Recomendaciones: cinco películas sobre Malvinas

Mañana se conmemora el ‘Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas’ Compartimos con ustedes cinco películas sobre Malvinas. ¿ Cuál otra más se les ocurre?

Iluminados por el fuego es una película dirigida por Tristán Bauer, del año 2005. Inspirada en el libro escrito por el periodista Edgardo Esteban. Protagonizada por Gastón Pauls, Virginia Innocenti, Juan Leyrado y Arturo Bonin. Música de León Gieco.

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Hundan al Belgrano, es un documental coproducido entre Argentina y Gran Bretaña. Dirigida por Federico Urioste.

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Documental de Sandra Di Luca sobre un grupo de ex combatientes de Malvinas que regresa a las islas en compañía de una periodista que registra una crónica de los recuerdos, sentimientos encontrados y anhelos de pertenencia que mantienen vivo el sueño del eterno retorno.

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Los chicos de la guerra es una película dirigida en 1984 por Bebe Kamin. Los actores son Héctor Alterio, Carlos Carella, Ulises Dumont, Marta González, Tina Serrano, Miguel Ángel Solá, Alfonso De Grazia y Gustavo Belatti.

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La deuda interna es una película argentina de 1988 dirigida por Miguel Pereira y protagonizada por Juan José Camero, Gonzalo Morales y René Olaguivel, basada en una novela del maestro Fortunato Ramos. Fue estrenada el 4 de agosto de 1988.

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Sergio D`Angelo: “Me volví de Malvinas con un Hércules que no le cerraba la compuerta”

Sergio Gabriel D`Angelo es el dueño de la librería Tienda de Libros ubicada en Vicente López, provincia de Buenos Aires. A su vez, es egresado del Conservatorio Nacional de Artes Dramáticas. Ejerció como docente y es actor. Hace 37 años le tocó vivir un momento trascendental en su vida: La guerra de Malvinas.

Su participación se dio, principalmente, desde continente.

Hoy forma parte de la concertación TOAS, una agrupación que nuclea a todos aquellos que operaron desde el teatro de operaciones del Atlántico Sur. Esto es desde el Paralelo 42 hasta Tierra del fuego, la declarada zona de conflicto. En estos días estarán presentando en el Congreso un proyecto de ley para que su condición sea reconocida. La historia de todos ellos fue muy pocas veces contada. Esta entrevista de Revista Marfil busca abrir las puertas de esta discusión pendiente. Es parte de la memoria que debemos a nuestros héroes.

Revista Marfil: ¿Cómo arranca la historia que te termina haciendo participar de la guerra de Malvinas? Por ejemplo, el servicio militar.

Sergio D´Angelo: Me sortean para la colimba en noviembre del ´81, con 17 pirulos. En diciembre cumplí los 18. El 11 de enero me presento en el distrito de San Martín. Me toca en la 9na brigada de Comodoro. De San Martín al Palomar y de ahí a Comodoro. En un par de horas. La familia no sabía nada. Llegamos con nuestra ropa, chomba, pantalón y vaquero y durante siete días exactos nos sacaron el DNI y fuimos indocumentados, con lo que teníamos puesto. En esos días, te ablandan, ni te dan la ropa de ellos, ni la cédula militar. Durante siete días exactos no sos nadie. A la noche te lavás los calzones y esperás que se sequen debajo del colchón. No tenés nada más y estás a miles de kilómetros de tu casa. Venía del Colegio Nacional de Vicente López con un poco de actividad intelectual, con compañeros desaparecidos, con movimiento. Mis primos mayores ya habían pasado climas pesados dentro del colegio. Y caemos en la época de desgaste de la dictadura. Momento complicado. En esas brigadas de la fuerza aérea, y en las dependencias de otras fuerzas pasa lo mismo, son destinos retirados y suelen ser depósito de personal castigado. Es decir, la gente con la que uno se cruzaba tenía un historial particular dentro de la fuerza. Por algo fueron a parar ahí. Diversos motivos: desde pavadas hasta cosas más serias. La Novena Brigada incorporaba más o menos unos 350 colimbas por año. De la zona de Patagonia podían ser a lo sumo 20.

RM: La de Comodoro Rivadavia es una de las brigadas más grandes

Sergio D´Angelo: Es una brigada grande porque tiene aeropuerto, dos compañías, una militar y una de servicios, y un escuadrón técnico. Ahí se distribuyen labores con la meritocracia que corresponde según conocimiento. El que no sabía hacer nada iba de guardia todos los días. Yo llegué habiendo terminado un profesorado de inglés, cosa que me benefició y acopló a otras labores. Fui a laburar a una oficina. Eso fue el 11 de enero de 1982, dos meses después como estaba en una oficina de mando, empiezo a ver este barullo. A fines de marzo, me habían mandado a Buenos aires a hacer un trámite. Estando allá mandan un telegrama diciéndome que iba a tener que volver. Por el tema del inglés, el Brigadier Crespo, que después sería el comandante de la fuerza aérea sur, le había pedido al mayor que me mandara al escuadrón técnico. Muchísimos de los manuales de operación de mantenimiento de aeronaves estaban en inglés.

RM: Mantenimiento de las aeronaves que empezarían a operar.

SD: Sí, claro. Los suboficiales no tienen inglés en la carrera. Entonces en épocas de paz los esperaban a los pilotos para preguntarles, pero ahora los tipos estaban en otra. Cuando llegué me encontré con una biblioteca infernal de manuales. Me pusieron en un escritorio con una máquina de escribir. Me gustaba el tema aeronáutico. Estamos hablando del hangar mayor de la novena brigada que se llama grupo técnico 9. Ahí trasladaron toda la labor de la fuerza sur. Todo avión que tuviera que hacer mantenimiento, inclusive el escuadrón Hércules que era el de transporte de pasajeros y pertrechos. A mí me instalan ahí, en un vestuario que usaban los oficiales y suboficiales cuando llegaban. En una especie de ante baño, nos pusieron dos camas dobles que compartimos con otros dos colimbas. Teníamos que estar al pie del cañón. Por ahí tenias que cargar un avión para llevar cosas a Malvinas o Río Gallegos.

RM: ¿Cómo viven el 2 de Abril?

 SD: Después del desembarco, en la toma del 2 de abril y hasta el 1 de mayo el laburo era con orgullo y con alegría porque para nosotros era formar parte de una gesta. Los viajes eran llevarle correspondencia a los compañeros, encomiendas. Íbamos en un Boeing a llevar gente o correo y traíamos cartas de allá. Después del primero cambió la película absolutamente.

RM ¿Que se comentaba en el período del 2 de abril al 1 de mayo, hasta el momento que empiezan los combates?

SD: No había espíritu bélico. Teníamos cortada toda la comunicación. Vivíamos en una burbuja de información interna. El clima que había era sostener la situación y se compartía con las otras unidades: Rio Gallegos y San Julián. Luego se empezó a llevar cada vez más gente, eso llamó la atención. Se hizo una suplencia de personal. Todas las unidades tenían que quedar con suficiente personal y más. Había que exceder el normal. Si de la novena brigada se fueron 200 a instalar en las islas, vinieron 300 de Corrientes o Chaco, los famosos movilizados. Se implantó lo que se llamó el TOAS, el Teatro de Operaciones del Atlántico Sur. Del paralelo 42, que es aproximadamente Bahía Blanca, para abajo todas esas unidades eran pie de guerra.

RM: Toda la extensión en guerra, incluso en el continente.

SD: Exacto. A mí me tocó hacer un viaje. Nos dijeron que íbamos a ir a Mendoza y era mentira. Había  espías chilenos. En el litoral marítimo, Bahía Blanca, Viedma y toda la zona superior de la Patagonia tuvieron montones de situaciones. Inclusive hasta estadounidenses. Helicópteros que aparecían en la costa o baqueanos patagónicos que algunos serían chilenos y otros quizás no, pero había muchos. La mayoría de las ciudades grandes como Comodoro o Río Gallegos estaban con toque de queda y simulacros de bombardeo. Clima de guerra.

RM: ¿Pega rápido el comienzo de la guerra?

SD: El 1 de mayo tuvimos el primer bombardeo y un compañero de nuestra brigada murió en la carpa por la expansión de la bomba. Eso nos pegó inmediatamente. En el hangar donde estábamos teníamos buena comunicación con la isla y todos los pilotos. Empezaron los vuelos nocturnos, ciegos, sin instrumentos. Los vuelos a 5 metros del agua. Recién ahora se desclasificaron algunas misiones que eran secretas y van a condecorar al personal que intervino en esas operaciones. Eran los vuelos locos. Los tipos salían a desorientar radares para que las misiones de verdad hicieran lo que tenían que hacer. Salían con un Pucará, una ametralladora y una bomba improvisada. Se hizo muchísima labor de ingeniería argenta para los aviones. Instalar bombas donde no iban, de todo. Los aviones Hércules viajaban sin instrumentos, sin luces, sin armas y a 10 metros del agua. En la unidad nuestra que era transporte y carga llevábamos fundamentalmente armamentos y tropas. A la vuelta era traer heridos y nada más.

RM- ¿Vos ibas en esos viajes?

SD: Sí, a mí me tocaron 6 viajes específicos. Trajimos al único piloto prisionero británico: Jeff Glover. Lo trajimos a Comodoro, estuvo en la brigada unos días y después lo llevaron a alguna unidad del noroeste argentino, hasta que lo liberaron. Tuve algún dialogo con él. Estaba alojado en el casino de oficiales. Me acuerdo de la cara cuando vio a los pibes. No tenía claro como era nuestro régimen de servicio militar, nos preguntaba cuánto nos pagaban. El casino de oficiales o suboficiales es un edificio dentro de cada brigada donde hay alguna cantidad de habitaciones, un comedor, una lavandería. Hay ciertos colimbas que tienen asignados los roles para atender ese casino como si fuera un hotel. Se daban las charlas, él estaba bien. Había arrancado con el pie derecho, porque se cruzó con un médico que fue importante dentro de todo lo que pasó en cuanto a salud en Darwin. Se había eyectado del avión y cayó en el agua cerca de Darwin. Eso fue una historia también, porque el bote en el que lo rescataron era del ejército, pero él era piloto, entonces ¿de quién era prisionero? Corresponde que lo lleve su fuerza. El médico que lo atendió, después de la guerra le devolvió el cuchillo que le habían secuestrado. Es una camaradería que se gesta que quizás sea difícil de entender.

RM: ¿Cómo siguió el trabajo en la base?

SD: Vino una época de hecatombe, de sufrimiento pronunciado. El laburo comenzó a tornarse angustiante. De repente eran las dos de la mañana y decían: “vamos que sale un vuelo”,  y te ibas con un vuelvo. Llegabas a Malvinas y se dejaba el motor encendido porque en dos minutos había que rajar. Con bastante inconsciencia no sólo producto de la edad y de no comprender, sino también producto de entrar en tirabuzón, entrar al tobogán y fue… nosotros, el piberío, hicimos cosas que parecían normales pero eran un delirio. Yo me volví con un Hércules al que no le cerraba la compuerta. Tenía metro y medio vacío con la planchuela aceitada, que es la que se pone para carga pesada. El piloto manejaba amarrado.

RM: Los movilizados, los que van a empezar sus labores: ¿Qué funciones cumplían en la base y por qué con el tiempo pierden su reconocimiento como veteranos?

SD: En realidad el reconocimiento estuvo en la ley alfonsinista, el problema es que por razones políticas y económicas se transó en recortar la ley. Lo que empezó como una ley de veteranía de guerra se reemplazó por una ley de ex combatientes. Todo el concepto de veteranía de guerra desapareció. Esto fue cuando se tenía que ejecutar la ley y empezar a pagar. La otra cuestión es que se permitió que las fuerzas “dedocratizaran” a quién le tocaba y a quién no.

RM: Hay sectores que participaron del conflicto que incluso no quieren reconocerlos…

SD: Yo te digo con absoluta honestidad desde lo emocional y lo intelectual, yo los entiendo perfectamente. Me parecería lo mismo si estuviera en su lugar. No es culpa de ellos. Esto pasa por cómo se manejó la ley. Dentro de la Fuerza Aérea es bastante distintivo. Hay un reportaje que le hizo María Laura Santillán a un piloto que se salvó de puro pedo de una de estas misiones locas. A este hombre, sus superiores le piden que se tome el día luego de eso, no lo hace, y va a abrazar al mecánico en el Hangar. Tienen plena conciencia: “El tipo puso el pituto bien en el eyector y estaba dónde tenía que estar y pude saltar del avión. El paracaídas me lo hizo un colimba sino me lo doblaba bien me hacía torta”. Para la fuerza aérea la misión empieza con el llenado del tanque.

RM: ¿A quién nuclea esta concertación?

SD: Específicamente a todas las unidades que estuvieron en funcionamiento desde el paralelo 42 hasta Tierra del Fuego, incluyendo al litoral marítimo, ya sea porque tenían como destino esas bases o porque fueron movilizados hacía allí. Todo el período de conflicto por destino concreto o traslado. Esta movida la estamos haciendo los soldados conscriptos. Algunos de personal militar intentaron colgarse de este proyecto de Ley pero se les dijo que ellos lo tenían que hacer por su lado. Porque todos sabemos que parte de nuestro ninguneo social lamentablemente fue porque esto pasó en una dictadura militar. En este proyecto somos conscriptos.

RM: ¿Cuál es el número concreto de gente involucrada?

SD: Aproximadamente 10.000 si sumamos las tres fuerzas con el TOAS.

RM: ¿Cuáles son los puntos centrales de la ley?

SD: Que se cumpla la ley original. Suficiente. Por supuesto hay algunas falencias. Nosotros estudiamos, fuimos a los archivos de Ginebra, comparamos las leyes de veteranía de guerra. En la mayoría de los casos son escalonadas. Eso no se tuvo en cuenta. De haberse hecho se hubiera podido premiar al que estuvo en el frente. Resulta que al final ese tipo está peleado con los que quieren reconocimiento. El escalonamiento de la veteranía hubiera sido importante. No es lo mismo estar en una base, en un barco, volar sin luces, estar en el frente, sufrir una herida de guerra. Generalmente se hacen estos escalonamientos. Por lo menos el reconocimiento, la medalla del congreso, lo que corresponde. Yo tengo el diploma de la fuerza aérea, porque nos reconocieron, está ahí colgado. No tenemos el del Congreso de la Nación. Poner en vigencia eso sería entrar en un tema delicado, que es la controversia por las pensiones. Por ejemplo, yo estoy en contra de lo igualitario. Acá debería haberse establecido una ley de veteranía de guerra y debería haberse sobrevalorado al ex combatiente. Una pensión básica, una jubilación mínima, lo que fuera. Tendría que haber sido para veteranía de guerra y de ahí para arriba se tendría que haber premiado al ex combatiente. Ahora cagamos. Ya arrancamos por el piso cuando se debería haber empezado por arriba. Pero bueno, vamos a ver en qué termina. Este proyecto pide que se cumpla con lo que decía la ley. Si a lo mejor eso lleva a que en el Congreso se debata si corresponde o no y a que se revea otro tipo de jubilación, bueno. En lo personal te digo , en lo íntimo, me gustaría no estar jubilado como librero. Con eso ya está, estoy hecho.

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RM: Si uno lee la fundamentación del proyecto de ley está el tema de que ustedes abastecían y también está el tema de los muertos por distintas razones. Este tema es poco conocido ¿Están incluidos en la nómina de caídos?

SD: Nosotros por cercanía con algunos lugares tuvimos data de dos o tres casos. Un helicóptero que cayó en Comodoro, pasó algo parecido cerca de San Julián. Esto en fuerza aérea. Hay mucha más data que pertenece a La Marina. No tengo en claro si están en la nómina o si están algunos y otros no.

RM: La Marina tenía preparados varios puntos para defender una hipotética invasión. Playas minadas inclusive.

SD: Sí, nosotros justo estábamos en una brigada costera. Comodoro y Rio Gallegos comparten mar y tierra. Otras bases exclusivas de la Marina pueden tener otra información. Yo he ido a Comodoro después de la guerra un par de años después porque milité en una agrupación que se empezó a ocupar del tema de los ex veteranos. Otros compañeros tardaron más, pero suelen ir todos los dos de abril y en otras fechas por distintos motivos. El pueblo de Comodoro Rivadavia hoy en día lo vive como que estuvo en guerra. Ellos apagaban todas las luces a la noche, tocaban la sirena. Vivieron cotidianamente esos meses como lo que era.

RM: Cómo era un día allá después de mayo.

SD: A mí se me pasó volando. Era una cosa como de palo y palo. Era salir de las fichas a coordinar la preparación del avión. Morfábamos a cualquier hora. Nosotros, ese grupete que estábamos en el hangar, en el lugar de laburo lo vivimos de una manera distinta a aquellos que dormían en la tropa, en el edificio del escuadrón e iban a hacer sus labores. Para nosotros era todo el día igual. La noche, la mañana, las 24 horas estar a disponibilidad. Muy movilizador para nosotros. Les digo más, los dos compañeros con que yo compartí dormir ahí, no los volví a ver. Nunca más, no sé nada de ellos.

RM: ¿No forman parte de la concertación?

SD: No. Tengo un grupo de whatshap de 180 personas. No están, nunca más tuve noticias. Para nosotros fue una vivencia muy fuerte estar constantemente viviéndolo: la comunidad ciudadana, los pilotos que iban y venían y nos contaban, cómo se iban los aviones, cómo llegaba, los que no volvían. Todo esto en un clima como el de Comodoro. De repente te encontrabas con vientos de 100 km x hora. Veías gente en la pista que no podía quedarse parada. A los aviones Pucará había que atarlos, encadenarlos al piso porque te los movía. Era constantemente laburar. Y como bien dicen todos estos pilotos que suelen entrevistar, no se paga con nada, esa confianza no se paga con nada. Saber que cada avión que salía estaba revisado desde la punta hasta la cola. Cada clavito, cada alambrecito, cada cosa. Yo he admirado y admiro a cada uno de los pilotos que han hecho un laburo increíble. Después a uno le cae la ficha y tiene que saber también a dónde estaban parados.

RM: ¿En qué estado está la presentación del proyecto?

SD: Ahora está el diputado Bruge, creo que viene de la democracia cristiana. Es el tipo que movilizó más el proyecto en ambas cámaras. Y hay varios diputados y senadores con buena leche esperando que el proyecto sea tratado. Hay que seguir, hay que ir a los consejos municipales, a todos lados para que llegue al congreso con un plafón.

RM: Quienes lo presentan son aquellos que tenían la carpa en plaza de mayo

SD: Yo no estuve, pero sí. La organización prácticamente arrancó ahí. Se hizo visible.

RM: ¿Por qué se levanta la carpa? El gobierno actual renovó el piso de la plaza y cuando se volvió a abrir la carpa ya no estaba.

SD: Los rajaron. La verdad es que los rajaron. Quizás no se tuvo buena cintura, buena muñeca política o diplomacia en la relación con los ex combatientes y en la relación con la política. Y también me parece que se tiene que tener en cuenta, es un tema álgido, pero el anti militarismo del Kirchnerismo no ayudó. Porque cualquier uniforme fue mal visto y lamentablemente tiró para atrás. Pero bueno, entre los avatares que nos tocan, una de cal y una de arena.

RM: Se pone sobre relieve el tema de Malvinas, se logra un gran reconocimiento, pero te parece como que tiene cierta perspectiva de enmarcarlo con la dictadura militar. ¿Algo así?

Claro, claro. Un ejemplo claro es el museo Malvinas. Instalar el museo en la ex Esma me parece que es dejarlo pegado. Si se hubiera buscado un lugar neutral, se hubiera puesto veteranos a la cabeza del proyecto, no políticos. Una lástima. Yo he militado con Abelardo Ramos en su momento, vengo de un lugar del pensamiento nacional. Para mí la gesta fue muy importante. Esa es una espina. Por primera vez, ahora siento que esto como proyecto nacido por los colimbas, puede llegar a aportar para un pequeño cambio en la mirada.

RM: ¿Qué recepción está teniendo?

De todo. Los muchachos que están haciendo calle, que hacen campaña, van a los pueblos; extraordinario. En Capital y Gran Buenos Aires más o menos. Estamos en un año en que la gente tiene la cabeza en otra cosa, esto de dame una firma justo en un año político es difícil, te miran pensando: “para quién jugas”. Pero a la vez, políticamente es interesante porque los políticos están con la cabeza puesta en casos y en cosas. Eso puede ayudar a que el tema se instalé definitivamente. A que se debata de forma seria.

Acá en Vicente López, por ejemplo, producto de que en Malvinas se pudieron nombrar las tumbas sin nombre por el trabajo de los Antropólogos forenses, dos familias que tienen a sus hijos allá, y que eran NN, donaron las placas que dicen #soldado reconocido solo por dios”, las familias las donaron al consejo deliberante. Una especie de puntapié de presencia del tema.

RM: ¿El rechazo por parte de los ex combatientes se da en forma individual, casos particulares como venimos hablando o también corporativamente? ¿Qué recepción están teniendo en los centros?

SD: Hay también un rechazo dentro de algunos centros también. Nosotros, por ejemplo, tenemos contacto con algunos muchachos que nos apoyan fuertemente. Después hay una camaradería con el tema que decíamos, hay cosas que se viven o no se viven. Hay agrupaciones más ultra y otras más diplomáticas. Por internet encontrás movidas desde un par de páginas que buscan meterse y generar alguna controversia. A mí es probablemente lo que más me duele. Yo he llevado combatientes a la Isla, he trasportado, traído los heridos. He tenido un contacto muy fuerte en un momento tremendo. Que ahora exista algo que pueda separar la vivencia de esas dos personas es una cosa dolorosísima. Es donde estamos parados. Son muchos años, treinta y pico ya van.

RM: Eso es desconocimiento? O es un posicionamiento? Suponete algún compañero que le tocó el ejército y desconoce lo que fue la fuerza aérea. Quizás es falta de empatía pero puede ser producto de desconocimiento también.

SD: Puede ser. En muchos casos sí. También está el lugar que se le da socialmente a un evento durante un período tan largo. El ninguneo al tema de Malvinas en general. Inclusive hasta de los ex combatientes. Nosotros tuvimos la primera reunión grosa de ex compañeros luego de 15 años de aquello. Nos ha pasado tener a un flaco, combatiente, que volvió a la casa de baja y no tenía para el colectivo y cuando quiso subir el chofer no lo dejó subir. Le dijo: “ustedes son los boludos que perdieron la guerra”. A eso hay que sumarle el tiempo que pasó. Al tipo que tuvo un reconocimiento lo puso en ese lugar y ahora después de tanto siente que lo corren a otro. Más allá de la desinformación. También el abanico de gente que participó en el conflicto es como en la vida misma. Hay personas que intentan una aproximación histórica, una intelectual. Hay otros que no, que viven como quieren o como pueden.

RM: El tema de la reinserción social sigue teniendo aristas infinitas

SD: Tremendo. En la inmediatez de la guerra esta inserción social y laboral fue fatal. Una de las agrupaciones que se llamó “Ex soldados combatientes”, era de la línea de Abelardo Ramos, solamente del ejército. Yo era amigo de uno de los hijos de él, entonces terminé trabajando con ellos. Viajando por el país, buscando pibes para que tuvieran una atención psicológica. Encontrábamos pibes en medio del monte e íbamos a los años y tenían dos hijos. Un contexto tremendo. Y después volvía a Buenos Aires, veía muchachos que iban a buscar laburo y nada. Se deducía que podían estar piantados. Al no estar la contención política y social, atención sanitaria, diagnostico, pensión, lo que sea, el sujeto está a las buenas de la mirada del otro. Pasó en todas las guerras del mundo eso. A mí me golpeó y como me golpeó luego me comprometió mucho con este grupo, el hecho de sentir que Buenos Aires no había vivido la guerra. Y sin embargo, tenía esa actitud con los ex combatientes. Me pasó que al poquito tiempo, un mayor que tenía buena relación conmigo me mandó a Buenos Aires sin decir nada. Seguíamos incomunicados. Aún no se había hecho el intercambio de prisioneros y llegué a Puente Saavedra y estaba todo igual, como si nada. No lo podía creer. Venía con uniforme, se notaba era un colimba por edad, que no era un milico, venía con el luto; la gente estaba haciendo los mandados como siempre, te dabas cuenta que la vida había seguido. Ahora cuando ese mismo tipo iba a buscar laburo, todos se acordaban que había existido una guerra. Creo que toda la falla legislativo-política tuvo mucho que ver en eso. Si a los meses se hubiera empezado a regular la contención, la situación hubiera cambiado.

RM: Tu caso, cómo fue en ese sentido

SD: Mi realidad fue muy abrupta y luego me salvó el teatro. Volví de la colimba en noviembre del 82 y quedé un tiempo como personal de reserva. Volví y largué todo. Dejé los libros de ingeniería y me metí en el conservatorio. Había hecho teatro en el secundario y había empezado a estudiar cine. Me metí en el conservatorio de Artes Dramáticas y laburé una década en eso. Me empecé a dedicar a la docencia, al cine, a la escritura. Ahora hago algunos papelitos. El otro día laburé en una novela para la tele.

RM: ¿La librería cuándo apareció?

SD: Los libros siempre. Yo estudiaba en el conservatorio y tenía un puesto en Parque Rivadavia, con este veterano del ejército que les contaba. Tenía muchos amigos laburando en librerías, siempre fue una cosa presente. Después seguí en el Parque con otros socios y después tuve locales míos. Hace años estoy acá en Avenida Maipú.

RM: Para terminar, en Marfil siempre buscamos recomendar libros. Como librero, ¿Qué recomendás leer sobre el tema?

SD: Hay que leer el informe Rattenbach, es indispensable. Se desclasificó en 2015, algo importante. Dentro de la fuerza ya lo tenían. Un libro excelente son las memorias del almirante Woodward. Se llama “Los cien días”; y como narraciones dos: “No Picnic”, y “Dios y los Halcones”.

http://www.concertaciontoas.org/

 

Malvinas: Murió Fabian

El 2 de Abril de 1982 quedará en la memoria del pueblo por el resto de sus días. Soldados argentinos desembarcaron en las Islas Malvinas para reclamar un territorio que jamás debió ser negado a nuestro país. Fue el último intento de un gobierno nefasto de emparentarse con el pueblo. Despertó en la mayoría un absurdo sentimiento de patriotismo. Cada uno de nosotros tiene un recuerdo inolvidable de aquellos días. Los caídos son los mártires de una historia que se repetirá por siempre. Aquellos que volvieron con vida continuaron con el oficio adquirido en la contienda bélica, son sobrevivientes.

– Murió Fabián.

– ¿Cómo? ¿Qué le pasó?

– No sé. Dicen algunos que lo apuñalaron, otros que fue la droga y otros que fue una gripe.

– Pobre Fabi, loco.

Más o menos así fue el corto diálogo que mantuve con mi cuñado cuando me informó que había fallecido un viejo amigo de mi antiguo trabajo. Mi cuñado supo ser mi jefe y el amigo en cuestión era un personaje del barrio. Nosotros trabajábamos en un puesto de diarios y los personajes del barrio son habitúes de esa parada inevitable.

Durante mi estadía en aquél laburo tuve varios amigos que luego se fueron perdiendo por el transcurrir del tiempo. Recuerdo tres principalmente: Un policía, un empleado del Banco Nación y Fabián. El policía estudiaba una carrera de ingeniería; por aquél entonces había incursionado en el CBC y él me daba clases de matemáticas gratuitas ahí mismo, en el puesto de diarios, mientras vigilaba la esquina (allí estaba el Banco) y yo vendía revistas.  El empleado del Banco Nación venía a comprar el Página 12 todos los días y se quedaba a hablar conmigo durante largos ratos sobre política y cuestiones sociales; fue la persona que me hizo descubrir que el único diario que había que doblar para que entre en el estante también era el único que decía cosas distintas y en el que escribían plumas destacadas con un tipo de conciencia en ocasiones distinta a la dominante. Fabián venía todos los días, no faltaba Domingos ni feriados, y en esos se quedaba más tiempo para que quien estaba a cargo del puesto no quedará expuesto a la insegura soledad de la calle; siempre parado con su gigante estampa, sin poder quedarse quieto como si tuviera Parkinson, acompañaba con los mates aunque mucho no le gustaran amargos y si faltaba algún día era porque la merca le había pasado una factura fuerte en serio.

Al irme del puesto hacia otro rumbo laboral seguí enterándome de todo lo que sucedía por aquellos pagos por intermedio de mi cuñado. Supe que el policía dejó la facultad y que poco a poco empezó a agarrar cometas de los camiones que necesitaban parar cinco minutos en lugares prohibidos para descargar mercadería en los negocios; cometas pavas, un desodorante, un pollo, un vino, cometas pavas con las que el sistema poco a poco comenzó a corromperlo. Supe que el empleado del Banco Nación logró su ansiado traslado a una sucursal de un pueblo más tranquilo y allá se trasladó con su familia a vivir el ideal de una vida relajada. Supe también que Fabián siempre seguía en la misma.

A medida que inevitablemente el tiempo va transcurriendo, las personas vamos evolucionando en nuestras vidas. Nos planteamos objetivos y, logrados o no, esos nos conllevan a trazar otros nuevos. Estos pueden ser de corto, mediano o largo plazo, según nuestros anhelos, nuestra realidad o nuestra suerte. La meta a lograr se encuentra en algún punto de la edad adulta y si en nuestro destino está alcanzarla tendremos nuestra anhelada realización, el pico de nuestras vidas. De allí en adelante irreprensiblemente la cosa será un declive anecdotario de ese instante. Un declive que no se expresará como caída constante sino que se vislumbrará como una llanura impalpable. No habrá luego más objetivos, no habrá qué escalar. Ciertas profesiones logran ese punto más alto a edades muy tempranas. Es el ejemplo de los jugadores de fútbol que luego de una plenitud profesional se encuentran siendo jubilados con treinta y pico de años. Aquél policía que intentó ser ingeniero vio caer su objetivo y avanzó sobre otros, aquél empleado del Banco Nación logró su cometido, el cual espero le esté tocando disfrutar, y Fabián, sin embargo, continuó su vida en la meseta en que lo supe conocer. Su pico más alto había sido alcanzado veinte años atrás. No lo buscó, no fue su realización, por el contrario, fue su tragedia. Fabián no fue jugador de fútbol, fue combatiente en la Guerra de Malvinas.

Fabi era una persona que no pasaba desapercibida. Estar con él significaba que acapararía todas las miradas. Medía más de un metro ochenta, lo que se sumaba a que era muy robusto. Cuando llegaba una persona, los ojos de la misma se posaban sobre él y su mirada a veces esquiva e indisimulable jamás lo mantenía ajeno: sonreía y saludaba. Solía parecer de buen humor. Estaba atento a todo lo que uno necesitaba. Además de hacerme compañía y cuidarme en la soledad de la calle, también se ofrecía para mandados tales como ir a conseguir monedas para el vuelto o comprarme algo para comer. A veces le tocaba hacer de campana si yo necesitaba apurar alguna necesidad básica en algún improvisado papagayo. Sin dudas que era parte del paisaje del barrio, como lo era el Banco, el subte, La Farola, el cine; pero no era un paisaje inerte, su sola presencia te transmitía el cariño que te tenía. Era mutuo aunque mi presencia dudo que le haya transmitido lo mismo.

Admito que en ciertas ocasiones era jodido tenerlo cerca. A veces estaba re loco. Por si algún despistado  no lo entiende aclaro lo que ya puse: por la merca. Fabi era adicto. Consumía cada vez que el bolsillo se lo permitía y como todo adicto lo hacía también cuando el bolsillo no lo permitía. Estaba inmerso en un mundo alterno a mi realidad visible que lo hacía codearse con tranzas y cuanta lacra hubiera dando vueltas. Tipos que se aprovechan de la gente que necesita conseguir eso que en realidad no debería necesitar. Sin embargo lo necesita. Más que la comida. Las drogas son el flagelo de una sociedad que es un flagelo por sí misma. Como seres sociales somos causa y consecuencia de una realidad histórica que nos golpea de diferentes formas. Dicha realidad azota con mayor fuerza a quienes encuentra más vulnerables.

Fabián, como muchos otros, comenzó su adicción a los pocos años de volver de la guerra. Jamás pudo reinsertarse en la sociedad. Su psiquis ya no estaba lista para un trabajo cotidiano, para una rutina diaria. La rutina somete a cada uno de nosotros en distintos momentos y parece ser una cárcel de la cual es imposible fugarse. Para quienes los recuerdos trágicos son insuperables e imborrables no es posible el simple transcurrir de los días. Para los ex combatientes no sólo no existió el reconocimiento a su regreso e incluso existió el reproche por haber perdido la guerra, tampoco hubo un plan de inserción social. No estaban listos para la guerra, ni ellos ni el ejército al que representaban ni el país que luego los “esperaba”.

Fabián vivía de una pensión del estado. Creo incluso que eran dos. Eso le alcanza para cobrar más o menos lo que yo cobraba como empleado en un puesto de diarios. Mi sueldo me alcanzaba para vivir tranquilo en ese momento. No me hubiera servido para mantener una familia. No obstante tenía una muy buena realidad laboral . De mis amigos era el de mejor pasar aunque eso sólo se debiera a que trabajaba para una persona de mi familia. Sin más, podía tener una visión de futuro. Tenía veinte años.  Los chicos que volvieron de Malvinas se encontraron con esa pensión para que sobrevivir el resto de sus vidas, en definitiva eso era lo que mejor habían sabido hacer en el Atlántico Sur. Fueron tratados como jubilados dentro de una sociedad que ve a los jubilados como descarte. Una muestra de ellos es que se los “benefició” con la obra social de los mismos.

A medida que los chicos volvieron de la guerra, fueron sus familias las que tuvieron que cobijarlos. Ninguna de ellas estaba preparada para ello, aunque lógicamente unas lograron hacerlo mejor que otras. Asimismo no todos volvieron de la guerra en las mismas condiciones. Para la propaganda oficial y para lavar las culpas del resto de los ciudadanos siempre encontramos alguna historia de un ex combatiente que superó todo y triunfó en la vida: formó familia, tuvo hijos, trabajos exitosos y hasta carreras universitarias. Son las excepciones que alimentan la fantasía de un mundo que sigue adelante con su cruel modo de vida basado en el individualismo, la imagen y el consumo. De la guerra muchos soldados no volvieron, otros volvieron con discapacidades físicas y todos sufrieron del estrés postraumático. Los caídos en la guerra ascienden a 649 personas. Sin embargo, ese frío número jamás se actualizó en los años siguientes al conflicto. Desde Junio del 82 al día de hoy, cerca de 350 ex combatientes decidieron quitarse la vida. No existen estadísticas oficiales al respecto, ni siquiera los grupos de ex combatientes saben cuántos se suicidaron dado que muchos de estos episodios fueron caratulados policial o judicialmente como accidentes o asesinatos. El sistema se encubre a sí mismo.

Fabián pudo formar su familia aunque luego no pudo mantenerla con él. Mantuvo su relación con su ex mujer durante muchos años en los que vivieron como pudieron. Tuvieron hijos que luego se criaron con la familia de ella. Los abuelos se hicieron cargo de sus nietos debido a la incapacidad visible de sus padres. La mamá de los chicos también era adicta. Además, económicamente no podían asumir ni siquiera los gastos básicos. La pérdida de sus hijos era el puñal que lo mataba día tras día, te describía él cuando se abría. Nada de Malvinas, ni de ingleses. Sobre eso hablaba poco. Lo hacía cuando le surgía en el momento menos esperado.

Esta es una característica de toda persona que estuvo en una guerra y que dicha experiencia le hace estragos por dentro. Nunca hablaba y cuando lo hacía había que dejarlo. Supongo que los psicólogos aprobarían esa actitud que me surgía tomar cuando me tocaba ser su interlocutor. Lo dejaba porque inevitablemente quería saber los pormenores de su experiencia y también porque él tampoco me daba muchas opciones. Quizás había estado parado al lado mío en silencio durante horas. Esa característica alimentaba nuestra amistad dado que los tipos lectores necesitamos de soledad o a lo sumo de una compañía silenciosa. Mientras estaba parado estaba en constante movimiento. Nunca se quedaba quieto. Algunos decían que era la abstinencia y otros que era porque estaba drogado. Conmigo estaba sobrio y drogado y siempre se movía. Sea lo que fuere lo que lo movilizaba, el tipo era sin dudas una pila de nervios. Y mientras más se movía, más cercana estaba la ruptura del silencio. Y en esas rupturas híper movedizas a veces surgía alguna historia de la guerra.

Dado que Fabi era muy grande y fuerte, en la guerra era el encargado de llevar las PAM (creo que así se les decía), pistolas ametralladoras. Esas que se colocan sobre una base y ahí quietas disparan un sinfín de tiros por segundo. También era el encargado de dispararla. Mató a muchos ingleses, seguro. Gurkas me corregiría él en este momento, “para mí no vi un puto inglés” me dijo varias veces. En un enfrentamiento con la ametralladora su regimiento se fue retirando poco a poco y a él lo dejaron cubriendo la retirada. No sé si se lo dijeron, o si sabía lo que estaba haciendo. Me narró que él tiraba y los bajaba. Que algo explotó cerca y que al despertar tenía un Gurka al lado y que lo mató con algo cortante. No puedo especificar con qué porque para mí ya era en cierto modo traumático escuchar repentinamente una narración semejante luego de quizás haber estado comentando la belleza de la figura de alguna vecina. Después de matar al soldado oponente escuchó como el resto del batallón enemigo se acercaba y se tapó con el cuerpo de un compañero que tenía cerca y haciéndose el muerto vivió. A las horas volvió con su regimiento. Mientras escribo esto las historias se me mezclan y no sé si lo que narré era un episodio o varios juntos. Él las contaba así y uno las armaba. Eso recuerdos eran el fiel reflejo de que su cabeza era un quilombo. Esa vivencia inigualable surgía de la nada. Cualquiera diría que tenía que largarlo, que le servía. Dentro de él quedaba lo cotidiano de los días trágicos, de los irrepetibles. El frío, el hambre, los muertos. Un tipo que conocí con más de cien kilos, cuando yo estaba naciendo en 1982, había llegado a pesar cincuenta kilos, había temblado con sus medias mojadas en una trinchera helada a temperaturas bajo cero y, en ese contexto, había tenido que defender su vida y la de sus compañeros, con fusiles que en ocasiones ni siquiera funcionaban.

Así como narraba eso, explicaba el resto de las cosas. Si alguien venía al puesto de diarios a preguntar algo, sobre dónde es una calle, o dónde para tal colectivo, respondía con un lujo de detalles que cuando la persona se iba no tenía ni puta idea de cómo armar los detalles para conocer la respuesta. Todos se iban con cara de no haber entendido nada. Sin embargo, él tenía la amabilidad de contestar. Yo como buen diariero si la pregunta no estaba antecedida de un buen saludo decía que no sabía. Siempre que las personas seguían su rumbo, Fabi se cagaba de risa y decía cosas como “no entendió nada”, “se va a perder este nabo” o “no va a llegar un carajo” y nos matábamos de risa. Jamás le escuché un mal modo con alguien. Tampoco le escuché un reproche a la sociedad. Cada tanto se quejaba por la miserable pensión y por los trámites inagotables para acceder a otra. Pero en algún punto de su inconsciente le habían instalado eso de que había estado cumpliendo su deber. Para él era normal el hecho de que un colectivero estuviera manejando el colectivo, un médico recetando algo para un resfrío y unos pibes de veinte años, cuanto mucho, se estuvieran baleando contra un ejército profesional. Los ingleses vinieron en su mayoría con los mencionados Gurkas, tipos extranjeros que luchaban por un sueldo y la ciudadanía inglesa. Unos matones con hambre que darían todo por cumplir su misión porque no tenían nada que perder como los que te muestra Hollywood. Pero entrenados y apoyados con toda la maquinaria de un ejército con cientos de años de historia, de una historia que los supo tener como imperio dominador del mundo. Detrás de nuestros pibes, que estaban cumpliendo un servicio militar obligatorio, se encontraba un ejército que sólo había levantado las armas contra su propio pueblo.

Para los tipos como Fabián no alcanzan las conmemoraciones. Obviamente para los caídos en la guerra tampoco. Oficialmente tenemos un feriado el dos de Abril. El día del desembarco argentino en las islas. Día nefasto si se puede especificar uno. El día que se ejecuta la decisión de un borracho apañada por un pueblo ciego. El día que se conmemora lo de Malvinas suele olvidarse que en realidad es el día de los veteranos y caídos en la guerra. La verdadera conmemoración será el día en que como pueblo recordemos a los caídos dándole dignidad a los sobrevivientes. La velocidad y la inmediatez de lo cotidiano deberían detenerse y postergarse para que la vida de ellos no pase inadvertida delante de todo el resto. Mientras tanto siguen siendo sólo simples banderas en los balcones que como cortinas tapan la indiferencia. Indiferencia que tenemos más allá de que todos tuvimos o tenemos la experiencia de haber conocido alguna persona que estuvo en la infame guerra. Con poco más de sesenta años, el héroe con el que me tocó toparme, murió antes de tiempo para su naturaleza humana pero luego de vivir jubilado como la lógica social indica.

No fue una puñalada, no fue la droga, ni fue la gripe. Fabi enfermó de muerte en Malvinas y no le tuvimos lista ninguna medicina, ni siquiera para paliar un poco el sufrimiento.

 

Sergio Delbreil

Primer tiempo, segunda ola.

Las metáforas futbolísticas fueron habituales en el ex Presidente Mauricio Macri, incluso mientras ejerció el poder y casi podría decirse que formaban parte de su política exterior,
verbalizándolas risueñamente cuando se juntaba con otros líderes mundiales. Tal vez sea hija
esta actitud de la evidencia de que su trampolín a la política grande fue el Club Atlético Boca
Juniors. Cuando cundió la crisis, dijo que de esa no nos sacaba un Riquelme, expresando la
imposibilidad de salidas creativas. La economía y su tecnocracia, que nos empujó a pedir
prestado al FMI un enorme préstamo que no hizo más que acentuar la pendiente.
Primer tiempo se llama el libro del ex Presidente, abriendo la posibilidad en su enunciado de
una etapa complementaria. La utopía rosa del macrismo es el fin del populismo, al que
caracteriza como la demagogia de brindar acceso a derechos o cubrir necesidades inmediatas
hipotecando el futuro venturoso del país, y al que identifica con el despotismo de líderes
autoritarios y contrarios a la declamada sobriedad republicana del respeto a la Constitución y
las leyes que encarnaría Juntos por el Cambio.
En el 2019, María Esperanza Casullo publicó su libro ¿Por qué funciona el populismo?, obra que
recomiendo a los interesados en la política contemporánea o incluso un poco más atrás, ya
que describe prácticas de este tipo desde que la civilización es civilización y desde que la
política es política. Lo interesante del estudio es que plantea la existencia de populismos en un
amplio arco ideológico, de izquierda a derecha. Así, en el libro dedica el último capítulo a la
coyuntura de ese momento analizando el gobierno de Juntos por el Cambio. Y calificándolo de
populista de derecha. Creo que pocas cosas desagradarían más que decirle, al que busca
enterrar el populismo: señor, disculpe, pero usted también es populista. En la práctica
discursiva del mito populista, se eligen antagonistas, y el macrismo lo encontró en el
kirchnerismo. El nosotros republicano, el ellos autoritario. La honestidad y la corrupción. El
trabajo en equipo y el mesianismo. El libro da en el talón de Aquiles de un discurso político que
se quiere presentar huérfano de pasiones, estilizado con frases de autoayuda pero que
segmenta también la realidad y busca una identificación entre los propios frente a los ajenos,
el antagonismo constituyente de casi toda acción política.
Tomando el sentido histórico de larga data de este tipo de simplificaciones, de un lado y del
otro, podemos citar el siguiente pasaje de Jorge Abelardo Ramos, en su libro Las masas y las
lanzas: “…. La consideración oficial de la palabra ‘caudillo’ la ha relegado a una sinonimia
puramente injuriosa… Gauchos, caudillos y montoneros fueron degradados a la condición de
ladrones de ganado, de meros delincuentes armados, indignos de análisis…. Arengas
simplificadas hasta el hastío con fórmulas en las que todo el mundo ha dejado de creer:
barbarie o civilización; Mayo o Caseros; Organización Nacional o Anarquía; Libertad o
Despotismo”.
Desde añares que existen esos mitos populistas ordenadores en el devenir de nuestra propia
historia argentina. La grieta desde siempre, y las estrategias discursivas populistas, que es el
aporte del libro de Casullo, puede aplicarse a ambos lados de la grieta. Porque hasta el
discurso tecnocrático, presuntamente cargado de objetividad, también constituye un
imaginario traducido en el creer que la gestión del Estado y del país puede manejarse como
una empresa. La Ceocracia que hemos padecido, plagada tanto de resultados discutibles como
de una pronunciada insensibilidad social.

El lanzamiento del libro de Mauricio Macri parece repetir la estrategia de líderes políticos de
escribir libros para salir al ruedo en futuras campañas. El de Macri, el de Vidal. En su momento,
el de Cristina Fernández, que causó un mayor impacto político luego de instantes prolongados
de silencio y como forma de brindar una esperanza a sus seguidores, causando sorpresa e
incluso haciendo rebalsar la demanda en el mercado editorial. Ese impacto primigenio no se
parangona al actual, y aludiendo a la metáfora futbolística, cierta táctica cuando se repite deja
de causar sorpresa en el rival y no es el mismo el impacto en la arena pública.
Y bien, populismos de izquierda, de derecha y la necesidad de escribir libros para salir al ruedo
reperfilando o volviendo a elegir los mismos antagonismos. Lo bueno, lo malo medianamente
conocido. Lo que queda por conocer y es en verdad preocupante, es el impacto de la segunda
ola de la pandemia. Con Brasil, Paraguay, Chile, Bolivia sobrepasados por su intensidad, en una
arena donde vuelve a campear cierta incertidumbre. La dificultad de encarar otra etapa de
confinamiento, la limitación de vuelos, el control en fronteras demasiado porosas mientras el
número de contagios aumenta. Problemas de gestión de la pandemia que sigue golpeando, un
año después y que continúa enfrentándonos con desafíos desconocidos, de experimentar
límites y posibilidades de la acción del Estado y la sociedad para morigerar sus efectos. Una
segunda ola que se insinúa difícil y a la que habrá que resistir en un año de efervescencia
política, populista y electoral.

Por Sebastián Giménez. Escritor y trabajador social.

Dictadura de la metafora

El 24 de marzo de 1976 fue el comienzo de la época más oscura de la historia Argentina. Una fecha que dio inicio a una tragedia que, al parecer, mientras todas las madres y abuelas no se reencuentren con sus hijos y nietos, no tendrá fin. Ese proceso que desangro al pueblo irrumpió en cada uno de los sectores de la sociedad, transformándolos para siempre. Cada esfera social se tuvo que repensar a si misma. Su rol antes, durante y después. Pero por sobre todas las cosas, tuvimos que aprender a convivir con el dolor, a intentar alguna cicatrización para construir la memoria y las subjetividades que llevarían a la tumba de cemento a los responsables. El rock fue uno de los actores sociales contemporáneos al genocidio. Intentaremos comprender cual fue el lugar que ocupo, su compromiso y utilidad, en una época tan dramática para todos aquellos que no formaban parte de los privilegios del poder.

Si hablamos de rock, hablamos de rebeldía. Por lo menos de la rebeldía que manifestaban los jóvenes en los albores rockeros. Esos chicos eran hijos de los veteranos de la segunda guerra mundial y de los obreros del fordismo. Les sobraban motivos para emanciparse de los ideales de sus padres e intentar una vida distinta. El rock les dio un refugio transgresor brindándoles una ruptura con las mentes esquemáticas que provenían del positivismo racional del siglo XIX. En Argentina, el 24 de marzo del 76, el género recién comenzaba y ya se lo hería de muerte. El régimen mostraría su cara mas sanguinaria para mantener el orden, y toda la música quedaría bajo la lupa de las botas.

Para reorganizar una sociedad, una de las metas que tendría la dictadura, era necesario intervenir la cultura y moldearla a gusto. En la búsqueda de este objetivo, la censura fue una herramienta vital. El rock fue intensamente censurado, a partir de la prohibición de letras o impulsando al exilio a artistas bajo amenazas de muerte. Pero a pesar de que el movimiento aporto sus desaparecidos, como cada sector de la cultura, en los inicios dictatoriales, se le permitieron eventos masivos. Podríamos recordar el estreno de la película Adiós Sui Generis en 1976, que, si bien fue clasificada para mayores de 18 años, tuvo un tenso estreno. Otro de los eventos simbólicos de la época fue la vuelta de Almendra, que colmaría el estadio Luna Park en 1979.

Aquí se manifiesta una de las contradicciones que tendría la dictadura respecto de su vínculo con la música. En el rock había encontrado un estereotipo de enemigo interno, que le daba una figura del personaje subversivo al cual perseguía desde la censura, amenaza o acción concreta, pero dejaba abierta una ventana, una especie de Aleph. Los grupos tocaban, bajo presión y con un profundo temor, pero tocaban. Los eventos se producían. La gente se juntaba y lentamente, al estar prohibidas a fuego y sangre las expresiones y reuniones políticas, el rock se convirtió en un lugar de agrupamiento. En un disfraz de resistencia.

De esta manera emerge el lugar que tuvo el rock y toda la música popular. Por esa hendija donde se filtraba el arte fluían las metáforas que buscaban desmoronar el orden. Porque la música es eso. Desborde. Se logra a través de la metáfora llegar, sin filtro y de lleno, a las sensaciones primarias, desbordando el ordenamiento racional. Es inconsciente y quizás poco pragmático, pero en tiempos en donde el pragmatismo político estaba siendo aniquilado, el manotazo de ahogado se presentaba en forma de guitarra. Había que meterle una bala a la razón. La razón militar. Pipo Lernoud, uno de los fundadores de la revista expreso imaginario, decía “Nosotros teníamos todo para publicar el primer numero en marzo del 76, linda fecha. No sabíamos que hacer, hasta que dijimos, bueno ataquemos con algo que no entiendan. Nuestra metralleta fue la literatura. Y así salimos”.

Entonces el rock fue eso, un error en la matrix del terror. Al estar permitido, tuvo muchas críticas progresistas. Pero el permiso estaba dentro de los parámetros de permisos dictatoriales. Es decir, te desaparecían a alguno, censuraban letras, discos o artistas pero había recitales, incluso algún que otro festival. En ese contexto, Charly desenvolvía su pistola y tiraba:

Se acabo ese sueño que te hace feliz. No cuentes lo que viste en los jardines el sueño acabo. Ya no hay morsas ni tortugas. Un rio de cabezas aplastadas por el mismo pie, juegan criquet bajo la luna. Estamos en la tierra de nadie, pero es mía. Los inocentes son los culpables dice su señoría.

No creo que tenga mucho sentido interrogar al artista para descifrar que quiso decir. La metáfora, tenga su inspiración en lo que sea, en esos tiempos era un todo. No sé si Charly estaba pensando en los desaparecidos, perseguidos o muertos, pero si en una celda alguna de las victimas escuchaba esa canción, estoy seguro de que hubiera derramado alguna lagrima, otra más. Quizás si algún confundido, de esa clase media siempre confundida, escuchaba el tema, se emocionaría y por ahí le generaría alguna duda. Esa duda era un triunfo. El mencionado desmoronamiento del orden racional a partir de la emoción. Poco pero un montón.

Este 24 tenemos que gritar fuerte, claro y sin metáforas por aquellos que no pueden hacerlo: Nunca Más!

Ignacio Calza.

14 películas para la memoria

Compartimos con ustedes catorce películas que los pueden ayudar a entender mejor la etapa más nefasta de nuestra historia. Catorce películas que cuenta la última dictadura argentina.

Infancia clandestina es una película argentina de 2012 co-escrita y dirigida por Benjamín Ávila y protagonizada por Natalia Oreiro, César Troncoso, Cristina Banegas, Ernesto Alterio y Teo Gutierrez Romero.

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La historia oficial es una película argentina de 1985 dirigida por Luis Puenzo y protagonizada por Norma Aleandro, Héctor Alterio, Chunchuna Villafañe y Hugo Arana. El guion es de Puenzo y Aída Bortnik. Se estrenó el 3 de abril de 1985. Fue ganadora del premio Oscar a la mejor pelicula de habla no inglesa.

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Crónica de una fuga es una película argentina de 2006 dirigida por Adrián Caetano y protagonizada por Rodrigo De La Serna, Pablo Echarri, Nazareno Casero y Lautaro Delgado. Está basada en la novela autobiográfica Pase libre: la fuga de la Mansión Seré, de Claudio Tamburrini. Se estrenó el 27 de abril de ese año.

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Kamchatka es una película argentina-española estrenada en 2002 y dirigida por Marcelo Piñeyro. Fue protagonizada por Ricardo Darín, Cecilia Roth, Tomás Fonzi, Matías del Pozo y Milton de la Canal. El guion fue escrito por Piñeyro y Marcelo Figueras.

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La Noche de los Lápices es una película argentina dramática-histórica dirigida por Héctor Olivera y protagonizada por Alejo García Pintos, Vita Escardó, Pablo Novak y Leonardo Sbaraglia. Escrita por Olivera y Daniel Kon y basada en el libro homónimo de María Seoane y Héctor Ruiz Nuñez, se estrenó el 4 de septiembre de 1986. La película recrea la historia desde el comienzo de las protestas estudiantiles de 1975 hasta 1980.

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Garage Olimpo es una película argentina-italiana de 1999 dirigida por Marco Bechis y protagonizada por Antonella Costa, Carlos Echevarría, Enrique Piñeyro y Dominique Sanda. El film relata lo ocurrido en los centros de detención clandestina creados por la última dictadura civico-militar argentina(1976-1983).

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Plata dulce es una película argentina de 1982 dirigida por Fernando Ayala y protagonizada por Federico Luppi, Julio de Grazia y Gianni Lunadei. Fue estrenada el 8 de julio de ese año y recibió el Cóndor de Plata a Mejor película en 1983.

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Es una pelicula dirigida por Pablo Milstein y Norberto Ludin estreada el 21 de agosto de 2003. Es un documental centrado en la figura de Olga Aredez, una madre que en la provincia argentina de Jujuy, cada jueves, sola, ronda la plaza del pueblo de Libertador General San Martín, como forma de lucha y recuerdo por uno de los hechos más bestiales y significativos de la dictadura militar: la llamada “noche del apagón”.

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Verdades verdaderas es una película argentina de 2011 dirigida por Nicolás Gil Lavedra y basada en la vida de la docente, activista por los derechos humanos y presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto. ​ Es protagonizada por Susú Pecoraro, Alejandro Awada, Rita Cortese, Laura Novoa, Inés Efron y Fernán Miras.

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Kóblic es una película argentina de 2016 coescrita y dirigida por Sebastián Borensztein y protagonizada por Ricardo Darín, Oscar Martínez e Inma Cuesta.​ Fue galardonada con dos Biznagas de Plata en el Festival de Cine de Málaga.

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Nueces para el amor es una película argentina del 2000. Dirigida por Alberto Lecchi y protagonizada por Gastón Pauls y Ariadna Gil.

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La amiga es una película argentina de 1989 dirigida por Jeanine Meerapfel y protagonizada por Liv Ullmann, Cipe Lincovsky y Federico Luppi. El guion fue realizado por Meerapfel en colaboración con Alcides Chiesa, con el asesoramiento de Agnieszka Holland y Osvaldo Bayer.

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La deuda interna es una película argentina de 1988 dirigida por Miguel Pereira y protagonizada por Juan José Camero, Gonzalo Morales y René Olaguivel, basada en una novela del maestro Fortunato Ramos. Fue estrenada el 4 de agosto de 1988.

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La mirada invisible es una película argentino-francesa-española  de 2010 dirigida por Diego Lerman sobre su propio guion, escrito en colaboración con María Meira según la novela Ciencias Morales, de Martín Kohan. Es protagonizada por Julieta Zylberberg, Osmar Núñez, Marta Lubos y Gaby Ferrero. Se estrenó el 19 de agosto de 2010.

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Tengo un 24 de marzo grabado en mi memoria,

Tengo un 24 de marzo grabado en mi memoria, el de 1976 y eso que yo nací en el 84. Lo tengo grabado en la memoria y en el cuerpo y en el alma. Lo recuerdo, lo siento, lo huelo, lo sufro. Lo lloro. En mis primeras marchas, hace ya unos cuantos años, observaba en silencio a aquellas y aquellos, esas personas mayores que yo  que marchaban con semblante duro. Los miraba desde mi incertidumbre; sabía qué había pasado durante esos años infames, pero no podía saber lo que significaba haberlos vivido.

Nacida en democracia, complicada y siempre a punto de tumbar, pero democracia al fin, ciertas cosas me resultaban lejanas: historias escritas en libros, relatos oscuros de alguien, el “Nunca Más”. En mi casa no se hablaba mucho del tema, mis viejos siempre dijeron que ni siquiera se habían enterado de lo que sucedía, que ellos no molestaban y por eso estaban vivos (siempre lo dijeron como si por un lado fuese un alivio y, por otro, una culpa).

El colegio, algunos profes copados y la vida misma me fueron llevando a querer saber más de esa historia funesta de un país que era el mío, aunque lejano. Y también una compañera, la recuerdo perfectamente. En una clase de historia que estaba a cargo de un docente que años después me crucé en recitales y en bares, un barbudo que nos hacía debatir y reflexionar, ella dijo casi como si se le hubiese ocurrido en el momento, “algo habrán hecho”. Ese instante fue una bisagra en mi vida, tomé posición para siempre: el corazón me explotó, mi boca empezó a decir palabras que no salían de mi cabeza, era como si miles me guiaran, como algo externo e interno a la vez. Ese día tomé posición, para siempre.

Hoy, tengo ese 24 de marzo en la piel. No lo viví físicamente, pero lo vivo y lo viviré en el cuerpo y en la sangre de los 30.000 compañeros y compañeras secuestrados, torturados y desaparecidos. Y también en cada marcha y en cada garganta que grita: “a donde vayan los iremos a buscar”. Allí lo vivo; en las lágrimas y sonrisas que recuerdan a quién se llevaron en una noche oscura de botas; en el rostro de esos niños y niñas que en la marcha portan su inocencia; en las madres, mujeres inmensas que con su fortaleza se llevaron y se llevan puesta a la injusticia.

Tengo un 24 de marzo grabado en la memoria y en el cuerpo y en el alma. En una memoria, un cuerpo y un alma colectivos. Este año, como siempre, la plaza nos reunirá en una comunión extraña: miles y miles de cuerpos, almas y memorias recordando a quienes ya no están, repudiando a las bestias, exigiendo justicia. Miles de cuerpos, almas y memorias amando a la vida y a la libertad, amando a las madres y a las abuelas de la plaza y abrazándolas con el corazón. Amando y abrazando a esas mariposas que quizás vuelvan a visitarnos, como alguna vez hace no mucho tiempo. Miles de cuerpos, almas y memorias gritando, hoy más que nunca, “nunca más”.

 

Vera Suárez

¿Feliz día?

El asunto es que todavía no puede ser feliz. Feliz será el día en que no tengamos miedo de salir a la calle; feliz será el mes en el que no haya más femicidios que días, mejor dicho en el que no haya femicidios; feliz será el día en el que los derechos laborales y los sueldos, entre otras cosas, sean iguales por el mismo trabajo sin importar el sexo; feliz será el día en el que dejen de desaparecer pibas para ser explotadas sexualmente; feliz será el día en el que no existan hombres que hagan chistes sobre una mujer que fue quemada en una parrilla y descuartizada; feliz será el día en el que el aborto sea legal, seguro y gratuito y la ESI, una verdad en todas las escuelas; feliz será el día en el que no sean acosadas las mujeres en la calle, ni con gritos, ni con silbidos,  ni con “piropos” ; feliz será el día en el que todo lo nombrado y mucho más (mutilaciones genitales, obligación de uso de una determinada vestimenta, cárcel o muerte por exigir derechos, y tantas otras cosas que suceden en otros países y aquí también) sea una realidad en el mundo entero.

Vera Suarez

¿Será Justicia?

Para entender el poder judicial, a los fines didácticos, hay que recurrir a los orígenes, a las ficciones de la constitución del Estado Moderno, el cual está compuesto como todos sabemos por el Ejecutivo, Legislativo y Judicial . El mito o fabula contractualista, la cual como corriente jurídica-filosófica postula algo así: “Había una vez unos hombres que vivían en estado natural, pero como son malos querían aprovecharse unos de otros por la fuerza; la guerra permanente era un hecho. Los hombres, entonces en un cuerpo amorfo, deciden entregar parte de su libertad a cambio de seguridad, de leyes que garanticen su vida. Así nace el Estado, en ese contrato originario: Seguridad de la propiedad privada a cambio de reprimir ese salvaje que todo ser humano tiene” siguiendo con el manual Aula Taller de cuarto grado, en las democracias occidentales, los poderes tienen distinta naturaleza: el ejecutivo es un símil monarca, pero sin corona es elegido por el pueblo e intenta llevar a cabo la administración de la cosa pública. El legislativo es el más representativo hacedor de leyes, controlador del ejecutivo.

El  poder Judicial  debería ser el moderador, el árbitro en este juego de poder en el que siempre hay excesos. Así  fue pensado universalmente el Poder Judicial, como un contralor de lo intempestivo que puede ser el Ejecutivo y el Legislativo. Así también se justifican algunas desigualdades: No pagan impuesto a las ganancias, tienen una gran estabilidad en sus empleos y los jueces son inamovibles salvo jury.

Por otro lado, la distancia entre el ciudadano y las leyes se hace más evidente, ¿será una cuestión de falta de educación cívica? ¿Será una sobredosis de televisión? Todos hablan y nadie entiende. Por ejemplo Justicia federal y ordinaria son confundidas constantemente. Para el común de los medios de comunicación hay “una sola Justicia” sin distinciones. Ni que hablar que “Proceso” “Excarcelación” “Imputación” son utilizados con una vaguedad alarmante.   

Otra fantasía recurrente es equiparar el sistema judicial anglosajón con el que tenemos nosotros. La película yanki con el abogado luchando por convencer al jurado no se da aquí, salvo la excepción experimental en Córdoba. Tal como decía Robert Frost “El jurado está compuesto por doce personas elegidas para decidir quién tiene el mejor abogado”

Volviendo a la distinción entre la justicia federal (que es la que vemos en el tele) y la ordinaria, la principal cuestión es tener en consideración nuestro sistema; supuestamente somos Federales, como dice el versito de nuestras regla de juego más importante como lo es la Constitución Nacional. Forma de Gobierno: representativa, republicana y federal. La síntesis para aproximarlos al tema, es que las provincias han delegado en el poder central ciertos poderes y otros no, temas conflictivos respecto a tratados con las naciones extranjeras; las  causas en que la Nación sea parte (ejemplo: El estado contra alguna empresa privada); causas concernientes a embajadores, ministros públicos y cónsules extranjeros; Los delitos contra el fisco nacional; Narcotráfico. Son algunos de los temas en los que versa la justicia federal. Sin duda, el más importante, su ancho de espadas: los delitos contra la administración pública llevados a cabo por funcionarios públicos del Estado Nacional. A esto se le llama competencia, en este caso competencia federal. La ordinaria por ejemplo sería el caso de un delito común y corriente como afanarse un pingüino de un restaurant, un hurto digamos, en ese caso actuaría la competencia ordinaria.

Si algo tiene el aparato judicial es que, desde el mismo lenguaje, apartan del debate público a la sociedad. Las palabras floreadas y técnicas intentan dificultar cuestiones que no lo son. Aplica como decía Scalabrini respecto a la economía; “Estos asuntos de economía y finanzas son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Solo requieren saber sumar y restar. Cuando usted no entiende una cosa, pregunte hasta que la entienda. Si no la entiende es que están tratando de robarlo. Cuando usted entienda eso, ya habrá aprendido a defender la patria en el orden inmaterial de los conceptos económicos y financieros”.  Lo mismo sucede con el derecho y el funcionamiento de la justicia.

El poder judicial  fue pensado universalmente, como un contralor de lo intempestivo que puede ser el Ejecutivo y el Legislativo.  No es sólo cosas de abogados, la profunda crisis de credibilidad que tiene el poder judicial en nuestro país, parecía encontrar un resguardo o un reparo en la corte de 2003-2015 , en la cual,  el último interprete de la constitución, tenia entre sus filas a Petracchi, Zaffaroni , Argibay. Excelsos cuadros del derecho, cada uno en su campo e independientes. Fue un avance en  idoneidad de sus integrantes y proyección jurídica de avanzada. Desde 2015, con dos jueces nombrados por decreto por Macri comienza el declive, que hoy encuentra su máxima expresión jugando para las corporaciones más poderosas del país

Cristina Kirchner marca el pulso con su declaración en la causa de “Dólar Futuro”. Una declaración histórica, en la cuál dijo en la cara a los jueces su participación y descripción del Lawfare. Esto es explicado por el abogado Maximiliano Rusconi “Elegido un sector, por ejemplo político, como enemigo, la ley y los procedimientos judiciales son utilizados por los agentes públicos como una forma de perseguir a aquellos que fueron estigmatizados como enemigos”

El star system mediatico comenzó como era previsible la simplificación de la cuestión, transformándolo, como siempre en un slogan: Ataque a la justicia de los K

Nunca es el momento, nunca hay suficiente legitimidad, siempre es un ataque modificar las estructuras de poder más arcaicas de la argentina. Pero alguna vez hay que hacerlo.

Carlo Magno

Perro que ladra y muerde

La antipolítica crece a medida que la política fracasa y ayer tuvo su día más glorioso. La decisión del ministro de salud de tener una vacunación paralela priorizando a sus amigos, funcionarios y algunos empresarios es la bomba perfecta de corrupción, amiguismos, en el área más sensible de la pandemia: las vacunas.

El privilegio y el poder

Mis whatsapps con mi madre:

-¿Cómo estás, ma?

-Ansiosa, espero el mensaje para la vacunación como si fuera una nena.

-Esperemos que sea pronto.

-Espero!

Imaginemos esta charla :

-Hola, Gines? qué haces amigo, che tengo ganas de vacunarme ¿Donde puedo ir?

-Vení para el ministerio que tenemos la Rusa. Te cuento un chisme ¿Viste Aranda el de Clarín? También me llamó pero quiere esperar a la Inglesa.

-jaja qué cipayo.

-jaja sisi. Bueno venite a las 9 que te doy una.

-Genial , gracias amigo.

Mientras las familias de los mayores de 65 años y las unidades básicas asesoran a los más humildes para acceder a un turno y que le den la vacuna que les permita abrazar a sus hijos sin miedo el Ministro de Salud ofrecía a sus amigotes un bien escaso en el mundo.

El perro y la sarna del privilegio

El privilegio de acceder a gente con poder para algunos es tan natural que con el tiempo se hace parte constitutiva de una persona, hasta el grado de justificar el acto más inmoral y corrupto que se puede tener en un tiempo de muerte y enfermedad. Lo que sobrevuela es la justificación el “ me corresponde” y ni siquiera lo hace dudar en una entrevista. Quedó claro en el relato de Horacio Verbitsky que él cree que le corresponde esa vacuna antes que a nuestras madres y que el llamado a un ministro y pedirle un favor es algo natural en gente que posee la agenda correcta. El solo hecho de tener esa agenda a H.V le permite acceder a lo que se le antoje pero nunca tener que esperar porque eso es para el ciudadano común y los privilegiados no lo son.

El privilegiado no espera, no hace filas, no busca trabajo, la precarización laboral o bien nunca la tuvo o es parte del pasado, la burocracia no es para él porque el privilegiado cree que lo merece por algo tiene lo que tiene. Con su agenda de amigos poderosos gestiona su vida y con su cintura elige cuándo y a quién llamar: con más de 50 mil muertos y con muy pocas vacunas H.V decidió llamar a su amigo y arrebatarle el turno a alguien menos poderoso. Porque puede.Lo cuenta en una radio porque se acostumbró, porque es natural.

El peligro de la antipolítica

La construcción de un sentido común que genere las condiciones para los Bolsonaros o los Trump se arman , entre otras cosas, con los actos que constituyen a los políticos como personas que solo intentan mantener sus privilegios  y acumular dinero para sí mismos. De ahí se construyen los discursos para eliminar un estado regulador. El acto de corrupción -no fue un “error”- que cometió el ministro tiene todos los condimentos que necesitan los discursos más radicalizados de la antipolítica para fomentar su sentido común y desde ahí atraer votantes construyendo un sentido. No solo erosiona (todavía no sabemos su alcance) la aplicación de las vacunas sino que fundamentalmente resquebraja el sistema democrático argentino y a través de esas grietas ingresa el discurso ya instalado en países poderosos como: EEUU, Brasil, Francia, España etc, desde esas grietas no vienen solo discursos anti estado , principalmente lo acompañan ideologías: de odio, misóginas, racistas, anti inmigrantes y excluyentes.

El daño ya está generado solo esperemos que haya un control de daño y que el sistema democratico no se desmorone con sus propias grietas.

Romero Juan José