Lo personal es político

La ciencia ficción a veces funciona como disparador para entender la realidad, los fenómenos políticos e incluso la misma condición humana. Existen determinadas series o películas que resultan sorpresivamente interesantes para analizar alguna teoría política o directamente para entender que muchas veces por más que queramos desentendernos de la política, nuestras decisiones y estilos de vida generan un relato que terminan por describir una determinada realidad. Esta va a determinar situaciones de exclusión e inclusión y establecer relaciones de poder donde, según las circunstancias, seremos oprimidos u opresores.

Me gustaría hablar de una serie que nos muestra cómo determinados acontecimientos ponen en discusión los relatos (hasta el momento establecidos) iniciando una batalla donde los personajes buscarán imponer el suyo como idea hegemónica. Si bien siempre estoy haciendo referencia a la serie, los conceptos y análisis vertidos son perfectamente aplicables a la realidad que nos rodea. Nuestra vida cotidiana se construye de relatos, relatos que se van afianzando o alterando a medida que la vamos transitando y chocamos con otros que entran en conflicto con el desarrollo de nuestra propia existencia. Existencia que se da en un mundo donde la palabra hostil queda chica y la de igualdad le queda grande.

No es de extrañar que a la hora de pensar series políticas pensemos  en House Of Cards,

Games Of Thrones, El Cuento de la Criada, como también en trilogías como Los Juegos del Hambre o el Señor de los Anillos, sólo por mencionar algunas. En todas ellas aparece el juego de poder, la reorganización del Estado y cómo instituciones que venían a normalizar el comportamiento de la sociedad se enfrentan a la sublevación de los oprimidos generando en la mayoría de los casos episodios épicos que quedan en nuestra memoria ya sea por alegría o por desgracia (la última temporada de Games Of Thrones merece un capítulo aparte). Sin embargo, existe otro tipo de serie donde los conflictos políticos como los conocemos no son tan evidentes, pero se pueden encontrar un sinfín de herramientas que ayudan a generar una reflexión política para los tiempos que corren. Un ejemplo de ello es la serie Cobra Kai subida hace poco a la plataforma de streaming Netflix que no es ni más ni menos que el Spinoff de Karate Kid.

Sí, aquella que nos hizo encariñar con el Señor Miyagi, empatizar con Daniel Larusso (Daniel San para todxs) y sobre todo odiar a Cobra Kai. Por más de treinta años tanto los personajes como nosotrxs asumimos y estábamos de acuerdo sobre quiénes eran los buenos, quiénes los malos y cuál era el verdadero Karate, convirtiéndose esto en un orden establecido y fácilmente asimilable. Por comodidad o ignorancia asumimos que esa era la verdad.

Ahora bien, qué pasó con nosotros cuando un acontecimiento se presenta ante nuestros ojos de manera completamente irruptiva, poniendo en duda todo lo que creíamos correcto hasta ese momento. La Cobra Kai del 2020 viene a poner sobre la mesa una nueva dimensión, viene a poner en conflicto todo aquello que tanto Daniel como nosotrxs creíamos correcto y sobre la que hemos construido infinidades de expresiones simbólicas.

Según Chantal Mouffe (filósofa y politóloga belga) y su teoría sobre el “pluralismo agonista”, para entender la democracia moderna debemos hacerlo desde una lógica de la autoafirmación separada de lógica del racionalismo-universalismo es decir debemos dejar de pensar que las preguntas son siempres las mismas por lo que cabrían las mismas respuestas o quizás renovadas pero siempre a los mismos interrogantes. Es preciso poner en discusión estas preguntas y dar espacio a nuevos interrogantes que tienen poco, mucho o nada que ver con lo que conocíamos hasta el momento. Por la serie pudimos conocer cómo el Jhonny niño y adolescente, a través de Cobra Kai, logra construir un relato sobre sí mismo donde la disciplina de “golpear primero, golpear duro, sin piedad” no sólo le había permitido gozar de ciertos privilegios, si no que se transformó en una filosofía de vida, en una forma de entender las relaciones entre las personas. Perdida la batalla final contra Larusso y ser casi ahorcado por su sensei quien representaba un padre para él, su mundo, su orden se vió trastocado por este acontecimiento que hizo poner en duda sus valores éticos y morales, vió derrumbarse cada uno de sus privilegios frente al nuevo relato que se impartía donde los ganadores eran “los otros”. Los buenos y exitosos a partir de ahora, eran “los otros”, los invisibilizados, los excluidos, los diferentes: Daniel y el dojo de Miyagi.  Jhonny comienza a transitar un camino de penurias e insatisfacciones en un mundo que constantemente le hace saber lo desgraciado que es.

Por otro lado, Daniel transita una vida de aventuras donde el karate de su sensei le va dando toda una filosofía de vida que lo lleva a alcanzar ciertos privilegios y de preponderancia moral, y donde Cobra kai ya no existe para quitárselos porque él mismo se encargó de generar condiciones para que así sea.

Johnny Lawrence, a partir de la contingencia de un joven que le solicita aprender karate, y cansado de su propia insatisfacción, decide reinventar el espacio que supo acompañar a varios adolescentes y que tantas alegrías le dio, pero esta vez intenta hacer una mejor Cobra Kai. Lo que no esperaba era que eso significaba trastocar el orden establecido y los privilegios de Daniel Larusso.

La serie, más allá de las típicas historias adolescentes, trata sobre el conflicto entre ellos dos, entre dos ideas sobre una misma práctica. Trata sobre el lugar que ocupan los malos y los buenos y qué pasa cuando ese límite se ve desdibujado por el mismo accionar de sus protagonistas. El conflicto se visibiliza de tal manera que uno intentará convivir planteando la competencia y demostrando que también son una buena opción, mientras que el otro intentará eliminarlo planteando que su moral, educación y valores son superiores reafirmando quiénes son los malos y quiénes son los buenos. Argumento que terminará por asimilarse por los mismos alumnos de cada dojo.

Antes de seguir y terminar de spoilear la serie me gustaría destacar que en cada diálogo y en cada argumento que los protagonistas tienen para autoafirmarse como el mejor se puede reflexionar sobre el juego de la democracia moderna y la idea de pluralismo siguiendo lo planteado por Chantal Mouffe.

Podríamos pensar, y acá es donde se pide disculpas por el exagerado análisis, la democracia y ante qué nos enfrentamos en nuestra realidad política. Cobra Kai es a Miyagi Do lo que es el intervencionismo al neoliberalismo. Es lo que la cuestión de género es a la heteronormativa, o el feminismo al patriarcado. Movimientos sociales que buscan transformar el orden imperante y autoafirmarse dentro una “racionalidad-universal” que los excluye y menosprecia. El conflicto es personal y político. El problema está cuando uno cree que para subsistir necesita eliminar al otro, en vez de repensar los alcances y límites de cada grupo definiendo claramente la propuesta de cada uno.

Chanta Mouffe dirá que el antagonismo es una dimensión propia de las relaciones humanas y por lo tanto es inerradicable, es decir siempre que nos relacionamos a un “otro” estamos ante una dimensión conflictiva. Ahora bien, esto no implica pensarlo en los términos de Hobbes como una guerra de todos contra todos donde la única forma de establecer el orden es a través del autoritarismo o como Schmitt por el totalitarismo, donde el otro queda resumido al sometimiento permanente o a la eliminación. Para pensar la democracia debemos hacerlo desde una perspectiva agonista (lucha entre adversarios) y no antagonista (lucha entre enemigos).

La democracia consiste en imaginar cuáles son las instituciones, los mecanismos que permiten crear orden en una situación, que es siempre una situación conflictiva. Por lo tanto, pensar la democracia implica legitimar el conflicto y no negarlo. De lo contrario se nos hace muy difícil pensar la democracia pluralista ya que la misma debe ser concebida como una articulación, es muy importante reconocer el conflicto para imaginar cómo se puede actuar para prevenir esas manifestaciones del antagonismo y para intentar resolverlas en el momento que emergen.

Sin embargo, es importante destacar que no cualquier tipo de conflicto es bueno para una sociedad. Como se mencionó más arriba, en la democracia pluralista debe haber una lucha entre “adversarios” y no enemigos porque a los adversarios se los combate con ideas, con movilización, con elecciones, pero no se los elimina. La idea de enemigo lleva implícita la idea de “aniquilación, eliminación”. El error de Daniel Larusso fue creer que “eliminando” a Cobra Kai el problema se resolvía, cuando en realidad lo que hacía era invisibilizar una idea y un grupo de manera totalmente totalitaria, aumentando de esta manera las situaciones de violencia.

Entender la democracia moderna implica asimilar que no se trata de que “uno existe para eliminar al otro” o que “sólo uno puede existir como verdad universal, como bien común”, sino que se trata de definir los límites y las ideas de manera tan clara que permitan a los ciudadanos movilizar sus pasiones en torno a objetivos democráticos permanentemente (pueden ser liberales, socialdemócratas, neoliberales, ortodoxos, heterodoxos… Cobra Kai o Miyagi Do).  De lo contrario y sosteniendo al interior de cada partido y/o institución la existencia de “temas que no se tocan” o “la no injerencia en ciertas demandas y necesidades” o la tibieza en los discursos junto con la permanencia de relatos hegemónicos que ya no representan los conflictos actuales,  veremos cada vez más las presencia de partidos y movimientos de extrema derecha totalmente radicalizados como vemos alrededor del mundo; además de unos medios de comunicación con más poder para influir en la opinión pública y orientar el movimiento de esas pasiones hacía sus propios objetivos. Si pensamos que existen grupos cuyos objetivos son irreconciliables, y es imposible una convivencia entre ambos, nuestra democracia está fuertemente debilitada, estamos ante la idea de orden Hobbesiano o Schimittiano. Es decir, estamos dando paso al autoritarismo y totalitarismo respectivamente.

Por ejemplo, Chantal Mouffe sostiene que hay que redefinir la cuestión de la izquierda y la derecha, esto no quiere decir revivir viejas distinciones, porque hoy en día se entiende de manera distinta, pero es indispensable reformular los proyectos, quedando claro la diferencia entre ambos para que exista la posibilidad de que las pasiones se muevan hacia alguno de los objetivos con la mayor conciencia y libertad posible. La clarificación de la diferencia no implica necesariamente la exclusión.

El gran desafío para la democracia pluralista es poder tener una sociedad tolerante y pluralista. Esa tolerancia no debería ser entendida en torno peyorativo donde “soporto” al otro sin que me importe lo que hace, sino como la identificación que hay que crear con los valores del pluralismo.

Si Daniel Larusso cree que su Dojo es mejor que Cobra Kai, y Jhonny cree que esta última puede ser distinta, el desafío no está en buscar eliminarse, sino en la re descripción, en la persuasión y en la retórica de cada uno. Se trata de afinar ideas, mejorar discursos, porque en ambos dojos hay discursos misóginos y discriminatorios (en algunos casos más explícitos que otros) a veces por ignorancia y otras mal intencionados. La cuestión está en repensarse y entender que el horizonte, compartiendo con Cahantal Mouffe, es una sociedad tolerante y pluralista.

Lo mismo podemos decir entre los movimientos “por el Derecho a decidir” vs “salvemos las dos vidas” o por “ESI” vs “con mis hijos no te metas” o movimientos conservadores vs movimiento LGTBIQ+, Frente Todos vs Juntos por el Cambio.

Definitivamente la democracia no es algo acabado sino que es frágil, algo nunca definitivamente adquirido, pues no existe ‘umbral de la democracias’ que, una vez logrado, tenga garantizado para siempre su permanencia. Por lo tanto, se trata de la importancia que tiene asumir, desde qué relato hablamos, se trata de entender que los relatos desde el racionalismo-universalismo ya no representan el bien común porque no dan espacio a los nuevos.En conclusión, se podría pensar que ser democrático en este mundo moderno implica ser tolerante y pluralista, por lo tanto, se trata de entender que para conquistar la democracia, defenderla y reivindicarla debemos legitimar el conflicto y darle espacio a que la política sea quien articule y logre un orden. Ser democrático implica entender que este orden se verá resignificado frente a nuevas situaciones conflictivas. Tenemos que asumir que cuando hay conflicto es porque existen hostilidades y desigualdades. La ausencia de conflicto implicaría que esas dos características no existen o los “conflictivos” son sometidos o eliminados. Esto debería ser importante tenerlo en cuenta cuando queremos defender relatos propios frente a los que lo ponen en discusión.

Quizás quien terminó de leer se pregunte “¿Qué carajos tiene que ver esto con Cobra Kai?” bueno, la realidad es que los argumentos de ciertos teóricos políticos para entender las democracias modernas vienen al pelo para pensar la sociedad, el conflicto, la moral, el autoritarismo, la sublevación de los vencidos, excluidos y maltratados desde una “serie pochoclera” que vino a poner en conflicto hasta nuestra identificación con los personajes principales.

María Florencia Ordoñez

Gambito de Dama: ¿Un juego de suma cero?

Como se dijo en otro texto publicado en Revista Marfil, la ciencia ficción muchas veces ayuda de manera poco convencional a reflexionar lo que sucede en la realidad que transitamos. Una de mis mayores emociones es combinar el mundo cinéfilo con la teoría política que, en lo que a mi respecta consiste en precisar conceptos, ideas, perspectivas (a veces controversiales) para explicar y examinar instituciones y/o prácticas cotidianas. Me sale casi involuntariamente, no lo planeo.

Una de las últimas tendencias de Netflix es “Gambito de Dama” y me pareció interesante analizarla desde esta visión. Considero importante destacar que la miniserie es disruptiva en varios aspectos,  incluso ya se han escrito varios artículos sobre la misma pero quisiera destacar que Beth Harmon, si bien encarna un estereotipo de ajedrecista que coincide con el de mi imaginario su acometida está directamente relacionada con el hecho de ser mujer. Mujer introvertida, adicta, extremadamente dedicada al juego en un mundo en el cual el dominio y esparcimiento estaba enteramente cooptado por  el género masculino.

Quizás podría decirse que la serie es feminista desde diversos aspectos pero, en este caso, me resultó interesante analizarla desde la Teoría de los Juegos. Actualmente conocida como “elección racional”.

No solo existe una relación entre el nombre de la teoría y el contenido de la serie, si no que el contexto de ambas coinciden. El mundo atravesaba la Guerra Fría, geopolíticamente hablando el planeta se convertía en un gran tablero de ajedrez cuyos únicos jugadores “autorizados” a mover las piezas eran Estados Unidos y la URSS. Sin spoilear quisiera reflexionar sobre esto último en relación a la protagonista y su deseo de ganarle a los rusos. Si bien podríamos pensar que la aspiración de Beth solamente era ganarle “al mejor del mundo” como satisfacción personal, también, podríamos considerar que durante ese contexto todas las actividades eran interpeladas por la disputa entre Estados Unidos y Rusia, entre Occidente y Oriente. ¿Se podría pensar que durante toda la Miniserie “Gambito de Dama” se está esperando ese enfrentamiento a través de un juego como el ajedrez? ¿Qué nos dice de esa época (e incluso de la realidad actual)?

Ahora bien, la Teoría de Juegos es un paradigma que surge de supuestos matemáticos que permiten anticiparse a ciertos acontecimientos, presenta un conjunto de cuestiones que las personas deben “satisfacer” por definición para ser consideradas “racionales”. Sus resultados no siempre fueron los más acertados, pues al trasladar predicciones “racionales” a la vida real el panorama se complejiza imposibilitando algunas veces que podamos adelantarnos o predecir qué va a suceder.

La Teoría del Juego  supone que la persona racional posee gran capacidad cognitiva, sabe qué alternativas está enfrentando, las evalúa cuidadosamente, calcula las consecuencias y elige la que –dadas sus preferencias– cree tiene las mejores consecuencias de acuerdo con ella. A lo largo de la serie encontramos una Beth calculadora, estratega, dedicada y en constante formación. Sin embargo, no siempre sus movimientos se dan de manera racional, a veces son intuitivos y otras completamente creativos donde la importancia del fármaco que se consume no es menor. ¿Cuál de todas estos adjetivos la hacían una gran jugadora?¿Existe un orden de prioridad? ¿Podría haber sido mejor o peor si evitaba y/o acentuaba alguno?. Lo cierto es que la racionalidad en los movimientos se torna difícil de analizar cuando los motivos de cada personaje (jugador) son tan diversos. Quizás para el Señor Scheibel  se trataba de honrar el juego, mientras que para Beth era demostrar que era buena para algo y busca sobrevivir en un mundo imprevisible e injusto mediante otro mundo creado alrededor del ajedrez. Tal vez, para los rusos era un trabajo y una cuestión de orgullo nacional. Sea cual sea el motivo el objetivo final era ganar y esto se daba mediante un conflicto puro de suma cero.

Hablar del juego de “Suma Cero” quiere decir que un jugador se beneficia a expensas de otro. Quien triunfa “gana todo”.

Probablemente la persona que esté leyendo este texto podría estar afirmando que todos los conflictos se resuelven mediante la teoría de juegos donde se apela a estrategias y enfrentamientos para la búsqueda del mayor beneficio provocando la victoria o el fracaso . Ahora bien, la pregunta que hago es ¿la jugada se supone racional? ¿se puede anticipar jugada con supuestos casi matemáticos? ¿Qué pasa cuando los motivos son opuestos? ¿hay una sola respuesta para cada enfrentamiento? ¿Existe un único discurso? ¿Realmente hay buenos y malos?¿Pueden convivir contradicciones?

Las jugadas de ambos trascienden lo  individual y expresan la propia estructura social que se encuentra en constante tensión en cada personaje. Como sea, en cualquiera de los casos tenemos creatividad, estrategia, decisión y éxito.

En la actualidad existe un importante caudal de escritos académicos que critican la teoría de los juegos para analizar procesos sociales y políticos  no sólo porque es imposible pensar en términos de “suma cero” sino porque siempre existe el espacio para la negociación incluso en las situaciones más conflictivas. Sin embargo, el sistema de creencias que se extendió durante y pos Guerra Fría nos llega constantemente en forma de series, películas y libros reviviendo viejas discusiones…¿Podemos pensar que hoy en día existen mentalidades de “suma cero” que no dejan margen a la negociación ni a la cooperación, ni siquiera a la contradicción? ¿Será que los conflictos se dan de manera pura? ¿será que existen buenos y malos?

El mundo es complejo y, para quien escribe, en esa complejidad no se admiten los purismos ya que los conflictos de este estilo están más cerca de terminar en tragedia que en éxito, quizás deberíamos finalmente entender el juego como Beth Harmon: decidiendo con determinación y personalidad pero aprendiendo de la estrategia ajena generando espacios de negociación y cooperación  a pesar de que en ciertos momentos parezca una contradicción.

María Florencia Ordoñez, Politóloga

Riqueza Cero

-Aunque la verdad es grande sobran cadenas y esclavos-

Almafuerte

Hace algunos días el debate público es la cuestión de un impuesto sobre las grandes fortunas. Un tema perentorio que emerge como épica en los gobiernos que intentan instalarlo. La distribución de la riqueza siempre trae consigo fuertes resistencias. No solo de los interesados materiales sino también de gran parte de la población. El sentido común en el que vivimos construye nuestros valores. Que la riqueza es una recompensa de gente inteligente, cuya rectitud y ahorro llevaron a la cumbre, pareciera ser algo natural. El triunfo de la libertad individual. Hoy en pleno siglo XXI, todavía resulta complejo corroer los argumentos del darwinismo social. La supervivencia del más apto se piensa en todo momento. Es tan profundo que en ocasiones el obrero que trabaja doce horas por un salario de subsistencia cuestiona el impuesto y no la disparidad de riqueza.

Para reflexionar sobre el tema podemos hacer un repaso por aquellos sectores de la economía argentina que generan altos niveles de beneficios.

Exportar para vivir

Una de las grandes tragedias nacionales es la pésima distribución de la tierra. Cuando el Estado nació como hoy lo conocemos, una vez muertos indio y gaucho, el fraccionamiento surgía como respuesta para crear una clase social fuerte y diversificada que fuera motor de la economía, la envidia del norte. Pero esto no sucedió. La clase dominante resulto ser mezquina y la tierra quedo en pocas manos. Argentina se consolido como una nación agraria. Su proyecto histórico es el que le ha impuesto el capitalismo internacional ubicándola como proveedora de materias primas dentro de la división internacional del trabajo.

De esta manera el campo resulto ser propiedad de una aristocracia que concentraba riqueza y poder pero que a su vez tecnificaba y lo volvía cada vez más productivo. Una tendencia que sigue vigente. Produce mucho más en menos tiempo. El problema es que si bien la actividad genera riqueza y evoluciona no permite el desarrollo de una sociedad.

Las economías agrarias son para pocos. No generan valor agregado y su producción insume poca mano de obra. La cosecha de nuestras pampas según INDEC para el 2019 requirió cincuenta mil obreros. La paradoja es que somos un país agrario pero el 95% de la población vive en la ciudad. El campo sostiene una vida urbana mayoritaria. Sería justo y necesario hacer una división de tierras equitativa pero no alcanza. En un país con 44 millones de habitantes si la estructura de acumulación depende solo del agro, sobran 30 millones de personas. Para salir de la eterna crisis hay que inventar algo más.

Pero no todo es campo en la vida. Veamos que otras actividades hay en nuestro país que obtienen riquezas en base a la explotación de recursos nacionales.  Consideremos el siguiente gráfico de complejos exportadores.

Participación porcentual de los principales complejos exportadores. 2019. INDEC.

Podemos ver que hay sectores que siguen muy de atrás al agro. El sector petrolero, automotriz y minero forman un podio de segunda. Lamentablemente en estos casos la concentración también es abrumadora. Pensemos unos minutos ¿cuantas empresas petroleras y de gas hay en el país? ¿Cuántas fabrican automóviles? Ni que hablar de las mineras. Nos alcanzarían los dedos de una mano para contarlas a todas. Aquí hay una diferencia con respecto al campo porque si bien sus tierras y la explotación están concentradas existe una porción considerable de pequeños productores. En el caso de las actividades mencionadas eso no pasa. Por otro lado, ¿son actividades que generan innumerables fuentes de trabajo? ¿Son seguras? Esta claro que en el modo de producción en que vivimos no se puede prescindir de ellas pero también resulta evidente que dan muy poco y obtienen mucho. Se llevan todos los números para abonar un impuesto adicional.

Mercado interno y competencia perfecta

Esto nos lleva al otro foco generador de riqueza. Nos tenemos que detener en la burguesía que supimos conseguir. Aquellos que dominan las palancas que hacen funcionar a la sociedad y encienden la caldera de la nación: el mercado interno.

Este tema sirve para deconstruir otra parte del sentido común liberal y anacrónico: La competencia como categoría reguladora de la economía. A unos tipos se les ocurre una idea y la llevan a la practica en eso que llamamos mercado. Si son buenos triunfan y se convierten en Rockefeller. El teorema Steve Jobs. Si son malos quedaran en las profundidades del olvido. El capitalismo de competencia es una fase que comenzó a diluirse en la segunda mitad del siglo XIX para dar lugar al capitalismo imperialista y monopólico. Que hoy se siga sosteniendo es por lo menos pubertario.

Volviendo al mercado interno volvemos a la concentración. Sin detenernos en aquella industria manufacturera o Pyme que es la principal empleadora después del Estado ¿Cuantas empresas dominan las actividades del país? Pensemos en tareas tales como la construcción, el transporte, medios de comunicación, suministro de agua y electricidad, gestión de residuos, correo, producción y comercialización de alimentos y artículos de uso personal, saneamiento publico y tantos otro rubros que siguen la misma lógica. ¿Cuántas empresas se nos ocurren? Es tragicomico. Don coto y su pandilla también podrían pagar unos mangos extras en tiempos de pandemia mundial.

Invertir en el caos

La idea de instalar que todos perdemos y si la empresa no produce moriremos es funcional a los ricos. Argentina historicamente tiene conglomerados que generan mucha riqueza, el problema es como se aplican los excedentes. Nadie esta pensando en una revolución bolchevique sino en un capitalismo productivo que desarrolle una estructura de país que pueda albergar a todos. Claro que si hablamos de capitalismo alguien siempre va a quedar afuera, pero por lo menos no el 40% de la población. La riqueza debe ser distribuida. Utilizarse para paliar el hambre y generar una economía diversificada. La pseudo burguesía que tenemos no ha sabido hacerlo y por ello el reclamo se dirige hacia el Estado. En tiempos de Coronavirus no hay tiempo. Y no me vengan con que a estos sofisticados inversionistas hay que dejarlos libres de la pata del Estado porque sino no la ponen. El problema es su miseria intelectual no el contorno seguro que necesita su platita. Lastima que ya no esta sino podríamos preguntarle a Carlitos Bulgheroni que tomaba té con talibanes para que le dejen construir un gasoducto en Medio Oriente.

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El tipo que invierte tiene solo dinero. Para construir riqueza se necesita mucho mas que eso. Territorio, fuerza de trabajo, recursos naturales, policía que cuide, hospitales a donde vayan los obreros lastimados, una ART, escuelas en donde reproducir la fuerza de trabajo e innumerables etcéteras. Rompamos el paradigma de que el empresario es el único que crea riqueza y por eso hay que dejarlo tranquilo. Es tan simple como que hay que cobrarle el impuesto porque la riqueza la creamos entre todos pero el único que se la queda es él.

Ignacio Calza

Voto Femenino en Argentina

“Lo primero que tuve que hacer en el movimiento femenino de mi Patria, fue resolver el viejo problema de los derechos políticos de la mujer.” Así empieza el capítulo Quisiera Mostrarles Un Camino, del libro La Razón De Mi Vida. Allí, Evita cuenta sobre la adquisición por parte de la mujer de un derecho político fundamental: el voto.

Los que atacan al Peronismo por izquierda tienen una pizca de razón cuando afirman que este movimiento no inventó nada. Su accionar se basó en escuchar los reclamos sociales y actuar en consecuencia. Eva agrega en el mencionado capítulo: “Durante un siglo — el siglo oscuro y doloroso de la oligarquía egoísta y vende patria — políticos de todos los partidos prometieron muchas veces dar el voto a la mujer. Promesas que nunca cumplieron, como todas las que ellos hicieron al pueblo”. Perón cumple, Evita dignifica.

En 1848, en Estados Unidos se firmó la Declaración de Seneca Falls. Esta declaración se toma como el momento fundacional de la lucha de la mujer por el voto. Allí se buscó un tratado en pos de perseguir la igualdad de la mujer respecto del hombre en distintos aspectos cívicos y sociales. El hecho de que se haya realizado la declaración es prueba suficiente de que la lucha proviene de un pasado, al menos reciente. Nace de esa forma el movimiento Sufragista. Éste luchará alrededor del mundo por el reconocimiento de la mujer como ciudadana en igualdad de condiciones con el hombre.

En el plano nacional, esta bandera será tomada desde principios del siglo XX por personajes como Emar Acosta o Alicia Moreau de Justo. La primera se transformó en 1934 en la primera mujer Legisladora cuando llegó al Congreso como Diputada por la Provincia de San Juan. La segunda, una de las principales figuras del Partido Socialista, fue quien llevó al Congreso Nacional, una y otra vez, distintos proyectos de Ley exigiendo el voto femenino. En 1938, cuando Uruguay aprobó el voto por parte de la mujer, supo lamentarse de que no fuera Argentina quien diera el puntapié inicial en la región. Diez años más tarde, cuando el Peronismo tomó la misma medida sólo supo decir que fue aprovechamiento político y demagogia. Evidentemente, quedaban en su pensamiento resabios de haber sido parte de la Unión Democrática, la coalición electoral que promovió el infame Spruille Braden desde la embajada Norteamericana para enfrentar a Perón en las elecciones del 46´.

Ahora bien, si San Juan aportó la primera legisladora fue porque los derechos civiles de la mujer fueron respetados allí mucho antes que en el plano nacional. A través del Gobernador Aldo Cantoni, la mujer obtuvo el derecho de participación en el sufragio en el año 1927. En una clara característica unitaria de nuestros historiadores oficiales, este personaje es más recordado por haber sido Presidente de la AFA o presidente del Club Atlético Huracán. Al abandonar el fútbol, fundó junto a su hermano Federico el partido provincial Unión Cívica Radical Bloquista, que luego adoptaría su denominación actual: Partido Bloquista. Desde allí, impulsaron un estado totalmente benefactor, aún cuando no existía dicha denominación. En el plano de la política nacional, fueron parte de la Unión Cívica Radical Antipersonalista, oponiéndose de esa forma a la figura de Irigoyen. Sufrieron numerosos intentos de asesinato. En 1946, no llegaron a acordar con Perón para compartir fórmula en las elecciones provinciales y el Partido Laborista arrasó en San Juan como en el resto del país. Una vez vencidos, los hermanos Cantoni vieron que el Estado Nacional se ocupó de todo aquello que ellos habían aplicado en la provincia. No tenía sentido un Peronismo opositor. Aldo falleció en 1948. Federico fue nombrado por Perón como embajador en la URSS. Los antiperonistas suelen acordarse de que en San Juan votaban las mujeres y olvidarse de la admiración mutua entre Cantonismo y Peronismo.

Como paradoja del destino, Eva Duarte y Juan Domingo Perón se conocieron como consecuencia del trágico terremoto producido en San Juan en 1944. Perón como Secretario de Trabajo y Previsión Social fue el encargado de la reconstrucción y asistencia. Evita fue una de las principales figuras del espectáculo encargadas de una inmensa colecta solidaria nacional. Fue su primera participación política. Allí nació el movimiento que extendió a los argentinos muchos de los derechos que los Sanjuaninos habían sabido conocer de forma provincial.

En 1949, el derecho al voto por parte de la mujer fue incluido en la grandiosa reforma constitucional peronista. Dicha reforma fue derogada, lógicamente, en 1955 luego del golpe de la Revolución Fusiladora, perdón “Libertadora”. Contradicciones del tiempo, apoyada por el mismo Partido Socialista que solía impulsar el voto femenino. Alicia Moreau de Justo, hasta sus cien años de vida, supo repetir que Eva Perón no inventó el feminismo cada vez que le preguntaban cualquier cosa sobre la madre de los descamisados. Siempre resaltaba, con acierto, que Alfredo Palacios había sabido presentar años antes numerosos proyectos de ley que fueron uno tras otro rechazados. Con los años, Palacios fue Embajador en Uruguay, nombrado por el dictador Eduardo Lonardi. Esto también suele caer en el olvido.

En definitiva, tienen razón aquellos nostálgicos de los privilegios exclusivos: Perón no inventó el voto, Eva no inventó el feminismo. Aunque de no haber aparecido este matrimonio, una pregunta se tornaría inevitable: ¿Cuánto más hubieran esperado las urnas electorales por una mano de mujer con un sobre?

Sergio Delbreil

Eva Peron. Alicia Moreau de justo,. ALdo Cantoni. voto femenino en san juan. Presidente de huracan. voto femenino en san juan. efemeride 11 de noviembre.

Que se vayan todos

Dicen que en épocas de crisis se intensifican miserias y virtudes. Tanto las personas como las instituciones, sean públicas o privadas, quedan expuestas ante la intensidad de los procesos. Si uno es una persona creativa, la situación le brindara la oportunidad de lucirse. Por el contrario, si se sufre de depresión, la oscuridad de la estructura psicológica emergerá para saludar en un momento poco elocuente.

En estos últimos meses hemos presenciado esta dinámica en distintos sectores de la sociedad. Un momento particular se dio el ultimo mes en los medios de comunicación, cuando de un día para el otro comenzaron a inundar las pantallas con notas referidas al éxodo argentino. Un hecho trascendente como la perdida de miles de argentinos repentinamente tenia que tener una gran cobertura, y así fue:

Si uno pasa distraído por los titulares, el temor a quedar solo en territorio nacional será abrumador. Pero no hay de que preocuparse, son solo declaraciones de intención y la manifestación mas cabal de una historia que no tendrá fin, el odio que no reconocen por el país en el que les toco nacer. El dilema es que estas manifestaciones van mas allá de alguna figurita de tv que derrama eurocentrismo sobre un micrófono.

Hay una construcción de sentido que surge como un comodín para atacar lo nacional. Uno de tantos. La crisis aparece y los medios antropófagos deciden publicar una catarata de notas sobre gente que no se banca mas estar acá porque el país no da para mas. Aparece un Ruben, arquitecto, que aposto todo pero no da mas y piensa en irse. También un Julián de 25 años recién recibido que no ve oportunidades.  A su vez, vemos que hay países tales como Uruguay o Canada que desesperan por recibirnos. Todo surge de una encuesta de la consultora Taquión Research Strategy.

Si nos detenemos un párrafo en la consultora, sin aclarar que no pegan una nunca, que hacen agua en cada elección o dato económico, podríamos darles una oportunidad a la espera de la objetividad de los datos. Entremos: http://www.taquion.com.ar/ En un abrir y cerrar de ojos, vemos que en el sector publicaciones un tal Sergio Doval, CEO fundador, tiene promedio dos artículos mensuales en Clarín, Perfil o La Nación. Tiene para elegir. Por otro lado, vemos que el editor de los informes económicos es Roberto Cachanosky, un columnista encubierto de los medios citados. Un personaje que sin dudas contribuye con sus ideas al bienestar general.

Todo este arsenal de información, producida desde una usina propia que intentan legitimar poniendole el mote de “consultora”, carcome las mentes de un sector de la sociedad muy permeable. No caben dudas que la intención mediática no era informar. Muestran sus miserias en épocas de crisis. En momentos en que la vida está en juego.

Pero veamos que pasa en realidad con la emigración. Los datos siempre son subjetivos, asique tomaremos aquellos que tengan un gran consenso, sobre todo de parte del universo al que cuestionamos. Consideramos datos del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de ONU. Madre de cualquier organismo liberal.  El siguiente cuadro muestra el movimiento de personas por país de origen en el mundo para mediados de 2019, ultimo relevamiento. Es decir aquellas personas que no residen en su lugar de origen.

Dejamos los cuadros completos que muestran el caudal de migración histórico por pais desde 1990 a 2019:

No parece ser Argentina un país que se encuentre atravesando un éxodo poblacional. Quizás las migraciones sean fenómenos complejos y respondan a diversas cuestiones. Quizás la catarata de notas locales sobre ellas también.

Otro cuadro interesante para observar es aquel que arroja el ranking de los 20 países con mas migrantes en el mundo:

Nuevamente decepcionados verificamos que Argentina no aparece.

Es un clásico de nuestro país que en cada momento difícil aparezcan notas que contribuyan al incendio mas que a la solución. Nada nuevo. No quisiera necesitar de ninguno de estos personajes que brindan sus testimonios. Seguramente cuando las papas queman en vez de escucharte y darte una mano lo mas probable es que se rajen gritándote que vos tenes la culpa.

El pasquín hace rato que no esconde sus miserias, pero el exiliado en potencia es aun peor. No es ni chicha ni limonada. Odia al país y quisiera irse pero no puede. No le da el combustible y se mata el hambre con producción nacional. Hay una cuestión anímica que lo lleva a creer que su capacidad es superior a la del pais y por eso la debe llevar hacia nuevas tierras. Pues amigo mío debo decirle que tiene razón. Resultaría interesante que junte valor y tome la decisión. Si es por dinero, metemos una ley y aportamos unos pesos. En definitiva seria un alivio para ustedes, para nosotros y para esta argentina agotada que de una vez por todas se vayan todos.

Ignacio Calza

Trastorno educativo

Cada día del maestro nos ofrece la posibilidad de saludar a aquellos que tienen un rol fundamental dentro del aula. Pero si bien es legitimo explotar las redes de carteles alusivos, también es la oportunidad de reflexionar acerca de la educación. Me propongo hacerlo a través de la frase de un gran pensador y político como fue Benjamín Franklin:

 “Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”

 La educación formal en todos sus niveles está ampliamente condicionada por la cultura, ambas se retroalimentan. A través de la educación se constituye la cultura y es en ella que se crea la educación. Ahora bien, ¿Cómo se transmite el conocimiento? ¿Cómo se elige que enseñar?

La educación formal tiene un grave problema que aun no puede resolver. La pasividad del alumno frente al contenido dado es inherente a todos los niveles educativos. El sujeto de aprendizaje tiene una postura de sumisión ante dicho contenido. Se lo presenta como un receptáculo en donde hay que verter información, una cantidad de saberes que en su producción han tenido un complejo proceso de elaboración. A pesar de esto se pretende una acumulación que quepa dentro del programa de una materia cuatrimestral. Es una sobrestimación del alumno.

Por otro lado, al ser un mero receptor, el sujeto de aprendizaje queda excluido de la producción de conocimiento. No se lo involucra en el proceso, no hay lugar para las ideas propias ni la crítica. Se genera así una subestimación del individuo. Estos dos conceptos, subestimación y sobrestimación actúan de manera restrictiva y coercitiva. Como dijimos, pasa en todos los niveles, desde el nivel inicial hasta un posgrado.

Los contenidos enseñados, se abordan como saberes inobjetables. Son sistematizados y aparentan ser definitivos, aunque en todas las ciencias, tanto naturales como sociales, las discontinuidades y rupturas son más que la excepción, la regla. La educación se transforma en una cuestión de fe, hay que creer en lo que me están diciendo. Se ofrece el como hacer las cosas y no los porque hacerlas. Se nos explica el que aprender mas que el porque aprender lo que estamos estudiando. En este sentido, podríamos decir que aprendemos a consumir respuestas antes que a producir preguntas.

La aparición de internet nos enfrenta con una revolución de la información, mucho contenido al alcance de la mano. Pero si bien esto podría considerarse como algo muy positivo, la realidad nos dice que esa cantidad de información no se traduce en un análisis critico de los contenidos para generar nuevos y aportar a la construcción del conocimiento, sino que conduce a una suscripción displicente al momento de apretar el botón de compartir.

Con todo esto no quiero decir que la educación no sirva, sino que debemos repensar los métodos de transmisión de conocimiento para poder crear mentes que procesen diferente y pueda verificarse en masa la descompresión de los análisis personales. Es inadmisible que aun hoy sigamos creyendo que un alumno sabe o no, deteniendo o promoviendo su avance en la educación, a través de cuatro preguntas en un papel. ¿Un alumno adquirió conocimiento si responde a esos interrogantes? Hay muchas preguntas para hacerse, pero hay una que hace tiempo me hago y aún no encuentro respuesta ¿Qué es peor la censura o el adoctrinamiento?.

Ignacio Calza

El día en que Sacachispas le empató al Barcelona

 Y se llegó al acuerdo con los acreedores, luego de varios tiempos suplementarios que ya no se sabía ni cuándo iba a terminar el partido. Guzmán es Sacachispas dijo unos días atrás Eduardo Feinmann en diálogo con Jonathan Viale en la señal A 24. Y los acreedores, el Barcelona. Pero el final del partido en empate hizo quedar a esas desvaloraciones alevosas y ridículas (tanto para con el ministro como con el club fundado por Perón en villa Soldati). Ya sea porque el figurado Sacachispas se plantó con dos líneas de cuatro y cualquier equipo te la hace peliaguda en el fútbol contemporáneo. O porque cruzó el micro, como se dice vulgarmente frente al arco propio, la cuestión fue que sin dudas se logró un desempeño decoroso. 

Tal vez una de las claves haya estado en no apurarse, en no aparecer desesperado y mendigando un acuerdo para después estar en condiciones de volver a pedir prestado en ese círculo vicioso que lleva tantos años. El Estado no fue nunca un club de supuesta menor cuantía, desde que tenía la decisión soberana de gestionar el canje de la deuda externa. También dijo sobre el ministro de economía el periodista y escritor Jorge Asís que era un amateur, en comparación a la supuesta experticia en estos temas de Alfonso Prat Gay, aquél ministro de la banca Morgan que creyó que el cepo cambiario se podía levantar de un día para el otro, dejándonos en la lona. Luis Juez dijo también de Guzmán que no había administrado ni un puesto de choripanes. El discípulo de Stiglitz tuvo que dar el salto desde los claustros universitarios, a veces devenidos en una especie de microcosmos donde se tiene fácilmente en control cada variable en los estudios, arrojándose al barro de la gestión de la deuda soberana de un país con muchísimos problemas. Tuvo que pasar del laboratorio abstracto de las fórmulas a tratar con acreedores la reestructuración de la deuda y dejando a salvo cierto decoro del país. Y lo ha logrado, firmando un acuerdo el día en que Sacachispas le empató al Barcelona. 

Los mercados lo celebran, el gobierno se congratula, la oposición también quiere ser partícipe del logro. Uno imagina la última pulseada recreándola de esta manera, sobre cada lámina de cien dólares. El gobierno dice 52, los acreedores 56. El gobierno arrima el bochín, 53; los acreedores responden 55, 5. El gobierno dice 54 y me planto. Los bonistas, 55. Para no doblegarse del todo, el gobierno argentino dice: 54,8. Y los acreedores responden: ¿dónde hay que firmar?

El gobierno actuó casi que manejando los tiempos y buscando no parecer apremiado por la urgencia. Lo contrario a cuando un vecino de barrio se encuentra ahorcado económicamente y va a pedirle plata al usurero, rendido antes de comenzar a hablar. El dueño de la plata tiene la tabla de salvación, que a veces será un salvavidas de plomo que lo hundirá todavía más al solicitante. Luego del tironeo, se acordó mal que mal un 45,2% de quita de la deuda soberana, aunque fuera sobradamente compensada para los tenedores de bonos por la continua devaluación del tipo de cambio. Que ganaran un poco menos los bonistas era la cuestión, y se logró.

Logrado el acuerdo, que pase el siguiente: el FMI, madre de Dios. A poco de asumir, el gobierno rechazó el último desembolso de U$s 5000 mil millones que quedaba pendiente del acuerdo con la gestión anterior, menos mal. Como diciéndole al organismo internacional: “no sabemos ni cómo te vamos a devolver lo que anteriormente le prestaste al país, quedate esa plata y vamos restando un poco de la cuenta total”. Varios frentes. Bonistas, Fondo Monetario, y todo en una economía recesiva, atravesando la pandemia internacional y la cuarentena local. 

Porque, mientras todos estos tira y afloje se desarrollan, al mismo tiempo hay que continuar atendiendo cada vez mejor la otra deuda: la deuda interna y la situación social apremiante que padecen muchas familias en la actualidad de la Argentina. Intentando cuidar la salud de todos y  también la economía. Que el acuerdo signifique dar paso al robustecimiento de las políticas públicas para intentar llegar a todos de la mejor manera en una situación excepcionalmente grave por la pandemia que se cierne en el mundo y también se encuentra creciendo lamentablemente en la Argentina.

Sebastián Giménez. Escritor y trabajador social.

La bomba atómica. Un odio que conviene no olvidar.

Salvo algún paranoico extremista, podemos decir que no existe persona alguna temiendo la extinción del ser humano por medio de la colisión de un meteorito con características similares al que eliminó a los dinosaurios. Quizás porque aquello es una teoría. Quizás porque se produjo hace 65 millones de años. Hace apenas unas décadas, existía un miedo global más tangible: la guerra nuclear. El ritmo vertiginoso de la vida actual lo sepultó en el olvido. En estos lados del mundo, sabemos perfectamente que la falta de memoria es realmente peligrosa.

Se dice que el asteroide mortal tuvo una fuerza un millón de veces mayor a las bombas de Hiroshima y Nagasaki. La vida no acabó inmediatamente. Producto del impacto, el mundo se vio cubierto por un invierno global con el aire envuelto en cenizas. Esta comparación, entre meteorito y bombas, puede ser exagerada. A lo mejor juega en contra de mi juicio el fanatismo de mi hijo con aquella vieja especie. Lo cierto es que los Dinosaurios habitaron este planeta durante cientos de millones de años y los primeros hombres primitivos apenas datan de dos millones de años. Incluso, sólo unos cientos de miles de años tiene la evolución actual. Quizás para eliminarnos no sea necesaria tanta fuerza.  

Este tema se apoderó de mí hace unos meses, cuando hice una nota de la época centrada en la figura de Henry Wallace (https://revistamarfil.com/2018/10/25/el-presidente-que-no-fue-henry-wallace/). La semana pasada, se reeditó mi interés producto de mirar y por ende escuchar una conferencia de prensa del líder Ruso Vladimir Putín. Allí, un enviado de la CNN lo interpeló acusándolo de atentar contra la paz mundial por estar haciendo una serie de pruebas militares. Sin necesidad de aplicar mucho esfuerzo, el presidente Ruso salió ileso y pasó la pelota del terror al país de su interlocutor. Acusó que EEUU posee bombas atómicas colocadas y listas para ser usadas de inmediato en sus aviones o submarinos alojados en sus conocidas bases militares alrededor del mundo. La guerra atómica posee plena vigencia. Sólo está olvidada por la ciudadanía. Los líderes y militares de las potencias mundiales la tienen presente y muy en cuenta.

El año pasado, Estados Unidos presentó el nuevo diseño de sus bombas atómicas. Las mismas tendrán vigencia hasta el 2020, año en que presentaran otro nuevo diseño. El pentágono y la Casa Blanca ven estos proyectos como de gran importancia para mantener los acuerdos existentes de no agresión atómica. Renovar su capacidad nuclear provoca la disuasión de sus enemigos. Esto que parece una locura, es la misma estrategia utilizada durante la guerra fría. Sin embargo, culpabilizar sólo al imperio es un error recurrente. Otros países también tienen su armamento nuclear. La mencionada Rusia posee una capacidad similar, y en menor medida Inglaterra, Francia, China, Japón, Corea del Norte, Pakistán, India e Israel también cuentan con sus propias armas nucleares.

Luego de la segunda guerra mundial, los ciudadanos del mundo veían inevitable la destrucción masiva producto de un inminente conflicto bélico que se dirima con armas de este tipo. Esta amenaza estuvo latente durante la Guerra de Corea y la Guerra de Vietnam principalmente. Tuvo su momento crucial en el famoso conflicto de los mísiles de 1962 que envolvió a EEUU, Cuba y la URSS. El miedo se veía reflejado en la literatura y el cine. En Estados Unidos fue célebre la novela La Hora Final de Nevil Shute que fue llevada al cine en 1959. Describe los días posteriores a una guerra nuclear de apenas cinco días. En nuestro país, Hector Oesterheld jugó con ese pánico en el comienzo del Eternauta. La lluvia fluorescente de las primeras páginas es leída en principio por sus personajes como una consecuencia de haberse desatado una nueva guerra. En Japón, el país más devastado por este tipo de armamentos, surge Godzilla. Este animal se cree que mutó debido al contacto con material radioactivo y el miedo que provoca es una metáfora de lo sentido por el pueblo japonés luego de las conocidas bombas. Se estrenó en 1954. Justo el año en que aquél país vio renovado el peligro atómico producto de una lluvia similar a la vista en El Eternauta.

A partir de 1946, sobre las Islas Marshall, un territorio de islas apartadas sobre el pacífico, EEUU que tenía jurisprudencia sobre dicha región realizó una serie de pruebas para probar la capacidad de sus bombas y para estudiar los efectos subsiguientes sobre el territorio y la población. En ese contexto, en 1954 detonó la bomba Castle Bravo sobre el atolón Bikini. Esta bomba fue la primera bomba de Hidrógeno norteamericana. Contaba con una capacidad de 15 Megatones, es decir, mil veces mayor que la bomba Little Boy lanzada sobre la ciudad de Hiroshima. Su prueba fue famosa en el mundo entero debido a un error de cálculo que se sumó a una variación inesperada del viento. Al día de hoy, este atolón que es una maravilla de la naturaleza, desde 2010 declarada patrimonio de la humanidad, se encuentra inhabitable. Sus habitantes fueron evacuados hacía islas vecinas con anterioridad a las pruebas, jamás pudieron volver. Inclusive, las mencionadas islas vecinas tuvieron que ir siendo evacuadas posteriormente. Los hijos de aquellos testigos nacieron con malformaciones producto de la radiación a que fueron expuestos sus padres. Obviamente, esto no fue lo que hizo famoso a aquél fatídico suceso. La tragedia se hizo conocida porque un barco pesquero japonés que se encontraba a  150 km de la zona de aislamiento fue alcanzado por la nube de cenizas. Dicha nube fue registrada por 120 estaciones meteorológicas aún cuatro meses después del hecho. Los tripulantes del barco pudieron ver el reflejo de la explosión y escuchar un ruido ensordecedor. Prontamente el capitán guió su nave fuera de la zona pero esto no logró evitar la intoxicación. La piel se les volvió negra, los mechones de pelo se les cayeron enteros, sus ojos emanaron secreciones purulentas. Volvieron a Tokio y todos fueron internados. El atún que cargaban insólitamente fue vendido, por lo que luego se confiscó y eliminó todo el atún que podría haber provenido de allí. Meses después, uno de los tripulantes murió estando internado, sus últimas palabras fueron rezo por haber sido la última víctima de una bomba atómica. La historia de aquél pesquero fue llevada al cine en Japón con una película que lleva el nombre del buque: Daigo Fukuryu Maru.

 

La concientización producida desde los distintos sectores de la cultura tuvo rápido eco en la población. En EEUU para 1960 más del 60 por ciento de las personas estaban en contra de las pruebas nucleares. Sin embargo, no se detuvieron. El plan de disuadir al enemigo siguió su curso. Los potenciales enemigos no se quedaron atrás en esta carrera armamentística. Francia imitó a los norteamericanos y sus pruebas las llevó a cabo en las Islas de Mururoa y Fangataufa. Sus bombas fueron en principio de 2 o 3 megatones. Aún hoy, los nietos de algunas personas que trabajaron en esos centros sufren secuelas de la radiación. Inglaterra realizó sus pruebas en las islas de Malden y también en zonas desiertas de Australia. Los indígenas Australianos tomados como conejillos de indias son aún hoy un tema de estado. En 2017, a cincuenta años de las pruebas en ese suelo, el gobierno de Australia mejoró la asistencia sanitaria para ellos. El Cáncer y las enfermedades dermatológicas son moneda corriente y en aquél entonces hubo nacimientos de niños sin vértebras y con intestinos duplicados. En 1964, China hizo estallar su primera bomba atómica en la zona de Lop Nor, un lugar aislado de su propio territorio. Dicha zona era conocida como Lago Lop y en la actualidad es un terreno seco. Las primeras bombas Chinas poseían 3 o 4 megatones. Tres años después hicieron explotar su primera bomba de hidrógeno, con una capacidad de destrucción similar a las norteamericanas. La Unión Soviética hizo explotar en 1961 la conocida como Bomba del Zar, la mayor detonación nuclear de la historia. Una bomba de 50 megatones, es decir, más del doble de potencia que la sufrida por el Atolón Bikini y más de 3000 veces superior a Little Boy. Fue arrojada sobre Nueva Zembla en el Océano Ártico. No existen datos certeros pero se estima que han explotado en el mundo más de 2000 bombas nucleares. Parece mentira que nos hagan creer que el agujero de ozono pueda ser culpa de los desechos que ayer tiramos en una bolsita que nos cobraron en el supermercado.

En 1947 un Boletín de Científicos creó el reloj del apocalipsis. Marca cuánto tiempo necesita una guerra nuclear para terminar con el mundo. En 1953 alcanzó su tiempo más cercano al abismo. Después de que la Guerra Fría no produjera el tan temido desastre nuclear, el reloj perdió relevancia. Los temores fueron olvidados. Con la asunción de Donald Trump fue corrido treinta segundos. Hoy marca que el mundo puede estar a dos minutos y medio de su final. Dicho conteo, está lleno de demagogia y jugadas políticas. Aunque no deja de sorprender su sola existencia. El viraje de la ideología de los líderes mundiales hacia la extrema derecha, el crecimiento de movimientos neo fascistas en todo el globo y las guerras que se extienden cada día más en Oriente, hacen erizar la piel cuando uno se sienta a mirar con cierto pesimismo esos dos minutos y medio. Se estima que en el mundo existen más de 15600 bombas nucleares. Con cálculos matemáticos que están lejos de mi entendimiento, se calcula que el mundo podría ser destruido con ellas cerca de mil veces.  

 

En 2017, Corea del Norte probó misiles nucleares paradójicamente sobre aguas que Japón reclama hace varias décadas. El presidente norteamericano en la última reunión del G-20 se negó a firmar los tratados de cuidado del medio ambiente. Por más que intentemos mirar hacia otro lado y la autobiografía apocalíptica de Sebastián Pujol que supimos compartir en Marfil (https://revistamarfil.com/2018/10/06/autobiografia-apocaliptica/) parece una locura producto de la libertad literaria, la amenaza atómica permanece en las gateras del hipódromo de la guerra.  

Tengo consciencia de que los mayores peligros que acechan a la humanidad son más tangibles y cotidianos que el arsenal nuclear almacenado. Las guerras económicas, el hambre, las enfermedades producto de la miseria y las condiciones de desigualdad es probable que terminen con hombres y mujeres de forma más lenta y tenaz que una guerra nuclear.

No tendría ningún sentido temerle a algún asteroide que esté dando vueltas en la órbita del planeta.

Sergio Delbreil

Golpeando las puertas de la farmacia. Adictos a las drogas legales.

Las estadísticas son claras: la cartera de la dama y el bolsillo del caballero argentino rebalsa de fármacos, muchas veces utilizados sin receta médica ni conciencia de las consecuencias que puede ocasionar el abuso o el mal uso de los mismos. Este fenómeno se da con más fuerza en las ciudades de mayor población. Mientras que en cualquier metrópoli del mundo una abuela toma Rivotril antes de dormir, a la vez que su marido recurre al Viagra esperando el milagro, un veinteañero abusa de los fármacos para mejorar su rendimiento en el estudio y un ejecutivo arrasa con un blister para bajar la ansiedad, en algún pueblo de Formosa o de Santiago del estero hay un paisano que duerme relajado la siesta, recostado bajo un árbol.

El escritor inglés Aldous Huxley publicó en 1932 una novela de ciencia ficción a la que llamó Brave New World (traducida al castellano como Un mundo feliz). Huxley, que gustaba de experimentar en la década del cincuenta con todo tipo de drogas psicodélicas, sitúa su historia en un futuro en el que el estado reparte una droga llamada soma, con la que el hombre satisface todos sus deseos, sin ningún tipo de secuelas. El soma, en esta sociedad feliz, era poco menos que Dios.

Hoy, en el tercer milenio y en la vida real, la fantasía del hombre moderno de estar activo la mayor cantidad de tiempo posible, sin sufrir sueño, ni ansiedad, soportando fácilmente la incertidumbre y la presión promete hacerse realidad gracias a los avances de la ciencia en la fabricación de medicamentos.

Durante los últimos cuarenta años las drogas legales que afectan al sistema nervioso central fueron logrando una mayor complejidad, mientras los efectos secundarios indeseables disminuyeron notablemente.

Los números demuestran que los argentinos creen firmemente en los beneficios de este modo de vida que el psiquiatra estadounidense Peter D. Kramer denominara con el nombre de “cosmética”. Los medicamentos que más se consumen en Argentina son los que afectan al sistema nervioso central.

Sin embargo Doña Rosa, segundos antes de abalanzarse sobre el botiquín, sigue escandalizándose por el aumento del consumo de marihuana en los jóvenes. De parte del Estado no hay un trabajo sostenido y profundo en concientizar sobre este problema.

Si bien el uso médico de las anfetaminas comenzó a partir de 1920 con el objetivo de combatir la fatiga en militares de distintas nacionalidades, hoy los argentinos recurren a ellas para casi todo, convirtiéndolas en drogas sociales. Estas drogas pueden causar una adicción psicológica. Sin embargo Doña Rosa, segundos antes de abalanzarse sobre el botiquín, sigue escandalizándose por el aumento del consumo de marihuana en los jóvenes. De parte del Estado no hay un trabajo sostenido y profundo en concientizar sobre este problema.

Las estadísticas son claras:la cartera de la dama y el bolsillo del caballero argentino rebalsa de fármacos, muchas veces utilizados sin receta médica ni conciencia de las consecuencias que puede ocasionar el abuso o el mal uso de los mismos.

Este fenómeno se da con más fuerza en las ciudades de mayor población. Mientras que en cualquier metrópoli del mundo una abuela toma Rivotril antes de dormir, a la vez que su marido recurre al Viagra esperando el milagro, un veinteañero abusa de los fármacos para mejorar su rendimiento en el estudio y un ejecutivo arrasa con un blister para bajar la ansiedad, en algún pueblo de Formosa o de Santiago del estero hay un paisano que duerme relajado la siesta, recostado bajo un árbol.

Los calmantes que más salida tienen en las farmacias criollas son principalmente Rivotril y Alplax, seguidos bien de cerca por Clonagil, Tranquinal y el famoso Lexotanil, al que saludara por las mañanas Fito Páez en su canción Ciudad de pobres corazones.

El avance científico en esta materia se inició en los años setenta en Estados Unidos cuando comenzó a estudiarse la sinopsis de las neuronas. De esas experiencias nacería la droga de diseño que sería conocida años después con el nombre comercial de Prozac, un antidepresivo que revolucionaría el mundo. Entonces parecía que ya no había razones para estar triste, estresado o ansioso. El hombre finalmente sería feliz, de una buena vez y para siempre.

En base a esta píldora que venía a salvar al hombre de todos sus males, el ya citado psiquiatra estadounidense Peter D. Kramer, escribió en los años noventa el libro Escuchando al Prozac en el que plantea una pregunta que nadie se había animado a hacer hasta ese momento y con la cual dejamos abierto el final de esta nota: “¿Cuál es la verdadera personalidad de un individuo, la que tiene cuando no está medicado o la que logra cuando, con pastillas, su neurotransmisión mejora?”. ¿Será, entonces, que es preferible cambiar al hombre antes que a su situación social?. En lugar calmar el ritmo frenético de las exigencias que la sociedad de consumo propone, nos subimos al caballo de un cócteles de pastillas que nos hacen ser más resistente a las obligaciones y más satisfechos por poder cumplirlas.”

Sebastian Pujol

Gramática y género: una cuestión de conciliación

En el presente artículo se intenta reflexionar sobre el lugar que ocupa una disciplina como la gramática ante una concepción que fue cambiando a lo largo de la historia de nuestra sociedad: el género.
El lenguaje no es una creación arbitraria de la mente humana, sino un producto social e histórico que se construye a través de nuestra percepción de la realidad. Por lo tanto, la gramática como tal surge del discurso del hablante buscando siempre un objetivo comunicativo.
Esta visión del lenguaje y de la gramática es en definitiva la que permite conciliar las concepciones socioculturales que lleva un hablante a lo largo de su vida con el uso de determinadas formas. Se puede mencionar el empleo de marcas particulares de género en distintas palabras que décadas anteriores no se usaban; a modo de ejemplo, las palabras presidenta o intendenta presentan marcas que la gramática llama morfemas flexivos y que el hablante entiende que es importante distinguir por cuestiones comunicativas específicas. Las palabras asociadas a una profesión son un ejemplo prototípico a la hora de pensar en los cambios de la sociedad. Dichos cambios son impulsados comúnmente por movimientos que intentan posicionarse dentro de los principales actores sociales. Los movimientos feministas, por ejemplo han impulsado con fuerza el uso de la marca flexiva de género femenino en los nombres de las profesiones entre muchos de los cambios que proponen en el lenguaje.
Asimismo, no sólo los movimientos intentan posicionarse proponiendo cambios en las formas en que producimos el lenguaje, sino también instituciones, organismos y representantes de distintas organizaciones. En 1991, la UNESCO ofreció un documento titulado “Recomendaciones para el uso no sexista del lenguaje” en el que presenta cinco apartados con consejos sobre el uso de determinadas formas en detrimento de otras con el fin de “evitar, en la medida de lo posible y sin violentar el idioma, términos o expresiones sexistas discriminatorias para las mujeres”. Dicho documento menciona usos corrientes y propone soluciones posibles como el ejemplo ya nombrado del uso de morfemas flexivos de género femenino en el nombre de las profesiones.
Por otra parte, existen también muchos otros documentos en los que se reflexiona sobre los distintos usos que utiliza el hablante y que revelan en definitiva una concepción de género determinada.
A pesar de estos cambios paulatinos, a veces, el análisis de los mismos, queda opacado desde una disciplina como la gramática.
En ocasiones, ciertos fundamentos de las gramáticas más formales impiden ver esta conciliación del uso de determinadas formas con las concepciones socioculturales de los hablantes, en especial frente a los nuevos paradigmas. Incluso, los diccionarios o los manuales de gramática caen también en la misma trampa.
El DRAE, por ejemplo define al género como:

  1. m. Grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico [versión digital]

En la definición misma se hace una correspondencia del género con el sexo. Sin embargo esta correspondencia no es siempre uno a uno, al menos en nuestra sociedad. Además, hoy en día, las distinciones entre género, identidad de género y sexo parecen cobrar cada vez más valor y el lenguaje también avanza en estos cambios.
En definitiva, el hablante va por más y no se queda solamente con el uso de formas como presidenta sino que atiende, por ejemplo al empleo de las formas e, x, y @ como marcas de género inclusivo. El hablante es creativo e intenta en todo momento reflejar a través del lenguaje nuevas concepciones sobre el mundo y sus formas de vida. Prueba de ello son los distintos documentos escritos por movimientos activistas que rechazan la concepción de género binario. Tal es el caso del documento titulado “Lenguaje inclusivo: guía de uso”, confeccionado por Zack Mascías, integrante de la Asamblea No Binarie. El documento presenta una suerte de normas que apelan al uso de la e entre muchas cuestiones más.
Dichas marcas no son aceptadas al menos por las gramáticas más formales y esta situación hace que en muchas ocasiones la gramática se vea alejada de la vida del hablante.
Afortunadamente, no todas las gramáticas y no todos los gramáticos se afilian a los postulados más formales.
Hopper (1998) sostiene que la gramática emerge del discurso como un conjunto de rutinas recurrentes más o menos gramaticalizadas y constantemente renegociadas en el habla. En este marco, la gramática estará motivada y sujeta al cambio, porque el hablante usa la lengua en pos de un objetivo comunicativo puntual.
Bajo esta mirada se puede abrir una ventana que permita analizar las nuevas marcas en el discurso.
De forma tal que los usos de e, x y @ pueden comenzar a cuantificarse y/o al menos “cualificarse” en el discurso actual y pensarse como marcas morfológicas de género. Ya que sin lugar a dudas hay un impedimento real del idioma español frente a las nuevas concepciones de género.
Sobre el uso del @
Se puede observar que el hablante utiliza el @ que por su similitud gráfica tanto con el morfema flexivo a como con el morfema flexivo o permite incorporar al femenino y al masculino. De todas formas, todavía en este uso hay rastros de concepciones binaristas.
Sobre el uso de la x
El uso de la x permite pensar que el hablante no solo incorpora un espectro más amplio vinculado a la identidad de género. Es decir, incluye en su discurso distintas identidades alejándose claro está, de concepciones más binaristas. Este uso se ve extendido en redes sociales, páginas pertenecientes a instituciones, sindicatos, partidos políticos, etc.
Sobre el uso de la e
Puede observarse el uso de la e en lugares más informales de la web. Es decir en comentarios de twiter, Facebook, etc.
En conclusión, el lenguaje como elemento de poder perpetúa concepciones de la sociedad. Los movimientos feministas fueron los primeros en hacer notar los usos machistas del lenguaje. Hoy por hoy, nuevas concepciones sobre el género han colocado a estos movimientos también en jaque mientras que otros movimientos no binaristas intentan revolucionar la lengua con nuevos usos. ¿Tendrán éxito en su cometido? Tal vez ya lo tuvieron pero algo sí es cierto, la gramática no puede hacerse la distraída.

  1. UNESCO: Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
  2. 2 Diccionario de la Real Academia Española [ versión digital]

María Cecilia Romero