Al Diego

Sos la viveza del potrero

sos el sudor del obrero

Sos Colimba y Capitán,

contra ricos, y usureros

Sos la finta a la moral,

a quien reclama perfección

señalando con el dedo,

desde su cómodo sillón.

Sos el  Ranquel más bravo

con una lanza en los pies,

y sos el Gaucho más valiente

que de facón, tiene la diez.

Sin puntos cardinales

que te pudieran detener

giraste el mundo mil veces

para llegar a la red.

Sos ira y sos amor,

soberbia y humildad,

Un ser mítico que amamos,

Y que tiene humanidad.

Sos  Pelusa multiplicada

para volvernos a unir

 en alegría de tu pueblo

que volvió a sonreir.

Tu aureola hoy, es la esfera

que tanto amaste y trataste bien

y tus alas de cielo es la bandera

donde serás  el eterno Rey.

Diego Caballero

Resaca

Se alarga la cuarentena y con ella la reflexión sobre cada uno de los aspectos de la vida. Cada día se hace mas difícil y esa dificultad nos lleva a preguntarnos ¿que seria de este encierro sin el arte? Seria intransitable sin la música, literatura, poesía, cine, pintura. Por eso les dejamos una poesía, para salir un poco del aturdimiento de concreto enviado a la mente hacia horizontes mas bellos.

RESACA

Sin embargo,

la mañana resulta tan oscura como la noche.

La sangre al costado de la acera,

las botellas vacías,

los fuegos apagados,

las cenizas del cigarro ahogadas en el vaso de agua.

 

La resaca,

la diarrea.

 

Donde los fantasmas tienen nombre y apellido,

y el hígado se desangra

en café con leche y tostadas.

 

La noche

no es más que un cordero

que espera la mordida fatal

del zorro hambriento.

 

El crucifijo

se esconde en el alba.

Silvana Gomez Caje

 

De amaneceres lejanos

Se alarga la cuarentena y con ella la reflexión sobre cada uno de los aspectos de la vida. Cada día se hace mas difícil y esa dificultad nos lleva a preguntarnos ¿que seria de este encierro sin el arte? Seria intransitable sin la música, literatura, poesía, cine, pintura. Por eso les dejamos una poesía, para salir un poco del aturdimiento de concreto enviado a la mente hacia horizontes mas bellos.

De amaneceres lejanos

No bastaron los valles naranjos

para desprender mi humanidad

de tus lianas capilares,

piscianas,

exhortas de terquedad.

Supongo que los rebeldes

rezan tu estereotipo de cuento,

pero tu corazón es noble.

aunque las lenguas,

no hayan enserpentado

hacia horizontes 

que imagino en silencio.

Kilómetros de Latinoamérica

atraviesan 

mis cada vez más incontrolables

ganas de amanecer.

De amanecer y amanecerte

como dos adolescentes

que empiezan a cosquillear 

sus vulvas corpóreas

por primera vez.

Desmonto todas las piezas de tu cuerpo

que creó mi insaciable imaginación.

Soy un lobo que busca el cordero

para protegerlo a besos.

Soy esa sirena vampiro

que quiere encapsular

el cuerpo todo

a ese guerrillero de papel

y llevarlo hasta el fondo del mar.

Bien al fondo,

hasta amanecer de nuevo.

Y de nuevo.

Silvana Gomez Caje

Corre chiquilla

Chiquilla corre. Corre lejos y grita.

No es tu culpa. Sus corruptas manos grises

y su lengua de mugre repetirán sus razones.

Pero tú corre y grita. No estás sola.

Chiquilla corre. No dejes que te atrape.

Las pantallas dirán sobre tus ropas,

sobre tus colores y tu libertad.

No es tu culpa. Deja el llanto

y corre lejos. Y grita. No estás sola.

Chiquilla corre, con tu puño en alto,

pero corre. No dejes que te atrape.

Su perverso privilegio rociará tu

inocencia con lujuria. Corre y grita.

No es tu culpa. No estás sola.

Chiquilla corre y no dejes que te tumben.

Rostros desconocidos dirán que eras muy

niña y que tus padres y que tu alegría.

Dirán que te lo merecías. Que eras verde

y que pensabas ¡Qué pensabas!

No estás sola, no es tu culpa. Corre.

Chiquilla no tropieces, no te canses.

Corre con todas tus fuerzas que si te atrapa

no te encontraremos. Corre y grita, no estás sola.

No es tu culpa. Es su miedo y es su monstruo.

Son sus privilegios y sus miembros. Son

sus garras y nunca tu pollera. Corre, no estás sola.

Chiquilla no tropieces que si te atrapa

no te encontraremos. Hallaremos tus ojos

pero nunca tu mirada. Quizá tus manos

pero nunca tus caricias. Quizá tu boca

pero nunca más tus besos. No tropieces,

no es tu culpa, no estás sola.

Chiquilla no te caigas, que si te atrapa

encontraremos restos de ti. Viva o inerte,

sólo restos. Entera o mutilada, sólo llanto.

¡No es tu culpa, no estás sola!

Corre y grita y no dejes que te atrape.

Chiquilla, aunque no lo entiendas,

tu libertad y tus sueños y tu inocencia

ytu pubescer y tus colores y tu ternura

son, para ellos, generadores de odio.

Dirán que tu cabello y que tus palabras,

que tus piernas y tus bellos, que tu verde

pensamiento y tu cintura y tu pecho y tu garganta.

Dirán chiquilla, que te lo buscaste

por ser libre y hermosa, por ser eso que

nopueden ser. Lo dirán y culparán a tu

pequeñez y a tu abundancia. Pero será siempre

su odio. Serán sus privilegios y su miedo.

Dirán que te lo buscaste por ser mujer

cuando niña. Porque ellos te han dado el sexo.

No es tu culpa, corre y grita. No estás sola.

Chiquilla, no queremos llorarte.

Corra y grita y ven a nuestro abrazo.

Somos tantas que somos una, somos

una que somos sangre, somos sangre

que somos vida. Chiquilla no te caigas

y ven a nuestro abrazo.

Chiquilla que te amamos, aunque

sin conocerte. TE AMAMOS.

Corre y grita y lucha y ven a nuestro abrazo.

Te amamos niña y mujer, te amamos

LIBRE.

Chiquilla, crece. No es tu culpa,

no estás sola. Somos una.

Vera Suárez

Soy Quimera

La rotura que se observa es más bien una unión. Un rejunte soy.

Cuerpo fragmentado, erotismo delirante. 

Casi… nunca todo.

Fuego verde ¡Sí! Fuego agrio ¡Sí! Rojo jamás.

Soy eso, rejunte. 

 

Nombro un nombre que no me nombra ¿Y qué?

Me llamo error, monstruosidad.

Porto un rostro, dos manos y llantos.

Me llaman carnaval, asfalto y camposanto.

Me llamo andrógina.

Una fémina viril, un macho afeminado.

Soy eso, lo raro.

 

Soy eso, yo. Un alguien adentro. 

Soy carcajadas, brillo, bandera y  volcán.

Y soy todo eso a pesar de tu no. 

Soy canto y estigma, propaganda obscena.

¿Doy miedo? ¿Te asusto?

Soy sólo eso. Yo. Alguien. Adentro.

 

Gusano misceláneo, des-generado.

Soy un gran NI que estorba a tu costumbre.

¿Soy un cuerpo mal hecho? ¡No!

¿Soy alma expuesta, un tanto amorfa? ¡Sí!

¿Soy piedra en tu zapato? ¡Siempre!

Soy eso. Soy yo.

 

Soy tu morbo. Soy tus fantasías menos perversas.

Querés saber más, pero eso no se mira;

querés palpar mis partes encajadas, pero eso no se toca;

querés llamarme y lujuria, pero eso no se dice.

Vení a conocer mi silueta anti-natura, mi placer cuasimodo,

mi dulzura de adefesio. 

Soy eso. Quimera ambigua. 

 

Soy la desnudez prohibida, los miembros censurados.

Híbrido de pedazos opuestos y complementarios

que baila en los olores de la clandestinidad.

Soy sexo impúdico, soy bestia caótica.

Soy mezcla de puerco y mariposa,

de tripas y purpurina, de gomosa máscara y ser. 

Soy la más tierna criatura grotesca. 

 

Soy. Dentro de mi diversa y compleja envoltura.

Soy con esta voz impuesta y con esta boca

repintada y con estas manos negras y

con esta rubia cabellera. Soy.

Soy conflicto eterno entre tu moral

y mi pasión, entre mi desorden y tu espanto.

Entre sus prejuicios y nuestra grasosa desfachatez.

 

¿Te asustamos? ¿Horrorizamos a tus niños?

Tu terror y el de los tuyos no es nuestra venganza.

Nosotres, las monstruas, los criaturos, las raros y

los rejuntadas somos millones. Estás en nuestro territorio.

Pero no tengas miedo, no vamos a lastimarte. Vamos a des-generarte.

Vera Suárez

El hombrecito está muerto.

Cree el hombrecito de la muerte pisar las calles nuevamente.

Se escucha en el eco de las botas que más temprano que tarde pagarán.

Pero las calles son del pueblo que canta esa vieja canción,

refugiado en un abrazo inmenso que lo protege.

Cree pisar las calles el hombrecito, pero no.

 

Cree el hombrecito del horror tener todo bajo su control nuevamente.

Su baba cae de cuerpos cobardes que matan inocencias.

Pero esas niñas y mujeres aunque rotas, se levantarán

y no estarán solas nunca más.

Cree tener el control el hombrecito, pero no.

 

Cree el hombrecito de la sangre vencer a los rebeldes nuevamente.

Sus verdes pacos mal drogados disparan sin cesar.

Pero cada parche multiplica ojos, cada muleta multiplica piernas

y cada llanto multiplica gritos.

Cree vencer a los rebeldes el hombrecito, pero no.

 

Cree el hombrecito de la mierda ser muy fuerte nuevamente.

Las pantallas que lo levantan de las cenizas ocultan su nauseabundo olor.

Pero en la revuelta todos huelen el asco, y aunque los monigotes

del odio intenten taparlo, lo acrecientan.

Cree ser muy fuerte el hombrecito, pero no.

 

Cree el hombrecito del miedo aterrarnos nuevamente.

Los carabineros disparan a matar y ríen detrás de sus escudos.

Pero un pueblo que lucha no cae, un pueblo que no cae se vuelve fuerte,

un pueblo que se vuelve fuerte es invencible y el hombrecito lo sabe.

Cree aterrarnos el hombrecito, aunque en el fondo sabe que el que tiembla es él.

 

Quiere creer el hombrecito del pasado que es presente nuevamente.

Pero sus balas, sus gases, sus palos y sus tanques no podrán desenterrarlo, señor.

Quiere creer pero sabe que está muerto, sabe que su gran mentira ya no miente.

Y usted sabe, aunque quiera resistirse, que ya no le tememos, señor.

Quiere creer el hombrecito muerto que vive. Pero no. 

Vera Suárez

 

 

Terrazas clonadas

Yo laburé en este barrio,

en alguna de estas terrazas clonadas,

en un mediodía de monedas contadas…

 

Yo sostuve un tanque de agua

mientras mi jefe ajustaba unos caños color carne

 

Yo miré el cielo turquesa,

extravié mi rostro de la sombra hacía el calor bueno del sol,

entrecerré los ojos

y por un segundo no estuve ahí

o aquí

 

Yo anduve por este barrio

vestido de trabajo,

manchado de hastío,

con tres monedas de un peso en el bolsillo tintineando,

demandando

 

yo conozco estas calles,

en alguna terraza aún sostengo ese tanque

mientras ahora el viento entra por la ventanilla

y me pregunta

a dónde quise ir todo este tiempo.

Juan Zirpolo

Moribundo de sol

Decime que la noche se dobla sobre sí misma
y yo voy a decirte que el cielo está violeta como un error,
que los pinos se recortan sobre él
y parecen brujas decaídas,
que la luna rueda en potreros extraterrestres
y que la lluvia no me moja tanto como tus lágrimas que ya no caen pero que siguen cayendo
en aquellos tus ojos de otras madrugadas
de polvo y grillos recitando…
Decime que la noche ya no nos incluye
Yo voy a responderte que la mañana no me llegó aún,
mientras pateo el rocío, moribundo de sol.

Zírpolo

Los que se encomiendan al universo

A mi hermano Dan y a mí nos gusta matear

Dentro de nuestra casa de madera

y bajo nuestro pino en días de calor

Los pies sobre la tierra estéril,

la pava sobre la pared de comunes sin revocar

La charla se lleva el día enrollándolo

Ayer, veinticinco navideño,

la charla y el agua se habían enfriado

Dan hacía girar el Facebook distraídamente.

De pronto leyó en voz alta:

“Ninguna persona se cruza en tu vida por casualidad, El universo las pone en tu camino por una razón.”

Nos miramos de reojo

Y cuando yo estaba por burlarme, Dan dijo

“O sea que el universo decidió que Lucía Pérez se cruzara con los hijos de puta que la violaron y empalaron hasta la muerte?”

Entonces un silencio extra vino, además del que ya reinaba

Dan agarró la guitarra y cantó una canción nueva

Yo me puse a pensar en la cobardía de encomendarse al universo.

Juan Zírpolo

Abran Fuego

Abran fuego,

abran agujeros en la carne y den muerte

a los que la pidan mereciéndola

Habrán muertos sin cuerpo

Preguntas sin respuesta

Habrán cerrado los ojos abiertos

Abran fuego, patriotas

Nosotros abriremos abanicos de silencio,

Limpiaremos la sangre que corre de sus manos

Habrán honores, perdones y avales

Abran fuego aunque sus manos estén vacías

Habrán armas en sus mentes, en sus gritos

Y nosotros decidiremos sus crímenes

Y la hora de sus muertes por la espalda

Abran fuego, en pos del silencio ábranlo

Abran surcos por donde corra el terror

Abran muerte para sus hermanos

Abran traición en nuestro santo nombre.

Juan Zirpolo