticas se referían sobre todo a casos sonados de corrupción desfachatada, que ni siquiera se preocupaban de disimular sus protagonistas, formando parte de un sentido común que contribuyó a enajenar los valores sociales. Pero, por más que no fuera impugnado por casi nadie, el modelo económico terminó cayendo por su propio peso, aunque con el gobierno en manos de Fernando De La Rúa en 2001. Si bien el impacto de ese colapso estalló en las manos del Presidente radical, la erosión de la figura de Menem fue también visible. Como también la del padre de la criatura, Domingo Felipe Cavallo. El modelo nos había sacado de los saqueos de supermercado de la hiperinflación, de la anomia social del sálvese quien pueda para volver al mismo lugar doce años después, incluso peor. Con una devastación social mucho mayor y una impugnación de raíz de la sociedad a la clase política como casi nunca se había visto. Que se vayan todos, y nadie lo precisó en la consigna pero Menem aparecía en el lugar de los que debían irse. Presidencia de transición de Duhalde, Menem triunfando en la elección del 2003 con un escueto 24 por ciento de los votos pero con gran imagen negativa de cara a la segunda vuelta, como si la sociedad hubiera decidido votar a alguien nuevo, que no conociéramos al menos. El renovador del peronismo que le ganó a Cafiero la interna en 1988 perdería (por abandono) con la nueva cara del peronismo en el 2003, Néstor Kirchner.
Por el año 2002, participé en algunas reuniones de una agrupación peronista en un par de unidades básicas en los barrios de San Telmo y Congreso. El país se debatía en el modo de salir del atolladero de una situación social desmadrada por la caída de la economía y gran parte de la sociedad a la pobreza. Apoyadas contra la pared de la unidad básica se veían sillas y una sombrilla con una leyenda desteñida por el paso del tiempo: Menem 95. Uno de ahí comentó, risueñamente: “hay que hacerse cargo de que en el 95 llamamos a votar a Menem”. La mera existencia de esos objetos ahí funcionaban como una invitación casi inexcusable a la autocrítica.
¿Por qué ese legado incómodo y que a veces se quiere ocultar? ¿Qué hay de innombrable en esa herencia? La traición a los valores tradicionales del peronismo, entre otras cosas. Pueden encontrarse fotos de Menem con todos los cuadros orgánicos del peronismo que lo sucedieron desde ese espacio político, muchos de los cuales terminaron renegando de ese pasado o de sus políticas. Como una especie de objeto desacralizado y pagano, en cierto tiempo se popularizó que repetir el nombre del Presidente traía mala suerte. Que nombrarlo era yeta, con la dificultad adicional de que su apellido no podía decirse al revés. Innombrable e inevitable hasta para aprobar leyes de los gobiernos que lo sucedieron.
Como un acuerdo tácito, la Argentina decidió reelegir en 1995 a esa figura incómoda años después, para pagar la licuadora, para viajar a Miami, para comprar a veces una casa o por lo que fuera. Ya se había esfumado la promesa del salariazo y la revolución productiva de la primera campaña electoral. Motivaciones de índole individual, hedonista, de continuidad del congelamiento social de cada uno donde está. Eso también era la estabilidad. Siempre hubo pobres, dijo un día Menem. La política se divorciaba del objetivo de la justicia social de forma explícita. Con la democracia no siempre se come, no siempre se educa ni se cura.
Vendió las joyas de la abuela y el alma al diablo. Nos abrió al mundo entregando el mercado interno y la industria nacional. Abrirse de gambas económicamente y para las relaciones carnales, subordinación impuesta, deuda multiplicada. Signos de lo que se venía hubo algunos. Los piquetes de desocupados, el Perro Santillán y Norma Plá, la abanderada digna de los jubilados postergados. Trepándose al Congreso para que la pudiera ver la política de la frivolidad, que les había cerrado la puerta a muchos.
Pronto se advirtió que la dulce década de la convertibilidad no había sido gratis. Cuando aparecían esos emergentes incómodos, la gente explicaba: yo no lo voté. Como si hubiera habido un acuerdo social para votar lo malo conocido, pero inevitable. Un tiempo que muchos votaron en silencio, sin reivindicarlo, una elección casi resignada del ganador. Porque Menem no creó militantes sino un poder personal, con cierto carisma, chequera, pizza y champagne. El poder como disfrute, como goce, no como carga o responsabilidad. Se había caído el muro, Fukuyama había decretado el fin de la historia con el triunfo del capitalismo global y no valía la pena ya discutir de ideologías. Política y espectáculo. Pero para Menem, la política (o como la entendía) no tenía ya la capacidad de enamorar a las multitudes. En ese sentido, promovió figuras del deporte y la cultura como motonautas, cantantes, pilotos de fórmula uno que aparecían más atractivos que los insípidos cuadros políticos de lo previsible. Diez años, bajó la espuma de la cerveza, y puestos a hacer un balance, su herencia es casi vergonzante, ocultable, legado incómodo que nadie reconoce como propio aunque fuera parte indudable del país. Porque a Menem la sociedad lo tenía adentro como un objeto indeseable pero necesario. Incómodo. Innombrable.

Por Sebastián Giménez. Escritor y trabajador social.

Co(A)mando a Maradona: “Países que luchan por la defensa de sus culturas, ven en el Diego un símbolo de lucha y resistencia que trasciende lo deportivo”

¿Comando Maradona surge el día de la muerte de Diego?  ¿Se podría decir que es un intento de transformar el dolor en arte?

– Comando Maradona nace con la muerte de Diego, surge como necesidad de transformar el vacío, en celebración, la angustia en homenaje y el dolor en reconocimiento. El Comando Maradona tiene como objetivo realizar los días 25 de cada mes, un mural en homenaje a Diego y a partir de ese hecho, generar un punto de encuentro entre los maradonianos y maradonianas del lugar donde se instale el mural, como así también con otros actores barriales, culturales, deportivos. El proyecto es de carácter federal y hay posibilidades de instalar un mural en otras partes del mundo como Nápoles y Barcelona

¿Comando Maradona, surge desde el Grupo “Mosaico Nacional”? ¿Dónde podemos ver sus obras?

Comando Maradona surge del Grupo “Mosaico Nacional” . Mosaico Nacional realiza intervenciones en mosaico en espacio público, abordando temas como memoria, diversidad y cultura nacional y latinoamericana. Entre nuestras obras se puede ver en la Plaza de Mayo, el  mosaico del pañuelo de las madres de plaza de mayo , Rodolfo Walsh en la intersección de Avenida San Juan y Entre Ríos entre muchos otros que pueden ver en nuestra página de Instagram @mosaiconacional

¿Qué significa Maradona para ustedes?

Maradona para nosotros es un ejemplo de lucha, resistencia y defensa del pueblo argentino. No olvidó sus orígenes y fue además artífice de las máximas alegrías para el pueblo.  

-Bielsa dijo hace poco “Maradona fue un artista” y hacía referencia a las canciones que se hicieron sobre él; textos que se escribieron y murales en todo el mundo. ¿Qué piensan que simboliza Diego para la Argentina y el mundo? ¿Por qué genera esto y tantas expresiones artísticas?

 -El fallecimiento de Maradona genero un hecho cultural nunca antes visto. Sin duda, es el mejor embajador de nuestro país y una figura entre los pueblos del mundo, no solo en los países que jugó. Ejemplos como Siria, Palestina, Cuba y países que luchan por la defensa de sus culturas, ven en el Diego un símbolo de lucha y resistencia que trasciende lo deportivo.

Por Comando Maradona: Gonzalo Lopez Lluch, Paula Soto y Gabriela Pereyra. Podes encontrarlos en @mosaiconacional en Instagram.

Revista Marfil

Mujeres musicalizando

Hace tiempo que en las conversaciones de amigos se repite un interrogante ¿Por qué no surgen bandas que produzcan una ruptura? Una especie de nostalgia por los tiempos en donde surgía música que canalizaba manifestaciones sociales y se transformaba en el relieve de un sector que pretendía cambiar al mundo: la juventud.

El largo siglo XX nos dejó muchísimas bandas que de a poco se fueron convirtiendo en tradiciones musicales ineludibles para quien guste de esa disciplina artística. Hoy en día no parece haber herederos que puedan romper en hervor para elevarse sobre el resto y servir de guía. La irrupción de internet es un factor determinante que ha alcanzado cada rincón de la vida y la música no es la excepción. Las redes han democratizado el negocio evitando que las grandes productoras sean el único canal para masificar el contenido.

En estas épocas hay muchísima oferta musical al alcance de un clic, no se debe esperar la llegada del disco o la presentación del simple en la radio. No emerge una sola banda sino muchas. Hay buenos sonidos y puesta en escenas de gran calidad. Pero todavía falta sustancia.

Una espesura de contenido tal que produzca un desgarramiento al sistema, lo hiera y desagote las gargantas de aquellos que se encuentran en la angustia de la opresión. El lugar que tuvo el rock en los 60/70. El blues y el jazz antes. Hoy esos géneros están normalizados y universalizados, no pueden servir de lazo. Es dentro del feminismo donde encontramos bandas que desde su sentido de pertenencia apuntan hacia la estructura de poder mas intima como es el patriarcado. El nuevo rock ha mutado. Tiene la potencia por formar parte de un movimiento que surge de la resistencia,transforma su lamento en organización política y musical teniendo la certeza de que la lucha también se da en el plano cultural artístico. Con una participación directa que busca intervenir en la realidad sin caer en la comodidad del artista que solo milita a través de una letra. Es el sector que debemos observar de cerca para registrar una revolución que ha llegado para quedarse y suena cada vez mejor.

Dejamos algunos temones para que disfruten.

Barbi Recanati – A la luz

Spaghetti Western – Trotamundos

 

Marilina Bertoldi – Fumar de día

 

Las Ligas Menores – A 1200 km

 

Las Taradas con Miss Bolivia – Que no, que no!

 

Fémina – Los Senos

 

Eruca Sativa – Para que sigamos siendo

Habrá más penas y olvidos

Era 1976 y un manuscrito titulado No habrá más penas ni olvido sube a un avión con rumbo a Bruselas. No había lugar para él ni para su autor en la Argentina. Cruza el océano en una maleta. Escondido. Todavía no podía ver la luz. No estaba terminado, pero, además era un libro peligroso, un libro urgente, que se enfrentaba con su época y se volvería popular mucho tiempo después.

Por el momento, Argentina se volvía un infierno y una runfla de militares bananeros, asesinos, torturadores, marionetas de otros tipos mucho más poderosos, se hacían con el gobierno. El libro y su autor, Osvaldo Soriano, debían irse a Bélgica.

Todo había empezado en 1974, como siempre, con una hoja en blanco, una máquina de escribir, un cuarto vacío y un tipo con algo que decir. El segundo paso fue una bofetada. Resulta que el gordito que golpeaba las teclas de la máquina de escribir era un tipo audaz y decidió empezar la novela con una provocación.

Quizás por venir de otro palo, por no haber pisado facultad alguna, quizás por eso pudo empezar así su segunda novela. La primera, Triste, solitario y final, tenía que ver con su infancia, sus fantasmas, sus gustos. La segunda, con los fantasmas comunes, los de todos los argentinos.

Soriano llegó de manera poco ortodoxa primero al periodismo y después a la literatura, pero antes que nada fue futbolista: un centrodelantero goleador. Había nacido en Mar del Plata. Vivió en distintas ciudades del interior del país debido al trabajo de su padre, empleado de Obras Sanitarias. Quiso dedicarse al futbol y jugar en el club que se había apoderado de su corazón, San Lorenzo. No llegó. Trabajaba por las noches de sereno en una fábrica de la ciudad de Tandil cuando publicó, casi de casualidad, un texto sobre Semana Santa en la revista Primera Plana y se fue para Buenos Aires. Un día escuchó hablar de Raymond Chandler y su detective Philip Marlowe, se fue con él a Los Ángeles y nació su primer libro.

Para cuando empezó con el segundo libro, No habrá más penas…, ya no era la misma persona.

El filósofo y escritor José Pablo Feinmann escribe un prólogo al libro en 2003 y dice que el comienzo de la novela es “una bofetada a la literatura universal, o un recurso poderoso, una apuesta tenaz de la que el autor no renegaría en el vértigo que se avecinaba”.

Así arranca el libro:

“-Tenés infiltrados -dijo el comisario.

-¿Infiltrados? Acá solo trabaja Mateo y hace veinte años que está en la delegación.

-Está infiltrado. Te digo, Ignacio, échalo porque va a haber lio”.

El libro se empezó a escribir en un departamento de la calle Salguero, de la Ciudad de Buenos Aires. Era el año 1974 y el padre de Osvaldo Soriano, inspiración para muchos de sus relatos más emotivos, fallecería durante esos primeros meses de escritura.

El peronismo atravesó al texto y a su autor, al igual que lo hizo y lo sigue haciendo con todo lo argentino, aunque muchos, ciegamente, lo nieguen. Perón había vuelto a gobernar la Argentina y llevaba a su nueva esposa, María Estela Martínez de Perón, como vicepresidenta.

En una carta que le escribe a su amigo Felix Samoilovich, Soriano explica que quiere “intentar un modesto fresco de este clima atroz que negamos cada día. Mi vida tiene sentido si puedo terminar otra novela como quiero.”

Los años setenta enfrentaron al autor con una nueva realidad desconcertante. Perón volvía al país y “bautizaba a peronistas que no lo eran y echaba a peronistas que sí lo son”. El autor, que había sentido una cierta atracción por Montoneros y la JP, se encuentra en poco tiempo en la vereda contraria. Según palabras de su amigo José María Pasquini Durán, Soriano, “con Isabel, con López Rega y la Triple A, asumiría la posición opuesta, digamos la ruptura. Porque el peronismo ya no era el pueblo sino esa cúpula malsana y perversa que representaba la Triple A”.

El escenario del libro se llama Colonia Vela, un ficticio pueblo del interior argentino en el que se desarrolla la tragedia nacional. Una confrontación en la que se mata y se muere invocando a alguien que no pisa el país desde hace décadas. En nombre de Perón, todos asesinan y son asesinados.

En el prólogo a la primera edición del libro en España, Soriano intenta explicar el jeroglífico del contexto político del momento y dice: “La acción de No habrá más penas ni olvido se sitúa en la Argentina durante el último gobierno de Juan Domingo Perón, entre octubre de 1973 y julio de 1974. Luego de una larga lucha popular, Perón regresó al país en medio de una grave conmoción a la que él mismo había contribuido; su movimiento estaba dividido por lo menos en dos grandes facciones: aquella que lo veía como un líder revolucionario y otra que se aferraba a su ascendiente sobre las masas para impedir la victoria popular. Este malentendido -por absurdo que hoy parezca- es uno de los tantos orígenes de la tragedia argentina”.

Nadie se anima a publicarlo en Argentina y el manuscrito, como dijimos, se pianta para la ciudad capital de Bélgica. Allí, el autor se enamora de una enfermera francesa, se mudan a París y se dedica a reescribirla y pulirla.

En una entrevista para la revista La Maga en 1994, Soriano cuenta que cuando le entregó el manuscrito a Eduardo Galeano, éste le dijo “hermanito, tomá los originales. ¿Ves ese cesto de papeles? Tiralos ahí. Que no se sepa que escribiste eso”. Unos meses después, cuenta Soriano, se la mostró al que “era el peor y más implacable crítico: Juan Gelman. En ese momento él estaba en Roma. Yo le pregunté si no podía echarle un vistazo a la novela. Gelman me dio una opinión totalmente contraria. Entonces le conté lo que había pasado con Galeano y Juan me dijo: Mirá, Eduardo estaría en pedo. Con eso empató. Luego vinieron los penales y la novela se salvó”.

La génesis de la publicación de la novela es casi tan atractiva como el texto mismo. En una columna de 2010 en Página 12 lo relata Juan Sasturain: “Publicada por primera vez en castellano durante la dictadura por Bruguera de España –habrá sido en el ’79 u ’80, acaso un poco después, no me acuerdo– cuando Osvaldo estaba en Bélgica o en París, la leímos de rebote clandestino por algunos ejemplares que llegaron en manos de amigos, ya que obviamente no se distribuyó acá. (…) El Gordo siempre sostuvo (y le creo) que no había escrito la novela en Europa sino antes de irse, y que acá le había resultado impublicable. Habrá sido en el ’74/’75, entonces, después de Triste, solitario y final. (…) Aquella edición española de Bruguera, naturalmente, apenas si se leyó en la Argentina. Hubo que esperar a que, en las postrimerías de la dictadura, en los primeros meses de 1983, el mismo sello la editara acá (…) junto con la exitosísima Cuarteles de invierno (ésta sí escrita durante la dictadura), y ambas hicieran que, cuando volvió definitivamente en 1984, el Gordo ya fuera el autor reconocido y popular que marcaría, con adhesiones masivas y críticas puntuales, una década entera de la narrativa argentina”.

Cuando él autor volvió a la Argentina, el libro ya había aterrizado en el país de la primavera alfonsinista y había hecho de las suyas por estos pagos. El país ya no era el mismo y No habrá más penas ni olvido nos interpelaba, nos discutía. Lo sigue y lo seguirá haciendo.

Sebastian Pujol

Jorge Adur, capellán montonero.

A fines de la década del sesenta tras  las conclusiones de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano realizado en Medellín, un grupo de sacerdotes argentinos forman el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM). Su objetivo principal fue llevar la Iglesia a los marginados, ayudar en villas y barrios obreros, hablar sobre lo que un buen cristiano debe hacer con el prójimo. Pero también escuchar las diversas inquietudes que los fieles tenían sobre el contexto social, político y religioso. Pese a que el ala más conservadora de la Iglesia rechazaba los métodos  de los sacerdotes tercermundistas, ellos optaron por los pobres.

Los últimos años del sacerdote Jorge Adur tal vez resuman un poco lo que fue la década de los setenta. Miembro del MSTM, se integro en la comunidad del barrio Manuelita en San Miguel, ahí la dictadura militar lo fue a buscar, ahí no lo pudieron encontrar pero si a dos seminaristas que fueron desaparecidos. La pregunta de porque la dictadura vio en Adur alguien quien debía ser callado, podría remitir a sus días como sacerdote y confesor de adolescentes que vieron en el cristianismo y el peronismo el medio para  poder luchar contra la violencia y proscripción iniciada en 1955. O tal vez cuando acepto la capellanía del Ejercito Montonero, pese a la oposición del obispado de Buenos Aires o quizás cuando fue parte de la misa para despedir los restos del joven Abal Medina, líder fundacional de Montoneros. Adur tenía la condena de muerte, por eso y, como tantos otros compatriotas, el exilio fue la única salida posible.

Los años en el exilio los utilizo para intentar ver al Papa para denunciar los hechos aberrantes que sucedían en el país. La audiencia con el Papa no fue posible, pero si la denuncia en diversos medios extranjeros. Mientras Montoneros se formaba y preparaba la fallida “Contraofensiva” Adur estuvo con ellos en Europa y Asia, siempre alimentando el espíritu de su comunidad. Su plan de poder llegar a Brasil para poder ver al Papa se ve truncado cuando la dictadura brasilera lo secuestra y tortura.  Adur muere luchando contra la opresión en Argentina y latinoamericana, no lo hizo con un fusil en mano, pese que apoyaba la lucha armada en un contexto dictatorial, sino a través de sus palabras, fortaleciendo el espíritu diezmado de un pueblo que no podía ver la luz entre tanta oscuridad.

A continuación se reproducen las palabras de Adur  brindadas en su “Carta al pueblo Argentino” explicando el porqué de su decisión de aceptar la capellanía del Ejercito Montonero: “En esta carta quiero hacerles partícipes de mi decisión de asumir, personal y públicamente, la Capellanía del Ejército Montonero y responder así al pedido expreso de su Comandancia”; ya que “antes que nada es el Evangelio el que me dice cuando alguien te pida hacer mil pasos con él, harás dos mil. Pero es también, y sobre todo, la Iglesia, que busca la justicia y la debe practicar, la que me lleva a mostrar a mi pueblo la voluntad irrenunciable de acompañar a aquellos que asumen integralmente la lucha por la liberación de nuestra querida patria”.

 

Diego Leonesi

Rodolfo Walsh, producto de su tiempo

Para que una semilla germine se requieren una serie de condiciones básicas. La mayoría de las plantas precisan agua y oxígeno. Pero para crecer altas y fuertes necesitan sobre todo de una tierra fértil. Si se conjugan esos tres requisitos la vida se abre paso. Simplemente es cuestión de que la semilla esté en el lugar justo.

Cuando se estudia lo sucedido en la Argentina desde el golpe militar de 1955 hasta la última dictadura militar en 1976 es posible llegar a la conclusión de que era el momento adecuado para que aparezca, como levantándose desde el barro de la historia, un personaje como Rodolfo Walsh, alguien que con su coherencia marcara un camino y cuya propia vida represente el drama de todo un país.

Una frase muy extendida cuando se estudia a un personaje de este calibre es: “Fue un producto de su tiempo”.

Sin embargo, hay una pregunta cuya respuesta nos abre un camino interesante de reflexión: ¿Rodolfo Walsh era un héroe, alguien sobrehumano, o simplemente una persona a la altura de las consecuencias de su tiempo?

Este interrogante nos dirige, cuál si estuviéramos poniendo en práctica la mayéutica de Aristóteles, a otro cuestionamiento, a indagar en nuestro momento histórico:

¿Cuál debería ser el producto de esta etapa que no toca vivir?.

El público de hoy al consumir medios de comunicación se encuentra más interesado en reafirmar sus prejuicios que en informarse. Necesitamos que alguien diga lo que queremos escuchar. La veracidad de la información es secundaria. Consumimos y creemos, solo lo que queremos consumir y creer.

En este contexto histórico, donde además tiene cada vez más aceptación la teoría del fin de las ideologías y en el que muchos compran el discurso de que ya todo está perdido, el compromiso con la verdad debe ser más férreo que nunca, aunque esa verdad contradiga nuestras opiniones.

Arturo Jauretche, en su libro Los profetas del odio y la yapa, dice lo siguiente: “Si todo es según el color del cristal con que se mira, conviene saber qué anteojos y anteojeras nos han puesto”.

Hay que desprenderse de los prejuicios, como si estuviésemos quitándonos esas anteojeras, para mirar con franqueza y transformarnos como sociedad.

Porque si bien las condiciones quizás no estén dadas para que maduremos, para que nos juguemos por cambiar en un momento en que nos dicen que no vale la pena, podemos todavía practicar la libertad aun dentro de las relaciones de poder.

Porque aunque las plantas para germinar necesitan agua, oxígeno y tierra fértil, hay otras que crecen aun en las peores condiciones, mutando si hace falta, abiertas a cualquier cambio que las haga desarrollarse.

Hoy quedó obsoleto el estereotipo de héroe tradicional que se jugaba entero por una causa y representaba a toda una generación. Por eso es importante mirarnos más de cerca y darnos cuenta que tenemos una responsabilidad con nuestro tiempo.

 

Sebastián Pujol

Si los cerdos gobiernan el mundo – Roger Waters

El músico británico Roger Waters desembarcó una vez más en Buenos Aires. La cita fue de dos conciertos, uno el martes 6 y el otro sábado 10 de noviembre y se realizaron en el Estadio Único de La Plata. Atrás quedó la catarata de 9 recitales que diera allá por el 2012 con su gira The Wall. Quizás se deba a los tiempos del viejo Roger, quizás se deba a los tiempos económicos del país y la región, quizás ¿por qué?

El nuevo espectáculo llevó el título Us + Them fusión del nombre de uno de los temas del disco The dark side of the moon de 1973. Una vez más la extraordinaria puesta en escena audiovisual y el destacado sonido demostraron que Roger Waters sigue siendo un exquisito y minucioso artista a la hora de iniciar una nueva gira mundial.

Con un estadio casi colmado comenzó el espectaculo de la Banda Puel Kona, ovacionada en sus letras y mensajes reivindicatorios de la cultura Mapuche. Cultura que atraviesa hoy en día una escalada de violencia desde los estados chileno y argentino.

Además de presentar su último trabajo solista Is this the life we really want? Roger repasó los discos clásicos de Floyd The dark side of the moon, Wish you were here, Animals y The wall, en versiones poderosas y en gran parte con nuevos músicos en escena.

El mensaje denunciante, constante y sin reparos de Waters a un público atento y emocionado fue RESIST. Durante un concierto de más de dos horas cantó y exigió a través de la música resistir a las guerras, resistir al sionismo y resistir como seres humanos a toda forma del neo-fascismo desplegado desde los estados en la región y el mundo, “Si los cerdos gobiernan el mundo, fuck the pigs”.

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Como viene sucediendo en varios conciertos y concentraciones multitudinarias, el canto popular contra las políticas del gobierno nacional se hizo presente en el Estadio Único. La ovación para el tema La memoria de León Gieco fue impactante en las dos fechas. Incluso el argentino estuvo presente en el escenario junto a Waters en el último concierto. Roger también abrazó la lucha que las mujeres vienen dando a lo largo y ancho del país; utilizó el pañuelo verde de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

Cerdos y esferas brillantes volando, pantallas gigantes, músicos de gran nivel, sonido envolvente y fuegos artificiales coronaron las noches en la que Waters dijo presente una vez más. Se recordará estos conciertos como un acto de resistencia, de eso no hay dudas. El mundo merece y debe ser un lugar mejor para todos; los crímenes sobre la humanidad deben cesar en todas sus formas “Seamos Humanos”. 

Pablo Kravacek

Rey de azúcar y la reinvención de la música

Le preguntaron a Fito, respecto de Mariposa Tecnicolor, si no le parecía que estuviera abusando de las letras bonitas, alegres. El flaco de Rosario respondió con su grandeza característica citando su propia canción “la melancolía de vivir en este mundo y de morir sin una estúpida razón” y agregando más o menos así: ¿hay algo más trágico que eso? lo terrible se puede decir con una melodía alegre, llega más y se digiere mejor. Esto lo supieron enseñar Lennon y McCartney cuando cantaron Help Me. De esa escuela, salvando distancias, vienen los Fabulosos Cadillacs.

Viví mi infancia y pre-adolescencia rodeado de música debido a la influencia de mi hermano mayor. Mi habitación respiraba música. Los parlantes ocupaban un espacio que bien podría haber sido ocupado por otra cama. Por suerte, éramos sólo tres y entraron junto a nosotros con sus gigantes y desproporcionadas dimensiones ochentosas. Lejos de los pendrive actuales, los CD también requerían un importante espacio por lo que tenían muebles de tamaños proporcionales a su cantidad. En mi pieza, estaba repleto de ellos y era común estar diez o quince minutos para localizar uno. En ese contexto, Los Fabulosos Cadillacs fueron la primera banda con la que me propuse una locura que aún me persigue en estos días: completar la discografía de mis favoritos.

Esa locura era compartida con dos amigos del barrio. Uno de ellos lo conservo y participa también en Revista Marfil. Quizás aquella locura era una señal de cierta empatía duradera que traería aparejadas nuevas locuras. Nos propusimos dicha conquista cuando el furor por el disco de grandes éxitos Vasos Vacíos hacía estragos en las disquerías. Vasos Vacíos no tenía ningún tema nuevo, pero el nuevo mundo Capitalista de principios de los noventa había entendido que el nuevo formato musical (el mencionado CD) merecía volver a versionar éxitos viejos o ni siquiera eso, simplemente volver a venderlos. De esos años son la mayoría de los discos más vendidos de nuestra historia. Nobleza obliga, la calidad del audio con respecto a los poco a poco obsoletos

Cassettes era infinita. Por lo tanto, los consumidores teníamos un rédito importante.

Rápidamente conseguimos adquirir varios de los discos de los Cadillacs anteriores al éxito de Vasos Vacíos: Yo te avisé, El Ritmo Mundial, El Satánico Dr. Cadillac y El león. Enloquecimos descubriendo temas nuevos, al menos para nosotros. El disco Sopa de Caracol ya se encontraba reposando en mi casa pero no nos gustaba en absoluto. La adquisición completa se vio trunca porque jamás conseguimos el primer álbum: Bares y fondas. La discográfica no lo vio como una posibilidad de venta y quizás los músicos no insistieron demasiado dada la baja calidad musical del mismo. Con el tiempo, la locura de completar discografías se trasladó al maestro Charly García y a la inigualable banda californiana The Doors. En ese lapso, salió Rey de Azúcar, un nuevo disco de los fabulosos. Inmediatamente, lo reconocimos como el mejor de la banda. Con el tiempo, la

adolescencia y Jim Morrison me llevaron hacia otro tipo de tendencia musical, al punto que llegué a renegar en ocasiones de aquél fanatismo por las canciones con melodías festivas. El tiempo, empecinado en transcurrir, me hizo re-significar todo aquello.

Leyendo Las Venas Abiertas de América Latina, la obra fundacional de la historia Latinoamericana, del brillante Eduardo Galeano fue que me topé con el capítulo El Rey de Azùcar y otros monarcas agrícolas. Recuerdo como hoy haber desempolvado los CiDis. Ahí estaba. El nombre del disco respondía a aquél trágico capítulo y recién ese día caí en la cuenta que una canción se titulaba exactamente igual que el libro del escritor uruguayo. Ahí gritaba Vicentico la letra de Flavio: despierta aborigen, responde a tu origen. El resumen de un capítulo de Las Venas que nos enseña cómo el Azúcar fue traído de Europa para destrozar los campos de las islas del Caribe y el sudeste brasilero y cómo las grandes masas de esclavos africanos llegaban para trabajar y morir en los

ingenios latifundistas y, por supuesto, también en las minas. Están allí la pobreza de los

desgarrados campos de Haití, República Dominicana, Barbados, Cuba. ¡Rey de azúcar! ¡Potosí! Claman los Fabulosos.

El disco canta contra las desigualdades a partir de melodías pegadizas y bailables. Desde la primera estrofa de su primera canción y gran éxito Mal Bicho, anuncia: escucha lo que te canto/ pero no confundir/ es de paz lo que canto/que me hablas de privilegios/de una raza soberana/superiores inferiores/minga de poder/cómo se te ocurre/que algunos son elegidos/y otros son para el descarte/ambiciones de poder. Posteriormente, la canción Ragga Punky Party Rebelde va en lamisma sintonía. Paquito cuenta la historia de un pibe que aparentemente se declara homosexual, Miami le pone voz a un Cubano diciendo “dios está mirándonos a todos nadar hacia la boca del enemigo”.

Continúa el disco con bonitas melodías que cantan penurias en Carmela, Ciego de amor, Muerte querida, Saco azul, Estrella de mar. Cuenta también con la mejor versión Argentina de un tema de los Beatles: Strawberry Fields For Ever. Gracias a esa versión, me adentré en el mundo de los genios de Liverpool.

Mi fanatismo retomado en estas líneas me llevaría a no omitir ninguna canción pero me detendré para ir a la última re-significación que me permitieron. A la última prueba de que la música no envejece, las letras se reinventan cuando uno las vuelve a abordar en el transcurrir de la vida. Me volví a enamorar, como quien se encuentra con un viejo amor y ve superada la belleza del recuerdo, cuando escuché: Bajando del monte hacia la ciudad/la gente que ya no puede vivir así más/ bajando del monte sin nada que perder/ el fusil en el hombro la esperanza partida /el alma endiablada y la mirada perdida/He is a bandido he is a bandolero / lo llamaba Somoza y se llamaba Sandino. El extracto corresponde a la canción Hora Cero que es un reconocimiento a un desconocido por estas tierras, Sandino, el revolucionario Nicaragüense y su epopeya de no haberse rendido aún cuando todos sus compañeros estaban dispuestos a hacerlo. Como cuenta Ernesto Cardenal en el poema homónimo a la canción, el general a cargo se ve obligado a decirle al ejército norteamericano: todos mis hombres se han rendido menos uno.

Los Fabulosos sacaron otros discos, nos hicieron llorar a todos los que somos padres con Vos sabés, y siguieron el camino de la lucha y la memoria con nuevos excelentes temas. Después se separaron, como casi todas las bandas de aquellos años. Al día de hoy, entre mis discos sigue ausente Bares y fondas, el primer inconseguible disco. Aquellos buscadores incansables nos contentamos con una grabación en cassette cuyo paradero desconozco. Escuchamos sus canciones cada tanto en alguna noche nostálgica a través de Youtube. La búsqueda está abandonada. Salvo que aquél viejo amigo extraviado, como buen Sandinista, no se haya rendido todavía.

Sergio Delbreil

Los años sin Alfredo Zitarrosa

Hay episodios claves en el crecimiento personal. Uno de ellos, creo, es el momento en que te sentás en soledad frente a una pava de agua caliente para echar en el mate. Otro, sin dudas, es cuando te tirás en tu cuarto y ponés un disco para no hacer otra cosa que escucharlo desde el principio hasta el final. Eso, dedicarte a oir y nada más, conlleva una maduración. Ya no se vuelve a ser lo que era.Yo recuerdo uno de esos momentos, aunque estoy seguro que no fue el primero de los discos que escuché completo. Era uno de Alfredo Zitarrosa, un LP que tenía mi viejo metido en el altillo desde antes de que yo naciera. No recuerdo el nombre, pero tenía un dibujo de un amanecer en la tapa. Lo busqué y no figura entre su discografía oficial, por lo cual sospecho que debe ser una edición solo para la Argentina de un disco suyo. Zitarrosa era un cantante uruguayo cuyas canciones sonaban a rebeldía y coraje, a esas historias de los setenta que cada tanto dejaban relucir mis viejos o algún tío. Historias de una época que yo imaginaba más heroica, más romántica. El tipo, según había visto en una foto del interior del disco, se peinaba a la gomina y de traje, con pinta de guapo tanguero, pero cantaba con una emoción que parecía imposible en ese vozarrón impecable que tenía. Las canciones de Zitarrosa no te dejan seguir igual luego de que las escuchás. Yo crecí un poco prestándole atención.

Sebastian Pujol