Aborto legal para no morir

Ayer se conmemoró el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres y el 15° aniversario de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito. A pesar de la situación que estamos viviendo tenemos que seguir luchando por Aborto Legal, seguro y gratuito.

 

 

Evita y su feminismo peronista

¿Quién fue Eva Duarte? Y ¿Por qué es quién es?

Hace 101 años en Los Toldos, nacía Eva Duarte. O más bien, Evita, así la llamaban. Desde pequeña, 15 años,  se vino a Buenos Aires sola para cumplir su sueño de ser actriz. Y ser actriz en aquel entonces, implicaba una caracterización bastante peyorativa. Ser actriz era ser puta, fácil y sobre todo, una escaladora de tipos poderosos. Era negativo ser artista, claramente, que siendo mujer. Llegó a Buenos Aires, ciudad –más bien un mundo- hostil, violento y sin recursos ni una educación que le abra las puertas a una situación más acomodada de la que venía teniendo de chica. Eva, es Eva. Y se propuso el sueño de ser actriz y lo logró. Con las valijas repletas de humildad y miedos, la encontramos en Revistas, fotos, actuaciones y la cara de Evita Duarte en las tapas y en la radio. No sólo la veían sino que también la escuchaban.

A lo largo de su trayectoria y encontrándose con nuevos caminos, el sueño de ser actriz comenzó a dejarse de lado y la política la enamoro en muchos sentidos.

¿Qué hizo Eva?

Eva, mujer irreverente llegó para encaminar a la Argentina. Con un piso increíble de valores y su ternura desbordante se convirtió en la cara femenina revolucionaria del peronismo. Ser mujer y ser peronista a la vez son cosas hermosamente complementarias pero que se vuelve muy difícil. Ser peronista es ser rebelde, combativa, pensadora, estratega, viva y sobre todo, honesta. Y ser feministas, también lo es. Eva era todo eso. Se adelantó en las necesidades del pueblo transformándolas en derechos, en libertades, así generar la emancipación de todxs lxs argentinxs.

Explicar un feminismo peronista se vuelve difícil por el odio incesante de los antiperonistas, pero deja de serlo cuando recordamos qué fue lo que hizo Eva. Principalmente, Eva no fue madre. No es poca cosa que haya prevalecido su amor por el Pueblo que a seguir los mandatos sociales de ser mamá y dejar su vocación política de lado, únicamente, para quedarse en el ámbito privado (que en aquel entonces era aún más común que en la actualidad). Eva, a través de su trayectoria política en los gobiernos Peronistas, se encargó no solamente de la campaña presidencial de Perón, sino que también,  que ocupó roles de conducción. Sí, una mujer debatiendo sobre decisiones políticas, entre mesas llenas de hombres poderosos y patriarcales, donde lo único que les molestaba de Eva era su condición de ser mujer. Ni hablar de que la masculinidad frágil no les permitía entender que una mujer, y como era Eva, esté “dominando” a Perón, un tipo fuerte y audaz. Eva se sentaba en la mesa de la CGT y discutía de par a par con los varones políticos de ese momento. Eva se enojaba, reía y sobre todo, defendía al Pueblo por encima de todas las cosas.

Además de todo el sentimiento y la pasión que la engloban a lo largo de la historia Argentina, no se quedó solo en la teoría populista de la representación. Eva se movió. Eva puso el cuerpo hasta morirse. Literalmente, hasta el último día. Y cuando hablamos de un peronismo feminista, también estamos hablando del feminismo peronista actual y espontáneo encabezado por nuestra conductora Cristina Fernandez de Kirchner.

A Eva le costó todo. Llegar, permanecer y también irse. Con pintadas en la calle al ritmo de “viva el cáncer” por parte de un antiperonismo misógino y violento en contra de la vida de Eva y sobre todo a favor de una enfermedad brutal, tampoco se pudo ir tranquila. El odio la enfermó y la mató. Pero ¿por qué Evita es quién es? Por un pueblo enamorado y convencido por ella, que la mantiene viva en su rutina, en sus unidades básicas, en tus banderas militantes, en una foto de ella y Perón en la cocina, en un abuelx que cuenta historias maravillosas de los años peronistas, en los libros escritos por y para ella, en los discursos, en los aniversarios, pero por sobre todas las cosas en los derechos.

Eva, sin ser madre –reitero-, encarnó un feminismo político y altamente peronista en sus medidas diarias. Impulso la patria potestad compartida, es decir, que nuestros hijxs –paridos y criados por nosotras- legalmente también iban a ser reconocidos desde lugares equitativos tanto para el hombre como para la mujer. El conocido voto femenino donde logramos poder posicionarnos ante la representatividad de los gobernantes de manera igual que los hombres. Hablaba en discursos hacia las mujeres. Nos reconoció como ciudadanas, nos dio un lugar en la política y en las conducciones. Nos permitió inspirarnos e ella y lograr cualquier camino que nos propongamos por más que esté lleno de hombres queriéndonos cortar las piernas. Eva reconoció a las enfermeras, relegadas siempre detrás de un médico.

Eva no sólo revolucionó las urnas, las calles y la cúpula política, sino que también revoluciono en las casas. Y haber llegado ahí, tenerla en un cuadro, nombrarla con orgullo, recordarla en cada película, en cada monumento, es la revolución peronista y feminista que sigue en pie y, por supuesto, en disputa constante con los sectores conservadores.

En resumen, la mujer que nos inicio en la política partidaria y nos reconocio como tales, hoy cumple 100 años. y debemos recordarla como la icono que encaminó a las mujeres y a la Argentina desde otra perspectiva. Con ternura, inteligencia, viveza y mucha astucia, Eva se puso a un país en el hombro. En los ovarios. Y seguiremos recordándola con mucho amor y proyectos que sigan sus ideas, que son las correctas.

Feliz cumpleaños Eva,

Hasta la Victoria

Siempre.

 

Azul Verzura

Violencia de género y fútbol

Aunque hayamos creído en más de una reiterada ocasión que el “patriarcado televisivo” estaba por extinguirse, Susana Giménez, volvió a ser un programa de visibilidad y denuncia; aunque su propósito no sea ese y tenga otro fin, Mariana Nannis protagonizó lo que venimos viviendo hace muchísimos años. 

Mariana Nannis es (entre otras cosas) la mujer de Caniggia, un ex jugador de fútbol exitoso y de la era Maradoniana, donde “El futbolista” encarna la impunidad y la aprobación mundial de todo su accionar a partir de un par de goles en una cancha de once. Desde prostitución, violencia de género hasta consumo irresponsable de drogas. 

¿Qué es precisamente la impunidad futbolística?

Es el patrón que cumplen la mayoría de los varones profesionales en el fútbol. Es la  no-sorpresa de encontrarse naturalizando una denuncia de violencia de género por parte de la mujer de algún deportista de esta categoría. No es un caso aislado, ni tampoco el testimonio de Mariana Nannis es como el que solemos escuchar ante un escrache o la exigencia de visibilizar el ambiente misógino que es el futbol. Y el patriarcado, lo encarna, en definitiva.

El fútbol como institución, haya sido generado con el fin de entretener, sacar pibes de la villa, o haya sido creado por el motivo que sea, hoy es uno de los espacios donde más violencia y desigualdad encontramos en cuanto al género. Más allá de la profesionalización del fútbol femenino que se logró este año, la desigualdad y la violencia con la que se generan maneras de relacionarse, funcionar y vincularse es algo que se está viendo, y por lo tanto, denunciando. 

Admitamos que si tenemos que definir en varias palabras la relación, más o menos, tradicional familiar de los futbolistas diríamos algo como: ellos traen la plata, la mujer se queda en casa, tienen varios hijxs de jóvenes, se casan, hacen que tienen una vida maravillosa mientras la mujer sufre en soledad la falta de amor y hasta la violencia egocéntrica y de genero por parte del papá de sus hijxs o su marido. El silencio en este tipo de relaciones es lo que sostiene y lo que hiere. 

Igualmente, no busco identificar un patrón de violencia de género en las parejas de los futbolistas, sino que simplemente entender que todxs sabemos que existe dentro de este tipo de relaciones, una desigualdad y violencia inexorable que nace de la institución en sí. 

Mariana Nannis, la mujer de siempre de Claudio Caniggia, la compañera de toda la vida y la mama de lxs hijxs del futbolista, la semana pasada fue entrevistada en el programa de Susana Giménez y durante esa entrevista reveló lo doloroso que le es y le fue estar con su marido. 

Dijo frases como: “Vine a salvar a mi marido de prostitución y de drogadicción. Lo vine a salvar otra vez más en mi vida. Ya lo salvé muchas veces en mi vida.” Repite reiteradas veces que ella fue el programa de Telefe, a ayudarlo. “Yo lo ayude muchas veces. Siempre estuve al lado de él, siempre lo apoyé y nunca lo engañé. Y siempre estuve ahí fiel como si fuese una estúpida porque del otro lado no hay retribución”

El machismo arraigado que hoy protagoniza la vida de Mariana Nannis no es sólo en Mariana Nannis. Mariana se siente estúpida por serle fiel a alguien que no le retribuye nada a cambio. Mariana le tiene que salvar la vida a un tipo adulto, que le miente, que le pegó, que la maltrató, y que la engaño reiteradas veces. Unos minutos después de comenzar la entrevista, Nannis hace un descargo un poco más profundo y dice “si no queres estar con alguien, deja a tu mujer ser libre”.  En definitiva, Mariana quiere ser libre. Y Claudio, el falso víctima, la arrastra con sus miserias provocando una especie de relación madre-hijo, altamente patriarcal, donde nuestro único rol como mujeres es acompañar, sanar, curar y callarnos. O somos brujas, o somos unas pelotudas. 

Mariana Nannis no es una persona, solamente. Mariana Nannis, es un sistema que nos promueve la ceguera de no identificar quién es él o la persona que está generando daño. Y así, seguir alimentando la comodidad y violencia de parte de los varones hacia quienes eligen ser sus compañeras. 

Y sin embargo, él, Claudio, la trata de insana. De loca, de desequilibrada. La acusa de mentiras, mientras ella con total firmeza no lo posiciona como un violento, sino como una persona que tiene problemas. Y ella, lo quiere ayudar.

(Sabemos que tratar de loca a una mujer, es típico de machirulo)

En fin, Mariana es la culpa que nos hacen creer que tenemos por haber elegido a un compañero de vida determinado. Mariana es muchísimas mujeres denunciando. Mariana es quién no ve. Su marido, ve todo y sabe todo lo que hace y dice. La diferencia está en que ella quiere salvarlo a él, y él, la quiere hundir.

Mariana Nannis fuimos todas. Creer que tenemos que salvarlos, fuimos todas. 

Pero a la que hay que salvar es a Mariana. Es a todas las que son Mariana.

Azul Verzura

Sin mujeres

El 11 de junio salió a la luz la formula Macri-Pichetto. Tras dichos de Miguel Ángel, anteriores a la noticia de su candidatura como Vicepresidente, se había asegurado que no le habían llegado propuestas de parte del actual Presidente. El efecto sorpresa llegó a las redes y por supuesto, a los memes burlándose de la UCR.

Me detengo a pensar unos minutos sobre esta, rara muy rara, formula y analizo. ¿A quiénes interpelan estos dos nombres?

Miguel Ángel Pichetto dio un discurso bastante ovacionado y reconocido el 8 de agosto del año pasado, en la sesión por el proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. De hecho, es -hoy en día- aclamado por un “feminismo liberal” donde la bandera del Aborto Legal es lo reductible, para ese sector, al feminismo. El eje no radica, simplemente, en que haya dado un discurso relevante ni tampoco si votó a favor. Sino en saber identificar  a quiénes se busca representar dentro de esta alianza y qué significa esta fórmula de varones.

La política es un espacio generado por varones y para ellos. Por eso, ser mujer y hacer política es una lucha constante donde, tener una referente mujer es un logro y hay que ovacionarlo. Y más, si esa mujer, tiene perspectiva de género y sus políticas publicas fueron acorde a la eliminación de la desigualdad de oportunidades ente varones, mujeres y disidencias. Por lo tanto, la formula Fernández – Fernández, está formada por una paridad, no por obligación, sino porque dentro de ésta, las mujeres tenemos el espacio que nos corresponde, y nuestras habilidades tienen posibilidad de desarrollo dentro de ese espacio. Es decir, que exista una fórmula de Presidentx-Vice compuesta por un varón y una mujer es señal  de que debe entenderse a los lugares de poder como algo posible y factible para nosotras, las mujeres.

Dentro de los movimientos políticos siempre se ha dificultado la posibilidad de poder encabezar listas, ocupar bancas, dirigencias y/o responsabilidades para las mujeres. No solamente porque nuestras capacidades siempre fueron tapadas por nuestra condición de ser mujeres, sino también por relegarnos estos mismos espacios, no se permitió el desarrollo de nuestras compañeras dentro del movimiento político del cual somos parte. Se siente la modificación de raíz de esta lógica. La manera de hacerlo visible y llevarlo a cabo es que hoy esté escribiendo un análisis sobre la falta de una mujer en la fórmula Macri-Pichetto.

Dudo que no haya mujeres dentro de la derecha. Dudo que no se hayan formado mujeres dentro de ese espacio político. Dudo, también, de que no se hayan dado cuenta. Dudo, aun mas, que ninguna mujer, de derecha, se haya percatado del semejante error de no haber incluido a una compañera dentro de esa fórmula ¿entonces, qué pasa?

Simplemente, pensando sobre la maniobra política de Macri al aliarse con un peronista, pienso en que tiene un origen y es que, además de ser maquiavélicos a la hora de gestionar un país, también cumplen –acorde a sus políticas públicas- un rol sumamente explícito de misoginia ¿qué quiero decir con esto? Que el patriarcado se viste también de un voto a favor de la legalización del aborto en el Senado. Y de un discurso sobre la necesidad de que dejen de morir personas gestantes por abortar en la clandestinidad. Debo hacer hincapié en que no es inocente que no haya mujeres que representen al Macrismo en esa fórmula. Ojo, pero sí en las fotos o en las bancas de ambas cámaras del Congreso de La Nación.

¿Dónde están las mujeres de derecha? Me pregunto. Y ¿a quienes interpelaran con una formula encabezada por dos varones? Que encima, uno de ellos, se encargó de destinar 11,36$ por mes por cada mujer para erradicar la violencia de género.

El feminismo también es notar que exista, todavía, una lista que no esté compuesta por mujeres y, por lo tanto, que se les siga evitando espacios. No es una compasión ni tampoco una denuncia. Es una reflexión para entender que no solamente son misóginos a la hora de gobernar, sino que también, ante las estrategias políticas que determinarían una re-elección de Mauricio Macri.

Azul Verzura.

¿Cómo me saco esto?

La desesperación de encontrarnos atascadas dentro de un círculo nada virtuoso pero sí vicioso, es como una serie en la cual nos encontramos, sabemos el desenlace, el nudo, el desarrollo pero la introducción se nos aparece un poco borrosa. En el recorrido de los capítulos nos vamos dando cuenta en dónde estamos y hasta qué deberíamos hacer. De más está decir, que eso que deberíamos hacer no es lo que terminamos haciendo.

Sí, estamos chipeadas. Pero también armadas de feminismo, eso mismo es lo que permite preguntarnos ¿Cómo me saco esto?

La serie en la que estamos es la vida real. Viene desde nuestra infancia, siendo atravesada por la industria de Cris Morena, Disney y demás poderes que nos instauraron modelos de vínculos, pensamientos y actitudes. Es la industria de los valores que hoy decidimos no reproducir, o por lo menos, dejar de llevarlos a la práctica, con todo el dolor que eso implica. Ésta misma industria nos muestra al dolor como algo necesario, excluyente. Es decir que elegir, querer, amar y buscar está totalmente formado y recreado, desde la perspectiva del entretenimiento, hasta nuestras actuales y futuras relaciones.

Empezando desde la fantasía, que se transformó en conflictos entre amigas por envidia, codicia y mucha competencia; hasta en creer que es hermoso ir y volver con la misma persona, romantizando las actitudes egoístas de aquellos con quienes nos relacionamos o de nosotras mismas. Es difícil poder diferenciar el límite entre ser una persona “romántica” y no poder reconocer que  existe una realidad que no está contada en la televisión. En las escenas de películas ¿Cuánto le dura el llanto a una piba que es dejada por un flaco por otra mina? Un par de horas. ¿Cuán triste estuvo Mar de Casi Ángeles al ser “cambiada” por Luna? Unos capítulos. Nada de eso pasa en la vida real, compañeras. El sufrimiento real no nos es explicado ni tampoco mostrado, entonces nos creamos una ilusión de la vida cotidiana que después es esa misma la que nos golpea con los verdaderos problemas que las relaciones humanas generan. Y que todos los seres humanxs traen en cada momento. El sufrimiento existe, las lágrimas y las peleas también. No pretendo militar los conflictos entre las relaciones pero sí hacernos cargo de su existencia y cómo entenderlos, y en el caso de que sean negativos o agresivos, tratar de destruirlos (de nuestra cabeza y perspectiva de las relaciones).

¿Cómo nos sacamos esto de  habernos emocionado y pedido que por favor vuelvan a juntarse unos personajes aunque ambxs hayan sufrido horrores? Aún peor: ¿Cómo nos sacamos esto de pretender que nuestra vida emocional se maneje como una película?

No solamente que nos invadieron la cabeza con maneras de amar y de “soportar” actitudes violentas y machistas, sino que también en el día a día nos cuesta salir de este tupper patriarcal. Cuesta salir y genera dolor el hecho de haber esperado que cada persona con la que nos relacionamos, de tal manera que esté cumpliendo las Leyes de Cris Morena y Disney. Y a su vez, el sentir la frustración de que estas inmersa en una relación basada en la ilusión de que será como una película, también es doloroso.

En Disney no te muestran la desvalorización, el sentimiento de miedo, inseguridad. Te muestran celos, discusiones a los gritos, puertazos y golpes a la pared: eso no tiene que pasar y si pasa, pedí ayuda y rajá. No te muestran los miedos de manera consciente ni tampoco la posibilidad de la comunicación entre personas. Te muestran agarradas de pelo entre amigas, sexo sin protección, y parejas que se revisan celulares. Cuando sos chica y te enamoras, lo único que buscas es la réplica de lo que te muestran visto en la tele. Porque creemos que lo buscamos y lo deseamos. Nuestro deseo deja de ser autentico en la medida que esté estimulado por un mundo de significaciones constantes. Golpes, celos, puteadas, etc.

Entonces, si nuestro deseo siempre estuvo condicionado por un modelo de amor violento, ¿cómo no nos va a costar salir de esa lógica machista y egoísta en la cual las mujeres fuimos (y somos) oprimidas y violentadas? ¿Cómo no nos va a enojar y frustrar que sigan existiendo varones con un accionar lleno de violencia disfrazado de amor romántico?

Ya el movimiento feminista nos dijo que lo que aprendimos hay que de-construirlo para poder construir una nueva manera de amar y ser amadxs. La nueva manera será, entonces, la manera en la cual no duela, no golpee y no lastime. Será con comunicación, paciencia y reflexión.

Será amor compañero, sano y libre o no será amor.

 

Azul Verzura

¿QUIÉN TE CREES QUE SOS?

El Ego varonil y la masculinidad frágil

El mandato de la masculinidad, el pacto entre varones, su ego enormemente indestructible y a su vez altamente frágil, es figurita repetida en el álbum del nuevo paradigma del goce feminista.

A veces se vuelve un poco tedioso tomar alguna posición sobre qué es lo que pasa con los vínculos que no se establecieron previamente a la oleada del feminismo popular (que va desde lo más pre-histórico hasta corregir un chiste transfóbico) y se vuelve tedioso porque –quizás- al principio, algunas, militaban con energía y mucha paciencia, el hecho de corregir los errores machistas de los varones, marcar faltas, establecer conversaciones hablando de lo que NO,  o hasta comprender situaciones donde –claramente- el patriarcado se mete en las sabanas.

Todxs sabemos que hay una cultura y un sistema que se encargó de generarnos comportamientos y pensamientos. Sabemos que ningune joven –por lo menos- esta eximido de la cultura patriarcal y machista. Sabemos también que determinadas actitudes ya no se negocian más y sobre todo, si tenemos en cuenta los privilegios de clase en donde nos desarrollamos.

Poder hoy elegir no tener más ganas de marcarles los “errores” o las cosas que –personalmente- no nos gustan, es también parte de la oleada. Lo principal para la modificación de las actitudes machistas –como extremas- es, a su vez, dejar de ocupar el rol de explicación. Y en el caso de que nosotrxs queramos utilizar ese recurso para la mejor construcción de un vínculo, es válido también. Solamente es que debemos dejar de ponerlos la mochila de la responsabilidad de que ellos se desenvuelvan bien.

La violencia machista no es solo pegar un cachetazo o prohibirle usar una pollera. No es solamente violar o abusar. La violencia machista es aún más amplia y no implica lo explícito de la violencia psicológica o física. Existe el mandato de la masculinidad, la fragilidad y magnitud de sus egos construidos en pos de un sistema utópicamente sostenible.

A los varones y a quién le interese:

El mandato de la masculinidad que regula, a través de un termómetro de violencia y daño hacia lxs demás, qué tan capo sos. Básicamente, con cuántas coges, qué tan pelotuda es la piba con la que salís que no se da cuenta que le mentís, hasta dónde llega este juego de hacerme el novio pero a la hora de asumir la responsabilidad de serlo ¡anda a encontrarlo!, puede ser -también- el sexo que finaliza cuando acabas vos. Es una lista amplia de situaciones, tan sutiles, que quizás ni las registras pero la otra que se relaciona con vos, sí. Se nos dificulta tomar las herramientas y empezar a debatirlo cara a cara, se dificulta porque todavía seguimos dentro de este sistema que nos sigue oprimiendo la libertad de –básicamente- ser o expresarnos. Pero algunas compañeras toman la opción de retirarse, cerrar un vínculo de un puertazo o eliminarlo de la redes así no vuelve.

Volviendo al mandato de la masculinidad y sus egos inquebrantables pero a su vez tan débiles que se rompen con un rechazo normal, es necesario aclarar que el daño que proviene desde un sistema que promueve valores machistas, no deja de ser un daño machista.

Al compañero que juega con tu tiempo, que miente, que no está de un lado ni del otro, que no entiende lo que sí y lo que no –habiéndoselo explicado 100 veces-, el que pide disculpas pero no modifica, el que no te suelta sabiendo que no está haciendo lo correcto, es un compañero que no está viendo más allá de su ego. Y yo, a ese compañero, al que le teme a la comunicación, al que no decide, al que daña y pide disculpas cuando estas huyendo llena de rabia, le pregunto

¿Quién te crees que sos?

Ni nombre la frase que está de moda de “responsabilidad afectiva”. Acá hablamos de códigos entre personas que, lamentablemente, los varones no nacieron con eso instaurado. Les hicieron creer que podían con todo y que no necesitaban ayuda. Les hicieron creer que no podían amar ni llorar. Les hicieron creer que los daños que hacen iban a ser perdonados. Les hicieron creer impunidad. Y no. Acá estamos las feministas para construir nuevos vínculos, marcarle errores o sólo cortarles el chorro. Acá estamos militando los nuevos vínculos, con todo el dolor que requiere transformarse. Acá estamos, resistiendo al amor violento. Resistiendo a la violencia entre compañerxs.

Azul Verzura

Ilustración por Ilustraciones Feministas

Violencia es mentir

El limbo insoportable entre lo que unx piensa y el otrx no dice. Quizás la palabra “mentira” sea contraproducente y más de uno se encargue de refutar toda la nota.

“La responsabilidad afectiva” logró tener un protagonismo que rozó lo banal y por eso es que elijo no traer esa frase acá, pero la idea sí está presente.  Es difícil hacer entender a lo que voy con el título “violencia es mentir”. Hay dos conceptos enlazados y creo que lo mejor va a ser definirlos.

“violencia” la violencia es esa cadena (o no) de hechos, acciones, palabras de una institución, una persona o un sector hacia otro de manera agresiva, no siempre explícita y con una asimetría de poder bastante clara. Y con respecto a “mentir” se puede desdoblar otro concepto “ocultar” y a colación “tomar de boluda”.

Violencia es mentir porque la información entre ambas personas dentro de un vínculo sexual, afectivo, sexo-afectivo, de noviazgo o amistoso, es lo primordial para poder construir al mismo desde una perspectiva diferente y, sobre todo, sana.

Centenares de veces nos hemos hallado reproduciendo el mito de que las mujeres nos enteramos de todo y que eso nos hace aún más poderosas. Hay dos opciones: o los varones que nos ocultan información cometen el grave error de la desprolijidad abundante y nosotras, con un poco de atención, logramos identificar de donde nace esta desprolijidad, o es evidente la infancia tardía con la que se vinculan.

La perspectiva de género en más de une logró re plantearse qué tipo de vínculos estamos teniendo y construyendo. Los varones que se cuelgan el pañuelo, que van a movilizaciones, que militan el feminismo en organizaciones políticas o que usan el lenguaje inclusivo en ámbitos públicos, en la cama ¿cómo son?

De la boca para afuera somos todos aliados, luchamos con la misma constancia el derecho a decidir de las compañeras pero al salir con una mina nos siguen inventando el cuento de la piba especial, única, inteligente y después te pelotudean 3 meses. En varias ocasiones -quizás-estés lo suficientemente rígida como para ponerle un límite a la desinformación masculina (varones CIS) y quizás en otras te agarren con la guardia baja.

Tampoco estamos pidiendo nada. Estamos hartas de pedir. Queremos que les salga sólo, como les sale levantar la voz en alguna reunión y nos demuestran todo su maravilloso saber. Es simple: violencia es mentir. Si estás saliendo con una chica, la ves con ganas de verte, de seguir construyendo el vínculo, y vos entendes que no estás en la misma sintonía, que no tenes ganas de verla y que –directamente- no te gusta más; ¡informala!

¿Por qué tienen que aprender a decirnos que no?

Y porque mientras nosotras vamos viendo con quién salir y encontramos a uno que más o menos nos guste, y no es mutuo, no seas tan egoísta de hacerme perder el tiempo. Nosotras, la mayoría, fue violada con todos los encuentros del sexo –te pido por favor- que ahora que gozo como nunca, me dejes seguir con lo mío y no me retengas con tu miedo al rechazo proyectado.

A nosotras no nos enseñaron a ser rechazadas, porque tampoco nos enseñaron a rechazar, ni a invitar a salir. Ahora que, algunas, estamos en el baile de invitar a salir, apurar, sentirse con las herramientas para llevarlo a cabo, estamos hermosamente expuestas a un “no”. Y ese “no” tiene que llegar porque es posible que no le gustemos a todos. O que todos no se enamoren de nosotras, o que justo ése esté en otra. Estamos acá para bancárnosla, no nos tenes que cuidar de tu “no”, varon. Tenes que cambiar lo que venís haciendo, cortarnos el mambo si es que no te interesamos, aceptarnos una salida si es que te gustamos, y dejar el juego de lado.

Nos aburrió el hecho de tener que seguir pidiendo que porfa digan “qué onda” con nosotras porque el fantasmeo se nos volvió rutinario. Desaparecer, hacerme perder el tiempo, mentirme, hacerte el boludo, ser irresponsable, seguir haciendo el cuento del varón aliado amante de la lucha feminista mientras a una le decís que es el amor de tu vida y a la otra la proyectas miles de meses juntos, es violencia. Violencia es que nosotras sigamos exigiendo que nos digan la verdad ante cualquier circunstancia. Violencia es mentirnos sobre lo que sienten, sobre lo que piensan, ¿saben por qué? Porque lastiman. Y, con el pañuelo verde colgado, la remera de la organización, tu lucha por los derechos humanos y sociales, no son compatibles con las mentiras a las compañeras o a las mujeres que construiste vínculo.

Y por qué todavía nos siguen preguntando ¿Por qué los varones no pueden llevar pañuelo verde?

Es evidente, que cuando estén preparados para hacerse cargo de la violencia machista que todavía siguen reproduciendo, su pañuelo colgado en la mochila va a ser bien visto. Ahora, pañuelo verde no es aborto legal. No te confundas, aliado, que tu lucha va por otro lado.

Azul Verzura.

La unidad es con todxs

Es el 2019 y las urnas se están calentando. Por más que para las elecciones falten varios meses, los tiempos políticos no son acordes a una aguja de reloj o al calendario pegado en la heladera.

Tras cuatro años de gobierno, la represión abunda, los femicidios aumentan de manera exponencial, los travesticidios siguen sin visibilizarse, torturan a nenas de 11 años a parir, llenan de gas pimienta cajones de comida y prohíben trabajar a familias o inmigrantes como vendedores ambulantes (porque la crisis los atacó de tal manera que, las changas, son la única opción de tener un plato de comida a la noche). El acuerdo con el FMI, las corridas bancarias y el Banco Nación son protagonistas del infierno al que muchxs llaman “Macrisis” de manera chistosa.

El Banco Nación es el principal banco del país y el que maneja todo el sistema financiero. De él dependen millones de personas: lxs asignatarixs de los planes sociales, lxs jubiladxs, la mayoría de lxs empleadxs estatales. El Banco Nación tiene, sobre todo, un rol social muy importante. Entonces, a la hora de entender cuál es el panorama político del 2019 de cara a las urnas, hay que tener en cuenta que las mujeres somos las más afectadas debido a la desigualdad económica y social, que, además, el Banco Nación se encargó de que la diferencia entre géneros/sexos sea cada vez más abundante ya que la pobreza lo es.

Natalia Roino es la delegada general del Banco Nación y en varias notas periodísticas explicó que recuerda cuando en los días más calientes del 2001 lxs empleadxs del Banco tenían que ir en jogging y zapatillas para pasar desapercibidxs porque las piñas volaban por los aires cuando (los manifestantes o las personas en la calle) veían el uniforme. “Todavía no estamos viendo esos niveles de violencia, pero empezamos a percibirlos. Hay una tensión general, un malestar. Gente que se ha quedado sin trabajo y viene a cobrar sus seguros de desempleo, esto es algo que hace mucho no veíamos. Hay mucho nerviosismo por las asignaciones, por miedo a que se las saquen”.

Y además cree que “Podría haber un escenario de corralito, si el Gobierno no le encuentra la vuelta a los números”. Y eso lo comparten muchos de lxs trabajadorxs que pasan las horas en la cocina del Banco más importante del país.

Entonces, la economía no se divide del género ni del movimiento feminista. Las asignaciones universales por hijx (AUH), las jubilaciones, el reconocimiento del trabajo doméstico y en todas las medidas económicas que un Gobierno vaya a tomar dentro de su mandato, debemos tener en cuenta la perspectiva de género a la hora de poner una boleta en la urna.

El movimiento feminista que está compuesto por mujeres, lesbianas, travestis y trans, en el 2018 logró tener un lugar protagónico a nivel movilización y presencia social. Sabemos bien que no alcanza solamente estar en las calles ya que el 8 de agosto estuvimos horas bajo la lluvia, y los senadores de pañuelo celeste, no nos acompañaron con su voto y es el día de hoy que mujeres y cuerpos gestantes, se siguen muriendo. Por eso, es que el 2019 logra encontrarnos unidxs y organizadxs para que nosotras dejemos de morir, lxs niñxs tengan la asignación universal por hijo correspondiente, lxs jubiladxs cobren acorde y por encima de la inflación, y lxs trabajadores ambulantes tengan la libertad de poder ejercer su derecho al trabajo.

Entonces, ¿Cuál es el rol de la unidad con todxs en este 2019?

La unidad con todxs se debe comprender desde la líder política más grande hasta aquel político socialmente desconocido, pero que -a nivel caudal de votos- podría sumar un porcentaje para cumplir el objetivo: sacar a Macri (y a su equipo).

Sabemos bien por qué Macri no, ¿no?

La alternativa política que protegerá tanto a mujeres como a lxs trabajadorxs y jubiladxs debe entenderse como estrategia política de urgencia ya que la emergencia alimenticia no deja de crecer y el desempleo es moneda corriente.

No es momento para ponerse a pisar las cabezas de compañerxs, es momento de poner sobre la mesa las cartas y que el voto y la transformación de la vida de la gente sea nuestro objetivo y bandera principal (para que el Macrismo no termine de destruir al país cuatro años más.) Tampoco es momento para caprichos utópicos sin fines políticos que dejen al Pueblo Argentino en una crisis tan grande como la del 2001 habiendo tenido en una boleta el camino que solucionara y encaminara de nuevo al país.

La unidad es con todxs porque sin feminismo que permita visibilizar a través de las herramientas necesarias y concentradas dentro de una alternativa política –nacional y popular- las mujeres seguiremos relegadas a las lógicas neoliberales y a la romantización –por ejemplo- del trabajo doméstico o de la violencia de género y de la diferencia económica.

Es momento que sea con todxs para que las libertades conquistadas y los derechos logrados a través de un proyecto que permitió y militó la emancipación de lxs cuidadanxs vuelva a ser parte de nuestro día a día en Argentina. Es momento de que una mujer vuelva al poder, de volver a hacernos creer que nosotras podemos llegar ahí y ganar. Es momento de que se vuelva posible un proyecto de vida, unas vacaciones o una birra con amigxs. Es momento de volver a festejar el 25 de mayo y todos los aniversarios Patrios.

Es momento y hay otro camino. Al 2019 lo recibimos todxs unidxs, porque todxs unidxs triunfaremos.

Azul Verzura

 

Una más, ni una menos.

Ella había despertado con las muñecas vendadas y los ojos ardiendo. La cabeza no paraba, tambor penetrante, mortífero, punzante; voces, ruido a motor de autos, todo resonado al mismo tiempo. Sus ojos comenzaron a aclararse.

“ ¿Por qué lo hiciste? ¿Cómo te atreviste a hacerlo?” Frases recorrían caras de familiares, noticieros y amigos. Todos, las mismas preguntas, ninguna por ella.

En un principio la culpa la hizo temblar, hasta que el mundo se vio interrumpido con su grito súbito y ahogado en saliva: ¡Eran ellos o yo!. La habitación quedó en silencio. En la cama blanca apenas se había levantado la mitad de un cuerpo que aún no sentía las piernas, un esqueleto frágil que había alcanzado a reflejar un rayo de verdad. El efecto de la anestesia había pasado, el dolor punzante se localizaba bajo su ombligo, la garganta le quemaba; la imagen de tener atravesado un hierro en la tráquea, era lo más parecido al dolor de tantas silenciadas.

El sol de la mañana asomaba por la ventana, no sentía ni frío ni calor. Su cuerpo, roto en pedazos y con los puños aún doloridos no dejaban de repetir la misma frase una y otra vez: “Eran ellos o yo”

La historia recorrió los noticieros. La habían metido en un auto, habían intentado inyectarle algo pero ella, justo ella, ya había escuchado suficiente. Tantas muertes, violaciones, penetraciones con objetos. En esos minutos, todas esas mujeres dentro de sí, todos esos dolores fueron suyos en su cuerpo y el impulso desgarrador del instante decidió acabarlo: “Si tenía que morir me los llevaría conmigo y no me importaba absolutamente nada” Eso sera lo que más tarde declarará a las cámaras.

Su cuerpo le recordaba cada secuencia. El dolor en los hombros era producto del forcejeo con el acompañante de atrás, al cual le sacó la jeringa que tenía en la mano y en el movimiento, llegó a clavarla en el cuello del conductor, lo que produjo que volcaran. A medida sus familiares seguían discutiendo sobre sus intenciones y lo buena niña que era en el colegio y que jamás le había hecho daño ni a una mosca; ella seguía concentrándose en su cuerpo. Las piernas sostuvieron encima al acompañante de atrás, que había quedado inconsciente luego de volcar, por eso aun no las sentía; la anestesia o el cerebro seguían negando esa sensación. Le aclararon que el auto dio muchos giros en el aire antes de caer del puente localizado a metros de Ruta 26. En algún momento despertó dentro del auto y pudo sacarse de encima el otro cuerpo.

Mientras acariciaba las sabanas de la cama sus manos recordaron el asfalto firme y caliente. Creyéndose muerta, agotada, dolida; sintió una mano que acarició su cabeza: “Está bien, ya fue suficiente” dijo.

La mujer, de costado sobre la camilla de hospital, no podía ver lo que sucedía a su alrededor. Con toda la fuerza que pudo, luchó contra lo que se le venía, pero aún se cobraron algo. El dolor punzante bajo su ombligo, era la marca que cargaría toda su vida. En algún momento el acompañante de adelante, había despertado del golpe, y al ver el peligro en el que estaba, y ver que la piba de 16 años aún se movía en la ruta, tomó un fierro 22 y apuntó a inconsciencia. No había usado un arma, pero le habían dicho que para quedar impune, debía dejar todo limpio de testigos. Apenas sabiendo dónde le había dado y viendo que la joven no se movía tras el disparo, salió huyendo.

La sobreviviente, una entre pocas, tenía destrozado el útero y parte del intestino delgado. La bala giró dentro del cuerpo rompiendo todo a su alrededor. Pudieron reconstruir el intestino, con todas las complicaciones que había llevado, pero el útero y la infección que se generó en los ovarios era irreversible. Su sistema reproductor ya no servía para nada.

Las nubes de recuerdos se iban volviendo más nítidas. No había tenido miedo, no había dudado y ella lo sabía; así como en aquellos minutos de adrenalina supo lo que debía hacer, ella ahora miraba a su alrededor y no sentía nada. Sus familiares intentaban ver si había angustia en sus ojos o culpa en sus palabras, pero sólo encontraban una mirada firme, fija en la pared blanca de la habitación.

Todos los noticieros le hicieron preguntas y trataron de hacerla ver como víctima o victimario; solo uno reprodujo las declaraciones de la joven, para el resto, no era marketinera al público: “Se muy bien lo que hice, porque sabía muy bien lo que iba a pasar. No decidí por la adrenalina, ni por venganza. Sabía lo que debía hacer, supuse como acabaría de una u otra forma. Soy responsable de las muertes, tanto como soy responsable de mi vida y mi supervivencia. Solo diré lo último que pensé antes de accionar: “Eran ellos o yo”. Como mujer, me hago responsable de mi misma. Ya no víctima y débil, ni victimaria cruel y asesina. Sino responsable de las decisiones que tomamos en esta batalla en donde somos nosotras o ellos. Nuestros cuerpos son, el nuevo campo de guerra, y muchas decidimos, dar pelea.

 

Maria Del Mar Bisignano