El cachorro asesinado – Che Guevara

 

Corría el año 1958, las tropas revolucionarias Cubanas del movimiento 26 de Julio liderado por Fidel Castro se encontraban establecidas en la Sierra Maestra luchando desde hacía dos largos años. Una columna creada unos meses antes, iba tras los pasos de la vanguardia del Batallón 11 del ejército de Batista a cargo de Sanchez Mosquera. Esa columna estaba al mando del recién ascendido Comandante Che Guevara.  

Sólo hacía unos pocos meses que el “Che” había sido puesto a cargo de sus hombres. Con ellos, establecieron una base en El hombrito, una zona de las más olvidadas de la olvidada Sierra. Allí, no había electricidad, ninguna sala de atención médica, de hecho ningún campesino había visto jamás un médico; tampoco ninguno había probado alguna vez la carne vacuna, ni conocía el sabor del pan. Sin embargo, en poco tiempo el Comandante creó un hospital de campaña que atendió a todos y cada uno, fabricó un horno que se convirtió en panadería y como a cada lugar que llegaba dispuso de “maestros” para alfabetizar al poblado.

La base fue defendida durante meses de las embestidas del Batallón de Sanchez Mosquera que había logrado infiltrarse en esa zona de la Sierra. Separados en ocasiones por quinientos metros de distancia, los guerrilleros cubanos combatieron con las artimañas de la llamada Guerra de guerrillas, el único método posible para enfrentar a un ejército oficial profesional. Por eso se encontraba dividida en dos, la vanguardia al mando del mejor soldado de dicha columna, Camilo Cienfuegos, y la retaguardia al mando del líder Guevara.

El ejército oficial contaba con campesinos tomados de rehenes que eran utilizados como escudos humanos en numerosas ocasiones. Los que más suerte tenían eran fusilados. Todo el campesinado había tomado parte por el ejército rebelde de Fidel. La crueldad de la dictadura de Batista era cada vez más profunda. Luego de cada batalla, sus rehenes eran torturados y luego fusilados. Esto contrastaba con los enemigos capturados por las fuerzas rebeldes que el primer trato que obtenían era la asistencia médica. De eso se encargaba en sus orígenes como guerrillero el Che. En el instante del relato, como mencionamos, ya había sido ascendido a Comandante.    

Durante esos días (quizás se conmemoran en este preciso instante sesenta años y lo ignoramos por no existir precisión exacta de la fecha), se dan los acontecimientos del relato escrito años después por el latinoamericano Che Guevara que da título a esta nota:

Para las difíciles condiciones de la Sierra Maestra, era un día de gloria. Por Agua Revés, uno de los valles más empinados e intrincados en la cuenca del Turquino, seguíamos pacientemente la tropa de Sánchez Mosquera; el empecinado asesino dejaba un rastro de ranchos quemados, de tristeza hosca por toda la región pero su camino lo llevaba necesariamente a subir por uno de los dos o tres puntos de la Sierra donde debía estar Camilo. Podía ser en el firme de la Nevada o en lo que nosotros llamábamos el firme “del cojo”, ahora llamado “del muerto”.

Camilo había salido apresuradamente con unos doce hombres, parte de su vanguardia, y ese escaso número debía repartirse en tres lugares diferentes para detener una columna de ciento y pico de soldados. La misión mía era caer por las espaldas de Sánchez Mosquera y cercarlo. Nuestro afán fundamental era el cerco, por eso seguíamos con mucha paciencia y distancia las tribulaciones de los bohíos que ardían entre las llamas de la retaguardia enemiga; estábamos lejos, pero se oían los gritos de los guardias. No sabíamos cuántos de ellos habría en total. Nuestra columna iba caminando dificultosamente por las laderas, mientras en lo hondo del estrecho valle avanzaba el enemigo.

Todo hubiera estado perfecto si no hubiera sido por la nueva mascota: era un pequeño perrito de caza, de pocas semanas de nacido. A pesar de las reiteradas veces en que Félix lo conminó a volver a nuestro centro de operaciones —una casa donde quedaban los cocineros—, el cachorro siguió detrás de la columna. En esa zona de la Sierra Maestra, cruzar por las laderas resulta sumamente dificultoso por la falta de senderos. Pasamos una difícil “pelúa”, un lugar donde los viejos árboles de la “tumba” —árboles muertos— estaban tapados por la nueva vegetación que había crecido y el paso se hacía sumamente trabajoso; saltábamos entre troncos y matorrales tratando de no perder el contacto con nuestros huéspedes. La pequeña columna marchaba con el silencio de estos casos, sin que apenas una rama rota quebrara el murmullo habitual del monte; éste se turbó de pronto por los ladridos desconsolados y nerviosos del perrito. Se había quedado atrás y ladraba desesperadamente llamando a sus amos para que lo ayudaran en el difícil trance. Alguien pasó al animalito y otra vez seguimos; pero cuando estábamos descansando en lo hondo de un arroyo con un vigía atisbando los movimientos de la hueste enemiga, volvió el perro a lanzar sus histéricos aullidos; ya no se conformaba con llamar, tenía miedo de que lo dejaran y ladraba desesperadamente.

Recuerdo mi orden tajante: “Félix, ese perro no da un aullido más, tú te encargarás de hacerlo. Ahórcalo. No puede volver a ladrar.” Félix me miró con unos ojos que no decían nada. Entre toda la tropa extenuada, como haciendo el centro del círculo, estaban él y el perrito. Con toda lentitud sacó una soga, la ciñó al cuello del animalito y empezó a apretarlo. Los cariñosos movimientos de su cola se volvieron convulsos de pronto, para ir poco a poco extinguiéndose al compás de un quejido muy fijo que podía burlar el círculo atenazante de la garganta. No sé cuanto tiempo fue, pero a todos nos pareció muy largo el lapso pasado hasta el fin. El cachorro, tras un último movimiento nervioso, dejó de debatirse. Quedó allí, esmirriado, doblada su cabecita sobre las ramas del monte.

Seguimos la marcha sin comentar siquiera el incidente. La tropa de Sánchez Mosquera nos había tomado alguna delantera y poco después se oían unos tiros; rápidamente bajamos la ladera, buscando entre las dificultades del terreno el mejor camino para llegar a la retaguardia; sabíamos que Camilo había actuado. Nos demoró bastante llegar a la última casa antes de la subida; íbamos con muchas precauciones, imaginando a cada momento encontrar al enemigo. El tiroteo había sido nutrido pero no había durado mucho, todos estábamos en tensa expectativa. La última casa estaba abandonada también. Ni rastro de la soldadesca. Dos exploradores subieron el firme “del cojo”, y al rato volvían con la noticia: “Arriba había una tumba. La abrimos y encontramos un casquito enterrado”. Traían también los papeles de la víctima hallado en los bolsillos de su camisa. Había habido lucha y una muerte. El muerto era de ellos, pero no sabíamos nada más.

Volvimos desalentados, lentamente. Dos exploraciones mostraban un gran rastro de pasos, para ambos lados del firme de la Maestra, pero nada más. Se hizo lento el regreso, ya por el camino del valle.

Llegamos por la noche a una casa, también vacía; era en el caserío de Mar Verde, y allí pudimos descansar. Pronto cocinaron un puerco y algunas yucas y al rato estaba la comida. Alguien cantaba una tonada con una guitarra, pues las casas campesinas se abandonaban de pronto con todos sus enseres dentro.

No sé si sería sentimental la tonada, o si fue la noche, o el cansancio… Lo cierto es que Félix, que comía sentado en el suelo, dejó un hueso. Un perro de la casa vino mansamente y lo cogió. Félix le puso la mano en la cabeza, el perro lo miró, Félix lo miró a su vez y nos cruzamos algo así como una mirada culpable. Quedamos repentinamente en silencio. Entre nosotros hubo una conmoción imperceptible. Junto a todos, con su mirada mansa, picaresca con algo de reproche, aunque observándonos a través de otro perro, estaba el cachorro asesinado.

El Cachorro asesinado – Che Guevara

Revolucionario, médico, maestro, comandante y encima escritor. A nosotros no nos hubieran bastado tres vidas para lograr lo que el Che logró en una demasiado corta.

El bastardeado sentimiento de la envidia se convierte cada día más en admiración.

Sergio Delbreil

El capitalismo en su jaula

El ser humano en su larga trayectoria sobre el planeta ha construido distintos sistemas con el fin de organizarse para abordar la naturaleza, explotarla y así obtener los recursos necesarios para la subsistencia. El paso del salvajismo a la civilización es un proceso que significó pasar de la individualidad del ser a la vida en comunidad y su posterior llegada a la complejidad civilizatoria.

El presente artículo reflexiona sobre las transiciones de un modo de producción a otro y la posibilidad de superación del sistema actual. Aborda el análisis partiendo de una concepción dialéctica en donde los modos de producción pueden presentar etapas progresivas o regresivas a lo largo de la historia.

Por otro lado, se utilizarán perspectivas marxistas para dar cuenta de las contradicciones internas que presenta el capitalismo y desde ese punto de vista analizar la posibilidad de superación y el consecuente inicio de una nueva etapa para el desarrollo de la humanidad.

El capitalismo en su jaula

El recorrido comienza en el modo de producción feudal y la transición hacia el capitalismo. Aunque las definiciones en términos de análisis sociales son injustas, dado que todo análisis social es subjetivo, se debe hacer un repaso por las condiciones del feudalismo y su situación en el inicio del proceso. Según el historiador inglés Anderson Perry “El sistema feudal fue un modo de producción en donde la propiedad agrícola estaba controlada privadamente por una clase de señores feudales que extraían un plusproducto del campesinado por medio de relaciones de compulsión político – legales” (1). Es decir que el campesino abonaba con una parte de su producción al señor feudal a cambio de contar con tierra para producir lo necesario para sobrevivir. En este sistema el campesino contaba con los medios de producción y era conocedor de todo el proceso productivo. Por otro lado, no todas las tierras eran propiedad del señor feudal, existían tierras comunales mas allá de las difusas fronteras del feudo, hacia donde el campesino escapaba en búsqueda de libertad, resistencia u otras alternativas de producción.

El feudalismo fue un sistema estático en donde las fuerzas productivas se mantuvieron inalterables durante mucho tiempo y las condiciones de vida del hombre eran malas, ¿Cómo fue posible el desembarco de un modo de producción que alteraría las relaciones sociales y desataría un desarrollo nunca visto de las fuerzas productivas? En su prólogo de la contribución a la crítica de la economía política, Karl Marx elabora un método científico que puede aplicarse a cualquier etapa histórica y nos puede servir de guía para entender las transiciones, decía que “el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre lo que determina su ser, sino el ser social lo que determina su conciencia”. (2) Mas adelante dirá que el desarrollo de las fuerzas productivas entrara en contracción con las relaciones sociales existentes abriendo así una época de revolución social.

Hay dos corrientes que explican el colapso entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales que producirán la desintegración del feudalismo. La teoría de Maurice Dobb explica que los factores fueron internos, producto del nacimiento de una nueva clase social capitalista con origen en el descenso demográfico por la carestía que operaba en función de una diferenciación social dentro del campesinado, la cual generaba estas nuevas relaciones sociales. Otra teoría es la de Paul Sweezy, quien determina que los factores son externos, la activación del comercio mediterráneo, producto del triunfo en las guerras Cruzadas,  introdujo en Europa nuevas relaciones que permitieron el desmoronamiento del antiguo modo de producción.

Si bien la desintegración del sistema feudal es polifacética y pueden considerarse ambas teorías como válidas, lo cierto es que su decadencia dio nacimiento a una nueva etapa de la historia en donde la humanidad encontró otro tipo de relaciones sociales para organizarse y producir: El capitalismo. Este periodo, en sus inicios, representa un salto progresivo en la historia. Fue el comienzo de una revolución técnica que brindaría avances nunca experimentados en los campos explorados, un indudable progreso. Pero también es el inicio de una profunda contradicción, dado que la principal consecuencia será el avance exponencial de las desigualdades entre clases.

La novedad del sistema capitalista es la legitimación de la propiedad privada a través del proceso de acumulación originaria del capital. Este capital será una relación social en donde el capitalista tiene los medios de producción y el obrero cuenta con su fuerza de trabajo que deberá vender en el mercado a cambio de un salario que le garantice la subsistencia y el capitalista obtendrá la ganancia al quedarse con un excedente de horas de trabajo realizado por el obrero. Esta manera de organizarse comienza a establecerse entre los siglos XVI y XVII, y generará una producción de riqueza privada extraordinaria que buscará como único fin su continuo incremento.

Una vez establecido el sistema y habiendo atravesado su fase de desarrollo atomizado, en donde predomina la empresa individual, se abre un periodo regresivo en donde el exceso de producción ya no puede contenerse dentro de los límites de las fronteras de las potencias y requiere de un desembarco en otras regiones a fin de poder derivar mercancías, producción y capitales. Así como también, la búsqueda de mano de obra barata y materias primas. Las contradicciones se intensifican, países ricos frente a países pobres. Una clase a la que le sobra la producción frente a otra a la que le falta el alimento. Marx escribirá en sus manuscritos de 1857-1858 que “El capital ha puesto por vez primera el progreso histórico al servicio de la riqueza”.

Lentamente este proceso llevará a la humanidad a una barbarie en donde se producirá la primera guerra mundial con la consecuente muerte de millones de personas, la cual  se desarrollara en función de una búsqueda territorial para descomprimir y aumentar la producción. Lenin explicara que “El capitalismo se ha transformado en un sistema universal de opresión colonial y de estrangulación financiera de la inmensa mayoría de la población del planeta por un puñado de países avanzados. Este botín se reparte entre dos o tres potencias rapaces de poderío mundial y armadas hasta los dientes”. (3)

Este acontecimiento profundiza las desigualdades intestinas del sistema. Existe una inmensa cantidad de avances tecnológicos que emanciparían al hombre y permitirían el desarrollo humano en plenitud, pero al estar los medios de producción en pocas manos, las ganancias tienen un destino privado, mientras la humanidad se hunde en la miseria y el hambre.

El siglo XX presento una oportunidad de superación progresiva, la Revolución Soviética de 1917, pero se diluyo en las traiciones burocráticas. Para mediados del siglo, otra vez la barbarie se presento en forma de guerra enfrentando a las potencias y su culminación dividió al mundo en dos. Por un lado, el capitalismo occidental y por otro el estatismo burocrático. Toda la centuria fue una constante liquidación de la dirigencia obrera con el fin de adoctrinar al movimiento obrero y de esa manera superar las crisis que generaba la caída de la tasa de ganancia. El derrumbe de la URSS evita una nueva guerra dado que brinda extensos territorios para saciar el hambre de mercado. Se podría pensar en la actualidad que esa incorporación de todo el territorio global al mercado y la consecuente recuperación de beneficios capitalistas sería el comienzo de una etapa de armonía y estabilidad del sistema, pero lamentablemente no es así. Continúan profundizándose las contradicciones y la brecha de la desigualdad entre riqueza y pobreza llega a su punto máximo, al menos por ahora. La crisis del 2007 de los commodities es considerada por diversos analistas como la mas severa de la historia y las guerras no cesan: Guerra del Golfo, Afganistán, África, Irak, Corea.

Entonces dadas las condiciones en que se encuentra la mayor parte de la humanidad dentro de este modo de producción, viendo que todas las salidas que encuentran los capitalistas profundizan los males y considerando como vimos que la transición de un sistema a otro es posible ¿Se puede pensar en una nueva transición? ¿el capitalismo puede derrumbarse?

Uno de los tantos aportes de la obra de Marx fue desarrollar la Ley de la caída tendencial de la tasa de ganancias, en donde explica la dinámica interna del modo de producción capitalista y sus contradicciones que lo llevarían a la destrucción.  El capitalista en su afán de incrementar la riqueza busca expoliar más tiempo de trabajo al obrero, es decir que trabaje mas horas por menos salario. En épocas en que el obrero se organice y resista, deberá buscar alternativas para incrementar el beneficio. Esto lo llevara a aplicar tecnologías en función del aumento de la productividad, pero el exceso de este comportamiento lo llevara a necesitar cada vez menos del único componente del proceso productivo del cual puede extraer la ganancia: El humano.

Este círculo vicioso es una de las explicaciones que se desprenderán de la teoría marxista para explicar el derrumbe del capitalismo, pero cabe aclarar que los aportes y su consecuente hermenéutica exceden a esta Ley ya que la misma no es lineal y el sistema encuentra variables, manotazos de ahogado para emerger a la superficie.

En el libro la Emancipación Frustrada, Ciro Mesa analiza perspectivas marxistas, en donde se establece que, para avanzar hacia un sistema de sociabilización, etapa progresiva de la humanidad, deben estar las condiciones materiales generadas. De esta manera, podemos suponer que la sociedad burguesa fue necesaria para el desarrollo de los medios de producción que permitieron eliminar la escasez y fundaron la producción en masa.

Ahora la incógnita sobre la superación suma un factor, dado que según el texto de Mesa “Marx descubre que dentro del avance de la tecnociencia esta la formación de un potente medio para la imposición del poder del capital” (4). Entonces es en este momento histórico en donde retomamos el análisis de Marx del prologo ya mencionado, cuando establece una situación limite donde se puede visualizar su mirada catastrofista. Las fuerzas de producción están a punto de romper con las relaciones sociales generando una revolución social. Este es el inicio de una revolución que deberá ser permanente.  Pero, si bien las condiciones materiales son aptas y las relaciones sociales están agotadas, el sistema aun se sostiene.

Hilferding escribía que “el derrumbe del sistema capitalista no debe esperarse en forma fatalista, muy lejos de ser el producto de leyes internas del sistema, debe ser el resultado de la acción consciente de la clase obrera”.  No hay superación si no es partiendo del hombre. La única forma de salida es con una salida subjetiva. La organización colectiva y la consciencia de clase serán esenciales para superar el modo de producción. El capitalismo fomenta la propiedad privada y la competencia para individualizar a la población. Una persona puede llegar trascender su clase e ingresar en niveles estamentales superiores, pero solo será una persona. La ruptura del sistema y su posterior superación deberán encararla los obreros en conjunto, única clase progresiva y responsable que le dará vida a la revolución social.

Esta toma de consciencia del obrero producto de la organización y del declive capitalista traerá un serio cuestionamiento a la Ley del Valor. El valor de las mercancías está determinado por el tiempo socialmente necesario que estas requieran en su producción. La superación debe estar enfocada en el destino del trabajo del obrero. Una vez caídas las relaciones sociales de producción existentes, no podremos hablar de trabajo destinado a la producción de mercancías que se enajenan en un mercado, sino de hombres que vuelven a ser parte del trabajo en función del bien común. Marx escribió que en el sistema capitalista “la enajenación del trabajador en su producto significa no solo que el trabajo de aquel se convierte en un objeto, se convierte en una fuerza autónoma de él; significa que aquella vida que el trabajador ha concedido al objeto se le enfrenta como algo hostil y ajeno” (5).

La emancipación del hombre será una consecuencia de la superación de la Ley del Valor cuando el obrero vuelva a hacer suyo el trabajo, sintiéndose identificado y conociendo todo el proceso productivo con el fin de producir para su subsistencia y la de los demás, con el fin de generar riqueza para toda la humanidad y diluyendo lentamente el paradigma de la eterna acumulación en arcas privadas. Es una tarea ardua y utópica desde el punto de vista de las corrientes tradicionales, pero la historia la hacen los hombres y su dirección dependerá de sus acciones. El sistema capitalista representa un escaso porcentaje de tiempo como modo de producción en comparación a la cantidad de años del humano sobre la tierra. No será eterno porque nada puede serlo. Seguirá el camino que siguen todos los procesos sociales y biológicos: nacimiento, esplendor y muerte. Sera cuestión de esperar y analizar un proceso que ha comenzado. El capitalismo ya esta en su jaula.

Ignacio Calza

 

(1) Anderson, Perry. “El modo de producción feudal”, en: Transiciones de la Antigüedad al feudalismo, Siglo XXI Editores, México, 1997.

(2 )Karl, Marx “Prologo de la contribución a la crítica de la economía política”. Londres 1859.

(3) I Lenin, “El imperialismo, fase superior del capitalismo”. Editorial Zhizn’ i znanie, Rusia,1917.

(4) Ciro Mesa, “La emancipación frustrada. Sobre el concepto de historia en Marx”. Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, 2004.

(5) Karl, Marx “Manuscritos económico – filosóficos de 1844″.