12 de octubre: El inicio de la justificación moderna.

En un nuevo aniversario del desembarco europeo en América proponemos un análisis que cuestiona las miradas occidentales acerca del nacimiento del mito moderno y su desarrollo a partir de dos autores que han estudiado el tema durante un extenso periodo de tiempo: Enrique Dussel y Sophie Bessis.

Ante la construcción de una civilización europea basada en la supremacía, que se impone como paradigma y consagración de la humanidad debemos preguntarnos si la existencia de oriente no obstruye esa pretensión de exclusividad histórica. La densidad en el intercambio comercial generaba lazos económicos, sociales y culturales que permitieron el crecimiento de Europa y su esplendor. Dado que el flujo de relaciones entre ambas culturas contribuye decisivamente a su mutua constitución, es difícil no eludir una perspectiva jerarquizadora que eyecta a Europa como madre  de la historia.

A través de los tiempos el encuentro con el otro ha sido tan inevitable como necesario para la evolución de los pueblos. A pesar de la pretensión de pureza que se ha impuesto en diversas corrientes intelectuales, las civilizaciones se constituyen con elementos que toman de otras culturas. Nadie rompe con el silencio del universo. El análisis propuesto por las corrientes alternativas a la hegemonía occidental se enfoca en entender de qué manera y cuando comienza el proceso de ruptura que separa a Europa del resto del mundo, instalándola como el estadio final al que la humanidad debe alcanzar para abandonar la condición de bárbaro, salvaje. La exclusión de la alteridad en las subjetividades europeas es una característica esencial para pensar la construcción de una modernidad puertas adentro.

La influencia árabe en Europa permite su ascenso y desarrollo. Desde el mito fundante hasta las técnicas de navegación se han visto atravesadas por Oriente. La edad media ha sido escenario de un intenso flujo de ideas, aportes artísticos y comerciales que configuraron ambas culturas. La diferencia no implicaba una superioridad ni moral ni material sobre el otro, sino que existía una convivencia entre las distintas identidades diseminadas por el mundo, el cual aún no se percibía como tal.

El “descubrimiento” de América es un acontecimiento central para comprender la erradicación del legado Oriental en la sociedad europea, situándola lentamente como lumbre de la humanidad. A partir de una perspectiva de supremacía se comienza a estructurar un discurso occidental que se impondría como una ideología de la razón, la cual buscaba legitimar el avance sobre el “nuevo mundo” y luego la esclavitud. Este discurso será la base del pensamiento occidental.

Es decir que, en paralelo a la conquista, se construía el argumento de la modernidad como concepto que impondría al planeta una subjetividad paradigmática, concediendo a Europa la posibilidad de constituirse como centro hegemónico de poder y meca cultural. Esta tendencia ira diluyendo de su historia las influencias Orientales.

Enrique Dussel habla de un “deslizamiento semántico del concepto de Europa”. En su texto Europa, Modernidad y eurocentrismo, explica que “Lo que no será Europa moderna esta fuera de su horizonte y es simplemente lo incivilizado”. Es decir que no solo hay una reconfiguración de los orígenes, sino que también hay una marcada tendencia a la exclusión del otro.

Por su parte, la historiadora franco-tunecina Sophie Bessis en su texto Occidente y los otros escribe que “mientras que los conquistadores hacen el vacío en lo que transforman en nuevo mundo, el renacimiento elabora un discurso total que da sentido tanto a la expulsión como a la toma de posesión”. En este sentido podemos observar como el renacimiento comenzó a construir un discurso que dejaría en la marginalidad a las influencias orientales. Dussel propone abordar esta edificación argumentativa desde el eurocentrismo, concepto que estructura a la modernidad, en donde se ubica a Europa como punto de partida y destino final, sustrayendo cualquier rastro externo a su yo. Incluso borrara matices de su mito original griego, recortando sus aspectos vinculados a las regiones orientales.

Esta exclusividad histórica que busca Europa y es forzada a partir de la conquista de territorios, poblaciones y riquezas ajenas, necesito de un aura intelectual que argumente su comportamiento. La modernidad emerge como principio vital para que el continente europeo justifique a sí mismo y hacia los demás el proceso de acumulación originaria del capital, interponiendo ante las tragedias del genocidio nativo en América y la esclavitud, las teorías evolutivas y de emancipación de la razón.

De esta manera se consagra al hombre blanco y europeo como estereotipo universal dejando a los diferentes en la cornisa de la dominación. En función de este paradigma moderno, la voracidad de poder y riqueza se transformó en dolor y sometimiento de los pueblos opuestos o alternativos. Bessis lo describe con una crudeza obligatoria “La cristiandad y la raza: esta doble pertenencia sirvió para legitimar la conquista de América. No se trata aquí de rescribir la Historia, sino de recordar que los europeos, para poder llevar a cabo la apropiación de un continente, perpetraron el primer genocidio de la Historia”.

La fecha de inicio de semejante genocidio no puede tener nada de festejo, pero si debe servirnos para reflexionar sobre los roles de cada quien y para la comprensión de los porque en los perfectos funcionamientos de los bellos países del viejo mundo.

 

Ignacio Calza.

Argentina por primera vez

Una de las respuestas frecuentes cuando se pregunta por el sentido de la historia es la necesidad de conocer el origen de las cosas. Procesos, estructuras, conceptos, culturas, sociedades, sistemas y todas aquellas cuestiones que siempre aparecen en la disciplina. Lo cierto es que hay un origen que se presenta como uno de los mas difíciles de rastrear, aquel que tiene que ver con las palabras. ¿Alguien puede arrogarse haber roto el silencio del universo? No sabemos quien hablo por primera vez, pero si podemos intentar descifrar donde aparece plasmada por primera vez la unión de algún significante y significado. En este caso, repasaremos una de las hipótesis que existen acerca la denominación de nuestro país. Donde se escucho por primera vez la palabra Argentina.

En tiempos de la conquista, allá por principios de siglo XVI, una de las formas de dominación del territorio que ejercían las huestes hispánicas se daban por medio de los adelantazgos. Eran cargos de orden militar que los monarcas otorgaban a funcionarios favorecidos por una o dos vidas y en algunas ocasiones a perpetuidad. El adelantado llegaba a América y tenia el poder de repartir tierras, organizar encomiendas de indios o acuñar moneda. También podía promulgar ordenanzas y se encuadraba dentro de la forma política vigente en el periodo: Gobernador, capitán general, aguacil. Estos títulos durarían hasta fines del siglo XVI, fin de la etapa conquistadora e inicio de la colonia.

Fue por esos tiempos en que naceria la palabra argentina. Como relata el historiador Fermín Chavez:

“Fue por los días del ultimo Adelantazgo que un extremeño, cura y poeta nombro por primera vez a la Argentina. Estoy hablándoles del arcediano Martin del Barco Centenera que compuso el poema “Argentina y Conquista del Rio de la Plata” y lo publico años después en Europa. Este poeta formo parte del Adelantazgo de Ortiz de Zarate y misiono en el Paraguay, en tiempos de Juan de Garay, luego en Perú donde termino su poema”.

El poema estaba dirigido al Rey hispánico. Es un libro extenso que describe en formato de prosa las realidades que el autor vive en tierras rioplatenses. Según las propias palabras de Centenera:

“He escrito, pues,   aunque en estilo poco pulido y menos limado, este libro, a quien intitulo y nombro Argentina,   tomando el nombre del subjeto principal, que es el Río de la Plata; para que Vuestra Excelencia, si acaso pudiera tener algún rato como que hurtado a los necesarísimos y graves negocios de tan grande gobierno como sus hombros tienen, pueda con facilidad leerle, sin que le dé el disgusto y fastidio que de las largas y prolijas historias se suele recibir; y heme dispuesto a presentarla y ofrecerla a Vuestra Excelencia como propia suya; pues, según derecho, los bienes del siervo son vistos ser del señor”.

Aqui brindamos el texto completo para quien este interesado:

Quizás conocer el origen de las palabras no signifique mucho y no modifique la realidad de las cosas, pero en tiempos en que la aceleración resulta exponencial y pareciera no haber oportunidad de detenerse, merece algún recuerdo aquel que estampo por primera vez el nombre de nuestro país.

Ignacio Calza

El Presidente que no se rindió. En recuerdo de Salvador Allende

“Yo pisaré las calles nuevamente / de lo que fue Santiago ensangrentada. Y en una hermosa
Plaza liberada / me detendré a llorar por los ausentes.”

Pablo Milanés.

Hoy se cumple nuevo aniversario del golpe de Estado que derrocara al Presidente de Chile Salvador Allende. El día del aciago asalto al palacio de la Moneda por las Fuerzas Armadas comandadas por Pinochet.

Había subido al poder tres años antes Salvador Allende obteniendo el 36 por ciento de los votos en una elección reñida aventajando a Alessandri, candidato de la derecha que obtuvo el 35 y a Tomic, del centro del espacio político, con el 28. Sí, 36 a 35. Como un corredor de cien metros llanos que triunfa por el detalle de inclinar la cabeza y pasar una décima de segundo antes la línea de meta. Así triunfó el candidato de la Unidad Popular

Ese hombre descendiente de vascos encararía un intento altamente loable: hacer el socialismo por medios pacíficos. La vía chilena al socialismo. En tiempos de guerra fría entre Oriente y Occidente. La Unión Soviética y Estados Unidos. Comunismo y capitalismo. La guerra se libraba en otros países, y bajo el fantasma del botón rojo que podría iniciar en cualquier momento un conflicto nuclear entre los dos gigantes, y el fin del mundo.

Y tomó el poder Salvador Allende encabezando a la Unidad Popular. Lo había intentado cuatro veces antes presentándose como candidato, de menor a mayor. Obteniendo en su primer intento los votos ínfimos habituales en tantos candidatos de izquierda en Chile y en el mundo. Nadie lo tomaba en serio. Pero se fue ampliando su base de apoyos tejiendo un movimiento social y la unidad de distintas fuerzas progresistas y revolucionarias. Unió al Partido Socialista con el Comunista y otras fuerzas como el Movimiento de Acción Popular Unitario. Dejó el puritanismo de los sectarios Salvador Allende para llegar al poder. Y llegó nomás, con poco más del tercio del electorado, no había balotaje, esa ingeniería moderna. Se definía por puntos, como en el boxeo, y a las tres fuerzas más importantes que compitieron se impuso la Unidad Popular. Su elección fue ratificada por el Congreso.

¿Y ahora?, se preguntó parte de la sociedad chilena. La democracia que habían acaparado los partidos conservadores alternándose en el poder de repente se reveló peligrosa cuando cristalizaba el triunfo de un presidente socialista. La democracia para pocos, tranquila, daba el triunfo de repente a un programa que quería transformar la sociedad. Tanta convulsión causó, que el general legalista René Schneider fue asesinado por conspiradores alentados (por lo menos) desde Estados Unidos, en la esperanza de que al presidente elegido no se le permitiera siquiera asumir. Pero el 3 de noviembre de 1970 se puso la banda presidencial Salvador Allende.

Si los socialismos reales se habían caracterizado por variables formas e intensidad en el empleo de la violencia revolucionaria, lo que venía a intentar este gobierno era unir al socialismo con la democracia y divorciarlo de la violencia. Allende respetaba el recuerdo del Che Guevara, pero su socialismo no iba a necesitar La Cabaña, ese lugar donde fusiló en la Habana el gobierno revolucionario. Allende venía a instaurar la vía pacífica.

A desalambrar, entonando la canción de Víctor Jara. Profundizando la reforma agraria, para que la tierra llegara a los campesinos pobres utilizando mecanismos legales de expropiación. Y el gobierno nacionalizó el cobre y la banca sin disparar un solo tiro. Que era reformista, lo criticaba el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), que le pedía que les entregara las armas para acelerar el proceso. Allende se negó, no perdiendo ni el respeto ni las formas para tratar a esa militancia juvenil que se quería llevar el mundo por delante. Del otro lado de la Cordillera, ya había descripto Perón a los apurados y a los retardatarios. Y también, había dicho que las revoluciones se hacen con tiempo o con sangre. Si se hacen con sangre, se ahorra tiempo. Si se hacen con tiempo, se ahorra sangre. Allende eligió el tiempo a la sangre. Demorar lo que fuera necesario para hacer una revolución incruenta. Y no se quedó en las promesas, como se describió.

Pero se desató la crisis económica acrecentada por el boicot de sectores contrarios a las políticas del gobierno, teniendo lugar el acaparamiento y desabastecimiento de productos de primera necesidad por el paro de camiones de 1972, patrocinado por la CIA. La crisis fue fomentada, como se sabe por documentación desclasificada y no necesita probarse, por Estados Unidos, que impuso además trabas económicas al país. La hiperinflación enojó a los sectores medios, que se manifestaron con cacerolazos.

El final, el 11 de septiembre del 73, se muestra como un verdadero cuadro incongruente para con el hombre democrático y que conservó siempre una actitud pacífica. Resalta en la derrota de la última escena un drama existencial y una dignidad conmovedora. Se queda acompañado por los últimos fieles en La Moneda, que no están tampoco muy decididos a inmolarse. Los golpistas y Estados Unidos le ofrecen al Presidente un salvoconducto. Juan Domingo Perón tuvo una cañonera paraguaya que lo puso a salvo en el exilio en 1955. Jacobo Arbenz, el presidente de Guatemala, se exilió en México en 1954.

Este hombre no, enfrenta acompañado por los pocos que le quedan su destino. Una escena parecida a la de El Mariscal Francisco Solano López, presidente de Paraguay, en Cerro Corá en 1870. Morir resistiendo hasta el final. Dos siglos distintos, parecidos enemigos como lo sincerara desvergonzadamente Bartolomé Mitre, presidente argentino mentor de una guerra que se hacía para imponer los principios de los apóstoles del libre comercio. En ese momento, detrás de la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay, estaba Inglaterra​. En el golpe de Estado en Chile, Estados Unidos. Inglaterra y Estados Unidos. El Padre, el Hijo y el Espíritu nada santo del capitalismo imperialista.

No se entrega Salvador Allende. Sabe que no puede ganar, que está derrotado pero quiere devolverle a sus compatriotas y al mundo la coherencia de haber defendido su investidura. Y poner en evidencia alevosamente el crimen del Golpe de Estado. Porque no fue una conjura palaciega, hoy hay un gobierno, mañana amanece otro, sino un hecho de violencia tremenda que la actitud de Allende y su dignidad final exponen sin velos. Por eso, no hubo la posibilidad siquiera de esbozar una teoría de los dos demonios en Chile, ese pensamiento que pretendiera injusta y descaradamente en Argentina igualar los crímenes cometidos por las organizaciones guerrilleras y el terrorismo de Estado. En Chile, hubo un solo demonio que quedó alevosamente expuesto ese 11 de septiembre de 1973, que instauró una dictadura perversa y sangrienta que durara dieciséis años.

Pasaron cuarenta y seis septiembres de esos hechos luctuosos. Cuarenta y seis primaveras que no fueron socialistas. La revolución que no quiso disparar un solo tiro fue exterminada violentamente. Un día gris, negro, que hizo hasta morir de tristeza al mago de la poesía Pablo Neruda. Y se escucharon los últimos acordes de Víctor Jara en el estadio Nacional, centro de exterminio. La poesía, la música que sobrevivieron a pesar de todo como testimonio y recuerdo de un tiempo revolucionario y un Presidente que dio la vida por su pueblo. Y que no se rindió, hasta el final.

Sebastián Giménez.

La primera mujer: Eva

En las calles de Buenos Aires caía una lluvia incesante, una gran tiniebla en todos lados.  El pueblo a veces tiene momentos unánimes. Casi siempre de tristeza.

La voz oficial anunció por la radio que a las 20.25 horas del 26 de julio de 1952,  Eva Perón pasó a la inmortalidad. María Elena Walsh describió mejor que nadie “Y el pobrerío se quedó sin madre, llorando entre faroles sin crespones. Llorando en cueros, para siempre solos.”

El 18 de julio de 1952, Eva entró en coma por primera vez. Recibió tratamientos de rayos en reiteradas ocasiones, pero su cuerpo ya no soportaba más y a los 33 años fallecía de cáncer de útero.

Tras su muerte, la Central General de Trabajadores (CGT) declaró tres días de paro y el gobierno estableció un duelo nacional de 30 días; fue velada en la secretaría de trabajo, la acostaron en un féretro con tapa de vidrio y estaba cubierta por un sudario blanco. Se calcula que medio millón de personas besaron la tapa de cristal que la protegía. Las escenas de dolor, desmayos y profundo sufrimiento fueron incontables. El 9 de agosto la transportaron al Congreso de la Nación en dónde estuvo dos días y, más tarde, a la sede central de la CGT, que estaba pensada como su morada provisoria, hasta que se le construyera un “monumento al descamisado” en donde iba a descansar.

Las crónicas de la época afirman que Eva estaba hermosa, no había síntomas de dolor en su rostro. Esto se debía a que el famoso anatomista español, Pedro Ara, había realizado un excepcional trabajo que comenzó 20 minutos después de su muerte.

Hacia 1950, en el acto de fundación del Sindicato de Taxistas, Eva se desmayó, y ésa fue la primera señal de alerta del deterioro de su salud. Luego en 1951 se repitió el episodio, su oficina de trabajo entonces,  debió mudarse a la residencia presidencial, que estaba ubicada en Austria y Libertador (dónde hoy funciona la biblioteca nacional).

El último discurso de Evita: "En la lucha junto a ustedes" | Crónica |  Firme junto al pueblo

La foto del 17 de octubre de 1951 es conmovedora, Evita es sostenida por Perón para que ésta no caiga y dice “Porque nosotros no nos vamos a dejar aplastar jamás por la bota oligárquica y traidora de los vendepatrias que han explotado a la clase trabajadora, porque nosotros no nos vamos a dejar explotar jamás por los que, vendidos por cuatro monedas, sirven a sus amos de las metrópolis extranjeras; entregan al pueblo de su patria con la misma tranquilidad con que han vendido el país y sus conciencias; porque nosotros vamos a cuidar de Perón más que si fuera nuestra vida, porque nosotros cuidamos una causa que es la causa de la patria, es la causa del pueblo, es la causa de los ideales que hemos tenido en nuestros corazones durante tantos años”

El 11 de noviembre fue operada y debió votar en su cama del hospital. Esas elecciones le daban a Perón la reelección. Cada día que pasaba se deterioraba más, y guardaba reposo pero su discurso era cada vez más fuerte en contraposición con su débil salud, en su último libro llamado “Mi mensaje” dice “Los dirigentes sindicales y las mujeres que son pueblo puro no pueden, no deben entregarse jamás a la oligarquía”.

Una anécdota la pinta entera, en una oportunidad en la que había besado a un niño con lepra, una asistente intentó limpiar con alcohol sus mejillas, Eva estalló furiosa y reventó la botella contra el piso.
Cuando la Revolución Libertadora derrocó a Perón, el 23 de Noviembre de 1955, el cadáver fue secuestrado y desaparecido durante 14 años. Recién en 1976, Eva fue trasladada a una bóveda en el cementerio de Recoleta, ahí en medio del descanso eterno de la oligarquía.

Luego de su muerte, María Elena Walsh en su poema Eva dice: “Cuando los buitres te dejen tranquila y huyas de las estampas y el ultraje, empezaremos a saber quién fuiste”.

Carlo Magno

Eva Perón y su tiempo

Los orígenes

“Pampa yo diviso tu anchura”

Jorge Luis Borges

 

María Eva Duarte nació el 7 de mayo  1919 en la localidad de Los Toldos (Provincia de Buenos Aires) ubicada en la llanura pampeana, un escenario natural que inspiró la célebre “radiografía de la pampa” del gran escritor Ezequiel Martínez Estrada, que en 1942 escribió:

“La amplitud del horizonte, que parece siempre el mismo cuando avanzamos, o el desplazamiento de toda la llanura acompañándonos, da la impresión de algo ilusorio en esta ruda realidad del campo

En aquel escenario, en donde se habían reproducidos como manadas salvajes  los vacunos y yeguarizos traídos por los conquistadores españoles, que antaño poblaron tribus nativas y gauchos errantes, a mediados del siglo XIX había comenzado a  modificar  su fisonomía con la  extensión de la red  ferroviaria, en cuyo diseño interviene  el imperialismo inglés (fijándonos  el rol de proveedores de carnes y cereales para el mercado europeo).

En 1919 la presidencia de la Argentina  estaba a cargo del caudillo de la Unión Cívica radical Hipólito Yrigoyen (electo en 1916 después de las reforma de 1912, que imponía el voto secreto y obligatorio, aunque la apertura política se limitaba solamente  a los varones).

En junio de ese mismo año se reunían en Versalles (Francia),  los representantes políticos de las principales potencias europeas para ponerle formalmente fin a la Primera guerra mundial (que se había cobrado la vida de 8,5 millones de combatientes y 6,6 millones de civiles). Se iba conformando un nuevo escenario en la  política internacional con la hegemonía de Estados Unidos, en tanto que en Europa comenzaba un posguerra convulsionada por el surgimiento de los regímenes totalitarios (fascista, Estalinista y nazi).

 

En busca de un sueño

” Los trenes eran animales mitológicos que  simbolizaban la huida, la fuga, la vida, la libertad

Joaquín Sabina

 

Como señalan los autores del libro “Inimitable Evita”:

La vida pueblerina transcurría, en la primeras décadas del siglo XX, en la medianía de un tiempo sin mayores horizontes que la escuela normal o el casamiento para las mujeres, y el trabajo en el campo o en alguna repartición estatal para los varones”.

La  infancia de Eva estuvo marcada por la pobreza y su condición de hija extramatrimonial. Su amiga de la infancia  Elsa Sabella dirá al  respecto:

“acá en la provincia ser hija natural era como un baldón, como una maldición “

En 1935, a los quince años Eva parte con  rumbo a Buenos Aires, en el camino le escribió a su madre:

Apenas acabo de partir y ya empiezo a sentirme lejos. Lejos de los toldos, de Chicha, de Juancito y de vos, Blanquita, Elisa. Sin embargo, me siento feliz. Vos sabes cuánto soñé con este viaje”.

 

En la ciudad de la furia

 

Cuando Eva lleva a Buenos Aires, el país se encuentra en medio de una  profunda crisis social consecuencia de la crisis mundial desatada en  1929. Como una pintura de época el  tango “Pan” Celedonio Flores describía los padecimientos de un desocupado:

“Sus pibes no lloran por llorar,
ni piden masitas,
ni chiches, ni dulces… ¡Señor!…
Sus pibes se mueren de frío
y lloran, hambrientos de pan”

En lo político los años 30  estuvieron signados por el retorno del fraude en el plano electoral. Mientras que en el plano económico, la Argentina había firmado en 1932 un tratado  con Gran Bretaña, que la dejaba en la condición de  semicolonia proveedora de carnes y cereales.

Este contexto hostil Eva comienza a buscar su lugar en el mundo artístico. Como señalaba su amigo el diseñador Paco Jaumandreu:

El que una chica de un pueblo quisiera ser actriz o estrella de cine era algo así como un pecado  mortal (…) la palabra más suave para una figura que quería ser actriz era que era una mujer de la calle”.

 

El despertar político de Eva

 

17 años de la vida de Eva transcurrieron   en la ciudad de Buenos Aires. En ella conoce  al entonces Coronel Perón, que venía ganando notoriedad pública como funcionario de  la Secretaría de trabajo y previsión. En 1943  Perón sostenía que el Estado  “se mantenía alejado de la población trabajadora. No regulaba las actividades sociales como era su deber”. Desde esta cartera impulsó una serie de medidas tendientes a mejorar la condición de vida  de los trabajadores.

Eva vivió con intensidad este período signado por  adhesión incondicional de una buena parte del movimiento obrero hacia a la figura del Coronel. Al mismo tiempo también se aglutinaba un grupo heterogéneo de oposición  que veían  al  liderazgo de  Perón como una amenaza.

Luego del  encarcelamiento de Perón  en octubre de 1945, una multitud de trabajadores salió a pedir por la libertad de su líder. Nacía el peronismo como fuerza política.

El peronismo triunfante en  las elecciones de 1946 profundiza su tarea de inclusión de los sectores marginados del plano político y económico. Comienza un periodo de consolidación del Estado benefactor.

Prefiero ser Evita

 

En apenas seis años la figura de Eva crece exponencialmente. Contaba el propio Perón que  su contacto con los dirigentes gremiales se había iniciado en la Secretaria de Trabajo y previsión:

“El trabajo que ella tenía la obligaba a atender a todos los dirigentes. Ella era una mujer del pueblo y, como los trataba como compañeros, se ganaba la buena voluntad y la amistad de todos”

Ya electo presidente Eva continuó su labor. El embajador español en Argentina  José María de Areilza en sus memorias describía aquellas jornadas de trabajo:

“Quien no haya conocido esa época difícilmente pueda imaginar el tono y el clima del ambiente en que la mujer del presidente despachaba sus infinitos visitantes. Era un continuo clamor y barullo de cientos de personas abigarradas y heterogéneas que esperaban durante horas ser recibidas por ella. Había comisiones de obreros; mandos sindicales; mujeres del pueblo desgreñadas, con niños; periodistas extranjeros; una familia gaucha con sus ponchos pampeanos”

Eva chocaba con el estereotipo de la dama presidencial, se enfrenta la sociedad de Beneficencia. Eva sostenía que su obra no era filantropía ni caridad ni limosna sino “estrictamente justicia”.

En 1948 se puso en marcha la fundación Eva Perón. En palabras del propio Juan Perón:

“Evita ideó lo que ella llamó “ayuda social”. Primero comenzó por crear los “hogares de transito”. Si u hombre se quedaba sin trabajo, iba a los “hogares de transito” con su mujer e hijos, y se alojaba. Entonces se le buscaba, primero trabajo y después, casa. Poco a poco se empezó a ensanchar la base de actividades de la Fundación”

Entre su extensa labor se cuenta la construcción de dos grandes policlínicos, hospitales, centros de asistencia pública y gratuita.

 

 

Me tiemblan las manos al contacto del laurel que proclama la victoria

 

Como tantas otras mujeres Eva se abrió paso en un terreno hostil. Como señala Felipe Pigna:

“El voto femenino era un reclamo histórico de los movimientos feministas, que exigían la igualdad de derechos, deberes y oportunidades entre las mujeres y los hombres. Nueva Zelanda, Australia, Noruega, Uruguay y Rusia, entre muchos otros países, lo habían aprobado a fines de la Primer Guerra Mundial. En la Argentina, con excepción de la breve experiencia sanjuanina de 1927 y los simulacros de votación de las mujeres socialistas, se seguía demorando.  El mismo Partido Socialista tenía preparados proyectos legislativos, pero sin respaldo, dormían en las cámaras parlamentarias.”

El 23 de septiembre de 1947 en la Plaza de Mayo, Eva pronunció  un discurso  con motivo de la sanción de la ley que otorgó el derecho al voto a la mujer argentina en el sostenía:

“Aquí está, hermanas mías, resumida en la letra apretada de pocos artículos una larga historia de lucha, tropiezos y esperanzas.”

Es un dato significativo  que muchas mujeres pioneras del feminismo  como Alicia Moreau de Justo, se opusieron alegando cuestiones políticas. Pero es innegable que a partir del liderazgo de Eva las mujeres tuvieron un mayor protagonismo en la vida política. Como señala Diana Maffia: “la segunda mitad del siglo XX, es quizá la de los cambios más grandes para la condición de las mujeres”.

A las 20:25

Cuenta Perón  que cuando el  cáncer en el cuello del útero  comenzó a avanzar:

“traté de mantenerla en casa  y que no saliera. Esto era muy difícil, pues no quería otra cosa que trabajar”.

Su devoción por el bienestar del pueblo la llevó a dejarlo todo. El 26 de julio de 1952, a sus 33 años  moría María Eva Duarte de Perón. En sus memorias Perón relata que  sus últimas palabras fueron:

“cuida a los obreros y no te olvides de los “grasitas”.

Juan Granero

Jauretche y el 9 de Julio

Para Sebastián, el Hobbit de la calle Castelli

 

“Mano a Mano entre nosotros” de Arturo Jauretche es hoy un libro maltrecho, recauchutado con cintas (¡pero de los que se releen con gusto!).

De mi viejo, copié la costumbre de ponerle el año en que lo leí, con lápiz dice: “Juancho 2001” -no es un dato menor,  muchos jóvenes estábamos en la búsqueda, y como una especie de Gandalf, el viejo Arturo, nos guió en tratar de destruir en Mordor el anillo de la zoncera neoliberal-.

De aquel libro me interesó un artículo en particular:” En el sesquicentenario de la independencia”, en donde Jauretche analiza el significado del 9 de julio de 1816.

Lo más seductor del artículo era el comienzo, que venía a dinamitar la solemnidad que suelen tener los actos patrios:

Hay una estrofa del himno nacional que suele inducir a error a nuestros paisanos. El que supimos conseguir es un poco como el “vamos arando” del mosquito en la cabeza del buey. Parece  que fuera una invitación a dormirse sobre laureles en cuya adquisición hubiésemos participado los argentinos actuales”.

Y además Don Arturo  sostenía:

Creo que la mejor manera de evocar nuestros grandes fastos históricos es recordarnos que la historia es una cadena a la que cada generación debe aportar su eslabón

Otro de los aspectos que criticaba Jauretche era la “excesiva divinización” de los protagonistas del pasado, que a su entender los despojaba de sus pasiones y de las intrigas, propias de cualquier persona.

Para tomar real dimensión del 9 de julio de 1816 es necesario indagar el contexto que giraba en torno al Congreso convocado en Tucumán. Comprender aquellos peligros que asechaban a la revolución. Recordemos aquella carta de abril de 1816, en donde José de San Martín le decía a Godoy Cruz:

«Hasta cuándo esperamos declarar nuestra independencia. ¿No le parece a usted una cosa bien ridícula, acuñar moneda, tener el pabellón y cucarda nacional y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos? ¿Qué nos falta más que decirlo? Por otra parte, ¿qué relaciones podremos emprender, cuando estamos a pupilo? (…) Ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas.»

 

El peligro inminente no era sólo por la ofensiva de los ejércitos realistas, sino también por las diferencias internas que se gestarían en torno a qué país se constituiría de ahí en más. Jauretche lo resumen en pocas palabras: “pronto el destino los dividirá en bandos” sin embargo, en Tucumán “han encontrado un punto de encuentro en ese corte que practican”.

A modo de cierre del artículo, Jauretche reflexionaba:

“Tal vez cuando los niños de las nuevas generaciones hayan aprendido que la pasta de los héroes no es de papel maché, sino de la sangre y de la carne de que ellos están hechos, integrada por el espíritu que aquellos tuvieron, podamos completar para nuestro tiempo lo que aquellos nos dieron como labor empezada y no concluida

Con el paso del tiempo me di cuenta que “Mano a mano entre nosotros” fue uno de los libros que me llevó a elegir mi vocación por la historia, y al que vuelvo a consultar una y otra vez.  Por eso a Don Arturo y a mi viejo: ¡Muchas gracias!

Juan Manuel Granero

Independencia civilizadora

Sarmiento fue uno de esos tipos tan complejos que generan odios y pasiones. La efeméride indica que en estos días deberíamos estar publicando artículos referidos a la independencia, pero si hay una obra que manifiesta la problemática abierta a partir de aquel lejano 9 de julio y antes, es el Facundo. Después del torbellino revolucionario se configuran dos posturas. Sarmiento militaba intensamente por una de ellas: La civilización. El otro lado, el federal, era la barbarie. En los próximos párrafos intentaremos entender el argumento civilizador del sanjuanino que termino materializando, vaya contradicción, el lema que él dirigía al rosismo: ¡Terror, muerte y sangre!

Durante el siglo XIX el colonialismo europeo buscaba derramar los valores occidentales en cada rincón del planeta. El imperialismo brindaba extensas conquistas territoriales, económicas y políticas a Europa. Asia, América y África sufrían las consecuencias de este convencimiento europeo de supremacía. Porque eso fue, la convicción de que eran el avance de la historia, su movimiento. El resto quedaba hundido en la quietud o asesinado ante la resistencia, porque si se pretendía un caminar distinto, una mirada alternativa, sabemos bien que pasaba. A esta altura no hay spoiler que valga. Muerte y tortura sin más. La convicción no es buena en si misma, sino por el contenido que traiga consigo.

Si bien el tema era económico, occidente necesitaba de una filosofía que respalde los mecanismos a utilizar. Había que construir una retórica que permitiera apoderarse de un bien tan deseado y todopoderoso: la razón. La posibilidad de pensar representaba el progreso. Adherir al sistema fundado en la razón era tener cultura, pertenecer a la civilización. En definitiva, era tener humanidad. El conflicto se presenta cuando hay pueblos que no están de acuerdo con los mandamientos de esta razón. Quizás por tener otra cosmovisión del mundo. Quizás porque los métodos y objetivos impuestos por Europa resultaban ser criminales.

Así se crea un antagonismo irreconciliable. Los que pueden acceder a las ideas europeas y los que están afuera: Civilización y barbarie. Esto es lo que se funda con el Facundo en Argentina. Lo fantástico es que un personaje colonizado sea el principal teórico del argumento colonizador, y por más que nos pese, no podemos negar que es uno de los pilares del pensamiento nacional.

De modo que Sarmiento se sumerge en la vida del gaucho para analizar su comportamiento en la búsqueda de encontrar las facetas que construyen su identidad. Algunas de ellas serán las de la nación. Describe su infancia y adolescencia. Muy tempranamente el gaucho se emancipa de la familia y se instala en la inmensidad de los llanos con su inseparable compañero, el caballo. Arriba suyo vivirá gran parte de su vida; será el lugar para comer y dormir. En él transitara los largos caminos que separan sus destinos errantes.

En los primeros capítulos se puede visualizar una construcción de la figura del gaucho integrado a la naturaleza. Un ser salvaje que no entiende de la vida en sociedad. En el episodio del tigre, Facundo Quiroga escapa del animal trepándose a un árbol. A salvo, se intercambian miradas. El de abajo quiere a su presa, el de arriba resiste para no morir. A lo lejos llegan los compañeros que de un latigazo logran reducir a la fiera. El caudillo baja, toma su cuchillo y lo apuñala en el corazón. Es una lucha entre iguales, entre salvajes. Esta equidad entre gaucho y naturaleza deja al primero en la irracionalidad, le quita la razón. Si no la tiene, se hace imposible una integración, no hay otro camino más que su aniquilamiento. El avance sobre la naturaleza incluye al gaucho. También al nativo.

La naturaleza es quietud. Es lo exterior. El hombre para conocerla debe transformarla, y lo hace a través de la cultura. Avanza sobre ella, cerca los campos, marca el ganado. El gaucho, al formar parte de esta naturaleza, resiste. Como las bestias, se defiende. El hombre, en tanto hombre universal de la civilización europea, avanza sobre él, matándolo. Este es el argumento legitimador utilizado por todo el colonialismo europeo y nacional; Si forma parte de la naturaleza, no tiene razón. Si no tiene razón no es humano y por ende no lo puedo integrar, y si encima se resiste no queda otra que matarlo.

De manera que Sarmiento desarrolla una descripción de la otredad. Aquello que no forma parte de la civilización occidental y que se reúsa a adquirir sus valores. La campaña es enemiga de las costumbres de la ciudad. No conocen las ideas europeas y por eso son barbaros. No les gusta la ciudad y viven en grandes extensiones de tierra, en donde las vinculaciones son más difíciles. No tienen un centro de reunión en donde funcionen las instituciones que organizaran sus vidas. Es decir que no cuentan con un municipio, una urbe, en donde fluyan los circuitos civilizadores. Aquello a lo que debía su grandeza Roma.

La única sociedad que tienen es ficticia, la pulpería. Sin ningún interés público ni social, concurren todos los tipos de gauchos: El cantor, el rastreador y el baqueano. Sarmiento milita fuertemente en contra de la campaña, pero aun así reconoce en estos sectores barbaros reminiscencias de nuestra identidad. Escribe:

“El gaucho constituye la identidad nacional fraternizando en el circular de la copa” (pag. 66).

Se concurre a este lugar, una especie de taberna, a demostrar coraje al batirse a duelo. Aquel que resulte más valiente, temerario, será respetado por todo el gauchaje. Este prestigio lo convertirá en comandante de campaña, primer eslabón de poder del caudillaje. De esta manera, Sarmiento ubica el origen del caudillo dirigente en la supremacía de la fuerza. Este personaje construye la estructura de poder a partir de la supervivencia del más apto. Otra vez la naturaleza. La ley de la fuerza.

La revolución de 1810 le brindaría al gaucho y al caudillo la posibilidad de incorporarse a la vida pública. La montonera o como la llamaba Sarmiento “la asociación bélica de campaña”, era el lugar donde se manifestaba el odio en contra de la autoridad. Combatiendo a los realistas y patriotas por igual. Por igual más tarde, cuando los patriotas fueron patriotas porteños. La voluntad de lucha estaba dada por la necesidad de sofocar el ardor interno. Por eso el gaucho se unía a la Revolución, para satisfacer el impulso de la fuerza, su potencialidad natural. No tenía un proyecto político y social. Este fue el inicio de la montonera cuyo destino final ya conocemos. Después de pavón, estos movimientos sociales cayeron en las manos civilizadoras de las ideas europeas y fueron pasados a degüello.

Sarmiento fue protagonista de ese festín cuchillero. Si bien tenía una convicción civilizadora, materializaba su desprecio a las masas:

“Los pueblos en masa no son capaces de comparar distintamente unas épocas con otras; el momento presente es para ellos el único sobre el cual se extienden sus miradas” (pag. 78).

No hay pasado ni futuro en la irracionalidad.

Las décadas de 1860 y 1870 fueron el escenario de este aniquilamiento. El triunfo de la civilización se consuma en el 1880. Parecía ser el cierre de un antagonismo que se presentaba crónico. Por lo menos, sería el fin del primer capítulo. La llegada masiva de la oleada inmigratoria que el proceso de estructuración capitalista requería, serviría de combustión para el nacimiento de un nuevo sujeto político bárbaro: la clase obrera. Las clases dominantes buscarían contener dentro de los límites de la supervivencia a un sector social que, a partir de la identificación con el otro, va construyendo una conciencia de clase que pujara por derechos, amenazando privilegios. Pero sobre todo una clase que pondrá en riesgo la apropiación universal de la razón, del curso de la historia.

El antagonismo es universal y la historia no cierra. La otredad construida para legitimar supremacías será el origen de la tensión existente en toda época. La razón siempre estuvo del lado del poder. Hace ya tiempo nos quedo claro que la realización de la cultura europea es la realización de la humanidad.

Ignacio Calza

Un movimiento que no para de nacer

Empezaba el mes de julio y se terminaba la vida de Juan Domingo Perón en 1974. No hubo tal vez mejor síntesis que la tapa del diario Noticias, mostrando cruzado en tinta negra el titular Dolor y las palabras obligadamente breves e inigualables de Rodolfo Walsh. Que hablaron de una ausencia que tardaría en volverse tolerable para muchos argentinos, la de un líder excepcional que había marcado la política argentina. Había y sigue marcando, desde que se referencian en su figura y su movimiento muchas agrupaciones políticas de la actualidad.

Un Perón que había nacido en 1895 y hasta se disputa el lugar donde ocurrió, que Roque Pérez, que Lobos, como pasara también con la figura de Gardel, que como todos sabemos cada día canta mejor. El segundo nacimiento del caudillo fue el 17 de octubre de 1945, el día en que las masas descamisadas lo liberaron y se pusieron a escribir la historia de un movimiento que las incorporó a la política para siempre. El subsuelo de la patria sublevado, dijo Scalabrini Ortiz. De permanecer en el subsuelo con su fuerza latente, a emerger de repente como un torbellino a regir los destinos de un país, de un Estado que se ocuparía como nunca de los más humildes, de los trabajadores. De escribir una carta a Evita invitándola a irse a cualquier lugar con él, mientras estaba detenido en la isla Martín García, a decir en el balcón de la Plaza de Mayo a la multitud innúmera: ¡Trabajadores!. ¿Dónde estuvo?, le preguntó la gente enfervorizada. ¿Qué importaba eso, pareció decir Perón? Esas menudencias eran parte del pasado, y esa multitud el presente y el futuro.

Diez años dorados, la década ganada justicialista fue del 45 al 55. La desmesura y cantidad de obras vuelven insuficiente cualquier enumeración. Derechos del trabajador, nacionalización de vastos sectores de la vida económica del país, obras en salud y educación. Las banderas de una Argentina socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana. Diez años inolvidables en la memoria del pueblo, que dejaron en la memoria el dicho de que hoy es un día peronista cuando el sol se apodera del cielo. Los adulones que nunca faltan se pasaron de rosca, como supo decir Jauretche y a Chaco la rebautizaron provincia Presidente Perón y a La Plata Ciudad Eva Perón. También se persiguió a opositores encarcelándolos y el gobierno monopolizaba los medios de comunicación. Se leyó Evita me ama en los libros de primer grado, para que no hubiera ladrillo en el país que no fuera peronista, como dijo la abanderada de los humildes. Que el movimiento tantos años sumergido aparecía incontrolable en el deseo de avanzar, de reivindicarse tras años de olvido y desolación. El retoño de las montoneras federales vencidas en la segunda mitad del siglo XIX, los humildes volviéndose a levantar como un río que desborda la represa y el agua se desbanda. E inunda. Y moja. Y deja una huella perenne, que posibilita por ejemplo que cuarenta y seis años luego de su muerte muchos políticos sigan referenciándose en él. Muchas veces, apuntando a los méritos de la persona, del carisma e ignorando, como decía Perón, que el problema no era él, sino la clase trabajadora, los humildes que venían detrás suyo. Su majestuosa oratoria hubiera caído en el vacío si mucho pueblo argentino no lo hubiera acompañado. Quedarse sólo con su figura sin el pueblo que lo acompañó, ayer y hoy, es una lectura poco comprometida de su legado. Es adorar el fetiche de su recuerdo vaciado de contenido social en la actualidad urticante de la Argentina.

Una década ganada y casi dos décadas de proscripción tuvo el peronismo, que sufrió las peores violencias. Bombardeos, censuras, fusilamientos, innumerables torturas. Más derrotas que victorias, podría concluir uno. Pero una persistencia en el resistir que conmovió los cimientos del régimen que lo pudo proscribir pero no silenciar. Que quisieron tapar el sol con una mano, encorsetar una libertad imaginaria con el peronismo afuera. Que fracasaron al final, por el empuje de la juventud a la que Perón llamó maravillosa y la acción sindical menos frontal pero también importante. 

Las segundas partes nunca fueron buenas, reza una máxima respecto a series de películas. Y, en este caso, tuvo algo de ese sabor el definitivo retorno al país y su victoria aplastante en elecciones incuestionables. Los diez años de oro no se pudieron repetir en el 73, y la Juventud Peronista se desilusionó prontamente por el sesgo que consideraba demasiado conservador del líder. Que volvió en un modo conciliador ese león herbívoro, intentando un modelo de capitalismo nacional que hoy estaría a la izquierda de cualquier propuesta, pero en ese momento se le apareció tibio a la juventud que soñaba bajo la impronta del Cordobazo y la Revolución Cubana. Un desencuentro y un enfrentamiento violento entre tendencias dentro del movimiento que tendría un desenlace demasiado triste y doloroso para una generación de argentinos. 

Hubo muchos Perón, el de la década dorada que rompió con la inercia de un régimen que no dejaba lugar a las mayorías populares. El del exilio, que prefirió vivir en la España de Franco y no en la Cuba de Castro como hubiera soñado Cooke. Un hombre que, cualquier rótulo que quiera adjudicársele, no lo abarca del todo. Para casi todo, hay una frase de Perón. Una permeabilidad popular de la que también goza la famosa marchita partidaria, cantada desde hace añares en las canchas de fútbol. Se resiste a ser clasificado, es probablemente la heterodoxia en su máxima expresión. Tal vez un poco camaleónico, pero el peronismo tuvo la habilidad de crear acontecimientos, marcar agendas y que prácticamente todo girara en torno de sus debates y propuestas. El movimiento original en el gobierno fue revolucionario pero dentro del capitalismo en los 50, conciliador en los 70, y sus discutibles herederos neoliberales en los 90 y progresistas en el siglo XXI. Lo que es incuestionable es que no existe en la Argentina el radicalismo y el antiradicalismo; el socialismo y el antisocialismo, sino el peronismo y el antiperonismo. Una forma binaria y tal vez simple de ver la realidad que tiene su actualización en aquélla palabra gastada de hoy, la consabida grieta. Pero el peronismo trasciende, se ríe hasta de esas divisiones maníqueas y demasiado simplistas de la realidad. Si llego con los buenos, llego con muy pocos, dijo su fundador. Dejando en claro que, con un puritanismo estricto, se abarca poco. La verbalización clara de su intención de trascender, de mezclarse y fundirse con todo lo que fuera argentino. Un peronismo que se reinventa constantemente y tiene la capacidad de marcar agenda y generar acontecimientos. El 1 de julio murió el creador de un movimiento político que, muchos años después, no para de nacer.

Sebastián Giménez. Escritor y trabajador social.

Un vino emancipador

Existen historias de la historia que son realmente bellas porque nos permiten sumergirnos en la cotidianidad de personajes que desde chicos solo nos enseñan  desde la grandeza de los acontecimientos. Miramos los grandes seres y sus hazañas y desde allí construimos el pasado.

No es inocente. El modo se inscribe en una manera de ver una historia que solo encuentra verdad en la documentación escrita. Ese tipo de fuentes están mas vinculadas con los sectores de poder de las distintas sociedades. Son los estados los que producen esa comunicación. Encontrar escritos de esclavos presentes en territorio argentino de principios de siglo XIX seria mas complejo, aunque puede haberlos. Para ese tipo de relatos es útil la oralidad. Es allí donde se pueden encontrar otro tipo de narrativas sin tantas pretensiones de ciencia. Es allí donde podemos desmenuzar nuestros grandes personajes y ver que no son solo una fecha sino que nos han dado las bases de un pensamiento nacional que llega hasta la actualidad.

En pleno proceso independentista, Buenos Aires al ver como la guerra se alejaba de sus fronteras comenzaba a retacear recursos hacia la causa. La burguesía comercial  se sentía cada vez mas a gusto con sus vinculaciones británicas y la convicción libertaria se degradaba en libertad de cambio. Los porteños acudían con fragor a las solicitudes recibidas por el ingles Lord Stanford que desde Brasil hacia su juego lobista. Así poco a poco las mercancías extranjeras iban inundando el territorio del ex virreinato para desangrar las economías regionales.

San Martin veía con preocupación estas circunstancias. Fiel a su convicción libertaria no tardaría en pedir la gobernación de cuyo con el objetivo de organizar la guerra por la independencia. Al no tener recursos entendía que se necesitaba de producción local para llevar a cabo una empresa de las magnitudes que tenía por delante. De modo que algunas de las primeras medidas que tomaría tenían que ver con el impulso y protección de la actividad vitivinícola local, una de las más importantes.

Cuenta la oralidad que en una cena diplomática solicitó a uno de sus colaboradores que sirva en una botella española vino mendocino y en una botella mendocina vino español. Cuando llegaron los invitados, luego de beber, el vino español que se encontraba en vasijas mendocinas recibió fuertes criticas por sus faltas en el proceso de elaboración. Por el contrario, el vino mendocino disfrazado de español obtuvo fuertes halagos por su fineza y distinción atribuyendo las mismas únicamente a su carácter europeo. El General al culminar la tertulia informo a los invitados la verdad y les hizo notar que el conflicto de la patria no tenía que ver tan solo con una cuestión de libres o dependientes en términos políticos o economicos, sino también con una emancipación cultural, una descolonización de las mentes.

Quizás no contemos con las fuentes primarias que documenten estos hechos, pero la memoria colectiva no solo se nutre de ellas. Las narrativas se constituyen de elementos variados que se pueden tomar de diversas dimensiones de la realidad. Las palabras del General San Martin son parte de la trama que enhebra una tradición que aun hoy no conoce su destino final. Resuenan en el hervor de un debate que comenzó en el inicio mismo de la Patria. Hoy en día pareciera ser que las latitudes mediáticas descubrieron que la palabra grieta es un buen producto de venta para mentes que siguen tan colonizadas como aquellos degustadores de vino cuyano. Quizás algún día descubran que Don José no es tan solo el padre de la patria ni un feriado ni mucho menos un caballo blanco. Como decía otro compañero de billete, las ideas no se matan. 

Ignacio Calza

Si no aflojó Don Manuel…

A Simón, mi ahijado 

 

A  200 años de la muerte de Don Manuel Belgrano resulta imprescindible repasar algunos pasajes significativos de su vida.

Manuel Belgrano formó parte de una familia de muy buena posición económica, que le abrió las puertas a una gran formación académica (un privilegio para la mayoría de los habitantes no sólo de América,  sino también de Europa). En 1786 viaja junto a su hermano Francisco a estudiar en Salamanca. Mientras se encontraba en Madrid, le llegan los ecos de una Francia convulsionada por los reclamos del pueblo, que le exigía al rey Luis XVI  el fin de los privilegios, en una sociedad marcada por la desigualdad. 

En 1793  se gradúa de Abogado y un año después fue designado como secretario del Consulado, un cargo  habitualmente reservado para españoles de nacimiento. 

Hasta ese momento la vida de Manuel Belgrano parecía perfilada en una sola dirección, ostentando una buena posición económica  y el prestigio de un profesional en ascenso. Como señala Pacho O’ Donnell “Era un lugar para hacerse rico, no tanto por su salario como por la posibilidad de lucrar “por izquierda”, con la habituales violaciones a las reglas comerciales” además “cuando Belgrano se incorporó al hecho revolucionario abandonó una posición de privilegio” 

El 25 de junio de 1806 el desembarco de 1600 soldados ingleses en Buenos Aires al mando de William Carr Beresford altera la vida de los pocos habitantes de la ciudad.  Frente a la ocupación de la ciudad  los miembros de Consulado  juraron el reconocimiento de la dominación Británica,  Manuel Belgrano adopta una actitud distinta: para no jurar obediencia se  retira a la Banda Oriental. Comienza a estudiar táctica militar y se pone a disposición de Santiago de  Liniers, quien encabezará la reconquista de Buenos Aires. La valentía de los porteños lograba la derrota de uno de los ejércitos más poderosos de aquel momento. 

El general ingles Craufurd ya prisionero conversó  con el joven Belgrano, interesado por conocer el pensamiento de este americano, le comenta a su interlocutor sobre la posibilidad de que Inglaterra apoye la independencia de las colonias. Belgrano le responde que prefieren el antiguo amo o a ninguno, preanunciando el  protagonismo que tendrá Don Manuel en las luchas por la autonomía.

En 1808 la ocupación militar de España por las tropas napoleónicas provocó una crisis en la monarquía hispánica. Como resultado del desplazamiento del rey Fernando VII llegó hasta América el  eco de aquel  “vacío de poder”. Las capitales virreinales (Buenos Aires y Lima) tomaron distintos rumbos. Como señala Viviana Conti “Dos vías, la revolución y el fidelismo, las enfrentó durante más de una década”. En Mayo de 1810 en  Buenos Aires un movimiento encabezado por  criollos logró la destitución del virrey Cisneros, emprendiendo el sinuoso camino  del autogobierno. Manuel Belgrano, designado  en un primer momento como vocal de la Junta, se hace cargo, como general en jefe, de las fuerzas destinadas al Paraguay  y a la Banda Oriental, provincias que no habían reconocido a las autoridades de Buenos Aires.

Como señala Félix Luna “el general marchó con su pequeño ejército, recorrió campos desiertos, cruzó ríos, soportó lluvias torrenciales”. Atento a la realidad de los pobladores, Belgrano tomó medidas a favor del bienestar de los indios de las misiones dictando un reglamento que reconocía sus derechos cívicos y políticos.

Como señalaba Pedro De Paoli:

“Belgrano fracasó militarmente. Abrió negociaciones. Y el dilema surgió con la pregunta de los paraguayos: “Al unirnos a Buenos Aires, el estanco de tabaco, el impuesto a la exportación ¿ se pagará en Asunción o en Buenos Aires?” La respuesta que invariablemente daban los hombres de Buenos Aires, era la siguiente: “se pagará en Buenos Aires”.

Por lo tanto Paraguay resolvió declararse independiente de España y de Buenos Aires.

Como señala el medico Omar López Mato:

“Los sinsabores de la campaña del Paraguay, más el clima hostil del verano tropical, unido a las persecuciones políticas de las que fue objeto por no poder derrotar con seiscientos hombres a los seis mil paraguayos, pesaron sobre su cuerpo”

En Noviembre de 1811, Belgrano  escribe una carta a las autoridades del Triunvirato, en donde señala:

“ Ofrezco la mitad del sueldo que me corresponde, siéndome sensible no poder  hacer demostración mayor , pues mis facultades son ningunas y mi subsistencia pende de aquel, pero en todo evento sabré también reducirme a la ración del soldado, si es necesario, para salvar la justa causa que tanto honor sostiene V. E. “

En 1812 ante el asecho del ejército realista, Belgrano se dirige a  Rosario con la misión de crear dos baterías sobre el río Paraná: independencia y libertad. Allí enarbola por primera vez la bandera de su creación. 

Lejos de apoyar este acto de afirmación, las  autoridades del triunvirato lo desaprueban:

“Haga pasar como un rasgo de entusiasmo el suceso de la bandera blanca y celeste enarbolada, ocultándola disimuladamente y subrogándola con la que se le envía”.

Ese mismo año el gobierno lo designa como jefe de Ejercito del Norte.  

Pese al desacuerdo de las autoridades de Buenos Aires el  25 de mayo de 1812  bendijo la bandera ante el pueblo de Jujuy, dirigiéndose al pueblo exclamó:

“Soldados de la patria, no olvidéis jamás que vuestra obra es de Dios; que Él nos ha concedido esta bandera, que nos manda que la sostengamos y que no hay una sola cosa que no nos empeñe a mantenerla con el honor y el decoro que le corresponde. Jurad conmigo ejecutarlo así, y en prueba de ello repetid: ¡Viva la patria!”

El panorama que encuentra Belgrano en el norte era desolador como señala Conti:

 “La militarización de la población campesina – ya sea por reclutamiento en el ejército o la incorporación a las milicias –provocaba el consecuente abandono de las tareas de campo, lo que contribuyó a intensificar la escasez de bienes de consumo; situación de insuficiencia que se incrementó con las exigencias de víveres por el ejército”.

El ejército recurrió  a las confiscaciones, con la promesa de un pago a futuro. 

Belgrano escribió que su ejército no estaba en condiciones de defender Jujuy con las pocas y mal armadas tropas que poseía.

Dirigiéndose al pueblo escribió:

“Llegó pues la época en que manifestéis vuestro heroísmo y de que vengáis a reunirnos al Ejército de mi mando, si como aseguráis queréis ser libres, trayéndonos las armas de chispa, blanca y municiones que tengáis o podáis adquirir, y dando parte a la Justicia de los que las tuvieron y permanecieren indiferentes a vista del riesgo que os amenaza de perder no sólo vuestros derechos, sino las propiedades que tenéis”

Y  añadía:

“serán tenidos por traidores a la patria todos los que a mi primera orden no estuvieran prontos a marchar y no lo efectúen con la mayor escrupulosidad, sean de la clase y condición que fuesen.
No espero que haya uno solo que me dé lugar para poner en ejecución las referidas penas, pues los verdaderos hijos de la patria me prometo que se empeñarán en ayudarme, como amantes de tan digna madre, y los desnaturalizados obedecerán ciegamente y ocultarán sus inicuas intensiones. Más, si así no fuese, sabed que se acabaron las consideraciones de cualquier especie que sean, y que nada será bastante para que deje de cumplir cuanto dejo dispuesto.”

El 23 de agosto el pueblo de Jujuy  emprende el éxodo hacia el sur,  con lo poco que tenía “marchando día y noche por la proximidad del enemigo lo requería” 

El 12 de septiembre escribió:

“ Son muy apuradas las circunstancias, y no hallo otro medio que esponerme á una nueva acción: los enemigos vienen siguéndonos. (…) 

(…) Es de necesidad aprovechar tan nobles sentimientos, que son obra del cielo, que tal vez empieza á protegernos para humillar la soberbia con que vienen los enemigos, con la esperanza de hacer tremolar sus banderas en esa capital. Nada dejaré por hacer. Nuestra situación es terrible, y veo que la patria exige de nosotros el último sacrificio para contener los desastres que la amenazan”

El  24   de septiembre de 1812 se produce la batalla de Tucumán entre el ejército del Norte y las fuerzas realistas, que resultará en una victoria para los patriotas.

Bernardo de Monteagudo escribirá  al respecto:

 “El grande y augusto deber que nos impone la memoria de las víctimas sacrificadas el 24 de septiembre, es declarar y sostener la Independencia de América… de no haberse producido ese triunfo, los realistas ya estarían en Córdoba, y los enemigos interiores acelerarían el momento de nuestra desolación. … Jurad la Independencia, sostenedla con vuestra sangre, enarbolad su pabellón, y estas serán las exequias más dignas de los mártires de Tucumán”.

Un tiempo después Belgrano decidió donar el dinero que le correspondía por aquella batalla:

“he creído propio de mi honor y de los deseos que me inflaman por la prosperidad de mi patria, destinar los expresados 40.000 pesos para la dotación de cuatro escuelas públicas de primeras letras”.

En 1814 San Martín y Belgrano se encuentran en la posta de Yatasto, allí intercambian impresiones y pesares sobre el destino de América.  Don José escribirá un tiempo después:

“Belgrano: éste es el más metódico de los que conozco en nuestra América lleno de integridad, y talento natural: no tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a milicia pero créame usted que es lo mejor que tenemos en la América del Sur”.

El 9 de julio de 1816 reunidos en Tucumán, los representantes de las provincias unidas declaraban la independencia de España. 

1820  es un año significativo en nuestra historia: se inicia con una guerra fratricida, la batalla de Cepeda,  que refleja el desacuerdo  del interior con las políticas centralistas del Directorio, y por otro lado por  la pérdida  de Don Manuel que tanto pudo aportar a la causa patriótica.

Pero en estos momentos de zozobra que vivimos en el mundo,  esta breve reseña de nuestro gran prócer  quiere terminar con la reflexión que propone el título: si don Manuel no aflojó… 

Juan Granero