¿Feliz día?

El asunto es que todavía no puede ser feliz. Feliz será el día en que no tengamos miedo de salir a la calle; feliz será el mes en el que no haya más femicidios que días, mejor dicho en el que no haya femicidios; feliz será el día en el que los derechos laborales y los sueldos, entre otras cosas, sean iguales por el mismo trabajo sin importar el sexo; feliz será el día en el que dejen de desaparecer pibas para ser explotadas sexualmente; feliz será el día en el que no existan hombres que hagan chistes sobre una mujer que fue quemada en una parrilla y descuartizada; feliz será el día en el que el aborto sea legal, seguro y gratuito y la ESI, una verdad en todas las escuelas; feliz será el día en el que no sean acosadas las mujeres en la calle, ni con gritos, ni con silbidos,  ni con “piropos” ; feliz será el día en el que todo lo nombrado y mucho más (mutilaciones genitales, obligación de uso de una determinada vestimenta, cárcel o muerte por exigir derechos, y tantas otras cosas que suceden en otros países y aquí también) sea una realidad en el mundo entero.

Vera Suarez

¿Será Justicia?

Para entender el poder judicial, a los fines didácticos, hay que recurrir a los orígenes, a las ficciones de la constitución del Estado Moderno, el cual está compuesto como todos sabemos por el Ejecutivo, Legislativo y Judicial . El mito o fabula contractualista, la cual como corriente jurídica-filosófica postula algo así: “Había una vez unos hombres que vivían en estado natural, pero como son malos querían aprovecharse unos de otros por la fuerza; la guerra permanente era un hecho. Los hombres, entonces en un cuerpo amorfo, deciden entregar parte de su libertad a cambio de seguridad, de leyes que garanticen su vida. Así nace el Estado, en ese contrato originario: Seguridad de la propiedad privada a cambio de reprimir ese salvaje que todo ser humano tiene” siguiendo con el manual Aula Taller de cuarto grado, en las democracias occidentales, los poderes tienen distinta naturaleza: el ejecutivo es un símil monarca, pero sin corona es elegido por el pueblo e intenta llevar a cabo la administración de la cosa pública. El legislativo es el más representativo hacedor de leyes, controlador del ejecutivo.

El  poder Judicial  debería ser el moderador, el árbitro en este juego de poder en el que siempre hay excesos. Así  fue pensado universalmente el Poder Judicial, como un contralor de lo intempestivo que puede ser el Ejecutivo y el Legislativo. Así también se justifican algunas desigualdades: No pagan impuesto a las ganancias, tienen una gran estabilidad en sus empleos y los jueces son inamovibles salvo jury.

Por otro lado, la distancia entre el ciudadano y las leyes se hace más evidente, ¿será una cuestión de falta de educación cívica? ¿Será una sobredosis de televisión? Todos hablan y nadie entiende. Por ejemplo Justicia federal y ordinaria son confundidas constantemente. Para el común de los medios de comunicación hay “una sola Justicia” sin distinciones. Ni que hablar que “Proceso” “Excarcelación” “Imputación” son utilizados con una vaguedad alarmante.   

Otra fantasía recurrente es equiparar el sistema judicial anglosajón con el que tenemos nosotros. La película yanki con el abogado luchando por convencer al jurado no se da aquí, salvo la excepción experimental en Córdoba. Tal como decía Robert Frost “El jurado está compuesto por doce personas elegidas para decidir quién tiene el mejor abogado”

Volviendo a la distinción entre la justicia federal (que es la que vemos en el tele) y la ordinaria, la principal cuestión es tener en consideración nuestro sistema; supuestamente somos Federales, como dice el versito de nuestras regla de juego más importante como lo es la Constitución Nacional. Forma de Gobierno: representativa, republicana y federal. La síntesis para aproximarlos al tema, es que las provincias han delegado en el poder central ciertos poderes y otros no, temas conflictivos respecto a tratados con las naciones extranjeras; las  causas en que la Nación sea parte (ejemplo: El estado contra alguna empresa privada); causas concernientes a embajadores, ministros públicos y cónsules extranjeros; Los delitos contra el fisco nacional; Narcotráfico. Son algunos de los temas en los que versa la justicia federal. Sin duda, el más importante, su ancho de espadas: los delitos contra la administración pública llevados a cabo por funcionarios públicos del Estado Nacional. A esto se le llama competencia, en este caso competencia federal. La ordinaria por ejemplo sería el caso de un delito común y corriente como afanarse un pingüino de un restaurant, un hurto digamos, en ese caso actuaría la competencia ordinaria.

Si algo tiene el aparato judicial es que, desde el mismo lenguaje, apartan del debate público a la sociedad. Las palabras floreadas y técnicas intentan dificultar cuestiones que no lo son. Aplica como decía Scalabrini respecto a la economía; “Estos asuntos de economía y finanzas son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Solo requieren saber sumar y restar. Cuando usted no entiende una cosa, pregunte hasta que la entienda. Si no la entiende es que están tratando de robarlo. Cuando usted entienda eso, ya habrá aprendido a defender la patria en el orden inmaterial de los conceptos económicos y financieros”.  Lo mismo sucede con el derecho y el funcionamiento de la justicia.

El poder judicial  fue pensado universalmente, como un contralor de lo intempestivo que puede ser el Ejecutivo y el Legislativo.  No es sólo cosas de abogados, la profunda crisis de credibilidad que tiene el poder judicial en nuestro país, parecía encontrar un resguardo o un reparo en la corte de 2003-2015 , en la cual,  el último interprete de la constitución, tenia entre sus filas a Petracchi, Zaffaroni , Argibay. Excelsos cuadros del derecho, cada uno en su campo e independientes. Fue un avance en  idoneidad de sus integrantes y proyección jurídica de avanzada. Desde 2015, con dos jueces nombrados por decreto por Macri comienza el declive, que hoy encuentra su máxima expresión jugando para las corporaciones más poderosas del país

Cristina Kirchner marca el pulso con su declaración en la causa de “Dólar Futuro”. Una declaración histórica, en la cuál dijo en la cara a los jueces su participación y descripción del Lawfare. Esto es explicado por el abogado Maximiliano Rusconi “Elegido un sector, por ejemplo político, como enemigo, la ley y los procedimientos judiciales son utilizados por los agentes públicos como una forma de perseguir a aquellos que fueron estigmatizados como enemigos”

El star system mediatico comenzó como era previsible la simplificación de la cuestión, transformándolo, como siempre en un slogan: Ataque a la justicia de los K

Nunca es el momento, nunca hay suficiente legitimidad, siempre es un ataque modificar las estructuras de poder más arcaicas de la argentina. Pero alguna vez hay que hacerlo.

Carlo Magno

Perro que ladra y muerde

La antipolítica crece a medida que la política fracasa y ayer tuvo su día más glorioso. La decisión del ministro de salud de tener una vacunación paralela priorizando a sus amigos, funcionarios y algunos empresarios es la bomba perfecta de corrupción, amiguismos, en el área más sensible de la pandemia: las vacunas.

El privilegio y el poder

Mis whatsapps con mi madre:

-¿Cómo estás, ma?

-Ansiosa, espero el mensaje para la vacunación como si fuera una nena.

-Esperemos que sea pronto.

-Espero!

Imaginemos esta charla :

-Hola, Gines? qué haces amigo, che tengo ganas de vacunarme ¿Donde puedo ir?

-Vení para el ministerio que tenemos la Rusa. Te cuento un chisme ¿Viste Aranda el de Clarín? También me llamó pero quiere esperar a la Inglesa.

-jaja qué cipayo.

-jaja sisi. Bueno venite a las 9 que te doy una.

-Genial , gracias amigo.

Mientras las familias de los mayores de 65 años y las unidades básicas asesoran a los más humildes para acceder a un turno y que le den la vacuna que les permita abrazar a sus hijos sin miedo el Ministro de Salud ofrecía a sus amigotes un bien escaso en el mundo.

El perro y la sarna del privilegio

El privilegio de acceder a gente con poder para algunos es tan natural que con el tiempo se hace parte constitutiva de una persona, hasta el grado de justificar el acto más inmoral y corrupto que se puede tener en un tiempo de muerte y enfermedad. Lo que sobrevuela es la justificación el “ me corresponde” y ni siquiera lo hace dudar en una entrevista. Quedó claro en el relato de Horacio Verbitsky que él cree que le corresponde esa vacuna antes que a nuestras madres y que el llamado a un ministro y pedirle un favor es algo natural en gente que posee la agenda correcta. El solo hecho de tener esa agenda a H.V le permite acceder a lo que se le antoje pero nunca tener que esperar porque eso es para el ciudadano común y los privilegiados no lo son.

El privilegiado no espera, no hace filas, no busca trabajo, la precarización laboral o bien nunca la tuvo o es parte del pasado, la burocracia no es para él porque el privilegiado cree que lo merece por algo tiene lo que tiene. Con su agenda de amigos poderosos gestiona su vida y con su cintura elige cuándo y a quién llamar: con más de 50 mil muertos y con muy pocas vacunas H.V decidió llamar a su amigo y arrebatarle el turno a alguien menos poderoso. Porque puede.Lo cuenta en una radio porque se acostumbró, porque es natural.

El peligro de la antipolítica

La construcción de un sentido común que genere las condiciones para los Bolsonaros o los Trump se arman , entre otras cosas, con los actos que constituyen a los políticos como personas que solo intentan mantener sus privilegios  y acumular dinero para sí mismos. De ahí se construyen los discursos para eliminar un estado regulador. El acto de corrupción -no fue un “error”- que cometió el ministro tiene todos los condimentos que necesitan los discursos más radicalizados de la antipolítica para fomentar su sentido común y desde ahí atraer votantes construyendo un sentido. No solo erosiona (todavía no sabemos su alcance) la aplicación de las vacunas sino que fundamentalmente resquebraja el sistema democrático argentino y a través de esas grietas ingresa el discurso ya instalado en países poderosos como: EEUU, Brasil, Francia, España etc, desde esas grietas no vienen solo discursos anti estado , principalmente lo acompañan ideologías: de odio, misóginas, racistas, anti inmigrantes y excluyentes.

El daño ya está generado solo esperemos que haya un control de daño y que el sistema democratico no se desmorone con sus propias grietas.

Romero Juan José

Rodolfo Walsh, producto de su tiempo

Para que una semilla germine se requieren una serie de condiciones básicas. La mayoría de las plantas precisan agua y oxígeno. Pero para crecer altas y fuertes necesitan sobre todo de una tierra fértil. Si se conjugan esos tres requisitos la vida se abre paso. Simplemente es cuestión de que la semilla esté en el lugar justo.

Cuando se estudia lo sucedido en la Argentina desde el golpe militar de 1955 hasta la última dictadura militar en 1976 es posible llegar a la conclusión de que era el momento adecuado para que aparezca, como levantándose desde el barro de la historia, un personaje como Rodolfo Walsh, alguien que con su coherencia marcara un camino y cuya propia vida represente el drama de todo un país.

Una frase muy extendida cuando se estudia a un personaje de este calibre es: “Fue un producto de su tiempo”.

Sin embargo, hay una pregunta cuya respuesta nos abre un camino interesante de reflexión: ¿Rodolfo Walsh era un héroe, alguien sobrehumano, o simplemente una persona a la altura de las consecuencias de su tiempo?

Este interrogante nos dirige, cuál si estuviéramos poniendo en práctica la mayéutica de Aristóteles, a otro cuestionamiento, a indagar en nuestro momento histórico:

¿Cuál debería ser el producto de esta etapa que no toca vivir?.

El público de hoy al consumir medios de comunicación se encuentra más interesado en reafirmar sus prejuicios que en informarse. Necesitamos que alguien diga lo que queremos escuchar. La veracidad de la información es secundaria. Consumimos y creemos, solo lo que queremos consumir y creer.

En este contexto histórico, donde además tiene cada vez más aceptación la teoría del fin de las ideologías y en el que muchos compran el discurso de que ya todo está perdido, el compromiso con la verdad debe ser más férreo que nunca, aunque esa verdad contradiga nuestras opiniones.

Arturo Jauretche, en su libro Los profetas del odio y la yapa, dice lo siguiente: “Si todo es según el color del cristal con que se mira, conviene saber qué anteojos y anteojeras nos han puesto”.

Hay que desprenderse de los prejuicios, como si estuviésemos quitándonos esas anteojeras, para mirar con franqueza y transformarnos como sociedad.

Porque si bien las condiciones quizás no estén dadas para que maduremos, para que nos juguemos por cambiar en un momento en que nos dicen que no vale la pena, podemos todavía practicar la libertad aun dentro de las relaciones de poder.

Porque aunque las plantas para germinar necesitan agua, oxígeno y tierra fértil, hay otras que crecen aun en las peores condiciones, mutando si hace falta, abiertas a cualquier cambio que las haga desarrollarse.

Hoy quedó obsoleto el estereotipo de héroe tradicional que se jugaba entero por una causa y representaba a toda una generación. Por eso es importante mirarnos más de cerca y darnos cuenta que tenemos una responsabilidad con nuestro tiempo.

 

Sebastián Pujol

Dejarse de joder

Uno de enero, primer día del año. Algunas cosas cambian, otras son una continuidad. Titula el gran diario argentino que más de trescientas personas sufrieron efectos adversos en nuestro país por la aplicación de la vacuna Sputnik V. El enunciado que encabeza la nota focaliza en la cantidad, que se percibe de modo importante si uno pierde la información de contexto. No son dos o tres, son trescientos. La nota sin embargo aclara que es sobre más de treinta mil dosis aplicadas. O sea, el 1%. Los efectos adversos reseñados son febrículas, mialgias y cefaleas, y se consigna que fueron revertidos por los pacientes. Todo lo que menciono está en la nota. O sea, no acudí a otras fuentes de información. Clarín no miente, sino que manipula al elegir un modo de presentar la información de modo insidioso, artero. Lo mismo pudo haberse titulado “sólo el uno por ciento de las personas que recibieron la vacuna presentaron efectos adversos menores y reversibles”. En el periodismo, el cómo transmitir adquiere una importancia fundamental, en tiempos en que la información se viraliza por las redes sociales y pocos lectores superan el segundo párrafo de cada noticia. Lo instantáneo mata el cuidado que hay que tener al transmitir noticias tan sensibles a la salud pública, más en el medio de una pandemia.

El despegue del avión que transportaba las primeras dosis fue relatado por Víctor Hugo Morales casi que poniendo en paralelo al grito inolvidable del gol de Diego a los ingleses. Puede haber sido bueno el relato, pero nunca como el primigenio describiendo de forma increíble y en la espontaneidad la obra de un artista inigualable de la pelota. De un lado, la esperanza tal vez un poco grandilocuente, exagerada no por la procedencia o calidad de la vacuna, sino por el número escaso de dosis para más de cuarenta millones de argentinos. Pero por algo se empieza. Del otro lado, la inefable Elisa Carrió presentando una denuncia por envenenamiento a las principales autoridades de Salud de la Nación. Sin explicar qué tiene a mano para ayudar. Mäs vale pájaro en mano que cien volando. A caballo regalado no se le miran los dientes. Acá, lejos de los refranes, algunos analizan tendenciosamente las características del ave o el equino que pudimos conseguir. Y los cien pájaros volando son siempre maravillosos, la Pfizer o la de Oxford, por caso. Cierto cipayismo careta y en la faz sanitaria aflora en esas mentes para las cuales todo lo cercano a oriente es sinónimo de barbarie.

Contario a lo que sucedía en los imperios de la Antigüedad, donde los súbditos probaban primero la fruta del emperador para asegurarse que no estuviera envenenada, la bendecida democratización de las sociedades hace que se invirtiera la secuencia: primero el Presidente, el gobernador. La política tiene que dar el ejemplo, lo que no siempre ocurre habida cuenta de que no resolvieron reducir en algo sus dietas y salarios en un contexto de recesión económica agudizada por la pandemia. Ahora, por lo menos varios ponen el brazo. 

Tiempo de poner lo que hay que poner. También, en la faz más periodística o de comunicación, de no dejar que cuestiones ideológicas o de partido alteren la percepción de la realidad. El desafío de informar sin títulos tendenciosos y de manera responsable, que en contextos de mucho encierro la televisión y los medios gráficos hegemónicos funcionan de alter ego de mucha gente. Intentando no caer en los dos extremos, ni en la exageración artificiosa de los logros ni en la lupa posada sólo sobre la herida de los fracasos. Dejar de desear el fracaso del otro para intentar el éxito de todos en sobrevivir de la mejor manera posible a estos tiempos excepcionales. 

Tiempo de dejarse de joder, dijo en una conferencia Axel Kicillof cuando defendió la Sputnik V. Que la interpelación sirva a ambos lados de la grieta, para lograr una mayor ecuanimidad a la hora de realizar las necesarias críticas y aportes en un tiempo que lo necesita de todos. Dejarse de joder también sabiendo que es tiempo de poner el hombro.

Sebastián Giménez. Escritor y trabajador social.

Lo personal es político

La ciencia ficción a veces funciona como disparador para entender la realidad, los fenómenos políticos e incluso la misma condición humana. Existen determinadas series o películas que resultan sorpresivamente interesantes para analizar alguna teoría política o directamente para entender que muchas veces por más que queramos desentendernos de la política, nuestras decisiones y estilos de vida generan un relato que terminan por describir una determinada realidad. Esta va a determinar situaciones de exclusión e inclusión y establecer relaciones de poder donde, según las circunstancias, seremos oprimidos u opresores.

Me gustaría hablar de una serie que nos muestra cómo determinados acontecimientos ponen en discusión los relatos (hasta el momento establecidos) iniciando una batalla donde los personajes buscarán imponer el suyo como idea hegemónica. Si bien siempre estoy haciendo referencia a la serie, los conceptos y análisis vertidos son perfectamente aplicables a la realidad que nos rodea. Nuestra vida cotidiana se construye de relatos, relatos que se van afianzando o alterando a medida que la vamos transitando y chocamos con otros que entran en conflicto con el desarrollo de nuestra propia existencia. Existencia que se da en un mundo donde la palabra hostil queda chica y la de igualdad le queda grande.

No es de extrañar que a la hora de pensar series políticas pensemos  en House Of Cards,

Games Of Thrones, El Cuento de la Criada, como también en trilogías como Los Juegos del Hambre o el Señor de los Anillos, sólo por mencionar algunas. En todas ellas aparece el juego de poder, la reorganización del Estado y cómo instituciones que venían a normalizar el comportamiento de la sociedad se enfrentan a la sublevación de los oprimidos generando en la mayoría de los casos episodios épicos que quedan en nuestra memoria ya sea por alegría o por desgracia (la última temporada de Games Of Thrones merece un capítulo aparte). Sin embargo, existe otro tipo de serie donde los conflictos políticos como los conocemos no son tan evidentes, pero se pueden encontrar un sinfín de herramientas que ayudan a generar una reflexión política para los tiempos que corren. Un ejemplo de ello es la serie Cobra Kai subida hace poco a la plataforma de streaming Netflix que no es ni más ni menos que el Spinoff de Karate Kid.

Sí, aquella que nos hizo encariñar con el Señor Miyagi, empatizar con Daniel Larusso (Daniel San para todxs) y sobre todo odiar a Cobra Kai. Por más de treinta años tanto los personajes como nosotrxs asumimos y estábamos de acuerdo sobre quiénes eran los buenos, quiénes los malos y cuál era el verdadero Karate, convirtiéndose esto en un orden establecido y fácilmente asimilable. Por comodidad o ignorancia asumimos que esa era la verdad.

Ahora bien, qué pasó con nosotros cuando un acontecimiento se presenta ante nuestros ojos de manera completamente irruptiva, poniendo en duda todo lo que creíamos correcto hasta ese momento. La Cobra Kai del 2020 viene a poner sobre la mesa una nueva dimensión, viene a poner en conflicto todo aquello que tanto Daniel como nosotrxs creíamos correcto y sobre la que hemos construido infinidades de expresiones simbólicas.

Según Chantal Mouffe (filósofa y politóloga belga) y su teoría sobre el “pluralismo agonista”, para entender la democracia moderna debemos hacerlo desde una lógica de la autoafirmación separada de lógica del racionalismo-universalismo es decir debemos dejar de pensar que las preguntas son siempres las mismas por lo que cabrían las mismas respuestas o quizás renovadas pero siempre a los mismos interrogantes. Es preciso poner en discusión estas preguntas y dar espacio a nuevos interrogantes que tienen poco, mucho o nada que ver con lo que conocíamos hasta el momento. Por la serie pudimos conocer cómo el Jhonny niño y adolescente, a través de Cobra Kai, logra construir un relato sobre sí mismo donde la disciplina de “golpear primero, golpear duro, sin piedad” no sólo le había permitido gozar de ciertos privilegios, si no que se transformó en una filosofía de vida, en una forma de entender las relaciones entre las personas. Perdida la batalla final contra Larusso y ser casi ahorcado por su sensei quien representaba un padre para él, su mundo, su orden se vió trastocado por este acontecimiento que hizo poner en duda sus valores éticos y morales, vió derrumbarse cada uno de sus privilegios frente al nuevo relato que se impartía donde los ganadores eran “los otros”. Los buenos y exitosos a partir de ahora, eran “los otros”, los invisibilizados, los excluidos, los diferentes: Daniel y el dojo de Miyagi.  Jhonny comienza a transitar un camino de penurias e insatisfacciones en un mundo que constantemente le hace saber lo desgraciado que es.

Por otro lado, Daniel transita una vida de aventuras donde el karate de su sensei le va dando toda una filosofía de vida que lo lleva a alcanzar ciertos privilegios y de preponderancia moral, y donde Cobra kai ya no existe para quitárselos porque él mismo se encargó de generar condiciones para que así sea.

Johnny Lawrence, a partir de la contingencia de un joven que le solicita aprender karate, y cansado de su propia insatisfacción, decide reinventar el espacio que supo acompañar a varios adolescentes y que tantas alegrías le dio, pero esta vez intenta hacer una mejor Cobra Kai. Lo que no esperaba era que eso significaba trastocar el orden establecido y los privilegios de Daniel Larusso.

La serie, más allá de las típicas historias adolescentes, trata sobre el conflicto entre ellos dos, entre dos ideas sobre una misma práctica. Trata sobre el lugar que ocupan los malos y los buenos y qué pasa cuando ese límite se ve desdibujado por el mismo accionar de sus protagonistas. El conflicto se visibiliza de tal manera que uno intentará convivir planteando la competencia y demostrando que también son una buena opción, mientras que el otro intentará eliminarlo planteando que su moral, educación y valores son superiores reafirmando quiénes son los malos y quiénes son los buenos. Argumento que terminará por asimilarse por los mismos alumnos de cada dojo.

Antes de seguir y terminar de spoilear la serie me gustaría destacar que en cada diálogo y en cada argumento que los protagonistas tienen para autoafirmarse como el mejor se puede reflexionar sobre el juego de la democracia moderna y la idea de pluralismo siguiendo lo planteado por Chantal Mouffe.

Podríamos pensar, y acá es donde se pide disculpas por el exagerado análisis, la democracia y ante qué nos enfrentamos en nuestra realidad política. Cobra Kai es a Miyagi Do lo que es el intervencionismo al neoliberalismo. Es lo que la cuestión de género es a la heteronormativa, o el feminismo al patriarcado. Movimientos sociales que buscan transformar el orden imperante y autoafirmarse dentro una “racionalidad-universal” que los excluye y menosprecia. El conflicto es personal y político. El problema está cuando uno cree que para subsistir necesita eliminar al otro, en vez de repensar los alcances y límites de cada grupo definiendo claramente la propuesta de cada uno.

Chanta Mouffe dirá que el antagonismo es una dimensión propia de las relaciones humanas y por lo tanto es inerradicable, es decir siempre que nos relacionamos a un “otro” estamos ante una dimensión conflictiva. Ahora bien, esto no implica pensarlo en los términos de Hobbes como una guerra de todos contra todos donde la única forma de establecer el orden es a través del autoritarismo o como Schmitt por el totalitarismo, donde el otro queda resumido al sometimiento permanente o a la eliminación. Para pensar la democracia debemos hacerlo desde una perspectiva agonista (lucha entre adversarios) y no antagonista (lucha entre enemigos).

La democracia consiste en imaginar cuáles son las instituciones, los mecanismos que permiten crear orden en una situación, que es siempre una situación conflictiva. Por lo tanto, pensar la democracia implica legitimar el conflicto y no negarlo. De lo contrario se nos hace muy difícil pensar la democracia pluralista ya que la misma debe ser concebida como una articulación, es muy importante reconocer el conflicto para imaginar cómo se puede actuar para prevenir esas manifestaciones del antagonismo y para intentar resolverlas en el momento que emergen.

Sin embargo, es importante destacar que no cualquier tipo de conflicto es bueno para una sociedad. Como se mencionó más arriba, en la democracia pluralista debe haber una lucha entre “adversarios” y no enemigos porque a los adversarios se los combate con ideas, con movilización, con elecciones, pero no se los elimina. La idea de enemigo lleva implícita la idea de “aniquilación, eliminación”. El error de Daniel Larusso fue creer que “eliminando” a Cobra Kai el problema se resolvía, cuando en realidad lo que hacía era invisibilizar una idea y un grupo de manera totalmente totalitaria, aumentando de esta manera las situaciones de violencia.

Entender la democracia moderna implica asimilar que no se trata de que “uno existe para eliminar al otro” o que “sólo uno puede existir como verdad universal, como bien común”, sino que se trata de definir los límites y las ideas de manera tan clara que permitan a los ciudadanos movilizar sus pasiones en torno a objetivos democráticos permanentemente (pueden ser liberales, socialdemócratas, neoliberales, ortodoxos, heterodoxos… Cobra Kai o Miyagi Do).  De lo contrario y sosteniendo al interior de cada partido y/o institución la existencia de “temas que no se tocan” o “la no injerencia en ciertas demandas y necesidades” o la tibieza en los discursos junto con la permanencia de relatos hegemónicos que ya no representan los conflictos actuales,  veremos cada vez más las presencia de partidos y movimientos de extrema derecha totalmente radicalizados como vemos alrededor del mundo; además de unos medios de comunicación con más poder para influir en la opinión pública y orientar el movimiento de esas pasiones hacía sus propios objetivos. Si pensamos que existen grupos cuyos objetivos son irreconciliables, y es imposible una convivencia entre ambos, nuestra democracia está fuertemente debilitada, estamos ante la idea de orden Hobbesiano o Schimittiano. Es decir, estamos dando paso al autoritarismo y totalitarismo respectivamente.

Por ejemplo, Chantal Mouffe sostiene que hay que redefinir la cuestión de la izquierda y la derecha, esto no quiere decir revivir viejas distinciones, porque hoy en día se entiende de manera distinta, pero es indispensable reformular los proyectos, quedando claro la diferencia entre ambos para que exista la posibilidad de que las pasiones se muevan hacia alguno de los objetivos con la mayor conciencia y libertad posible. La clarificación de la diferencia no implica necesariamente la exclusión.

El gran desafío para la democracia pluralista es poder tener una sociedad tolerante y pluralista. Esa tolerancia no debería ser entendida en torno peyorativo donde “soporto” al otro sin que me importe lo que hace, sino como la identificación que hay que crear con los valores del pluralismo.

Si Daniel Larusso cree que su Dojo es mejor que Cobra Kai, y Jhonny cree que esta última puede ser distinta, el desafío no está en buscar eliminarse, sino en la re descripción, en la persuasión y en la retórica de cada uno. Se trata de afinar ideas, mejorar discursos, porque en ambos dojos hay discursos misóginos y discriminatorios (en algunos casos más explícitos que otros) a veces por ignorancia y otras mal intencionados. La cuestión está en repensarse y entender que el horizonte, compartiendo con Cahantal Mouffe, es una sociedad tolerante y pluralista.

Lo mismo podemos decir entre los movimientos “por el Derecho a decidir” vs “salvemos las dos vidas” o por “ESI” vs “con mis hijos no te metas” o movimientos conservadores vs movimiento LGTBIQ+, Frente Todos vs Juntos por el Cambio.

Definitivamente la democracia no es algo acabado sino que es frágil, algo nunca definitivamente adquirido, pues no existe ‘umbral de la democracias’ que, una vez logrado, tenga garantizado para siempre su permanencia. Por lo tanto, se trata de la importancia que tiene asumir, desde qué relato hablamos, se trata de entender que los relatos desde el racionalismo-universalismo ya no representan el bien común porque no dan espacio a los nuevos.En conclusión, se podría pensar que ser democrático en este mundo moderno implica ser tolerante y pluralista, por lo tanto, se trata de entender que para conquistar la democracia, defenderla y reivindicarla debemos legitimar el conflicto y darle espacio a que la política sea quien articule y logre un orden. Ser democrático implica entender que este orden se verá resignificado frente a nuevas situaciones conflictivas. Tenemos que asumir que cuando hay conflicto es porque existen hostilidades y desigualdades. La ausencia de conflicto implicaría que esas dos características no existen o los “conflictivos” son sometidos o eliminados. Esto debería ser importante tenerlo en cuenta cuando queremos defender relatos propios frente a los que lo ponen en discusión.

Quizás quien terminó de leer se pregunte “¿Qué carajos tiene que ver esto con Cobra Kai?” bueno, la realidad es que los argumentos de ciertos teóricos políticos para entender las democracias modernas vienen al pelo para pensar la sociedad, el conflicto, la moral, el autoritarismo, la sublevación de los vencidos, excluidos y maltratados desde una “serie pochoclera” que vino a poner en conflicto hasta nuestra identificación con los personajes principales.

María Florencia Ordoñez

Tiempos compartidos

El aborto es legal en Argentina y la calle recobro color en el ocaso de un año para el olvido. A esta altura es claro que si bien una iniciativa política puede resultar determinante a la hora del pitazo final, todo se lo debemos a un movimiento de mujeres que desde hace años lucha para construir este momento. Su protagonismo es tan rotundo que cualquier articulo que aborde esta cuestión debería ser escrito por una de ellas. La idea de estas palabras no es hablar sobre eso sino de que posibilidades tiene el hombre para brindar su apoyo. Entonces ¿Qué le queda al varón en estos tiempos para ser un aliade real? La respuesta no es univoca pero hay una que podría ser elocuente. Mientras su compañera teje alianzas para enfrentar un sistema de poder de raíces tan profundas como tiene el patriarcado, el hombre podría comenzar a militar para obtener una verdadera licencia por paternidad. 

En la actualidad la situación es contundente. El padre según la ley de contrato de trabajo goza de 2 días corridos de licencia. Es decir que si el nacimiento se produce un lunes, el jueves debería presentarse a trabajar. Si no lo hace, se le descuenta el día. Ese y todos los posteriores, incluso el presentismo y cualquier premio adicional.

Si bien existen convenios colectivos de trabajo que amplían la cantidad de días de permiso para los trabajadores, no es una modalidad extendida en la mayoría de las actividades, y aquellas que si lo hacen, tienen como limite máximo una semana de licencia. Tampoco la LCT contempla licencias por paternidad en casos de adopción, ni en matrimonios igualitarios o parejas del mismo género. 

En los últimos tiempos, se presento como un logro una extensión para los trabajadores de CABA. Serian 10 días corridos como máximo.  Es muy difícil pensar una paridad de genero en la reproducción con estos números.

La problemática no es solo local. En paises europeos la cosa viene repartida con picos muy altos como el de Austria, en donde la licencia del padre supera a la de la madre y casos de cero días como Rumania. 

La obtención de la ley por la interrupción voluntaria del embarazo es un paso gigante hacia una sociedad mas justa en donde la mujer pueda decidir sobre su cuerpo. El rol que podemos tener  los varones  para acompañar esas luchas es sumarle otras que si nos correspondan. 

La licencia por paternidad es fundamental para que la maternidad deseada sea justa e igualitaria sino por mas deseada que sea la lógica del patriarcado continua. El hombre a trabajar mientras la mujer cría los hijos. Una verdadera forma de apoyo a ese tremendo movimiento femenino podría surgir desde la humildad. En este caso, bajarse del pilar de privilegios y luchar por tiempo para realizar esas tareas que quizás no sean tan disfrutables. En definitiva, ni mas ni menos que disminuir la brecha de desigualdad en casa.

Ignacio Calza

Que sea ley. La interrupción voluntaria del embarazo, una lectura histórica.

De casi todo puede hacerse una lectura histórica. Las cosas no nacen de un repollo y a los bebés no los trae la cigüeña. El debate de la interrupción voluntaria del embarazo reedita el que tuvo lugar en 2018 y se vislumbran tal vez mayores probabilidades de éxito. La votación en el Senado definirá la cuestión, como todos sabemos. Daniel Filmus ya dijo en 2018 que sólo se estaba discutiendo el cuándo se aprobaría la ley, que se terminaría imponiendo en ese momento o más adelante decantando tras el sentir de los nuevos valores sociales. ¿Será en 2020? Está por verse, sería una forma de terminar el año cristalizando un derecho importante en un devenir tomado por la tragedia del coronavirus y la recesión económica.
2020 no hubiera existido sin 2018. El politólogo Andrés Malamud apuntó que Macri calentó la pava y Alberto Fernández se terminará sirviendo el mate. En 2018, el gobierno habilitó la discusión pero no fogoneó la aprobación del proyecto. La gestión actual acompañó más, con presencia de ministros incluso en la Cámara de Diputados. Con una actitud receptiva, limando el proyecto para lograr adhesiones, incorporando cuestiones clave como la objeción de conciencia. Evitando en general actitudes de apropiación del proyecto y favoreciendo la transversalidad del voto. Si bien la mayoría, cercana al 80 por ciento, del bloque de Juntos por el Cambio se opuso a la iniciativa, la jornada legislativa regaló la curiosa situación del inefable Fernando Iglesias votando lo mismo que Máximo Kirchner. La transversalidad de la que hablaba Néstor Kirchner en sus tiempos inaugurales permitió sumar los necesarios apoyos.
Retomando el recorrido histórico, en 2015 tuvieron lugar las primeras manifestaciones del colectivo Ni una menos, que exteriorizó el problema de la violencia de género no sólo a nivel familiar, microsocial sino discutiendo, interpelando la desigualdad que tenía postergada a las mujeres en numerosos ámbitos de la vida social.
Remontándonos un poco más en el tiempo, la sanción del matrimonio igualitario en 2010. Las sociedades evolucionan, cambian los paradigmas, los valores que configuran el sentido común y la cultura. Hoy casi nadie pone en discusión aquélla ley, lo que evidencia que interpretó los valores de la sociedad, con una disposición inclusiva de las distintas formas de diversidad sexual y tomando cuenta de la complejización de las organizaciones familiares.
Podemos recordar también en 1987, la ley de divorcio vincular durante el gobierno de Alfonsín. El hombre podía separar lo que Dios había unido en matrimonio. En 1947, el voto femenino acaudillado por Eva Perón. Radicalismo, peronismo, la ampliación e incorporación de nuevos derechos que reflejan los cambios sociales e incorporan nuevos valores hacia una sociedad más inclusiva y democrática. El periodista Mario Wainfeld se ocupa a veces de rescatar que incluso en el menemismo, tuvo lugar la buena nueva del fin del servicio militar obligatorio.
Lo central es que, en los sucesos reseñados y en el actual debate de la interrupción voluntaria del embarazo, la sociedad empujó, movilizó a la política a hacerse cargo de esa agenda. Un proyecto que nació de abajo hacia arriba, con la movilización social ampliada, con la marea verde y que encontró tal vez en el actual peronismo el ariete que lo empuje a la concreción. Pero la conquista es social, no hay que perderlo de vista.
Una demostración de esto es que, históricamente, la reivindicación del aborto fue casi exclusiva propiedad de partidos de izquierda acompañados en general de sectores menores de la población. Bregaron por ese derecho de la mujer desde hace muchísimos años, y justo es reconocerlo cuando alcanzó la propuesta aceptación en sectores mucho más vastos de la población. Predicaron en el desierto, y con la evolución de la sociedad, el páramo seco se volvió verde. Los partidos mayoritarios, con posibilidades concretas de gestionar el Estado o encarar la principal oposición, tomaron tradicionalmente posiciones conservadoras o directamente evitaron pronunciarse sobre el tema ante una sociedad en que los valores conservadores del catolicismo seguían constituyendo una parte importante de la cultura o del sentido común. Encarnaron una actitud parecida a la de Cornelio Saavedra respecto al jacobino Mariano Moreno antes de los sucesos del 25 de mayo de 1810. El jefe de los Patricios decía que había que dejar “que las brevas maduren” para la revolución, sin apurarse. En el caso de nuestra coyuntura, esperar que la sociedad estuviera preparada para dar la discusión.
En 2018, se animaron a mandarlo al Congreso, y en 2020 ya la situación se encuentra más madura. Resta la votación en el Senado, no está dicha la última palabra. Queda pendiente la sanción del derecho normativo, la batalla cultural se insinúa mayormente inclinada del lado verde. Verde que te quiero verde. Pero no es una disputa con los celestes, porque para superar el conflicto hay que apostar a una idea de convivencia, tolerancia, transversalidad. En ese sentido, es importante la figura de la objeción de conciencia de parte del médico, para que nadie se encuentre obligado a hacer lo que no quiera respetando sus creencias y principios. Pero resguardando el derecho de la mujer gestante de decidir sobre su cuerpo y su deseo de maternidad en forma segura, dejando atrás la situación de extrema vulnerabilidad subjetiva y sanitaria a que la condenaba una sociedad hipócrita. Una cuestión de ampliación de derechos y de salud pública que ensancha la democracia y la secularización de la sociedad y el Estado, en un país donde hasta los nacimientos y defunciones los anotaba la Iglesia en los tiempos fundacionales. Donde había una plaza y, en su derredor, la casa de gobierno y la Iglesia en cada pueblo. Una secularización progresiva para que aceptemos que las creencias son un derecho completamente respetable pero no deben imponerse como dogma, obligación, sometimiento a todos los otros y otras. Avanzando hacia una sociedad más democrática, con ampliación de derechos y cuidado del otro. Y que sea ley.

Sebastián Giménez. Escritor y trabajador social.

Mordisquito en épocas de aborto.

Resulta que antes no te importaba nada y ahora te importa todo. Sobre todo lo chiquito. Pasaste de  indiferente a activista pasional sin salir de la computadora. Sin salir de tu área de confort. Vos, sí, vos que ya estabas acostumbrado a que la Iglesia manejaba la moral de la Patria y que el feminismo Continúa leyendo Mordisquito en épocas de aborto.

Gambito de Dama: ¿Un juego de suma cero?

Como se dijo en otro texto publicado en Revista Marfil, la ciencia ficción muchas veces ayuda de manera poco convencional a reflexionar lo que sucede en la realidad que transitamos. Una de mis mayores emociones es combinar el mundo cinéfilo con la teoría política que, en lo que a mi respecta consiste en precisar conceptos, ideas, perspectivas (a veces controversiales) para explicar y examinar instituciones y/o prácticas cotidianas. Me sale casi involuntariamente, no lo planeo.

Una de las últimas tendencias de Netflix es “Gambito de Dama” y me pareció interesante analizarla desde esta visión. Considero importante destacar que la miniserie es disruptiva en varios aspectos,  incluso ya se han escrito varios artículos sobre la misma pero quisiera destacar que Beth Harmon, si bien encarna un estereotipo de ajedrecista que coincide con el de mi imaginario su acometida está directamente relacionada con el hecho de ser mujer. Mujer introvertida, adicta, extremadamente dedicada al juego en un mundo en el cual el dominio y esparcimiento estaba enteramente cooptado por  el género masculino.

Quizás podría decirse que la serie es feminista desde diversos aspectos pero, en este caso, me resultó interesante analizarla desde la Teoría de los Juegos. Actualmente conocida como “elección racional”.

No solo existe una relación entre el nombre de la teoría y el contenido de la serie, si no que el contexto de ambas coinciden. El mundo atravesaba la Guerra Fría, geopolíticamente hablando el planeta se convertía en un gran tablero de ajedrez cuyos únicos jugadores “autorizados” a mover las piezas eran Estados Unidos y la URSS. Sin spoilear quisiera reflexionar sobre esto último en relación a la protagonista y su deseo de ganarle a los rusos. Si bien podríamos pensar que la aspiración de Beth solamente era ganarle “al mejor del mundo” como satisfacción personal, también, podríamos considerar que durante ese contexto todas las actividades eran interpeladas por la disputa entre Estados Unidos y Rusia, entre Occidente y Oriente. ¿Se podría pensar que durante toda la Miniserie “Gambito de Dama” se está esperando ese enfrentamiento a través de un juego como el ajedrez? ¿Qué nos dice de esa época (e incluso de la realidad actual)?

Ahora bien, la Teoría de Juegos es un paradigma que surge de supuestos matemáticos que permiten anticiparse a ciertos acontecimientos, presenta un conjunto de cuestiones que las personas deben “satisfacer” por definición para ser consideradas “racionales”. Sus resultados no siempre fueron los más acertados, pues al trasladar predicciones “racionales” a la vida real el panorama se complejiza imposibilitando algunas veces que podamos adelantarnos o predecir qué va a suceder.

La Teoría del Juego  supone que la persona racional posee gran capacidad cognitiva, sabe qué alternativas está enfrentando, las evalúa cuidadosamente, calcula las consecuencias y elige la que –dadas sus preferencias– cree tiene las mejores consecuencias de acuerdo con ella. A lo largo de la serie encontramos una Beth calculadora, estratega, dedicada y en constante formación. Sin embargo, no siempre sus movimientos se dan de manera racional, a veces son intuitivos y otras completamente creativos donde la importancia del fármaco que se consume no es menor. ¿Cuál de todas estos adjetivos la hacían una gran jugadora?¿Existe un orden de prioridad? ¿Podría haber sido mejor o peor si evitaba y/o acentuaba alguno?. Lo cierto es que la racionalidad en los movimientos se torna difícil de analizar cuando los motivos de cada personaje (jugador) son tan diversos. Quizás para el Señor Scheibel  se trataba de honrar el juego, mientras que para Beth era demostrar que era buena para algo y busca sobrevivir en un mundo imprevisible e injusto mediante otro mundo creado alrededor del ajedrez. Tal vez, para los rusos era un trabajo y una cuestión de orgullo nacional. Sea cual sea el motivo el objetivo final era ganar y esto se daba mediante un conflicto puro de suma cero.

Hablar del juego de “Suma Cero” quiere decir que un jugador se beneficia a expensas de otro. Quien triunfa “gana todo”.

Probablemente la persona que esté leyendo este texto podría estar afirmando que todos los conflictos se resuelven mediante la teoría de juegos donde se apela a estrategias y enfrentamientos para la búsqueda del mayor beneficio provocando la victoria o el fracaso . Ahora bien, la pregunta que hago es ¿la jugada se supone racional? ¿se puede anticipar jugada con supuestos casi matemáticos? ¿Qué pasa cuando los motivos son opuestos? ¿hay una sola respuesta para cada enfrentamiento? ¿Existe un único discurso? ¿Realmente hay buenos y malos?¿Pueden convivir contradicciones?

Las jugadas de ambos trascienden lo  individual y expresan la propia estructura social que se encuentra en constante tensión en cada personaje. Como sea, en cualquiera de los casos tenemos creatividad, estrategia, decisión y éxito.

En la actualidad existe un importante caudal de escritos académicos que critican la teoría de los juegos para analizar procesos sociales y políticos  no sólo porque es imposible pensar en términos de “suma cero” sino porque siempre existe el espacio para la negociación incluso en las situaciones más conflictivas. Sin embargo, el sistema de creencias que se extendió durante y pos Guerra Fría nos llega constantemente en forma de series, películas y libros reviviendo viejas discusiones…¿Podemos pensar que hoy en día existen mentalidades de “suma cero” que no dejan margen a la negociación ni a la cooperación, ni siquiera a la contradicción? ¿Será que los conflictos se dan de manera pura? ¿será que existen buenos y malos?

El mundo es complejo y, para quien escribe, en esa complejidad no se admiten los purismos ya que los conflictos de este estilo están más cerca de terminar en tragedia que en éxito, quizás deberíamos finalmente entender el juego como Beth Harmon: decidiendo con determinación y personalidad pero aprendiendo de la estrategia ajena generando espacios de negociación y cooperación  a pesar de que en ciertos momentos parezca una contradicción.

María Florencia Ordoñez, Politóloga