Tal vez una nueva era

Parecemos transitando una historia ni siquiera imaginada por Isaac Asimov, Ray Bradbury o Julio Verne. No hizo falta llegar a Marte para sorprendernos con lo desconocido. Y es todo lo contrario a ensayar una vuelta al mundo en 80 días. ¿Cuarentena de cuántos días? ¿Quién sabe ya de cuánto tiempo? Durará lo que tenga que durar, dijo el Presidente Alberto Fernández.

Los relatos de ciencia ficción necesitaban el afuera, lo desconocido, la imaginación buscando trascender la realidad de lo material, de lo táctil, lo cognoscible que teníamos a mano. Pero casi nadie habrá escrito la historia de quedarse en casa. 

¿Qué estás haciendo, mirando el techo?, suele ser el comentario despectivo cotidiano hacia las personas poco propensas a deambular, transitar, emprender. Que el capitalismo se hizo recorriendo el mundo, conquistando América, sojuzgando a los “buenos salvajes” que había imaginado Rousseau. Quedarse en casa emula casi a un volver a la Edad Media, donde todo quedaba más cerca. El campo, el señor, los siervos de la gleba, el ganado, la artesanía. Los negocios de proximidad, diríamos ahora. Del pueblo a casa y de casa al pueblo. Quedate en casa, o por lo menos en el barrio como se dice en la provincia de Buenos Aires, donde la cuarentena se pone más peliaguda para los que menos tienen. Mercado local, el artesano, los nobles, el rey, el señor. Y la Iglesia. A la globalización y el capitalismo desencarnado se le cayó el maquillaje dijo el Papa Francisco un mes atrás en una Roma desierta, conmovida, devastada por la enfermedad.

Lo que no pudo la Inquisición con sus feroces métodos ¿lo puede hoy un bichito? ¿Hacer retroceder a la Humanidad casi 500 años? Un microorganismo que ni con microscopio casi podés ver, un ser irracional que vino a poner en jaque a la Razón, con mayúsculas. A la globalización, a la ciencia, que casi que termina apelando a las cuarentenas del Medioevo. A la Ilustración, a los derechos sociales que vino a entronizar la revolución francesa: la libertad, la igualdad, la fraternidad. Libertad de quedarte en casa a resguardarte o a morir si ya no hay donde internarse. La igualdad, que la peste toma a pobres, a ricos, pero se ensaña con los viejos y los más vulnerables por el hacinamiento que cristaliza la deuda social a la que nadie había prestado demasiada atención. La fraternidad del miedo común a perder la vida y buscar el resguardo en el Estado Moderno, que se impone a la Globalización. Casi que volver a la Edad Media, a la antiglobalización para retornar a lo local, al Estado, lo que nos queda cerca. Y la economía que tambalea. La amenaza se cierne casi como una sentencia que se insinúa: los que sobrevivan, serán más pobres. 

La burguesía, esa clase emprendedora que dominó el mundo, se aburguesa, se apolilla en cuarentena. Una maquinaria que producía riqueza e injusticia social en el mismo movimiento, se queda de repente quieta, funcionando a media potencia. Y ¿qué seguridad dejó? ¿De dónde agarrarse ahora? ¿Y qué hacer, si todo funciona en ese engranaje sistémico, donde todo se relaciona con todo: las compras, las ventas, la producción, la ganancia, la plusvalía, el salario? ¿Cómo independizar al trabajador del capital, si fue primeramente desposeído de todo? ¿Cuál es el valor de una fuerza de trabajo encerrada en la casa y el de un comercio con las puertas cerradas? 

Se quedó sin energía eléctrica la maquinaria capitalista, que funciona a duras penas con el grupo electrógeno de la virtualidad del home-office. Se recuperó la capa de ozono, y se demoró por un tiempo el progresivo calentamiento global. Se enfrió, tal vez demasiado, el mundo. El futuro sólo depara interrogantes. Porque la sensación (que en el transcurso del tiempo se impone como una certeza) es que el día después de la pandemia no será igual al momento cero en que el coronavirus se inició en Wuhan. Olvídense de la normalidad, dijo Axel Kicillof a las cámaras y causó revuelo. Subleva, indigna no poder volver a cierta estabilidad, previsión, seguridad. Las certezas naufragaron y para colmo pareciera que empezamos a transitar la espiral ascendente de la multiplicación de contagios en Argentina. La sensación es que el coronavirus no abrió un paréntesis que se cerrará el día en que se dome la bendita curva, o el mundo entero vuelva a quitarse el barbijo para salir de la casa. No parece un paréntesis, sino un punto y aparte. Un cambio de hoja, un nuevo capítulo. Tal vez una nueva era, que no sabemos ni siquiera de qué estará hecha.

Sebastián Giménez. Escritor y trabajador social.

 

“Es muy difícil hacerte a la idea de no salir de tu barrio cuando no tenés qué darle de comer a tus hijos”.

Una alarma se encendió cuando comenzaron a aparecer los primeros casos de Covid-19 en la Argentina: ¿Qué pasaría cuando el virus entre en los barrios pobres de las grandes ciudades? Eso que todos temíamos hoy es una realidad. Un porcentaje muy alto de los casos registrados en la Ciudad de Buenos Aires se dieron en los barrios más vulnerables, donde difícilmente se puedan cumplir los protocoles de higiene.

Para conocer un poco más sobre lo que está sucediendo en las villas argentinas entrevistamos a Fernanda Miño, referente de la Mesa Nacional de Barrios Populares, ex concejala del Municipio de San Isidro, actual Secretaria de Integración Socio Urbana del Ministerio de Desarrollo Territorial y Habitat y vecina de la Villa La Cava, de la Zona Norte del Conurbano Bonaerense.

 

¿Cómo se está viviendo esta crisis humanitaria en los barrios?

Los últimos cuatro años dejaron a los más de 4400 barrios populares del país, que ya venían de una situación muy precaria, en un desamparo total. Muchas cosas de las obras que se habían anunciado no se realizaron y se fugó muchísima plata. Cuando hablaban de cloacas o de asfalto, no era real. La llegada de la pandemia terminó de complicar la situación, que ya era de mucha precariedad y desidia. Profundizó cada una de las carencias que se venían sintiendo. 

Por ejemplo, la falta de agua potable, de cloacas y los problemas económicos que se generan porque los habitantes de los barrios no pueden salir a buscar el alimento afuera, crean un ámbito en el que no se puede desarrollar con normalidad el protocolo sanitario.

Hoy muchas de las familias de los barrios populares se están manteniendo por los comedores y los merenderos. La realidad es así de dura y de difícil.

¿Están pensando en algún plan desde la Secretaría de Integración Socio Urbana para paliar los efectos negativos de la pandemia?

Estamos en pleno proceso de lanzamiento de un programa de emergencia. Nuestra mayor misión desde la Secretaría en esta gestión es la integración urbana de los barrios de toda la Argentina, con obras de infraestructura, con el ingreso a los servicios básicos y, donde se pueda, apertura de calles o cordones cuneta. Esto se vio truncado por la cuarentena. 

Ahora logramos redireccionar desde la Secretaria de Desarrollo Social y Hábitat un préstamo que teníamos de financiamiento externo para abordar un plan de emergencia con la intención de llegar aproximadamente a mil barrios que están enmarcados en el RENABAP (Registro Nacional de Barrios Populares) que tienen como característica el hacinamiento y otras dificultades de acceso a servicios. El objetivo es llegar con cuadrillas sanitarias, con puntos estratégicos desde donde repartir información, con acceso a internet, etc. También para fumigar los pasillos y con pequeñas obras en espacios comunitarios y sociales que necesitan refacción y que son utilizados para la lucha contra el coronavirus.

El programa se va a llamar Integrar es Salud y va a funcionar en articulación y colaboración con los gobiernos municipales y con todas las instituciones que ya están trabajando en el territorio, para reforzar ese trabajo.

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“El gran tema estructural de los barrios cuando empiece a aflojar la cuarentena va a ser el ingreso de los servicios básicos. Tener ese piso de dignidad”

 

¿Cómo se organizan los barrios para intentar cumplir con los protocolos sanitarios?

Tenemos noción de que en algunos municipios sí se puede abordar la emergencia con controles, con algunas recorridas sanitarias para la detención en adultos mayores y tener lugar para la atención cumpliendo el protocolo. Sabiendo las características de las casas y la manera en que se vive, no se puede hacer aislamiento social y obligatorio. Nosotros tenemos que plantear, defender y tratar de atender el aislamiento comunitario dentro de los barrios.

La otra vez hablábamos con unos compañeros y decíamos que esta situación nos hace acordar al 2001, más que nada por la reproducción de las ollas populares. Pero en este caso, no solo es hacer llegar el alimento, sino también conseguir barbijos para las familias, el alcohol en las filas que se forman cuando van a buscar los recipientes con comida o la desinfección.

¿Creés que fueron acertadas las medidas que se tomaron en un primer momento para evitar que se disparen los casos en los barrios?

Si tengo que hablarte de los barrios de CABA, me parece que están llegando tarde. Pero nadie estaba preparado para esto. Todas la medidas que se van tomando ya con el virus latente siempre terminan siendo deficientes, por las características de los barrios y el abandono de tantos años. 

Un problema importante también es la falta de información y la falta de conciencia. Es muy difícil hacerte a la idea de no salir de tu barrio cuando no tenés qué darle de comer a tus hijos, cuando no podés comprar la garrafa de gas o un medicamento. En muchos lugares toman conciencia recién ahora. Muchos necesitan salir a buscar dinero y estamos tratando de organizarnos con eso.

La organización con el IFE fue muy difícil. La gente no está adecuada a las tecnologías, no sabe cómo acceder, sumado a la deficiencia de la conexión a internet. Nosotros pusimos un punto de internet en La Cava, pero la página colapsaba. Se hacía muy difícil. Era muy burocrático. Muchas familias se quedaron sin la posibilidad del beneficio.

¿Cómo es la situación en La Cava, el barrio donde naciste?

En La Cava se dio una reproducción de ollas populares, de comedores que se empezaron a abrir en los patios de la casas o en espacios sociales. El mismo municipio en este caso abrió algún comedor o una olla de algunos días por semana. Los que ya venían trabajando con espacios más culturales, de apoyo escolar, se vieron limitados hoy también a dar comida a las familias. Es difícil, tenemos varios contagios y no sabemos desde que momento están repartiendo el virus.

La idea es también que uno de los puntos donde vayamos con el programa Integrar es Salud sea La Cava. Desde la Secretaría pudimos hacer integración con el ministerio de seguridad, que nos trajo las mochilas para fumigar y vamos a tener articulación pronto con Cascos Blancos, para hacer las recorridas sanitarias. 

Se va tomando conciencia de que si no trabajamos todos juntos nos vamos a ir pisando con distintos programas y no vamos a poder potenciar la asistencia. Ese es el trabajo que me toca. Es un virus que demanda este tipo de acciones, sin mezquindades políticas.

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¿Cuáles pensás que serán los principales problemas estructurales que deberán ser atendidos con prioridad cuando termine esta crisis sanitaria?

El gran tema estructural de los barrios cuando empiece a aflojar la cuarentena va a ser el ingreso de los servicios básicos. Tener ese piso de dignidad. También potenciar el trabajo en la economía popular. Pensamos que se puede hacer mucho desde ese lugar. Las fábricas van a reducir su personal. Ya lo vienen haciendo o no están pagando el salario completo. Hasta que eso remonte va a pasar un tiempo y creo que tenemos que apuntar al desarrollo comunitario para paliar la crisis y poder hacer trabajo dentro de los barrios. Para nosotros va a ser de gran importancia en el trabajo postpandemia.

Si tengo que contarte los defectos y las injusticias que se han dado en el gobierno macrista creo que no me alcanza el tiempo. Yo quiero mirar para adelante. Creo que siempre está la posibilidad en un gobierno peronista de cambiar la historia dentro de los barrios, más allá de quien esté en la gestión. Nadie tiene la varita mágica de la gestión efectiva, pero tenemos una gran posibilidad. Nosotros estamos planteando una nueva estrategia de abordaje en los barrios, que tiene que ver con el trabajo junto a las organizaciones sociales a través de sus cooperativas, y con los municipios, provincias y Nación. 

Lo que yo vi a lo largo de mis cuarenta y cinco años es que en general todos los planteos y las fórmulas que se han propuesto para abordar la problemática fallaron. Hubo muy pocos proyectos exitosos de integración. En los lugares en que fue exitoso fue en donde hubo voluntad política y organización territorial para que permanezca en el tiempo. Es lo que planteamos. Organizarnos y, desde la política, apuntalar esa organización y cimentar el trabajo comunitario. Ese será nuestro trabajo en los tres años y medio que nos quedan de gestión.

Sebastián Pujol

Un poco de Tonucci y otro tanto de Fernández

Por una buena patria en tiempos de coronavirus

El sábado 25 de abril tuvo lugar un seminario del pedagogo italiano Francesco Tonucci titulado “Por una buena escuela en tiempos de coronavirus”, que tuvimos el gusto de ver en casa junto a mi mujer mientras los chicos se entretenían con películas de Netflix o completando tareas virtuales. La exposición fue muy interesante, donde el pedagogo brindó herramientas sencillas a docentes y familias para que la escuela pudiera recrear su función educadora de alguna manera en la casa de cada alumno. Dio pistas de propuestas simples con lo que los chicos tuvieran a mano y respetando sus gustos e intereses. Terminó su exposición de forma original construyendo con una simple tijera y una hoja doblada un caballo de papel, al que impulsó con un breve soplido hasta hacerlo desaparecer de la pantalla. Lo que transmitió su ponencia es que la escuela debía superarse a sí misma, destacando el gran protagonismo que tenían los docentes en esa gesta.

La conferencia terminó a las 16 hs hora argentina y pusimos la tele esperando la conferencia de Alberto Fernández, habida cuenta de que la fase de la cuarentena preveía como último día el 26 de abril. Una hora, dos horas. Los reporteros siguen diciendo que es inminente la palabra del Presidente pero el tiempo sigue pasando. Y uno merienda, sale a pasear al perro brevemente hasta la esquina y vuelve. El Presidente comienza a hablar sobre las 21 hs, hecho que coincide con el aplauso desde los balcones como reconocimiento al personal de salud que enfrenta la Pandemia. “Vamoosss Albertooooo”, se oye gritar a una vecina no sabemos de qué lugar, infaltable como todos los días, pero este hecho no demuestra para nada la verdad del tweet sin dudas exagerado de Daniel Filmus diciendo que la gente sale a aplaudir al gobierno.

Mira a las cámaras el Presidente, junto a él algunos miembros conspicuos de su Gabinete de Ministros, y el área de Salud con dos representantes. Comienza agradeciendo el esfuerzo de los argentinos y aduciendo que por la observancia de las indicaciones sanitarias el daño provocado por la enfermedad se mantiene en niveles controlados. Muestra el dibujo de la maldita curva, ascendente pero insinuando una meseta.

Dice también que no ignora el impacto económico y que esto provocará conflictos. Afirma que algunos bien intencionados (y otros no tanto) propugnan por la vuelta normal al trabajo pero aún no ha llegado esa instancia. Por otro lado, el ejemplo de la situación preocupante que están viviendo los países que apostaron a mantener las actividades económicas con un aumento exponencial de los contagios y fallecidos no hacen más que darle la razón. Pero esta vez no aludió a la comparación con ninguna otra urbe, probablemente acusando recibo de las quejas realizadas por representantes de otros países con motivo de su exposición de varios días atrás.

En el cuadro de las fases de la cuarentena, indicó que estamos a mitad de camino, lejos del punto de partida pero también del de llegada. Avanzamos, pero aún no se ha logrado nada. Una transición que se insinúa larga pero la situación varía segundo a segundo, día a día ni hablar. Define que las ciudades con población mayor a los quinientos mil habitantes seguirán con la cuarentena estricta. En un mapa lo explica. Donde hay más aglomeración, mayor es el riesgo de contagio. Se podría flexibilizar la cuarentena en las localidades de menor cantidad de habitantes pero cumpliendo ciertos requisitos. Pero el lema general parece: “dentro de la cuarentena, todo; fuera de la cuarentena, nada”.

Las diapositivas y sus transiciones funcionan de apoyo a su retórica docente de profesor de la UBA. Y me puse a pensar en que había algunos puntos de encuentro entre las ideas del seminario de Tonucci y la exposición del Presidente. El pedagogo apuntó a que, cuando todo vuelva a la normalidad, el gobierno italiano debía dar un reconocimiento especial a los niños, por haber pasado estoicamente la cuarentena y cuidado a sus mayores. El Presidente también habló de los niños, habilitando la posibilidad de una salida diaria de una hora de duración y reconociendo cómo habían cumplido con el aislamiento social preventivo y obligatorio. Dijo que los médicos y personal de salud eran los héroes y los chicos los campeones.

Otra cosa que me pareció que podían tener en común el Seminario y la conferencia de prensa es que Tonucci habló de que la crisis constituía una oportunidad para la Escuela de no continuar siendo la misma, que la iba a obligar a cambiar de alguna forma y aún contra sus elementos constitutivos y más conservadores. También podemos interpretar lo mismo para este momento complejísimo, difícil y doloroso, como dijo el Presidente, que vive la Argentina. La salud nos unió, ensayó Alberto Fernández. No es poco. Como dice aquélla máxima nietzcheana: “lo que no te mata, te fortalece”. Fortalecer el Estado, la capacidad de decisión política y la integración social para poder llegar de alguna manera a ayudar a todos son los desafíos del ahora y el después. Lo que quedó claro es que falta mucho. Estamos recién a mitad de camino. Y esta situación límite sin dudas puede constituir también un fenomenal aprendizaje social. Parafraseando el título del seminario de Tonucci, ojalá la crisis sirva para construir una buena patria, en tiempos de coronavirus. Y después también.

Por Sebastián Giménez. Escritor. Trabajador Social.

Una nueva historia

Una retórica docente la del Presidente Alberto Fernández. El profesor de la UBA y los gráficos. Siempre las comparaciones son odiosas, pero que las hay las hay. Compara lo incomparable, ya sabemos. Que el primer mundo, que el tercer mundo. Pero todo el mundo parece igual en una pandemia, ante un virus que se esparce con una facilidad asombrosa.

El hombre es el Presidente de la república, pero te habla como un profesor explicando los resultados de la cuarentena, favorables en comparación a otras latitudes. Nos pusimos a resguardo y nos abstuvimos de decir que era una gripecita, con el diario del lunes bajo el brazo y planteando la estrategia de una cuarentena ortodoxa implantada cuando teníamos cincuenta casos confirmados en el país. A veces llegamos tarde los argentinos, pero por una vez parecemos habernos anticipado. No ir detrás de los acontecimientos, sino organizar, administrar la cuarentena.

La economía y la subjetividad se resienten. Y se rebelan también porque lo que pasa allá avisa, pero la amenaza a veces no termina de corporizarse. La situación hace acordar a los ríos de montaña, en particular en la estación estival. Uno puede estar bañándose en un tramo del río con un calor de mil demonios, hasta que alguien te avisa “está lloviendo arriba”, en el nacimiento del río, a kilómetros de distancia. Y mirás el cielo y ves alguna nube y te preguntás si será verdad lo que anuncia esa chicharra de mil demonios, que te ordena abandonar el lugar. Entregarse a la tarea odiosa de levantar campamento, interrumpir el plácido baño y mudar la toalla, el bolso mientras te sigue pegando en la nuca el sol abrazador. ¿Para qué? Uno tarda en convencerse. Llueve allá arriba, se extiende el virus en Italia, España, Nueva York, Brasil, Ecuador y qué lo parió.

Levantar las cosas, dejar de estudiar, de trabajar. Distancia social. Acuartelamiento de cada uno en su casa para vencer al enemigo invisible. Los días pasan, y ya no distinguimos entre lunes y miércoles, que ya no sabemos ni en qué día vivimos como dijo el Presidente. Que va a haber ayuda para todos, dice, que el Estado estará presente. Pero ¿cómo llegar a todos los informales? La ayuda siempre será poca, cómo llegás a los más débiles más que con bolsones de comida, al comerciante obligado a cerrar, a levantar campamento.

Mientras, Tecnópolis se convierte en un hospital de campaña. Precaverse para no ver desbordado el sistema sanitario. Si los argentinos siempre actuamos después de que ocurren las cosas, esta vez nos adelantamos a los acontecimientos con la ayuda de la anticipación de las noticias globales que viajaron por internet. Como el turista que tuvo que abandonar el río a tiempo, subir unos cuantos metros y guarecerse bien arriba. Porque el río no avisa subiendo de a poco, sino que baja como un torrente endemoniado dispuesto a llevarse todo por delante, atravesando puentes y arrastrando todo a su paso. Cambiando tanto el paisaje que sorprende verlo subir su nivel hasta lo imposible, metros y metros alcanzando y superando el peldaño de roca desde donde sabían tirarse los clavadistas. Y recién ahí uno comprende la necesidad de los sistemas de alerta, de los avisos, De actuar a tiempo, precaverse.

Parecería que se actuó a tiempo en el aspecto sanitario. Pero, como se dijo, aún no se logró nada. Y otro tema será superar la gran depresión económica del país y mundial, que algunos asemejan a la de 1929. En ese momento, se revirtió el colapso del capitalismo apostando al Estado empresario y una política monetaria expansiva, el ideario keynesiano que había quedado en el olvido. Si los hechos cambian, cambio de opinión, supo decir el economista inglés.

Esta crisis a la que empujó un factor externo a lo económico e inesperado, pondrá en cuestión las teorías del capitalismo financiero, la globalización y la misma organización social.

No habrá un salvador, sino que parece un desafío colectivo, más allá de la grieta, sumando a los intendentes de la oposición y los propios asesores, que lo ayudaron al Presidente a no olvidar lo más importante del mensaje, la duración de la extensión de la cuarentena hasta el 26 de abril. La unión es la receta ante el desborde común que ocasiona la situación. El desafío ni siquiera lo podremos comprender con los cuadros en un pizarrón, porque en estos momentos todo quedó en suspenso, pataleando en el aire. Nadie sabe nada, ni en el país ni en el mundo, en este año que parece un sueño o una pesadilla. Complejísimo y titánico es el desafío de subir la cuesta empinadísima para ponerse a salvo, borrar el pizarrón y escribir de nuevo. Una nueva historia.

 

Sebastián Giménez. Escritor y trabajador social.

La hora de ganar menos, para vivir más

Alberto Fernández esta vez estuvo ladeado por el Jefe de Gabinete y el Ministerio del Interior, luego de una Conferencia en internet con los gobernadores. Anuncia la extensión de la cuarentena obligatoria hasta después de la Semana Santa. El vía crucis lo tendremos que atravesar todos, con la esperanza, que se patea para adelante, de la resurrección de la Economía.

El Presidente anuncia, transmite una decisión dialogada con los gobernadores. Una mesa redonda entre los administradores del terruño y el jefe del Estado Nacional. Con la ventaja bien relativa de actuar con el diario del lunes, por la catástrofe sanitaria anterior (o simultánea) en los países de Europa y también el avance del coronavirus en Estados Unidos o Brasil. Las cuarentenas parciales no contribuyen a frenar al enemigo invisible.

Alberto Fernández mira a la cámara y habla en un tono de voz amigable. No está enojado, hace una especie de balance. Más del 90 por ciento de acatamiento de la cuarentena, la gente acompañó la medida aunque las cámaras muchas veces se queden con el hombre de la tabla de surf en el techo del auto. En general, se cumplió y no es posible en un país de las dimensiones territoriales de la Argentina hacer un control estricto del que hablara Foucault en su célebre idea de panoptismo. Con la figura metafórica de la torre de observación que acuñara el francés, la Pampa húmeda se te escapa, se te escurre por todos lados, y las provincias con poca densidad poblacional y dilatados territorios también.

El mensaje intenta llevar tranquilidad, hace un repaso de las medidas adoptadas: ingreso familiar de emergencia; créditos con tasas subsidiadas a las Pymes para sostener el pago de los salarios; congelamiento de alquileres, de los créditos hipotecarios y suspensión de desalojos. Torea a los especuladores que aumentan los precios de elementos de primera necesidad y promete inflexibilidad también con las empresas que despidan empleados transitando la emergencia. Llegó la hora de ganar un poco menos, dice con voz firme a los empresarios y poniéndose del lado del más débil, el empleado que ve peligrar su fuente de sustento.

Sus palabras también se dirigen a los sectores más empobrecidos que moran en viviendas precarias, a los que la cuarentena se les pone especialmente peliaguda. Les agradece como compañero el acatamiento de la cuarentena y les hace el pedido de que cuiden a sus mayores. En épocas de una pandemia, que afecta con mayor letalidad a los más grandes, los únicos privilegiados son los abuelos. Escuchar eso tranquiliza, si se toma en cuenta que otros líderes mundiales se resignaron a que los mayores en sus sociedades deberán fallecer o sobrevivir del modo que puedan creando sus anticuerpos.

Hizo también el Presidente un llamado a la solidaridad, sabiendo que de esta situación especial nadie saldrá indemne. Ganar un poco menos, los empresarios. Sobrevivir de la mejor manera posible, los trabajadores. Aunque protestó contra la dicotomía de los análisis que hablan de la opción entre la salud o la economía, consignando que se tomaban medidas de compensación económica. Se verá si es suficiente. Una problemática que excede en mucho a la estabilidad de las épocas normales, aún recesivas. Se ejecutan medidas, surgen nuevos problemas, se responde y así. Tapando baches, pero priorizando a rajatabla la línea de la priorización en lo sanitario.

Llegó la hora de ganar un poco (o mucho) menos, no sólo para los empresarios sino para casi todos los sectores sociales. Ganar un poco menos, para pasar la pandemia y vivir más sería la hoja de ruta. La economía se puede recuperar, plantea el Presidente, la vida no. Un esfuerzo gigantesco que exigirá la solidaridad de todos los sectores sociales, una palabra fuerte también nombrada ayer. En las situaciones límites, suele decirse que se ve de forma exacerbada lo mejor y lo peor de cada persona. Como sabe señalar el escritor Martín Rodríguez, la gente habitualmente, ante la presencia de problemas, pide más Estado. Alberto Fernández, en sus palabras, pidió también más Sociedad. Ojalá, como sociedad, estemos a la altura de las circunstancias. Ser solidarios con los que más lo necesitan, cuidarse entre todos. Sociedad y Estado.

 

Por Sebastián Giménez.Escritor y trabajador social.

Cuando pase el temblor.

En estos días pasamos de la tranquilidad al miedo, del descreimiento al aislamiento, de la calle al encierro, de los abrazos al alcohol en gel y el jabón, de la reunión familiar a la lavandina. Todo pasó tan rápido y parece que fue hace muchísimo tiempo.

Desde ese jueves por la noche en que Alberto Fernández anunció el decreto del aislamiento social pasaron muchas cosas. Aprendimos a vernos con nuestros amigos y nuestras familias a través de una computadora o de un celular. Aprendimos a hacer malabares frente a los pedidos de nuestros hijos para ir a la plaza o a visitar a sus amigos o primos. Aprendimos a chocar codos, en lugar de darnos besos y abrazos.

En algún momento, ojalá más temprano que tarde, vamos a tener que volver a acortar las distancias, a desaprender todos eso y a aprender de nuevo a abrazar, a besar, a no tenerle miedo a la cercanía de la gente, a salir a las plazas, a los bares, a las manifestaciones, a las casas de nuestra gente querida.

Hay que prepararse para que cuando esto se termine, y citando una frase que se usó mucho durante la última campaña presidencial, volver mejores.

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Cada uno lleva la cuarentena lo mejor que puede. En algunos despierta sentimientos positivos, buenas intenciones. En otros, despierta lo peor. Algunas parejas recién ahora empiezan a conocerse de verdad. Otras confirman lo bien que funcionan y otras todo lo contrario. Algunos intentan aislarse de las noticias y otros siguen lo que sucede en el mundo minuto a minuto. Algunos viven de manera tan precaria, que apenas si pueden cumplir el aislamiento.

Hay quienes se entretienen intentando imaginar cómo quedará el planeta después del paso de esta pandemia. Hasta qué punto va a cambiar el orden mundial actual, cuál va a ser el impacto económico, cuál la reacción de la sociedad, hasta qué punto la globalización tal y como la conocíamos hasta hoy seguirá siendo viable, etc.

Nadie sabe a ciencia cierta qué pasará de ahora en adelante, porque esto que sucede es algo totalmente nuevo. Pero mientas algunos esperan que todo vuelva a la normalidad pronto, algunos creemos que la normalidad que conocíamos ya no será viable.

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La normalidad que vivíamos probablemente haya sido el problema y todos sabemos que si las causas de los problemas no se atacan con intención de que no vuelvan a repetirse, efectivamente se repiten. Porque no solamente deseamos salir de este gran problema, sino que sería importante que no vuelva a pasar. Parece poco probable, pero es más que necesario.

No solo sería interesante atacar el problema que originó esta serie de virus que nos vienen complicando la vida desde hace unos años –algunos se frenaron antes de llegar a pandemias. Habría que lograr evidenciar la necesidad de Estados fuertes, de sistemas públicos eficientes, de la creación de una conciencia comunitaria y solidaria. La conciencia de que nos salvamos todos o no se salva nadie.

Soy iluso, seguro que lo soy, pero creo que tenemos que prepararnos para fortalecer los lazos comunitarios. Me imagino que las personas con un terreno sembrado para consumo propio y de sus vecinos deben estar mucho más tranquilos y cómodos frente a esta pandemia.

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La Facultad Libre, institución autogestiva rosarina, me recordó que durante esta cuarentena podía acceder a una serie de cursos, seminarios y conferencias que tiene colgados en su canal de YouTube. Una de las conferencias es de Rita Segato y fue subida en 2019. La antropóloga argentina dice algo que viene a sumar a lo que comento:

“Mi definición de una meta, la meta histórica con la que me identifico, es la de alcanzar una sociedad donde sea posible más bienestar para más gente. Es inmensamente abierta esa definición, porque en otros momentos yo he hablado del autoritarismo de la utopía. La utopía ya diseña como tiene que ser la sociedad de llegada. Los que crecimos dentro del marxismo naturalizamos la idea de una utopía como un diseño cerrado de la buena sociedad. (…). Lo que tenemos que tener son horizontes y mantener el movimiento de la historia. Pensar en la vida como movimiento y un horizonte abierto hacia el cual nos dirigimos y con una gran pluralidad de proyectos históricos de pueblos diferentes, de presencias diferentes en el territorio de la nación y del continente. (…)

Hay dos grandes proyectos históricos sobre la faz de la tierra. El proyecto de las cosas, que sitúa y define el gozo como apropiación de las cosas, del consumo en el contexto de la cosificación de la vida por efecto del capital, y el otro proyecto, que lo he visto palpitando, vital, en la organización comunal de los pueblos indígenas que conozco, de las comunidades negras y también en girones de comunidad que existen todavía en las metrópolis. Es el proyecto histórico de los vínculos.

Son antagónicos, aunque pasamos la mayoría de nuestra vida de una forma anfibia, con un  pie en cada uno de estos proyectos, hasta el día en que la guillotina cae y es necesario elegir: uno o el otro. Esa elección consiste en decidir dónde vamos a hacer nuestra inversión. Invertimos cosas en los vínculos o vínculos en las cosas.”

Sebastián Pujol

¿Good Show?

El contador del coronavirus del portal de Infobae es una muestra de la lógica que persigue el periodismo: El Show.

Por supuesto no es sólo ese medio, pero el sistema privado de comunicación y sus satelites buscan vender, vender y por último vender. El minuto a minuto y el contador de casos y muerte es una tragedia de nuestro tiempo, qué nos mantiene en vilo.

ALERTA- ULTIMO MOMENTO-UN CASO MÁS- UN MUERTO MÁS.

Panelistas y opinólogos de ocasión, incluso con menores recursos que los pensadores de café, muestran a diario su verborragia. Del Coronavirus a la pelea de Wanda Nara sin escalas. Sus opiniones no valen nada.

No puede nivelarse todo. Hay gente especializada y a ellos debemos escuchar. En nuestro caso seguir a rajatabla las directivas del Ministerio de Salud. No necesitamos la opinión de Pagani, Diego Díaz o cualquier otro pelotudo de TN que su máximo nivel académico es haber hecho periodismo en alguna escuela privada de pensamiento crítico, en el mejor de los casos. Actores de Polka por favor abstenerse.

Encontramos expresiones de que ésta situación es el comienzo de una distopía , conspiraciones mundiales rusas al calor de los casos que se elevan en Europa y probabilidades de ataques de zombies. También existen quienes minimizan todo este lío, suponen que ya va a pasar porque sí. Porque es difícil decir simplemente “No sé”,  por qué es tan terrible no tener una opinión sobre algo. Es necesario cerrar el culo y abrir paso a quienes saben o han estudiado el tema o tienen herramientas para entenderlo.

Tenemos que suspender los besos y los abrazos por un tiempo, como así también el uso de potenciales en el periodismo radial , gráfico y televisivo. No es momento de especulaciones, nadie gana en la confusión. Es por eso que usando el potencial , podríamos, tal vez narrar las vivencias de quienes se ven afectados , ser cronistas de los hechos,  preguntar e indagar, pensar en como esto podría afectarnos la vida cotidiana y qué consecuencias políticas y económicas podrían ocurrir. Pero de ningún modo aterrorizar por un click, un segundo más del espectador.

Tal vez sea demasiado idealismo, pero si alguna vez pensamos que era cierto que el periodismo debe ser un servicio, creo que es el momento para empezar a enderezar el bote.

Carlo Magno

 

Seremos como Poncio Pilato

Reproducimos las indicaciones del Ministerio de Salud. Ni paranoia, ni opinión, ni panelismo, sigamos las indicaciones de la gente especializada.

argentina.gob.ar/coronavirus/poblacion