¿Feliz día?

El asunto es que todavía no puede ser feliz. Feliz será el día en que no tengamos miedo de salir a la calle; feliz será el mes en el que no haya más femicidios que días, mejor dicho en el que no haya femicidios; feliz será el día en el que los derechos laborales y los sueldos, entre otras cosas, sean iguales por el mismo trabajo sin importar el sexo; feliz será el día en el que dejen de desaparecer pibas para ser explotadas sexualmente; feliz será el día en el que no existan hombres que hagan chistes sobre una mujer que fue quemada en una parrilla y descuartizada; feliz será el día en el que el aborto sea legal, seguro y gratuito y la ESI, una verdad en todas las escuelas; feliz será el día en el que no sean acosadas las mujeres en la calle, ni con gritos, ni con silbidos,  ni con “piropos” ; feliz será el día en el que todo lo nombrado y mucho más (mutilaciones genitales, obligación de uso de una determinada vestimenta, cárcel o muerte por exigir derechos, y tantas otras cosas que suceden en otros países y aquí también) sea una realidad en el mundo entero.

Vera Suarez

¿Será Justicia?

Para entender el poder judicial, a los fines didácticos, hay que recurrir a los orígenes, a las ficciones de la constitución del Estado Moderno, el cual está compuesto como todos sabemos por el Ejecutivo, Legislativo y Judicial . El mito o fabula contractualista, la cual como corriente jurídica-filosófica postula algo así: “Había una vez unos hombres que vivían en estado natural, pero como son malos querían aprovecharse unos de otros por la fuerza; la guerra permanente era un hecho. Los hombres, entonces en un cuerpo amorfo, deciden entregar parte de su libertad a cambio de seguridad, de leyes que garanticen su vida. Así nace el Estado, en ese contrato originario: Seguridad de la propiedad privada a cambio de reprimir ese salvaje que todo ser humano tiene” siguiendo con el manual Aula Taller de cuarto grado, en las democracias occidentales, los poderes tienen distinta naturaleza: el ejecutivo es un símil monarca, pero sin corona es elegido por el pueblo e intenta llevar a cabo la administración de la cosa pública. El legislativo es el más representativo hacedor de leyes, controlador del ejecutivo.

El  poder Judicial  debería ser el moderador, el árbitro en este juego de poder en el que siempre hay excesos. Así  fue pensado universalmente el Poder Judicial, como un contralor de lo intempestivo que puede ser el Ejecutivo y el Legislativo. Así también se justifican algunas desigualdades: No pagan impuesto a las ganancias, tienen una gran estabilidad en sus empleos y los jueces son inamovibles salvo jury.

Por otro lado, la distancia entre el ciudadano y las leyes se hace más evidente, ¿será una cuestión de falta de educación cívica? ¿Será una sobredosis de televisión? Todos hablan y nadie entiende. Por ejemplo Justicia federal y ordinaria son confundidas constantemente. Para el común de los medios de comunicación hay “una sola Justicia” sin distinciones. Ni que hablar que “Proceso” “Excarcelación” “Imputación” son utilizados con una vaguedad alarmante.   

Otra fantasía recurrente es equiparar el sistema judicial anglosajón con el que tenemos nosotros. La película yanki con el abogado luchando por convencer al jurado no se da aquí, salvo la excepción experimental en Córdoba. Tal como decía Robert Frost “El jurado está compuesto por doce personas elegidas para decidir quién tiene el mejor abogado”

Volviendo a la distinción entre la justicia federal (que es la que vemos en el tele) y la ordinaria, la principal cuestión es tener en consideración nuestro sistema; supuestamente somos Federales, como dice el versito de nuestras regla de juego más importante como lo es la Constitución Nacional. Forma de Gobierno: representativa, republicana y federal. La síntesis para aproximarlos al tema, es que las provincias han delegado en el poder central ciertos poderes y otros no, temas conflictivos respecto a tratados con las naciones extranjeras; las  causas en que la Nación sea parte (ejemplo: El estado contra alguna empresa privada); causas concernientes a embajadores, ministros públicos y cónsules extranjeros; Los delitos contra el fisco nacional; Narcotráfico. Son algunos de los temas en los que versa la justicia federal. Sin duda, el más importante, su ancho de espadas: los delitos contra la administración pública llevados a cabo por funcionarios públicos del Estado Nacional. A esto se le llama competencia, en este caso competencia federal. La ordinaria por ejemplo sería el caso de un delito común y corriente como afanarse un pingüino de un restaurant, un hurto digamos, en ese caso actuaría la competencia ordinaria.

Si algo tiene el aparato judicial es que, desde el mismo lenguaje, apartan del debate público a la sociedad. Las palabras floreadas y técnicas intentan dificultar cuestiones que no lo son. Aplica como decía Scalabrini respecto a la economía; “Estos asuntos de economía y finanzas son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Solo requieren saber sumar y restar. Cuando usted no entiende una cosa, pregunte hasta que la entienda. Si no la entiende es que están tratando de robarlo. Cuando usted entienda eso, ya habrá aprendido a defender la patria en el orden inmaterial de los conceptos económicos y financieros”.  Lo mismo sucede con el derecho y el funcionamiento de la justicia.

El poder judicial  fue pensado universalmente, como un contralor de lo intempestivo que puede ser el Ejecutivo y el Legislativo.  No es sólo cosas de abogados, la profunda crisis de credibilidad que tiene el poder judicial en nuestro país, parecía encontrar un resguardo o un reparo en la corte de 2003-2015 , en la cual,  el último interprete de la constitución, tenia entre sus filas a Petracchi, Zaffaroni , Argibay. Excelsos cuadros del derecho, cada uno en su campo e independientes. Fue un avance en  idoneidad de sus integrantes y proyección jurídica de avanzada. Desde 2015, con dos jueces nombrados por decreto por Macri comienza el declive, que hoy encuentra su máxima expresión jugando para las corporaciones más poderosas del país

Cristina Kirchner marca el pulso con su declaración en la causa de “Dólar Futuro”. Una declaración histórica, en la cuál dijo en la cara a los jueces su participación y descripción del Lawfare. Esto es explicado por el abogado Maximiliano Rusconi “Elegido un sector, por ejemplo político, como enemigo, la ley y los procedimientos judiciales son utilizados por los agentes públicos como una forma de perseguir a aquellos que fueron estigmatizados como enemigos”

El star system mediatico comenzó como era previsible la simplificación de la cuestión, transformándolo, como siempre en un slogan: Ataque a la justicia de los K

Nunca es el momento, nunca hay suficiente legitimidad, siempre es un ataque modificar las estructuras de poder más arcaicas de la argentina. Pero alguna vez hay que hacerlo.

Carlo Magno

Mordisquito en épocas de aborto.

Resulta que antes no te importaba nada y ahora te importa todo. Sobre todo lo chiquito. Pasaste de  indiferente a activista pasional sin salir de la computadora. Sin salir de tu área de confort. Vos, sí, vos que ya estabas acostumbrado a que la Iglesia manejaba la moral de la Patria y que el feminismo Continúa leyendo Mordisquito en épocas de aborto.

Las buenas vinieron de afuera

Uno trata generalmente de escribir sobre lo que conoce, y por eso pocas veces lo hago sobre los países vecinos o los del viejo continente, salvo para tomar el conocimiento o sentido común que se reproduce en algunos medios de comunicación. No significa que crea todo, y muy lejos estoy de encandilarme con los índices macroeconómicos de esas urbes, casi todas con mejores indicadores que la Argentina. Ya estoy cansado de esos índices como el PBI per cápita, y entonces el millonario tiene mil millones, el pobre mil pesos y el PBI per cápita es un poco más de quinientos millones por cabeza. Que me dejen de joder con esas cosas. No me inmutan esas consignas que gritan algunos “hay que irse a Uruguay”, haciendo hincapié en la presunta liberalidad de un Presidente fachero.

En uno de esos noticieros que se habían subido a esa ola mandaron un corresponsal, que les pasó el costo de vida en el país oriental en dólares y se les fue la alegría enseguida. Pero la información del enviado también adolecía de carencias, porque no me importa el costo de la vida en dólares si no tenemos idea del salario promedio, cosa que no se le ocurrió indagar.

Por eso, no saco conclusiones ni positivas ni negativas de esas cosas. Cada país es cada país, con sus ventajas y problemas que experimentan los que ahí viven, y el resto es fábula.  Y, por lo general, uno experimenta muchas veces que es una mierda el país donde vive y que el que trae la televisión es maravilloso. Siempre un poco que queremos lo que no tenemos. Yo tengo un amigo que me dice: Perú; Paraguay; Uruguay, todos están mejor que nosotros. Si me sale una oportunidad, me voy a la mierda. Yo lo miro y pienso que cuando esté allá, va a decir que era mejor la Argentina. Pero no porque sea verdad, sino porque lo que está lejos siempre tiene el beneficio de la distancia que le borronea los defectos. Una cosa es ver a las estrellas de Hollywood en una película y otra convivir con ellos o ellas los trecientos sesenta y cinco días del año.

Pero esta semana, en que el coronavirus se esparce peligrosamente por algunas localidades del interior del país, los hechos positivos vinieron de afuera. O de adentro, de la Patria Grande, esa designación que quiere saltar las fronteras. Hubo elecciones en Bolivia, recuperándose la democracia y quedando atrás un gobierno de facto lamentable tanto en cuanto a ideas reaccionarias como en la violencia que utilizó para imponerlas. No abriré juicio sobre la situación general del país que no conozco al detalle, pero de la victoria aplastante del MAS boliviano deduzco que esos hombres no habrán hecho tantas cosas terribles como se decía hace poco. Su candidato Luis Arce fue respaldado por el cincuenta y cinco por ciento de los bolivianos, o sea algo bueno habrán hecho. O sus rivales son todavía peores, como dijo una vez Perón cuando partía rumbo al exilio obligado, como en este caso Evo Morales. Un triunfo democrático contundente, y tal vez la enseñanza para el MAS y el pueblo boliviano de que no es bueno ser rehén de personalismos, siendo saludable el empoderamiento de otros líderes para robustecer el movimiento y asegurar el predominio de la voluntad popular.

La otra noticia buena tuvo lugar allende la Cordillera de los Andes, en Chile. En los 90, Ignacio Copani cantaba un tema al que tituló ¿Cuándo será al revés? En la canción rimada, consignaba cosas de nuestro país imposibles de que sucedieran: “¿cuándo informará Asociated Press: vuelta de divisas, vuelve de Suiza la plata dulce que se me fue”. Y hablaba de Chile también y decía: “¿cuándo habrá pan sin sed, cuándo sol sin llagas, y Chile sin Pinochet?”. Y ese día que parecía imposible llegó, cristalizado este 25 de octubre de 2020. Porque el pinochetismo sobrevivía como rémora en su Constitución legada, que nadie se atrevió a reformar por años. Un régimen que sobrevivía con inercia costumbrista hasta que lo desafió la juventud cuando al Presidente se le ocurrió subir el precio del metro. Y se movilizó el pueblo llenando decenas de veces las plazas y haciendo que la reversa en la decisión del gobierno llegara a destiempo, sobrepasada por la ola de indignación. Ya no se arreglaba bajando el precio del metro, sino que se empoderaron otras demandas del pueblo y la juventud sojuzgados. El régimen de privilegio tembló acudiendo a la represión y también a la consulta popular que aprobó la reforma constitucional con el 78 por ciento de los votos. Que enterrará la carta magna de Pinochett, habrá que ver si sólo adecuará las formas a la sociedad democrática o avanzará en medidas de transformación social. Eso es lo que está por verse en el país hermano. Una semana movida en que la historia grande pareció escribirse en estos dos países vecinos. En que las buenas nuevas, vinieron de afuera.

Sebastián Giménez. Escritor y trabajador social

Que empieza la primavera

Qué semana tremenda pasó. Y entre las dos últimas, madre de Dios. Dos semanas que parecieron dos meses en un recorrido sobre el altiplano del crecimiento de los casos en torno a los doce mil diarios y más allá. Se agotó la estrategia o el aval prestado por la sociedad a la cuarentena, si el Presidente Alberto Fernández ya lo había casi admitido dos anuncios atrás, esta vez el mensaje lo leyó una locutora. De los cinco minutos en video editado en el anuncio anterior de extensión del aislamiento a otro material audiovisual que duró la mitad del tiempo. Una estrategia comunicacional que no parece adecuada a los tiempos que estamos viviendo. Transitando la planicie eterna y elevada, interpreto que hubiera sido necesaria la exposición personal del Presidente, como una especie de bálsamo y para no exteriorizar de forma tan evidente que la estrategia epidemiológica se agotó.

Se agotaron las políticas sociales demasiado pronto, el IFE, las ATP y no había más ni rascando con una cuchara el fondo de la olla. Se agotaron o no fueron suficientes las reservas del Banco Central, y tuvo lugar una devaluación más o menos encubierta con la imposición de otro impuesto al dólar ahorro, que se conseguía a cien pesos y ahora a ciento treinta. Se agotó la posibilidad del país de financiarse con deuda por el endeudamiento colosal de la anterior gestión. La reestructuración exitosa implicó una quita, pero la situación no es fácil. Hay como cuatro valores del dólar, ojalá los precios del supermercado tomen en cuenta el oficial, pero es difícil en el país en que se necesita el billete verde para tantas cosas y donde no le conocemos la cara casi al Secretario de Comercio Interior que debería controlar que la espiral inflacionaria no erosione el poder adquisitivo de los sectores populares.

Se agotaron los dólares, la cuarentena y el triunvirato de la unidad política. Las armas de la política parecieron cargadas de impotencia en algunas declaraciones: que el dólar blue es ilegal y están los narcos comprando en cuevas; que el gobierno anterior permitió que se fugaran las divisas endeudándonos hasta el tuétano. Todo es cierto en algún punto, y también es verdad que ya se sabía antes de comenzar la gestión. Elaborar respuestas que trasciendan las excusas se vuelve urgente, y en particular contener el precio de los productos de primera necesidad en un contexto de apertura progresiva. 

Una semana durísima, que ya ni ganas de escribir uno tenía. Que prendés la tele, cambiás de canal, y qué difícil encontrar una buena, un pequeño oasis por lo menos para atravesar la planicie desértica. Recuerdo a mi abuela Felisa que vivió sus últimos años en nuestra casa sobre finales de la década del 90. Ella, después de almorzar dormía la siesta. A las 16 hs, prendía la tele y miraba a Roberto Galán. Luego, Gente que Busca Gente y algunos novelones. A las 20 hs, ponía Nuevediario y me decía: voy a ver el informativo a ver qué pasó. Luego, volvían los novelones de Luisa Kuliok y Arnaldo André. Una hora veía el noticiero de las seis que pasaba frente a la pantalla. No había TN, C5N y todos esos canales de noticias las 24 horas del día. 

Visto en paralelo, tenemos hoy un exceso de realidad que en aquéllos tiempos se disolvía entre programas vacuos, de entretenimiento. Un exceso de realidad de por sí nocivo en los momentos habituales, ni que hablar en estos tiempos de pandemia. En que llegamos al altiplano desértico, agotados, atormentados todo el día con las cifras y donde el capitán del barco mandó un mensaje poco contundente desde atrás de la pantalla y leído por interpósita persona. 

Tiempos duros, difíciles, en que es primordial dar la cara aunque sea para golpearla, le parece a este humilde escriba. En estos momentos de un exceso de realidad triste, trágico. Y un agotamiento que parece envolverlo todo. Tiempo en que la política debe volver a las mejores armas, de construir un imaginario, una utopía y pequeños logros a alcanzar. Meterle un poco de trascendencia al exceso de realidad y a la coyuntura de flagelo. Dejar de mirarse los pies por temor a tropezar, fijar la vista en el horizonte. Que, aún en medio de nubarrones y tempestades, empieza la primavera.

Sebastián Giménez. Escritor y trabajador social.

Policías en acción

Hace unos días escuché una entrevista radial a José Pablo Feinmann, que luego de superar otra enfermedad, está más lucido que nunca y cuándo le preguntaron por las protestas en la cuarentena y si la oposición ganaba la calle, José Pablo dijo algo así como “Nadie gana algo que no está en disputa” y es absolutamente así. Nosotros no somos irresponsables como ellos, no vamos a poner en peligro a los demás, entendemos que estamos en una pandemia histórica y mundial.

La semana comienza con la foto del desacato policial, que es desestabilizador, no hay dudas. Pero la película comienza cuando el gobierno declara internet como servicio esencial. Suenan los clarines de la guerra y las tapas de los diarios… desde ese momento la oposición amenaza con bloquear el Congreso, se pone en discusión si este gobierno protege la propiedad privada o si, por el contrario, el anarcokirchenrismo comunista ha vuelto para dar lugar a la reforma agraria.

La policía ayer rodeo la casa de gobierno del gobernador en la Plata. Juntos por el cambio hecha leña a un fuego que, si se expande, de seguro no puede controlar. Nadie puede controlar una fuerza policial desbocada.

Los reclamos salariales de parte de quién ejerce el monopolio de la fuerza estatal, son bien diferentes a los de los trabajadores de un frigorífico que cierra. No hay interlocutor posible y su sindicato fue desestimado hasta incluso por la corte suprema.

Al peronismo cuando es oposición le piden cautela, calma, para adentro el discurso de “No seamos destituyentes” se dice y se cumple. Tal vez porque es un estigma o porque los gorilas imbéciles que no pueden gobernar ni un comité, buscan excusas en todos lados.  En fin nosotros somos prudentes. ¿Qué clase de locura está haciendo la oposición en estos nueve meses? Los muchachos que defienden la república, los valores democráticos, se quieren llevar puesto al Presidente. Ningún policía mueve un dedo sin el aval de sectores políticos.

No muevan tanto el avispero, porque si algo tiene el peronismo y lo ha demostrado en su recorrido histórico, es que estamos hechos para resistir y la calle siempre será nuestra.

Carlo Magno

¡Cuando podamos salir!

La gente comía choripanes y sánguches de bondiola con huevo frito a las nueve de la mañana del diez de diciembre de 2019 en los alrededores de la Plaza de Mayo. En unas horas el lugar será un hervidero de gente eufórica, pero a las nueve de la mañana los más ansiosos estaban sentados en el cordón de la vereda o se apoyaban contra las paredes cerca de la parrilla ambulante con su pedazo de carne entre dos panes. No podían esperar para sacarse las ganas. Querían ser los primeros en comer un chori en la Plaza de Mayo el primer día en que el peronismo volvía a tomar la sartén por el mango después de cuatro años.

Algunas horas después, ya con el bastón presidencial en manos de Alberto Fernández, todo será algarabía y reventarse la garganta a gritos y meterse en las fuentes de agua de lapla plaza  saltary gritar y festejar. Porque veníamos de cuatro años de un mal sueño, de aguantarnos las ganas.

Pero la gente comía con alegría y desahogo su sánguche de carne y huevo frito a la hora del desayuno en diciembre bajo un sol que ya empezaba a pegar duro. Querían ser los primeros choriplaneros, haciendo gala de esa maravillosa cualidad que tiene el peronismo – tan bien explicado por Pedro Saborido en el programa de Felipe Pigna para Radio Nacional (https://www.youtube.com/watch?v=P776OgBO-00) – de apropiarse de las injurias que le lanza la contra y hacerlas bandera. Ahí estaban los choriplaneros, después de cuatro años.

En estos días de encierro, en los que muchos vamos solo de la casa al trabajo y del trabajo a la casa, vino muchas veces a mi cabeza aquella escena del día de la asunción de Alberto Fernández. Así estamos muchos. Esperando poder salir, hacernos escuchar, movilizarnos, abrazarnos. Nos diferenciamos ahora y nos diferenciaremos entonces. Porque para nosotros la vida vale, la nuestra y la de ellos. Por eso no salimos. Porque decidimos cuidarnos y cuidarlos, sin victimizarnos. ¡Ah, Pero cuando podamos salir! Cuando podamos salir vamos a reventar las plazas, porque estamos esperando a poder salir para comernos todos los choripanes del mundo y tomarnos toda la cerveza del universo y nos vamos a abrazar y vamos a ser felices, como solo se puede ser en los días peronistas. Y van a ver que distintos somos.

Sebastián Pujol.

El virus estatal

Por estos días circulaba por la red, un chiste de un tipo que decía que estaba con fiebre, tos y dolor de espalda. Por lo tanto, iba a consultar a un economista. Y es que el discurso económico liberal que nos atraviesa realiza permanentemente analogías médicas: La salud de la economía, depresión, sanear las finanzas, la emisión tóxica. Siguiendo con la parábola médicas, los muchachos repiten las “recetas” y han errado consistentemente los “Diagnósticos”. Aquí y allá son consultadas estas eminencias econoclínicas que ven a la sociedad y las economías como cuerpos amorfos a los cuales hay que sanar del virus estatal. Para más escándalo se pasean por los sets de televisión gritando a los cuatro vientos acerca de la Pandemia Económica, incluso opinando sobre cuestiones de la administración de la enfermedad y qué acciones u omisiones que debería hacer el poder ejecutivo. Nefastos.

El discurso económico ha sido presentado como un conocimiento aséptico, el establishment intenta alejarlo de lo que es: Una ciencia social. Casi como una obsesión, la analogía médica es permanente. Con voz grave y firme siempre tienen la certeza de qué acciones se deben tomar, describen los remedios y el estado del paciente. Como si hubiese leyes físicas, sus intervenciones son fórmulas: La emisión genera inflación.

El mundo está destruyendo los dogmas, los argumentos de las tesis liberales, los Salieris de Friedman, ahora que estamos pasando por una crisis sanitaria-social- económica, repiten como un mantra que el Estado debe retirarse de toda función en la esfera privada. Qué pasaría con una sociedad como la que desean basada en su máxima “Laissez faire et laissez passer; le monde va de lui même” (Dejen hacer y dejen pasar, el mundo va solo). Paradójicamente en argentina los economistas liberales tienen un espacio mediático relevante, usando su terminología hay un rebrote liberal.

Tiene que ver, pienso yo, con que el macrismo no sólo hizo daño económico y social, culturalmente habilitó discursos que hasta hace unos años parecían saldados que estaban dormidos u olvidados. Negacionismo de la dictadura, odio a los pobres y una re escritura liberal de la historia económica. El resurgimiento del discurso neoliberal en lo económico, roza lo payasesco, pero que tiene una prensa y una cantidad de seguidores alarmante ¿El estado debe retirarse de toda función social?; ¿Las leyes laborales sólo sirven para estancar a la economía?; ¿Los pobres lo son porque no tienen cultura de trabajo?; ¿La política es una mierda?; ¿Para qué existen los sindicalistas?; ¿No habría que matarlos a todos?

Nadie sabe, hoy más que nunca, que mundo viviremos, todo es incertidumbre a nivel nacional e internacional. Lo que es seguro es que el paradigma de sociedad está cambiando.  Cómo será el Estado post pandémico. Nadie lo sabe, qué será del sueño americano, cuando por todos lados se convierte en pesadilla.

Los muchachos liberales, portavoces de los grandes poderes económicos, quieren a la gente trabajando porque el trabajo es salud, salud para sus patrimonios. Jamás entenderían que esa normalidad a la cual refieren no existirá en el corto plazo. Es una pandemia, no el efecto tequila, no es la crisis del petróleo. Es una pandemia.

Mientras hoy nuestra agenda periodística se encuentra enmarcada, en la salida de los personas privadas de su libertad, con todo tipo de operaciones para infundir temor a la población. Se retrasa el tratamiento del impuesto a las grandes fortunas. Desde que se presento el proyecto hemos visto correr todo tipo de operaciones: Techint la fortuna más grande de argentina pone en la calle a 1500 personas; Médicos Espías Cubanos; Sueldos de los políticos-Judiciales; Presos Orcos que saldrán a matar gente, sacar a la gente a la calle a cómo de lugar. No sabremos qué nos deparará la próxima opereta. Pero son aullidos de dolor y conflicto. Nunca es fácil cuando debe cambiar un sistema económico y social, siempre es traumático. Mientras tanto los muchachos liberales,  buscan a contra reloj matar al virus estatal, el monstruo no debe expandirse.

Carlo Magno

Good Bye Michael

Muy tristes por el fallecimiento de Michael Robinson , creador de Informe Robinson. Otra forma de hacer periodismo deportivo de calidad, profundidad y honestidad. Les dejamos una de sus emisiones.

Good Bye Michael.

Un poco de Tonucci y otro tanto de Fernández

Por una buena patria en tiempos de coronavirus

El sábado 25 de abril tuvo lugar un seminario del pedagogo italiano Francesco Tonucci titulado “Por una buena escuela en tiempos de coronavirus”, que tuvimos el gusto de ver en casa junto a mi mujer mientras los chicos se entretenían con películas de Netflix o completando tareas virtuales. La exposición fue muy interesante, donde el pedagogo brindó herramientas sencillas a docentes y familias para que la escuela pudiera recrear su función educadora de alguna manera en la casa de cada alumno. Dio pistas de propuestas simples con lo que los chicos tuvieran a mano y respetando sus gustos e intereses. Terminó su exposición de forma original construyendo con una simple tijera y una hoja doblada un caballo de papel, al que impulsó con un breve soplido hasta hacerlo desaparecer de la pantalla. Lo que transmitió su ponencia es que la escuela debía superarse a sí misma, destacando el gran protagonismo que tenían los docentes en esa gesta.

La conferencia terminó a las 16 hs hora argentina y pusimos la tele esperando la conferencia de Alberto Fernández, habida cuenta de que la fase de la cuarentena preveía como último día el 26 de abril. Una hora, dos horas. Los reporteros siguen diciendo que es inminente la palabra del Presidente pero el tiempo sigue pasando. Y uno merienda, sale a pasear al perro brevemente hasta la esquina y vuelve. El Presidente comienza a hablar sobre las 21 hs, hecho que coincide con el aplauso desde los balcones como reconocimiento al personal de salud que enfrenta la Pandemia. “Vamoosss Albertooooo”, se oye gritar a una vecina no sabemos de qué lugar, infaltable como todos los días, pero este hecho no demuestra para nada la verdad del tweet sin dudas exagerado de Daniel Filmus diciendo que la gente sale a aplaudir al gobierno.

Mira a las cámaras el Presidente, junto a él algunos miembros conspicuos de su Gabinete de Ministros, y el área de Salud con dos representantes. Comienza agradeciendo el esfuerzo de los argentinos y aduciendo que por la observancia de las indicaciones sanitarias el daño provocado por la enfermedad se mantiene en niveles controlados. Muestra el dibujo de la maldita curva, ascendente pero insinuando una meseta.

Dice también que no ignora el impacto económico y que esto provocará conflictos. Afirma que algunos bien intencionados (y otros no tanto) propugnan por la vuelta normal al trabajo pero aún no ha llegado esa instancia. Por otro lado, el ejemplo de la situación preocupante que están viviendo los países que apostaron a mantener las actividades económicas con un aumento exponencial de los contagios y fallecidos no hacen más que darle la razón. Pero esta vez no aludió a la comparación con ninguna otra urbe, probablemente acusando recibo de las quejas realizadas por representantes de otros países con motivo de su exposición de varios días atrás.

En el cuadro de las fases de la cuarentena, indicó que estamos a mitad de camino, lejos del punto de partida pero también del de llegada. Avanzamos, pero aún no se ha logrado nada. Una transición que se insinúa larga pero la situación varía segundo a segundo, día a día ni hablar. Define que las ciudades con población mayor a los quinientos mil habitantes seguirán con la cuarentena estricta. En un mapa lo explica. Donde hay más aglomeración, mayor es el riesgo de contagio. Se podría flexibilizar la cuarentena en las localidades de menor cantidad de habitantes pero cumpliendo ciertos requisitos. Pero el lema general parece: “dentro de la cuarentena, todo; fuera de la cuarentena, nada”.

Las diapositivas y sus transiciones funcionan de apoyo a su retórica docente de profesor de la UBA. Y me puse a pensar en que había algunos puntos de encuentro entre las ideas del seminario de Tonucci y la exposición del Presidente. El pedagogo apuntó a que, cuando todo vuelva a la normalidad, el gobierno italiano debía dar un reconocimiento especial a los niños, por haber pasado estoicamente la cuarentena y cuidado a sus mayores. El Presidente también habló de los niños, habilitando la posibilidad de una salida diaria de una hora de duración y reconociendo cómo habían cumplido con el aislamiento social preventivo y obligatorio. Dijo que los médicos y personal de salud eran los héroes y los chicos los campeones.

Otra cosa que me pareció que podían tener en común el Seminario y la conferencia de prensa es que Tonucci habló de que la crisis constituía una oportunidad para la Escuela de no continuar siendo la misma, que la iba a obligar a cambiar de alguna forma y aún contra sus elementos constitutivos y más conservadores. También podemos interpretar lo mismo para este momento complejísimo, difícil y doloroso, como dijo el Presidente, que vive la Argentina. La salud nos unió, ensayó Alberto Fernández. No es poco. Como dice aquélla máxima nietzcheana: “lo que no te mata, te fortalece”. Fortalecer el Estado, la capacidad de decisión política y la integración social para poder llegar de alguna manera a ayudar a todos son los desafíos del ahora y el después. Lo que quedó claro es que falta mucho. Estamos recién a mitad de camino. Y esta situación límite sin dudas puede constituir también un fenomenal aprendizaje social. Parafraseando el título del seminario de Tonucci, ojalá la crisis sirva para construir una buena patria, en tiempos de coronavirus. Y después también.

Por Sebastián Giménez. Escritor. Trabajador Social.